
Entender el mito de Narciso, su castigo y su transformación (narrada en las Metamorfosis de Ovidio, obra cumbre de la cultura clásica) nos acerca a esa personalidad de la que toma su nombre: la del narcisista. Era narciso un joven despreocupado y dotado de una gran belleza que acaba olvidándose de todo para centrarse en un solo reflejo. Con un ego indomable y acostumbrado a hacer su voluntad sin pararse a calibrar el daño causado, el amor a sí mismo (descontrolado y desmesurado) acaba liquidándolo. Aunque personajes de este tipo los ha habido desde el inicio de los tiempos (y con frecuencia parapetados bajo una máscara), la sociedad contemporánea occidental es caldo de cultivo para los narcisos de todo tipo. Entran dentro del grupo de las personas tóxicas, aquellas (reduciendo mucho) que son incapaces de ponerse en los zapatos de los demás. Suelen ser las mismas que dejan en el ambiente su rastro de calumnias, injurias, medias verdades, chismes y manipulaciones. Las redes sociales, la cultura de la apariencia y la falta de empatía hacen el resto. Pero vayamos por partes.
La historia nos cuenta que el joven Narciso, dotado de una gran belleza, gracia y agilidad, es deseado por jóvenes de ambos sexos. Sin embargo, él desdeña a todos por no considerarlos a la altura de sus dones físicos y se concentra en su pasatiempo preferido: la caza. Así se va alejando de la muchedumbre alimentando cada vez más un ego que le hace verse superior a los demás. De entre todos aquellos que se enamoran del aspecto externo del protagonista del mito de Narciso hay una que sobresale: la ninfa Eco. Esta reclama el amor del joven pero, desafortunadamente, es rechazada (como a todos los demás). Tal es la pena de la ninfa que esta comienza a vagar por los bosques, perdida, hundida y humillada sin encontrar gusto para nada. Tanto es su dolor que termina desapareciendo, como diluyéndose entre los árboles, los ríos y las flores. El mito de Narciso nos dice que Eco, consumida por la pasión, queda reducida a su voz y esta solo es capaz de repetir los que otros dicen. No puede haber fin y muerte más cruel.
Tras la metamorfosis de la ninfa entra en escena Némesis, a la sazón diosa de la venganza. Es la única que se digna a escuchar las súplicas de la desdichada enamorada y decide castigar al esquivo Narciso. Y lo hace dándole de su propia medicina, devolviéndole su amor propio desmedido y patológico. Así, hace que una de las presas que el bello muchacho se disponía a cazar se dirija hacia un estanque cristalino y transparente. El joven se acerca a la lámina de agua la cual, por su naturaleza, actúa como un espejo y allí ve su reflejo.
El flechazo es inmediato pero no de la ninfa Eco o de cualquier otra criatura. El mito de Narciso nos dice que el muchacho se enamora de su misma imagen. Tanto es el ardor que su belleza le produce que se agacha para intentar besarla. Debe inclinarse para llegar hasta el estanque, momento inmortalizado por Caravaggio, uno de los mejores artistas del Renacimiento italiano, en el cuadro que abre este artículo. La leyenda nos da detalles y nos dice que, al intentar besar su reflejo sobre el agua, se inclina tanto que se precipita hacia al fondo hasta ahogarse. Para que sirviera de recuerdo y aviso a los mortales, los dioses permitieron que su cuerpo no desapareciera. Así, realizan una metamorfosis en otro elemento natural, en una de las flores más bellas: el narciso. Esta, además, nos indica ese momento fatal en el que el ego obnubila las capacidades del joven hasta aniquilarlo.
La versión más conocida (y la más antigua conservada) del mito es la referida por Ovidio en las Metamorfosis. El mito clásico nos viene a decir (y a advertir) que el amor que siente Narciso por sí mismo puede ser una maldición. Y lo es porque no se da al otro y se queda encerrado alimentando un ego que no tiene fin. Es un amor egoísta y, por tanto, impuro. Esta lectura del mito es la que perduró en la cultura occidental hasta, prácticamente, los avances del psicoanálisis con el doctor Freud.
Con el psicoanálisis freudiano el mito de Narciso es, de nuevo, retomado, analizado, revisitado y releído. Así, para el padre de la psicología, el narcisismo es el estado primario del ser humano, aquel que se produce cuando éste se encuentra en el seno materno. Esto es, pertenece al inconsciente. Este estado se rompe con el nacimiento y se manifestará durante toda la vida del individuo en forma de una constante pugna entre los deseos del yo y las obligaciones impuestas en su obligada e imprescindible relación con el mundo exterior.
El narcisismo, para los primeros psicoanalistas, choca frontalmente con las leyes sociales y naturales que se le imponen a todo individuo pero, al mismo tiempo, es necesario, para el desarrollo de manera normal y sana de la personalidad. Los primeros psicoanalistas clasificaron, así, el narcisismo en dos tipos: el “patológico” y el “óptimo”. El patológico sería aquel que impidiera al individuo un normal desenvolvimiento en la sociedad, al encerrarse en su propio interior, en su propio yo de forma, a menudo, dolorosa.
Según los primeros psicoanalistas, este tipo de patología la sufrirían, en su forma más extrema, los enfermos mentales graves. Por otro lado, el narcisismo “óptimo” sería aquel que, sin renunciar a un egocentrismo suave, a una conciencia del propio ego -del yo versus los otros- no impide a la persona en cuestión relacionarse con el mundo que le rodea. Sería lo que en la psicología moderna se conoce como conciencia madura de la alteridad.
Esta visión, sin embargo, ha sido superada por la psicología moderna más concentrada en aportar armonía y serenidad de forma más práctica e inmediata. Hoy el narcisista forma parte de la llamada triada oscura de la personalidad, la misma que conforma ese saco informe rotulado con la generalidad de gente tóxica. Se han clasificado sus efectos perversos especialmente sobre personas de autoestima baja siempre en busca de refuerzo y empoderamiento externos. El cenit llega con la madre narcisista, la progenitora incapaz de amar a nadie que no sea ella misma, ya que esta personalidad es el germen certero para levantar una familia tóxica. Y este es el caldo de cultivo perfecto para generar infelicidad por todos los lados, a igual que la ninfa Eco se consume repitiendo las voces de todos aquellos que se adentran en el bosque.
A Narciso y a los que entran en sus características emocionales no le interesa nadie que no sea, no ya su propia esencia, sino el reflejo hermoso de una ilusión. Por eso, es frecuente que el narcisista se revista de una máscara de supuesta perfección formal o social. Sin embargo, detrás solo se encuentra un ser desvalido incapaz de darse al otro. Aunque ciertas corrientes de pensamiento contemporáneas nos invitan a la conmiseración con estas personalidades (un punto que siempre hay que tener en cuenta indudablemente), los herederos del mito de Narciso, sin embargo, son expertos en ir creando confusión y un reguero de dolor. Y es aquí donde tenemos que estar precavidos con estas personalidades. Por un lado, para no resbalarnos, como el joven del mito, por un estanque que nos arrastre a la muerte obnubilados por un reflejo. Y, por el otro, para no sucumbir a los desdenes de este tipo de personalidades, como la ninfa Eco, condenada a repetir las voces de otros. El narcisista, en esencia, es incapaz de darse al amor y la generosidad.
Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

La teoría de las constelaciones familiares (y ya adelanto) está considerada, en la actualidad, como pseudociencia. Entonces, ¿si es así por qué nos entretenemos en entender sus entresijos con un artículo, por lo demás, que ha quedado bastante largo? La respuesta, aparte de personal, también tiene que ver con el interés que suscita en un grupo mayoritario de población que busca en los árboles familiares respuestas a un dolor profundo e inexplicable. Pero vamos al principio, el término (la descripción del mismo y el proceso de sanación) fue propuesto, por primera vez, por el teólogo Bert Hellinger (1925-2019). Y, a pesar de ese marchamo de poco científico, ha sido estudiado posteriormente por un amplio número de psicólogos que lo han llevado a la práctica con acierto sobresaliente entre descendientes del Holocausto o de dramas familiares complejos, por poner solo dos ejemplos extremos.
La teoría postula que gran parte de los males (también las bondades pero esto no lo investiga la persona que es bendecida con regalos emocionales de sus ancestros) se debe a la repetición transgeneracional de patrones impuestos por los antepasados del clan. Esta aseveración por sí (más cercana a la magia que a la psicología) es la que la ha marcado negativamente desde sus inicios por parte de los terapeutas más ortodoxos. Sin embargo, ni nace de la nada ni de la iluminación, ya que, en verdad, buena parte de la creación humana se levanta con todo aquello que le ha precedido. En este sentido y para poner un poco de orden, nada más comenzar el siglo XX, Sigmund Freud puso sobre la mesa el nombre de inconsciente. Abrió así las puertas a la investigación de ese conocimiento oscuro y desconocido que se produce en los recovecos más recónditos de la psique y del espíritu. La interpretación de los sueños con su lenguaje de mitos y símbolos fue la primera herramienta de curación de los desajustes emocionales . Comienza de esto modo la sanación psicológica (con sus sesgos y matices por supuesto) a la par que propicia una revolución artística abanderada por el surrealismo. Con Freud, la persona dejó de entenderse como un ser inmutable y se empezaron a abrir las puertas de una complejidad que se escapa a la mente racional.
Décadas más tarde, uno de sus discípulos, Carl Gustav Jung supera al maestro con la teoría del inconsciente colectivo, una serie de mecanismos, conocimientos y normas expresadas a través de símbolos comunes a la humanidad. Y saltándonos décadas de investigación y reduciendo muchísimo, la genética, a finales del siglo XX, demostró que hay dos movimientos: uno de repetición de patrones (que permite que nuestro bebé se parezca más a nosotros que a un perrito, por poner un ejemplo extremo) y otro de modificación. Este último es tan interesante que, con el nombre de epigenética, se está llevando a cabo estudios de todo tipo desde la transformación a nivel celular debido a la contaminación hasta (volvemos a reducir mucho) la que se produce por la fuerza de voluntad. Ya está demostrado que las células cerebrales tienen tal plasticidad que siguen modificándose en la edad adulta creando nuevas conexiones y abriendo puertas de conocimiento a la persona que se entrena en ello.
La teoría de constelaciones familiares se alimenta de todo este conocimiento y propone que los traumas (como los rasgos genéticos físicos) se heredan a nivel inconsciente. De este modo, los fracasos, humillaciones, persecuciones, pérdidas económicas o secretos inconfesables pasan de generación en generación condenando, de cierta manera, a los individuos a repetir el patrón familiar. Contra esta fuerza centrífuga que une cada alma a un árbol familiar se impone una fuerza cercana a la epigenética que, en esencia, se activa con el conocimiento de la verdad del clan y el propósito de no dejarse arrastrar por esa espiral de traumas.
Continúo diciendo que la teoría y su práctica de sanación tendrá uno u otro resultado según sean las manos (o la sabiduría) de quien la use. Si damos con un psicoterapeuta experto, experimentado y sensible, no va a dejar nunca de lado la historia intrafamiliar del que tiene enfrente. Porque, sencillamente, de lo contrario no podrá culminar nunca la sanación. Ahora bien, al recurso de las constelaciones familiares pocas veces recurren personas que llevan una vida balanceada desde el punto de vista espiritual. Aunque estén repitiendo patrones familiares, si estos se viven con amor, respeto y plenitud, ni se plantean saber de dónde vienen esos mandatos. Todo consistirá en disfrutarlos o asimilarlos en mayor o menor grado. El asunto se vuelve espinoso cuando la persona que recurre a la teoría de las constelaciones familiares proviene de un hogar roto, de clanes que arrastran secretos inconfesables (y cuyos hilos se escapan en retazos de conversaciones), de culpas compartidas (por infinidad de pecados), de vergüenzas o de duelos no superados por pérdidas de todo tipo (desde muertes tempranas hasta ruinas económicas pasando por procesos de victimización diversos). Buena parte de los individuos que crecen en estos hogares desarrollan una baja autoestima y, por tanto, son más susceptibles de caer presos de manipulaciones de todo tipo.
Por tanto, son en estos árboles familiares donde crecen individuos que no acaban de encontrar un acomodo feliz en este mundo. Y no hace falta recurrir a la magia de fantasmas familiares para explicar estos procesos más allá de las constelaciones familiares. Las familias tóxicas repiten patrones conductuales aprendidos, obligando a caer a los nuevos miembros en las mismas repeticiones de sus antepasados. Así, un niño criado por una madre narcisista (que a su vez también recibió esa educación o mandato) volverá a hacer lo mismo que se le enseñó con la familia que llegue a crear. De igual modo, los clanes inmersos en la pobreza vuelven a repetir una y otra vez las mismas acciones entrando en una espiral que no les permite el más mínimo crecimiento espiritual y avance material. Ese movimiento casi compulsivo de recrear las acciones que otros hicieron les lleva, incluso, a excluir del grupo al que se atreve a la diferencia, a la imaginación o a la búsqueda más allá de los límites establecidos. En árboles familiares apegados a la tradición (lee el mandato de los ancestros) es frecuente que, para liberarse de todo ese peso, no tengan reparo en acudir a la figura del chivo expiatorio. Este, a pesar de las culpas con las que se le hace cargar, si es consciente de los desbarajustes de su árbol familiar, se le ofrece, a la par, la oportunidad de la libertad. Eso sí, el precio a pagar es la más absoluta soledad. Habrá quien, con gusto, entregará esta moneda como peaje hacia la felicidad.
Vuelvo de nuevo al principio y recuerdo que todo dependerá del terapeuta. Si has llegado hasta un charlatán que utiliza procesos mágicos (aunque estos también están demostrados que, en distintas circunstancias, pueden ser sanadores), quizás te meta en un camino de confusión más que de iluminación. Estos principios utilizan las figuras familiares cercanas o ancestrales (abuelos, bisabuelos o incluso anteriores) para encontrar el patrón conductual con el que más te identificas. Ni que decir tiene que no se trata de que tengas una sesión de espiritismo con el fantasma de un antepasado sino que, cuando se hace bien, el conocimiento de los modos vivenciales familiares propios te hace ver qué es lo que está en desarmonía en ti. Dicho esto, si el terapeuta que te guía por este camino tiene pericia y sensibilidad, te abrirá puertas que te darán luz sobre mandatos aprendidos que no tienes por qué repetir y mucho menos si eres infeliz o vas en busca de una libertad imposible con esta carga emocional.
Por tanto, si el psicoterapeuta introduce los conocimientos del árbol familiar con todas las historias de desamor, traiciones, pérdidas y secretos (lo más grave) en el proceso de sanación de la manera adecuada, las constelaciones familiares serán de gran ayuda. Y la manera adecuada es siempre sin sectarismo (que también lo hay y mucho en la práctica psicológica), combinándola con otras técnicas y, en esencia, con una perspectiva global del dolor anímico.
El conocimiento es siempre liberador y es el primer paso para abrirse en la selva de la confusión. Otro asunto más espinoso es el dolor que produce el momento en el que se abre los ojos, el darse cuenta, el entender… Cuando se llega a ese punto, en el que cualquier información puede lastimar es cuando la mayoría de las personas abandonan una terapia que está funcionando. ¡Ojo! Ahora en este punto es cuando hay que estar alerta y no confundir el dolor que produce el reconocer la verdad con otro muy distinto que llega de la manipulación de terapeutas malintencionados. Como norma general, el que quiere tu bien, llegará a un punto que te dejará mucho mejor que estabas, con herramientas emocionales. Estas te permitirán que inicies un camino de sanación en soledad (en esencia y en lenguaje corriente, sin seguir pagando consultas innecesarias). Por el contrario, el manipulador querrá que sigas eternamente abonando tarifas sin fin en post de una iluminación que tú verás cada día más lejana.
Desafortunadamente, el trabajo con las constelaciones familiares se presta a este tipo de timadores (hay que poner la palabra) que son capaces de reconocer de un vistazo (como los psicópatas) los daños emocionales producidos por las familias de quienes tienen enfrente. Sin embargo, hay un motivo para la esperanza, ya que también hay buenos psicólogos clínicos con gran pericia que utilizan los árboles familiares (en combinación con otras técnicas) para ahondar en el dolor que hay que sacar con el fin último de la sanación.
Ahora viene la pregunta del millón: ¿cómo sé que tras la terapia algún resorte emocional dentro de mí se activó y ha comenzando el cambio? Es tan fácil como responder (o incluso hacerse) esta pregunta. Si te has metido en esta maraña y has encontrado algún ancestro con el que te identificas y has podido imprimir en el inconsciente una alianza distinta contigo mismo, vas por el buen camino. En este caso, la comunicación con el ancestro con el que sientes afinidad se asemeja a la que podemos hacer con nuestro niño interior, con nuestra alma, con ese punto iluminado que está cubierto con capas oscuras en forma de miedos, prejuicios, cobardías y dolor.
En este caso, si sigues ese camino de búsqueda hacia tu libertad (imprescindible para la serenidad y, en último extremo, la felicidad), te convertirás en el ancestro que sanó. Esto es, todos tus actos, miradas, conocimiento y amor se van a desplegar libre de cargas emocionales hacia tu descendencia. Es tan fácil (y tan complicado a la vez) como cambiar el modo de sentir y de estar en el mundo liberando al linaje por venir de duelos sin resolver, dramas ocultos o pérdidas dolorosas que, de manera inconsciente, llevamos con nosotros y que se transmiten a las nuevas generaciones. En este caso, te convertirás en el ancestro que será la inspiración para otros, aquellos que están por venir de cualquier manera, ya sea de forma biológica o emocional. Al entender cómo funcionan la indefensión aprendida, los comportamientos tóxicos, las manipulaciones y las lealtades familiares inconscientes, te liberarás de cargas que no necesitas ni tú ni los que te rodean (o lo harán en un futuro). De este tipo de personas inspiradoras está repleta la historia de los pioneros, aquellos que abrieron mundos allí donde el resto se empeñaba en repetir porque sí, sin más explicación o razonamiento. Recuerda que de todo esto también tratan las constelaciones familiares.
Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

Formo parte de un grupo de Facebook compuesto por madres de toda condición, idea y circunstancia. Allí cada una expone sus temores, dudas y alegrías. Pues bien, esta Navidad abundan comentarios y propuestas de lo más descorazonador, ya que la tristeza se escapa de cada palabra. Vivimos tiempos difíciles, esquivos y que han puesto nuestra entereza a prueba a límites insospechados. Y no cabe duda de que la humanidad se está enfrentando, en soledad, a retos para los que no habíamos sido entrenados. Ni que decir tiene que eso lleva a algunas mamás (especialmente las que están lidiando con todo en soledad) a renunciar a los placeres de la Navidad. Lo mismo vale para personas solas, solitarias, enfermas o que se han quedado atrapadas, física o emocionalmente, en un emplazamiento no deseado. No hablo para quienes tienen una fuerte religiosidad, ya que son conscientes de lo que las fechas significan (y estas notas apresuradas no les muestra absolutamente nada), sino para todas aquellas que viven las festividades desde una perspectiva más profana. Por supuesto, solo cabe el silencio (por mi parte también) para los que, por desgracia, han tenido grandes pérdidas. La pregunta es: ¿Qué quieres para esta Navidad 2020? ¿Resbalarte por el miedo o aceptar vivirlas con alegría?
Por, si te sirve, aquí dejo estas propuestas apresuradas un día antes de Nochebuena.
1.- Cualquier aspecto negativo de la vida se puede vivir de manera consciente o, por el contrario, deseando que pase para volver al emplazamiento anterior. Ese echar de menos el pasado, hace que nos perdamos el momento presente y que no lo vivamos con alegría. Esta Navidad no se escapa a esta premisa (como ninguna otra situación). De ti depende estar deprimido porque no te puedes encontrar con el clan familiar al completo, preparar el viaje que solías hacer o estar de fiesta en fiesta con risas y abrazos incluidos. Ha tocado otro momento y este se puede vivir también intensamente.
2.- Al hilo de lo anterior, en cuanto aceptes que el aquí y el ahora es el que es, todo fluirá mejor y la energía que estás gastando en volver a lo de antes la puedes aplicar para el presente y un futuro prometedor. Aceptar supone ganarle la primera batalla al miedo para, a continuación, hacer gala de resilencia ante las circunstancias.
3.- Si tienes niños pequeños o no tan pequeños (como es mi caso y son la excusa para estas notas apresuradas) no le niegues lo que supone esta época. Hay mamás (seguramente papás también, pero sus voces no me han llegado) que están solas con sus retoños tan hundidas en la tristeza que quieren escatimarle esta época. Están tan abatidas (seguramente por una mezcla de tristeza y cansancio) que se niegan a poner un árbol, preparar una cena especial y colocar algunos regalos para los peques. Cada cual puede hacer lo que quiera, pero, si sirve mi experiencia, esos momentos no volverán y este pequeño rato con los más cercanos (la familia de puertas para adentro) te va a alimentar durante mucho tiempo. Y lo mismo descubres que todo eso te llena como no habías imaginado.
4.- Intenta crear calma a tu alrededor y haz que estos días sean especiales. No hace falta ni gastarse mucho dinero ni añadir más trabajo al cotidiano. Puedes preparar recetas fáciles de pollo y algunos dulces con poco más que azúcar, harina y huevos, si tu presupuesto no te da para mucho. También puedes hacer de las meriendas dulces o de los desayunos para los niños una pequeña fiesta con muy poco echando mano de imaginación. Si necesitas inspiración, las notas están en los links anteriores.
5.- Aprovecha la oportunidad de los tiempos. Al cancelarse los compromisos sociales solo queda espacio para lo auténtico. Con toda probabilidad, una vez que lo pruebes no querrás volver a dar marcha atrás. Y esta premisa vale, incluso, para los que se van a quedar completamente solos.
6.- En la medida de lo posible, no consumas noticias abrumadoras, negativas o catastróficas. Llena tu casa con música (que puedes sacar de Youtube). Crea un ambiente agradable, recogido y festivo (que puedes hacer hasta con cartulinas de colores). Regala a los tuyos y regálate algún capricho (que no tiene por qué ser excesivo) y, especialmente, da y date tiempo. Mientras estemos en este plano tenemos la oportunidad de ser felices. Bien es verdad que las circunstancias se ponen, a veces, caprichosas, pero lo único que nos vamos a llevar son lo minutos vividos con conciencia.
7.- Mantente en conexión con todos aquellos que te importan desde la alegría. Este año viene así como ha habido otros distintos y, con toda probabilidad, habrá otros para hacer grandes dispendios tanto de cariño como de logística. Tómalo como un paréntesis de reflexión e intenta coger fuerzas para el nuevo año.
Cuando hacemos las cosas con ilusión, generosidad y amor, todo ello nos rebota multiplicado exponencialmente, regalándonos momentos que se quedan en el alma. Esta Navidad, la de 2020 que ha puesto a prueba a la Humanidad al completo, puede ser el inicio de las mejores de tu vida.
¡De todo corazón te deseo, sea cual sea tu circunstancia, que la luz entre en cada rincón de tu casa!
Por Candela Vizcaíno

La fiesta de Halloween tiene un origen incierto y se remonta a los ritos de pasaje de los druidas. Aunque en Occidente se celebra cada 31 de octubre, en el pasado, con toda probabilidad, duraba varios días en los que se despedía la estación luminosa y se daba paso a la oscura. Si en el mundo de los vivos se hacían ofrendas, se bebía y se cantaba, el de los muertos aprovechaba para traspasar al otro lado valiéndose de las puertas que justamente se abrían esos días. De aquí, al parecer, viene la costumbre de disfrazarse. Sería como una especie de camuflaje con el fin de pasar desapercibido entre los que regresan del más allá, no fuera ser que se empeñaran en llevarnos al otro lado antes de tiempo. Todos esos ritos quedan muy lejos de Halloween 2020 aunque, en la actualidad, nos asaltan problemas similares a los del pasado. La vida y la muerte siempre ha estado dividida por una sutil frontera.
Dicho esto, Halloween, tal como lo conocemos en la actualidad, proviene de la tradición anglosajona y los protagonistas son siempre los niños. En Estados Unidos no existe la costumbre de elegir disfraces de zombis, monstruos o seres de ultratumba. Y, aunque hay un componente de terror siempre, los más pequeños también se decantan por indumentaria más alegre tipo princesa o héroes de cine. Sí hay un gusto por decorar las casas (incluso semanas antes) y es imprescindible el “truco o trato”. Esta parte tan divertida en la que se sale a pedir caramelos de puerta en puerta ha seducido a los niños de media Europa.
Y España es uno de esos países que han caído rendido a la festividad. Tanto es así que el Día de Todos los Santos (de precepto católico) siempre se había vivido en la intimidad, previa visita a los seres queridos que han abandonado este mundo. Eran días tristes en los que, a lo máximo, se disfrutaba con dulces locales como los huesos de santo o los buñuelos. Eso fue hasta que llegó Halloween haciendo estragos en las familias y poniendo la fecha como día grande en el calendario de los niños. Aunque es difícil calcular el inicio de la moda en España, más o menos comenzó a principios del siglo XX para llegar a este Halloween 2020 en el que los peques ya se están preguntando qué se podrá o no hacer.
Tras la dura cuarentena por Covid en la que los niños se han llevado la peor parte y el inicio del curso con muchas imposiciones, los peques están empezando a reclamar su fiesta. Quieren volver a disfrazarse, se empeñan en decorar la casa, no renuncian a comer galletas con forma de calabaza e intentan (que este punto va a ser difícil) hacer el truco o trato. Llegados aquí, la mayoría de las familias se están preguntando si será seguro. Como todo en la vida, depende de nuestra responsabilidad. Pero, si no hay ninguna orden más restrictiva, los peques no tienen por qué renunciar a su Halloween 2020.
¿Cómo lo vamos a hacer para no traer un gran problema a casa en esta noche de brujas? Dejamos el truco o trato para el final con una idea que se me ha ocurrido hablando con mi hija que se niega a renunciar a los festejos de otoño. Anota:
1.- Decora la casa de manera dramática. Puedes encontrar en Instagram millones de ideas que incluso se hacen con cartulina negra recortando murciélagos y similares. Así nos vamos metiendo en ambiente.
2.- Prepara galletas con las formas temáticas. Es muy sencillo y los moldes están disponibles en los bazares económicos. Puedes hacerlos incluso esa tarde o el día antes. Para hornear una tarta de Halloween solo tienes que elaborar un bizcocho corriente y adornar con algún tipo de cartulina temática.
3.- ¿Qué te parece una merienda dulce para este día tan especial? No hace falta invitar a todo el barrio o a la familia extensa. Eso sí, es importante poner la mesa de forma teatral con adornos básicos (¡que no den mucho asco!) Van bien las calabazas o la vajilla de color oscuro. Coloca las galletas que has preparado, el pastel y bebidas. Ameniza con música acorde y… listo… ¡Ah! Os podéis disfrazar toda la familia. Ya sabes que este atrezzo se arregla en un periquete.
4.- Otra opción de entretenimiento para Halloween 2020 con los peques es hacer una calabaza luminosa los días antes. Os puede servir como adorno de la merienda propuesta más arriba. Es tan fácil como comprar una calabaza pequeña en el súper. Quita la parte de arriba con un cuchillo con cuidado de que no se rompa. Vacía toda la pulpa y colócala aparte. Te puedo servir más tarde. para cocinar una crema con picatostes, mermelada o también un bizcocho. Esta verdura, previamente cocida, toma un sabor dulzón. Dibuja los ojos y una boca abierta. Y ve recortando estas formas hasta que quede hueca. Coloca una vela encendida. Tapa y… ¡listo! Antes de ponerse fea dura unos cuantos días.
5.- Elige películas temáticas al gusto de los niños y que sean adecuadas para su edad. Es la más maravillosa forma de terminar esta noche de brujas. Si has preparado la crema de calabaza, seguro que la toman sin rechistar antes de irse a la cama.
Este es el asunto más espinoso y que se están preguntando todas las familias adictas a la fiesta. El ir de casa en casa pidiendo caramelos no es la mejor manera de protegernos tal como está la situación. Hay contacto. Los niños no van a respetar la distancia y no sabemos quién hay detrás de cada puerta. Dicho esto, para este Halloween 2020 lo mejor es no salir a la aventura y que los peques estén en un ambiente controlado. Esto es, se puede pedir a los vecinos de la comunidad más cercana (bloque, calle…) que dejen algunos caramelos para que los niños lo encuentren en algún lugar más o menos señalizado. Sería un juego parecido a la búsqueda de los huevos de Pascua pero sin rebuscar mucho con el fin de minimizar el contacto.
Si te decides a no renunciar al truco o trato sería conveniente aleccionar a los niños y no dejar salir a quienes (por personalidad o porque son muy pequeños) no vayan cumplir las normas básicas. Es fundamental que no se lleven a la boca nada que no esté previamente envuelto y, cuando lleguen a casa con su botín, limpia el plástico que los recubre además de sus manos.
Si tú vas a participar ofreciendo las chuches, mantén una higiene escrupulosa. Coloca los caramelos en lugares visibles que no necesiten rebuscar mucho. Lo que no queremos para nuestros hijos no lo queremos para los del vecino y, ¡mucho menos un rebrote en el barrio! Ante la duda y que no lo veas claro, es mejor organizar una búsqueda del tesoro en casa y que no salgan a la calle.
Los niños han caído rendidos a la fiesta (¡y algún que otro adulto también!) Podemos hacer actividades de todo tipo en casa o con los grupos burbujas y pasarlo en grande. Tenemos que aceptar que los tiempos de las grandes fiestas de Halloween con conciertos, espectáculos de magia y cenas buffet temáticas se van a quedar aparcados una temporada, pero eso no quita para que los peques se puedan divertir de otra manera.
Y llegados a este punto en el que estamos dando ideas para celebrar Halloween 2020 no nos podemos olvidar de los más jóvenes y su espíritu rebelde. Con toda probabilidad, se van a organizar fiestas ilegales de todo tipo. Está en nosotros el acompañamiento de nuestros hijos más mayores incluso en estos momentos tan difíciles. Vendrán otros años, aunque a ellos eso les parezca lejano. Las actividades de riesgo son eso: peligros innecesarios para todos. En nosotros está controlar en la medida que podamos la situación.
¡Feliz Halloween a todos!
Por Candela Vizcaíno

Lo hemos visto en la dura cuarentena por Covid en los niños de toda España: la música ha sido una válvula de escape, un cometa al que agarrarse cuando no les podía dar el aire, una forma de expresarse cuando todas las emociones estaban contenidas. Ha sido el piano, la guitarra, el canto y, también, el arte plástico (junto con un amago de sentido religioso) los asideros a los que se han agarrado nuestros hijos (y los adultos con ellos). No hay que ir muy lejos ahora mismo para reivindicar el gran valor de las mal llamadas tres marías en el muy mejorable sistema educativo actual. Así, aquello que se suponía que se podía relegar se convierte, cuando las cosas vienen mal dadas, en lo único que tenemos para salir adelante. Aquí os dejo esta anotación para reflexionar más tarde y hoy nos adentramos en los innumerables beneficios de estudiar música en los niños sea cual sea su circunstancia social, familiar o personal. Son tantos que sorprende que esta maravillosa disciplina no tenga más peso en los currículum de niños y jóvenes.
Así sin más y, además, demostrado con un estudio científico por parte del doctor estadounidense Martin F. Gardiner, director de la Escuela de Música de Providence, en Rhode Island. Sus conclusiones han sido recogidas incluso por la prensa generalista (remito al artículo de El País) y la investigación se llevó a cabo con niños de entre 5 y 7 años durante tres trimestres. Pues bien, el grupo que había mostrado retraso en el curso anterior, al introducirle la enseñanza musical, llegan (en un solo año académico) a aventajar a sus compañeros en competencias matemáticas y de lectura.
Al parecer, el área cerebral en la que se manejan los conceptos abstractos de las matemáticas es la misma que se activa cuando se estudia música. Por tanto, si somos capaces de desarrollar esa zona concreta a través del aprendizaje de un instrumento, el canto o la danza, estaremos dando herramientas a nuestros hijos para que la asignatura de matemáticas no se les atreviese en el colegio.
Y hay mucho más, ya que está demostrado (desde hace décadas incluso) que la formación musical, especialmente a edades tempranas, incentiva el sentido del oído. Tanto es así que los niños que aprenden a tocar un instrumento se vuelven más hábiles a la hora de aprender una lengua extranjera u otra distinta a la materna. Esa agudeza que da la música también se manifiesta a la hora de hacer suyos los fonemas y distinta pronunciación de una lengua ajena a la propia. Voy a más, también son varios los estudios que ponen en relación esta circunstancia no ya con el aprendizaje musical sino con el hecho de escuchar temas clásicos a edades tempranas. E, incluso, hay quienes se atreven a señalar que el bebé en el vientre de mamá escucha no solo su voz sino conciertos y sesiones de ópera tanto en vivo como en disco. Todo ello va a repercutir no solo en su agudeza auditiva sino que le va a dar más opciones de desarrollar una amplia inteligencia. Al margen de esta consideración intelectual, bajo mi humilde punto de vista, es la mejor manera de tomar contacto con la grandeza del mundo exterior.
Los pequeños que tocan un instrumento (sea cual sea) también manifiestan una mayor riqueza de vocabulario y más complejidad lingüística. Esta se manifiesta especialmente por un mayor potencial para desarrollar frases complejas o subordinadas respecto a los niños de su edad. En otro orden de cosas, además, se ha encontrado que los peques expuestos a la música (y no necesariamente que se pongan a estudiarla) aprenden antes a hablar barajando una expresión más fluida a temprana edad.
Este extremo también fue comprobado por el doctor Martin F. Gardiner. El aprendizaje de un instrumento supone no solo memorizar o desarrollar el movimiento de las manos sino también pararse a pensar y a reflexionar antes de actuar. Hay que memorizar y colocar lo aprendido en su relación con el movimiento corporal. Todo eso incide positivamente en el cerebro plástico de los niños. Ni que decir tiene que un desarrollo de la memoria facilita una mayor pericia en la lectura tanto como aprendizaje primero de las letras como en la velocidad, modulación y comprensión del texto. A la postre, los niños que manejan la lectura con más soltura se encuentran con el camino despejado del estudio, ya que la misma es la base para la memorización de lo escrito.
En este sentido los ayuda a manejar los valores elementales de tolerancia, respeto y autocomprensión. Y esto es aplicable no solo a los beneficios de estudiar música sino también a sus propiedades saludables simplemente si se escucha como una parte importante de sus vidas. Es una herramienta poderosa que entra a nivel inconsciente modulando la parte desconocida de la psique. La evocación que produce es capaz de sacar aquello que se encuentra reprimido (por eso la música se utiliza en las terapias psicológicas). Si a eso añadimos que el niño maneja un lenguaje nuevo con el que pueda expresarse, le estamos ofreciendo, por tanto, herramientas para que reconozca sus sentimientos, sus desencuentros, sus sueños o aquellos problemas que, por su profundidad, les cuesta trabajo identificar.
6.- Otro de los beneficios de estudiar música en los niños reside en el nuevo lenguaje que ponemos en sus manos. Así pueden sacar todas las aristas sensibles a través de las notas musicales, además de ofrecerles la posibilidad de desarrollar los valores estéticos. Con ello también facilitamos que acepten las fuerzas afectivas que a cierta edad pueden confundirles.
7.- También hay autores que ponen en relación el estudio de un instrumento musical con un mayor desarrollo psicomotor.
8.- En líneas generales los beneficios de estudiar música se concentran en un aumento de la inteligencia. Y llegados a este punto hacemos nuestras las palabras de Iñigo Pirfano expuestas en su libro La Inteligencia Musical (2013):
“Los expertos en neurofisiología explican que la música es un ejercicio en el que participa todo el cerebro… demuestra por otra parte la importancia fundamental de la música, puesto que involucra, de manera admirable, a todos los elementos de nuestra mente y les hace entablar un diálogo: al hemisferio izquierdo con el derecho; requiere el concurso de la lógica y de la razón, pero también de los sentimientos.”
9.- Además, es una oportunidad para que los niños socialicen de manera saludable en torno a una actividad artística. Esto se manifiesta especialmente cuando los peques comienzan a formar parte de una banda o de un coro.
10.- Otro de los beneficios de estudiar música es el desarrollo de la creatividad a nivel general.
11.- Si, en las primeras etapas, se combina con la danza, ayudamos a su desarrollo muscular y al sentido del equilibrio.
12.- Ni que decir tiene que otro de los beneficios de estudiar música es el desarrollo de la evocación y los recuerdos. Con ello también facilitamos el camino que les lleva a identificar los recovecos que habitan en el interior de sí. Así conocen aquello que los sustentan para que puedan seguir adelante en momento difíciles y tengan más pericia a la hora de encontrar resultados a futuro. Todo ello es imprescindible para motivar en los niños y jóvenes el sentido de responsabilidad y de la rutina necesaria como peaje hacia el éxito en sus proyectos.
Podríamos poner más y más razones (incluso las meramente estéticas) de los beneficios de estudiar música en los niños. Esta es una de las bellas artes que requieren un aprendizaje complejo y no se tiene en cuenta en los planes de estudios escolares. Lo cual no quita para que intentemos aportar a nuestros hijos esas herramientas de otro modo.
Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

Llegará un día muy lejano en el que se estudie esta aciaga etapa como la del ruido mediático. Son tantas las noticias y las “últimas horas” constantes varias veces al día que eso está provocando una saturación de datos, informes, contrainformes, opiniones, normas y contranormas que ya no sabemos a qué atenernos. Y ahora le ha tocado el turno a la vuelta al cole 2020 2021 que, a estas alturas, no solo ninguna familia cree que se vaya a desarrollar con cierta normalidad sino que, por si fuera poco lo pasado, tampoco están claras las directrices con las que se va a dar el pistoletazo de salida. Por eso, me he permitido poner un poco de orden en el asunto, quizás llevada por el egoísmo, ya que a mí personalmente también me va a servir estas líneas para tomar decisiones a las que nunca creí tener que enfrentarme. Y, si me lo permite mi humilde lector o mi querida lectora, si a alguien le sirve estas líneas, valdrá la pena cualquier esfuerzo por mi parte.
Y reconozco que todos ellos están entresacados de la prensa y que no estoy en ningún puesto de poder que pudiera manejar gráficas escatimadas al común de los mortales. Acepto la corrección si me equivoco. Tenemos lo siguiente.
Y pasa la más de las veces asintomático, de forma leve o que se puede aguantar la ola para el resto de la población. Bien es verdad que hay personas por debajo de esa edad que pueden tener un riesgo medio o elevado debido a circunstancias personales: obesidad, grandes fumadores, inmunodepremidos… En estos casos, ¿no sería lo lógico proteger al máximo a estos grupos de población y dejar que los demás hagamos nuestra vida con las debidas precauciones? Se ha demostrado, además, que la prevención profiláctica funciona y que la mortalidad en ciertos entornos (lee residencias de ancianos) ha sido aterradora con escenas que deberían obligarnos a todos a hincarnos de rodilla a pedir perdón. Dicho esto, ¿no habría que concentrar los recursos y el cuidado añadido en estas personas vulnerables? Y el resto de la población, con las precauciones, reitero, seguir haciendo nuestra vida, incluida la vuelta al cole de los niños.
Esto es, si se siguen las mismas medidas profilácticas que para el resto de actividades, en un colegio de 1.000 niños habrá uno, dos o tres casos. ¿Hay tanto problema en aislarlo y poner en cuarentena a este pequeño y a todos los que han estado en contacto? ¿Va a haber más casos si los niños están haciendo otras cosas como ir al parque, al cine, a la cafetería o al centro comercial… Y no digamos ya el asunto de los jóvenes que pueden montar fiestas de todo tipo con las puertas de locales al borde la legalidad incluso de par en par teniendo cerradas a cal y canto las de su instituto o universidad. ¿Qué es mejor? ¿El descontrol cuando los padres estén trabajando o el orden que supone por sí misma la actividad escolar?
Por supuesto, a la hora de atender los requerimientos de la vuelta al cole siempre estarán los pequeños con otras patologías o debilidades pero eso siempre los ha habido y siempre los habrá. ¡Desgraciadamente! Como ha habido neumonías, resfriados, gripes e, incluso, enfermedades para las que existe desde hace tiempo una vacuna eficaz como el sarampión. ¿No sería más sensato que se atienda a las necesidades de esta minoría y que el resto pueda entrar en las aulas con cierta normalidad?
Las noticias son contradictorias y no se ha llegado a ninguna conclusión pero, al parecer y lo último, es que los asintomáticos no son tan graves como se creía al principio. Voy a más: al principio de la cuarentena se acusó (dolosamente incluso) a los más pequeños de ser súper propagadores inoculando un virus más devastador aún, que es el del miedo y la culpa tanto en los peques como en sus familias. Y de esto último no hay ningún atisbo de evidencia científica. Ya va siendo hora, bajo mi parecer, de que se combata ese estigma por parte de los encargados de la comunicación. Si es así, ¿qué problema hay de que vuelvan a las aulas con sus precauciones (repito) máxime cuando han estado todo un verano realizando las actividades que han querido o podido? Y dentro de estas nos encontramos reuniones con amigos, visitas a abuelos o familiares y bañarse en la playa. ¿Alguien más ve la contradicción?
Algunos nórdicos (Suecia) ni siquiera llegaron a cerrar, pero otros que hicieron una cuarentena preventiva (pongo el caso de mi amada Portugal o de Austria) retomaron las clases presenciales con apenas medidas adicionales. Que yo sepa no ha llegado comunicación o noticia de que alguna catástrofe se cerniera sobre estos niños. De ser así, ya se hubieran encargado los medios de comunicación de amplificarla a bombo y platillo.
Y, si no se ha hecho, están todos los requerimientos claros y preparados para hacerse. En Alemania, en Dinamarca, en Austria… ¿Ha llegado a nuestros oídos que haya ocurrido alguna catástrofe entre alumnado y profesorado? Yo, que soy una adicta a las noticias, no me he encontrado ninguna. En estos lugares tendrán su protocolo de actuación por si se detecta algún caso para actuar rápidamente. Por supuesto, no se descartará mandar a nueva cuarentena a grupos, aulas, colegios o el país entero si la situación se descontrolada. En principio, se han atendido a la educación como lo que es: un bien imprescindible y sagrado casi. En España entonces, ¿qué pasa que nuestros niños son más débiles o más susceptibles a la enfermedad que el resto de los europeos? Si es así, me gustaría saberlo y que un científico de verdad (no un comunicador) me explique el asunto.
Y ha sido la más larga y restrictiva de Europa. Desde el minuto uno (a pesar de las personalidades y circunstancias particulares) han entendido perfectamente por qué debían quedarse en casa y qué sucedía fuera. Es más, han llegado datos aterradores de condiciones de vergüenza en familias pobres sin recursos para que siguieran la educación online y en situaciones brutales de hacinamiento. Estos niños, con toda probabilidad, no habrán disfrutado de varias semanas de vacaciones en un resort. ¿Vamos a seguir condenándolos a condiciones más duras que algunos presos por crímenes terribles? Y más preguntas: ¿estará todo abierto menos el cole que deberá hacerse a distancia? ¿Qué mensaje estamos mandando a los más pequeños? ¿Acaso que la educación no es tan fundamental como los bares, las discotecas o las cafeterías? Más claves para reflexionar: si han superado la dura prueba de la cuarentena, ¿por qué no van a seguir cumpliendo las instrucciones para la vuelta al cole que se den desde casa o la escuela?
Y aquí llegamos a un punto delicado que es el equilibrio mental o psicológico de los niños que, de cuajo, han sido apartados de su mundo y rutina. Hay pequeños que viven situaciones muy duras en casa: desde maltratos por una familia tóxica o ninguneos de una madre narcisista hasta tener que lidiar con la ansiedad de los padres por la situación. ¡Y todo ello sin contar la soledad que ya sabemos qué efectos produce! No es nada nuevo bajo el sol. Reconozco que este es mi caso ya que, en casa solo somos mi hija de 11 años y yo. La cuarentena ha puesto a prueba nuestro arsenal de resilencia cambiando (lo tengo que reconocer) el carácter de mi hija justo en una edad complicada. No todo se basa en la eficacia de la enseñanza online (que la hemos tenido, de forma privilegiada, de manera continua y de calidad) sino en otros parámetros. Con la vuelta al cole hay un reencuentro con los amigos, con el patio, con con la complicidad y la camaradería de sus pares, con su mundo propio que, a veces, no es el nuestro. Dejar más tiempo los niños en casa es arriesgarnos a inocular en ellos las semillas para trastornos sociales y de adaptación en el futuro inmediato.
Hay un horario pre-establecido que luego es muy fácil de seguir y adaptar en casa con las horas de aseo, sueño o comidas. Sin esas rutinas es fácil caer en la tentación del caos en los horarios, de levantarse cuando quieran y acostarse cuando estén rendidos. El estar encerrados entre los muros de casa, además, propicia el sedentarismo y los enganches a pantallas y consolas. Con ella llega la apatía y el desinterés por otras actividades. Además, la luz que emiten estos aparatos (ya está demostrado) provocan alteraciones del ritmo sueño-vigilia que desemboca en insomnio. Con este llegan los trastornos alimentarios, de conducta, de humor e, incluso, retraso en el crecimiento físico. Habrá familias afortunadas que habrán podido disfrutar de un jardín y de algunas vacaciones en la naturaleza para ponerse al día, pero otras no tanto. Si la vuelta al cole no se produce, ahondaremos en los conflictos de salud de estos niños más vulnerables que no tienen la suerte de disponer de un hogar favorable.
El ser humano a veces se pierde en el bosque porque las hojas no le dejan ver un camino. En los últimos días, el debate se ha centrado en la educación online, que sí o que si no. Incluso los adultos que nos llevamos horas delante de una pantalla haciendo teletrabajo antes de que se hablara de él en los telediarios, reconocemos las carencias de este modelo. En los niños pequeños ya se ha demostrado que, sencillamente, no sirve. ¡Y esos los que han tenido la oportunidad de disfrutar de una pantalla y conexión wifi de banda ancha! Se desconcentran, se desmotivan, se pierden y no saben priorizar las tareas. Esto, en el mejor de los casos, les provoca picos de ansiedad o que pierdan parte de los contenidos. En el peor, nos encontramos aquellos niños que no dejaron un mail en la escuela. Estamos, por tanto, ante el olvido de lo aprendido (si son muy pequeños) o la involución de los conocimientos. En esta situación, nadie me negará que esto es caldo de cultivo para el abandono escolar temprano en un país que ya tiene los índices más altos de Europa. ¿Podemos permitirnos ese lujo a nivel de sociedad cuando, además, somos una de las que tiene los índices de natalidad por los suelos? De lo que pueda pasar a nivel personal a estos chavales que se van desconectando de su formación ni me atrevo hablar ya que será demoledor para su presente y futuro inmediato.
Soy de natural positiva y me gusta ofrecer soluciones antes que entretenerme colocando más palos en la rueda. Últimamente, y me permito la opinión, parece que hay un buen porcentaje de la sociedad que disfruta con esto último. No pretendo ser exhaustiva pero si habla de los siguiente:
Y nos dedicamos a echarnos la pelota unos a otros en lugar de ponernos a trabajar en la medida de nuestras posibilidades, puestos y habilidades. Somos adultos y la coherencias debería ser la norma. Si no queremos aceptar nuestra responsabilidad, tampoco el beneficio que ella conlleva. Si renunciamos a la libertad de decidir, nos tenemos que conformar con lo que nos digan. Si nos negamos a asumir un riesgo mínimo y nos dejamos seducir por la promesa de una vida fácil con la nómina completa a final de mes, no podemos exigir al de enfrente absolutamente nada. Nos convertimos en personas inmaduras que no se hacen cargo de su misión en la sociedad. Que cada uno se lo tome como quiera. Yo reconozco la mía y por eso estoy escribiendo este artículo tan largo. No sé si será muy oneroso concentrar los recursos en poner espacios prefabricados en otros emplazamientos para que los niños puedan estudiar o estoy pidiendo una utopía. Creo que no hay que ser eficaz a la hora de hacer gestiones para poder opinar que hemos tenido tiempo desde marzo.
Ya sea por miedo a un contagio (que es mínimo recordemos) y que no pueden aceptar que el riesgo cero en la vida no existe, porque están contaminados con tanto ruido mediático o, simplemente, porque (por convicción interna) creen en otro modelo. Es positivo que se haga este debate y quizás deberíamos aceptar que habrá niños que no hagan esta vuelta al cole por ideología de su familia. Reconozco que lo fácil es mandar y amenazar (con los servicios sociales) pero quizás aquí está la oportunidad para, en un futuro (y no ahora), generar nuevos modelos educativos para nuestros hijos.
Sobre las teorías conspirativas, fórmulas extravagantes o ideas tan estrambóticas que se desmontan en la primera línea no hablo en esta larga reflexión sobre la vuelta al cole 2020 2021. Haré alguna más, ya que desde mi cosmovisión, jamás imaginé que tendría que defender el derecho y el deber de mi hija a asistir a la escuela. Lo he tenido siempre como algo dado e inamovible y aquí estoy rasgándome las vestiduras ante la posibilidad de que una generación de niños y jóvenes puedan perder el tren de su formación académica, personal y espiritual, la misma que, no solo ellos, sino el conjunto de la sociedad necesita.
Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

Estamos en un lugar indeterminado de España a 18 de marzo de 2020. Todo el país se encuentra en estado de alarma y algunos sometidos a una cuarentena brutal. Y digo algunos porque están exentos de quedar recluidos en casa cualquiera que tenga un justificante para ir a trabajar, un perro o sea mayor de edad para ir a comprar tabaco o veinte veces al súper que nadie te obliga a hacer la compra de golpe. El principal “culpable” (hay muchos más) es un virus de origen animal de la familia de los coronavirus bautizado como Covid-19. Todos los niños de España y los estudiantes universitarios o de cualquier otra materia están recluidos en casa. Para los pequeños, además, la cuarentena es bestial, ya que no pueden salir al súper, al parque y (en algún sitio he leído) ni siquiera a las zonas comunes de su urbanización. ¡Por supuesto los colegios han quedado clausurados a cal y canto hasta nueva orden!
Los menores de 16 años (y algunos mayores de esta edad) están actualmente recluidos en las cuatro paredes de casa sin poder asomar la nariz fuera so pena de infierno casi. Bien… ¿qué va a pasar con ellos? Aparte de quedarse más blancos que la pared (hasta los que son de piel oscura) y con déficit de vitaminas que ralentizan su desarrollo, voy a intentar poner palabras que esclarezcan un poco el infernal ruido mediático que se está creando alrededor. Advierto que todo este largo texto está levantado desde la experiencia de una mamá single con una única hija. Esto es, para que os hagáis una idea: mi niña, que va a cumplir (si Dios quiere) 11 años en junio, está condenada a interactuar físicamente solo conmigo hasta que esto se acabe. Y así o en muchas peores circunstancias habrá más de una y de dos familias en esta tierra llamada España.
Sí, familias, el agravio comparativo, la diferencia, el yo sí y el tú no. Porque, donde yo vivo y así llevo denunciándolo desde el primer momento, se está desarrollando una monumental obra de un centro comercial que no ha parado, como ninguna otra del país. Desde la ventana del cuarto de mi hija se escucha el trajín de los obreros, el pitido de las máquinas, las voces de los que están en el tajo, el ruido (¡cuánto ruido hay estos días!) del tráfico en la avenida como un día corriente. Y aunque esta tarde o mañana paren (que no parece) esto se ha quedado grabado en sus almas en desarrollo. Algunos niños encerrados en casa se están enterando de esto. Los más mayorcitos son conscientes de que los adultos podemos salir a comprar tabaco, al súper, a trabajar, a que nos dé el aire… ¡Y ellos no! No es cuestión de ser alarmistas pero este dolor se va a quedar grabado en su alma de por vida. Y no solo el encierro sino que los mayores hemos consentido esta barbaridad sin hacer nada por defenderlos. Desde aquí pido disculpas en nombre de los adultos que sí somos conscientes a todos los niños de España por esta situación de agravio comparativo.
Para que las familias se hagan una idea lo digo claramente. Los niños ahora mismo tienen un régimen parecido al que son sometidos los presos más peligrosos en aislamiento (los que han cometido crímenes aberrantes y además no se adaptan a la vida carcelaria). ¿Y qué han hecho nuestros niños para castigarlos con saña y crueldad? Alguno me va a decir en los comentarios que son portadores y es su deber. Vale lo acepto. Son portadores como también los obreros y los operarios de las fábricas esparciendo el virus desde sus residencias al trabajo y también es su deber quedarse en casa. Anoto un dato más. Ahora mismo ni los psicólogos más expertos pueden vaticinar cómo van a responder los niños a este aislamiento brutal. Algunos lo harán con ira o rabia y otros con tristeza o depresión. Los más curtidos lo llevarán mejor y, en todo caso, la pelota, como siempre, se encuentra en el tejado de las familias.
Los niños, cuando algo malo sucede a su alrededor, tienden a culpabilizarse. Su mundo es aún muy reducido y entienden que algo malo han hecho cuando un familiar muere o la desgracia se cierne sobre su familia. Es un mecanismo psicológico infantil normal y conocido que va desapareciendo conforme van cumpliendo años. Mi pregunta de madre normal y corriente es la que sigue: ¿si los primeros en quedarse en casa fueron los niños, no van a interiorizar que ellos tienen la culpa? ¿Si se repite una y otra vez que son portadores y no enferman, como si fueran los jinetes del Apocalipsis, no se van a sentir responsables? ¿Si no hay un desahogo para ellos no van a creer los más sensibles que ellos se lo merecen? ¿Si los estamos agobiando con toneladas de deberes (para colmo) y se ven saturados, no van a empezar a desarrollar indefensión aprendida? Aquí dejo estas preguntas para reflexión de padres inteligentes. Por mi parte #yoquierosaber y aquí dejo este hastag.
Voy a más en los efectos devastadores de esta cuarentena por Covid-19 para los más pequeños. Se les ha machacado que no son vacaciones y que tienen que seguir trabajando. Me parece bien y lógico porque no quiero ni pensar cómo acabarían con un plan ocioso en esta situación. Lo que ya entiendo que es de juzgado de guardia (aunque estén cerrados) es que se les obligue a practicar la compasión y la resilencia. Así sin más. Vamos a ver y hago más preguntas: ¿en todas las noticias que nos bombardean con datos a veces intrascendentes alguien se ha acordado un ratito nada más de los niños? ¿Ha salido algún no-dirigente a explicarles con valentía a los pequeños qué es lo que está pasando? ¿Alguien les va a pedir perdón cuando enfermen, extremo que va a suceder? No, ¿verdad? Esto no quiere decir que los envenenemos con odio y resentimiento sino, más bien, que respetemos y comprendamos los vaivenes propios de una situación de esta envergadura.
Y esto solo contando a los niños sanos. ¡No me quiero poner en la piel de esas familias con pequeños con alguna discapacidad! A pesar de trabajar la empatía a diario, me parece tan duro que salgo de esa barro en cuanto asoma por mi mente. Aquí mucho #yomequedoencasa y consignas parecidas pero los niños, excepto excepciones, no son tenidos en cuenta y ellos son nuestro mayor tesoro, lo único que hace grande a una nación. Recordad que algunos están encerrados en pisos con un balcón mínimo o, aún peor, con ventanas a un patio interior. Vamos a ponernos por un rato en la piel de un niño que necesita (porque es su naturaleza) el esparcimiento y la vida social.
Y vaya por delante que soy partidaria de que sigan con su horario, rutina online o lo que se pueda hacer. ¡Pero, por favor, vamos a controlar un poco la cantidad de trabajo que se les da y, en la medida de lo posible, intentamos una válvula de escape para ellos!
En esta tesitura los niños van a grabar no solo que ellos son los responsables de toda esta situación con el agravio comparativo con el que he empezado sino que además tienen que pagar trabajando mucho. Desde aquí, desde la humildad de este texto, animo a las familias a que incentiven a los niños a cumplir con su obligación (¡que duda cabe!) pero también a que expresen sus preguntas, miedos, inseguridades e, incluso, ira o dolor por lo que están sufriendo. Esto no ha hecho más que empezar y los niños en esta larga cuarentena por Covid-19 van a ser los que más paguen por los destrozos de otros. Llegará un momento en el que se bloqueen y pierdan el sentido de la orientación en todos los aspectos. No sabrán si es primavera, Semana Santa, domingo o la hora de hacer cualquiera de sus actividades. Todo en ellos será trabajo y más trabajo. Por eso, es tan importante que no pierdan el contacto online con los que aman (amigos, familia extensa o compañeros) o que saquen la furia a través del arte.
Muchos padres estamos sobrepasados con la situación sin saber cómo vamos a llegar a final de mes y eso sin contar la situación de pequeños empresarios o autónomos. Hay que tener mucha paz interior y fortaleza anímica para no venirse abajo en estos momentos. En estos casos tenemos que tener más presente que nunca que nuestros niños están a nuestro lado y nos necesitan a tope. Si la familia está para acompañar a los pequeños en el fascinante viaje de descubrir el mundo, en estas semanas estamos obligados a hacer un ejercicio de autoconocimiento ímprobo y dejar atados nuestros demonios para soltarlos lejos de ellos.
Llegado a este punto, no me quiero imaginar cómo puede resbalarse la vida de algunos pequeños que han tenido la desgracia de caer en una familia tóxica, con un padre indolente o una madre narcisista o con algún psicópata en el cuarto de al lado. Si en un hogar “normal” (con la limitación humana), los peques van a sufrir lo suyo, en este entorno puede ser demoledor y más allá de la película de miedo más sobrecogedora. Sin ser alarmista, dejo aquí, el teléfono de atención a la infancia que aún está operativo por si sabes de un caso. Es nuestra obligación defender a estos seres vulnerables siempre.
900 851 818
Y me refiero, por poner un toque de humor, a la chorrada de obligarlos a cantar canciones que son del imaginario cultural de sus abuelos y, si me apuras, hasta de los bisabuelos de quienes tienen la suerte de tenerlos. Vamos… que el “Resistiré” del Dúo Dinámico ya no se escuchaba en mis tiempos y yo voy a cumplir mis buenos años. Interesaros por sus gustos musicales, por sus pelis, por sus héroes. Por la red circula una canción muy bonita que pertenece a un videojuego en el que unos androides reclaman su libertad y sentimientos. Vamos que esto es su mundo y no un tema de hace cuatro décadas. Intentemos ponernos en la piel de los pequeños y no torturarlos más con nuestros gustos o nuestras ocurrencias.
Y termino ya que esto está quedando demasiado largo. Cuando se decretó el cierre de los colegios, parques, cines o zonas de ocio y se mandó a los niños a casa, ¿alguien pensó en las consecuencias de esa decisión sobre los niños? La respuesta corta, en vistas de cómo está evolucionando esta cuarentena por Covid-19, es que no. Nadie ha pensado en ellos. Y no se trata de normalizar (como he oído a algún tonto con seguidores en las redes sociales) esta situación tan extremadamente anómala. Se trata más bien de comprender, de acompañar, de ponerse en su piel, de entender y hacerles ver que nadie en el no-gobierno ha pensado en ellos, que han dejado olvidadas a las familias en aras a intereses económicos y logísticos. Y me duele en el alma hasta el infinito que van a pagar los platos rotos de la incompetencia de los adultos. ¡Ánimo pequeños si me estáis leyendo! Un mundo mejor es posible con vuestra ayuda. Si os sirve de algo, yo estoy incondicionalmente de vuestra parte. Y lo estaré siempre.
Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

En el espíritu existen dos vibraciones fundamentales: la más alta es la del amor y la más baja es la del miedo. Si la primera es la proveedora de dones como la generosidad, la confianza, la entrega, la superación, la resilencia o la alegría, el segundo es el emplazamiento del materialismo, el pesimismo, la envidia y el veneno de la ira. En el primero nos superamos día a día caminando con paso firme hacia la serenidad, antesala de la felicidad. En la vibración del miedo nos emplazamos en una zona de confort eterna que no nos deja avanzar hacia nada bueno. Ni que decir tiene que todos podemos caer en la vibración del miedo en algún momento, pero hay quienes están instalados aquí y no hay manera de moverlos. Son las personas tóxicas. El término es nuevo, aunque los comportamientos y actitudes son tan antiguas como el mundo.
Las personas tóxicas se han quedado atrapadas en un veneno emocional que no quieren trascender. Su mero contacto hace que nos sintamos abatidos, inseguros, tristes y con pensamientos negativos. Por eso, es importante aprender a reconocerlas cuanto antes para poder ponernos a salvo. A veces, por las circunstancias, es complicado, pero eso no quita para que nos resguardemos de su influencia.
Son los que siempre ven que se va a caer el mundo ante cualquier contratiempo, los que mueven Roma con Santiago ante cualquier problema. No son capaces de solucionar absolutamente nada y ven problemas incluso donde no los hay. Dependientes de los demás para cualquier cosa, creen que la juventud se ha corrompido por completo, que mañana no va a salir el Sol (ni tampoco las nubes). Su tremendismo puede llevarte a un estado de postración total, ya que también son expertos en hacerte cargar con sus tareas cotidianas y su negatividad. La vida, por supuesto, no es un camino de rosas, pero tampoco un valle de espinas como se empeñan estas personas tóxicas.
¡De ti también en cuanto te has dado la vuelta! Se las apaña para criticar incluso las virtudes de los que están a su alrededor. Todo el mundo tiene problemas menos ellos. Son los que airean trapos sucios, los que no saben callar no ya un secreto sino el más mínimo asunto. Suelen ser personas tóxicas desleales, que hablan a extraños de intimidades de pareja, de problemas con sus hijos o de asuntos que, por las razones que sean, deberían mantener un mínimo de discreción. ¡Ojo! En esta categoría no entra el amigo que te cuenta un problema en busca de ayuda o de un poco de compresión o de la conversación normal (aunque nos excedamos en el sabio no juicio) entre colegas y personas que se quieren. Este tipo de personas hablan, critican, murmuran constantemente y no tienen ningún empacho incluso en atacar el honor básico de los que se encuentran a su alrededor. No se paran incluso ante la posiblidad de la calumnia y aquí estamos ante un delito.
Este tipo de personas tóxicas, además, no han sido capaces de hacer nada bueno por ellos mismos ni conseguir ningún logro meritorio. Cuando llega algo positivo a sus vidas son incapaces de agradecer y de estar felices con ese don. Se las apañan para empañar regalos, tiempo, generosidad, cariño y oportunidad con su veneno. En este tipo de personas tóxicas entran también aquellas que echan por tierra un viaje en grupo porque la habitación no está a 24 grados o porque se visitó un sitio a las 9 cuando estaba programado a las 10. Son incapaces de despegarse de estas nimiedades haciendo una bola inmensa con cosas que no tienen importancia consiguiendo arruinar un día maravilloso o una oportunidad importante. Tienen la habilidad de minar tu autoestima de tal manera que pude llegar a ser peligroso para ti. Comienzas a dar y a entregar sin recibir nada a cambio. Personas que están pasando un mal momento pueden verse envueltas en estas dinámicas peligrosas.
Si estás hablando con ellos durante una hora, seguramente aparecerá así sin más la palabra “miedo” referido a cualquier cosa. Tienen miedo a que se incendie la casa, a que venga la policía a llevarlos a la cárcel, a que le roben, a enfermar… Los hipocondriacos son un tipo de personas tóxicas que anulan la alegría de los que están alrededor infectando el ambiente de una negrura extraña donde siempre hay acechando fantasmas terribles y desconocidos.
El mundo tiene que girar alrededor de ellos porque son las personas más maravillosas del mundo. Siempre tienen razón y nunca se equivocan. Hacen todo lo posible para que los que están alrededor le rindan pleitesía en todo momento. La personalidad del narcisista es tan compleja y destructiva que ya hay psicólogos especialistas en reparar los daños ocasionados en sus víctimas. Se infiltran en las vidas de los demás sin dejarles margen para la libertad. Cuando estamos ante una madre narcisista el problema es más agudo, ya que, en la mayoría de los casos, ejerce un daño difícil de reparar en la familia.
Porque el daño que te puede hacer es incluso denunciable ante la justicia. Ya no estamos ante una persona negativa, pesimista o triste porque sí que se afana por empañar la luz del mundo. El psicópata es un seguidor del Mal así con mayúsculas. No dudará en ejercer maltrato psicológico para conseguir sus fines, en empequeñecer cualquier logro, en levantar cizaña en cualquier ambiente ya sea laboral, familiar o social. Son personas con un alma atormentada que exigen cariño sin dar nada a cambio, que anulan a sus víctimas hasta empequeñecerlas tanto que, en ocasiones, estas necesitan años de terapia para reponerse.
Los otros vértices son el psicópata y el narcisista. El nombre viene del escritor y político Nicolás Maquiavelo quien, en 1513, escribió la obra El Príncipe, un compendio para manipular a los rivales con una sonrisa y sin que se note mucho lo que estás tramando. Con esto ya digo todo lo que puede ser este tipo de personas tóxicas que se agazapan en puestos de poder, en las comunidades de vecinos, en los círculos de amistades y en todos esos emplazamientos donde puedan sacar provecho sin importarles en absoluto qué daño pueden hacer sus acciones.
No vamos a negar que quien está preso de cualquier sustancia o actitud es un esclavo que necesita ayuda urgente, pero esta debe ser solicitada y ofrecida por profesionales. Una persona que entra en la espiral destructora de alcohol, ludopatía o drogas solo puede generar un aire viciado a su alrededor que intoxica a aquellos que, de buena gana, están dispuestos a echar una mano. Y eso sin contar, reduciendo mucho la problemática, que, debido a la adicción, es fácil que caigan en la ira descontrolada y en la violencia física. En los centros de trabajo ya se pone mucho cuidado en apartar a este tipo de personas inmediatamente. En el hogar es necesario pedir ayuda cuanto antes.
Las más frecuentes, las que solo piensan en ellas mismas sin tener ninguna patología “grave”. Son individuos que les cuesta trabajo ponerse en el lugar de los otros y que solo miran por su interés. Son difíciles de tratar y expertos en robar energía poco a poco.
Son personas tóxicas que achacan al karma una supuesta mala suerte que solo les corresponde a ellos mismos. Incapaces de mover un dedo para superarse o mejorar, todo lo que les ocurre es por culpa de anteriores parejas, jefes, el gobierno o el sistema que rige el Universo. Aunque puede haber un narcisismo solapado en esta actitud, en el fondo subyace una pereza mental patológica que busca en el otro la solución a todos los problemas y la resolución de cualquier tarea por muy sencilla que sea. Están, además, invadidos por una ira descontrolada y un resentimiento profundo hacia el resto del mundo.
Son maestros en meterse en tu vida y en ejercer juicios de valor sin estar autorizado a ello. Son los que llevan una existencia a todas luces poca afortunada y tienen la solución a cómo debes cortar la hierba del césped. Son tan atrevidos que dan su opinión con una arrogancia que a una persona normal le sonrojaría.
No hacen ningún esfuerzo por salir, por superarse, por resolver, por dar, por soltar si hiciera falta. Su mundo es un lugar concreto (a veces literalmente) donde es imposible que salgan. No se atreven a probar cosas nuevas, a viajar, a estudiar, a embarcarse en rumbos desconocidos. La zona de confort donde el progreso no es posible es, sencillamente, su mundo.
Y tú no sabes por qué. Pero todo se les vuelve en contra. Quizás porque son maestros en meterse en dificultades. Es imposible que hagan un plan para simplificar la vida.
Si buscan pareja, todas las anteriores han sido terribles. Su familia es poco más o menos que el clan demoniaco. Los socios, jefes o compañeros de trabajo lo han timado. No han sido capaces de hacer nada bueno en la vida. Pregúntate por qué.
Suelen ser maestros (sobre todo los tipos narcisistas y psicópatas) de parasitar de los demás, Siempre son otros los que hacen el trabajo, las tareas de la casa, la parte de esfuerzo que les corresponde. Las personas tóxicas suelen ser indolentes, dadas a perder el tiempo (no digo que les guste el ocio, los viajes o pasar horas con su familia), a no pararse a producir algo que les haga felices. Suelen evadir toda su responsabilidad en los demás.
Este es una de las características más impactantes. Si dicen “gracias” es para que no se les note que son de esta condición. Al no agradecer, no se sienten satisfechos con nada y no disfrutan ni de las mejores cosas o personas.
Las personas tóxicas mienten sobre cualquier cosa aunque sean nimiedades. Es frecuente que se inventen hechos o circunstancias positivas ni que por asomo forman parte de su vida. Hay quienes llegan a montar todo un tinglado paralelo de mentira a su alrededor.
Son maestros a la hora de ver tus debilidades. Los asimilan y se meten en tu vida juzgándote constantemente y haciéndote sentir mal. Es en este preciso momento cuando debes trazar una frontera entre ellos y tú. Nadie tiene derecho a hacer que te sientas mal. Si lo hace, aunque sea con buenas palabras, es porque algo pretende de ti. Normalmente la intención es desvalorizarte para, a continuación, sacar provecho. ¡No dejes que te roben tu luz!
Si quieres dar tu opinión, expresar como te sientes, manifestar que te está haciendo daño su reacción es vocear, insultar, manejar la ira (psicológica o, peor aún, física). En casos extremos llegan a la violencia. Si ves que la ejerce con alguien ajeno a ti, no dudes que, más temprano que tarde, la va a realizar contra ti. ¡Aléjate en cuanto puedas! Incluso si es alguien de trabajo, vete cuanto antes. Búscate otro empleo aunque esté peor remunerado. Este tipo de personas tóxicas son peligrosas y envician cualquier ambiente.
Si son maestros en agredir psicológicamente y espiritualmente a los otros, ellos se sienten dañados por tonterías. Cualquier gesto puede ser interpretado como una ofensa irreparable y tú te quedas totalmente descolocado porque sientes, de corazón, que no ha sido para tanto.
1.- En el trabajo, sobre todo si son superiores, jefes o clientes, pueden llegar a tal carga mental que desarrolles el Síndrome de burnout. Es tan grave que sentirás no poder afrontar tareas sencillas.
2.- En el hogar pueden llegar al maltrato psicológico con todas las consecuencias tan terribles de este hecho. Suelen ser personas expertas en herir la autoestima.
3.- Suelen infectar cualquier relación con negatividad y estrés.
4.- Las personas tóxicas generan confusión allí donde van. Sientes que tu energía vital se apaga y, aunque tu vibración sea la del amor y la entrega, te ves arrastrado hacia el miedo sin saber por qué.
5.- Cuando la persona tóxica es tu pareja o está en tu familia cercana, puede herirte psicológicamente de por vida incluso. Va a ser tanto que necesitarás ayuda para salir de esta situación. La buena noticia (siempre la hay) es que vas a salir y además con un brillo más fuerte del que tenías.
6.- La confusión y el miedo que generan a su alrededor es tanto que puedes tomar decisiones importantes de manera equivocada simplemente porque te ha guiado esos mandatos inconscientes anidados por las personas tóxicas.
7.- También son expertos en envenenar el resto de relaciones que tengas con otras personas maravillosas que se alejan al verte inserto en esa negrura.
9.- Son, en definitiva, expertos en desbaratar vidas por diversos medios.
1.- Lo único que puedes hacer es alejarte. ¡Así sin más! Este tipo de personas no cambian nunca. Solo algunas se dan cuenta de lo que son y, por las razones que sean, piden ayuda. Incluso si se trata de tu familia lo mejor es poner distancia (cuanto más mejor) para que no te envenenen más. Una vez que tienes identificado qué es lo que ocurre es más fácil resistirte a bajar a su vibración.
2.- Haz terapia detox mental. Cuídate, mímate y ten siempre presente los límites. Cuanto más te ames de manera sana y más alegría atesores, menos daño te pueden hacer este tipo de personas.
3.- No te lo tomes como algo personal. Recuerda siempre que hieren con palabras y que mienten. Eso que estás diciendo de ti no es verdad. Es su envidia y su veneno el que sale de su boca.
4.- Practica el perdón. Sabemos que es difícil pero también se aprende. Es la única manera de que estas personas no jueguen contigo y seas tan fuerte como pararlas con tu luz.
Y, por último, recuerda siempre: si no puedes, abandona. Esa no es tu guerra ni ninguna otra.
Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

Llega el otoño con sus imprevistos días de lluvia y te encuentras que no puedes sacar a los niños al parque o a dar un paseo, pues bien, querida mamá, abuela o tita que hace de canguro (también vale para el género masculino), eso ya no es ningún problema. Y no lo es porque te vamos a dar una idea para hacer un bingo con materiales muy sencillos. Así, no solo el juego será una diversión sino también la propia confección del juguete.
Y, ¿qué necesitamos? Muy poco: papel usado que vayas a tirar (vale incluso el de periódico), cola de carpintero mezclada con agua, dos botes distintos de pinturas lavables (las venden en cualquier papelería), unos cuantos cartones, lápices de colores, unos cuantos pinceles, mucha imaginación y congregar a toda la familia en torno al proyecto. Aunque con la revolución de Internet, puedes encontrar en la Web cualquier juego, con esta idea pasarás una tarde divertida a la par que totalmente ecológica, ya que se utilizan, en su mayor parte, material de desecho. También puedes hacerlo, como el de la foto, utilizando tapones de corcho en desuso.
Con papel de periódico ve formando bolitas pequeñas del tamaño, por ejemplo, de un huevo de codorniz. Incluso los niños mayores de tres años pueden realizar la tarea. No hagas muchas; con quince o veinte bastarán. Una vez estén enrolladas formando un círculo más o menos perfecto, embadúrnalas con la cola mezclada con agua y déjalas que se sequen. Si hay elevada humedad ambiental, puedes ayudarte con un secador de pelo.
Una vez las bolas estén secas, píntalas totalmente de color blanco o en cualquier otro tono claro que tengas a mano. Déjalas secar con el método explicado arriba. Cuando ya no mojen los dedos, pinta en las bolas los números: del 1 al 15 o hasta el 20, según la cantidad de bolas que hayas fabricado. Mientras se secan, procedemos a realizar los cartones.
Aquí puedes dejar volar tu imaginación, ya que solo se necesitan unas pocas unidades por cada miembro de la familia. Dibuja los números (15 o 20) según las bolas que hayáis realizados siguiendo una combinatoria aleatoria. Como estamos con un juego de sobremesa familiar, no hace falta ser muy escrupuloso con los cartones. Se puede cambiar las normas del juego de tal manera que el que tenga un cierto número de aciertos, gana esa ronda.
Es conveniente, si se juega con niños, ser flexibles con el juego de tal manera que puedan “ganar” todos. Hay pequeños, y mayores también, que tienen muy mal perder y pueden estropear la diversión, si la suerte no les acompaña. Así que organiza bien las combinatorias con antelación para que sean tan flexibles como para que todos puedan llegar a cantar ¡bingo!, pero no tanto que el juego se acabe demasiado pronto.
Además, el adulto a cargo del juego puede ir estableciendo un turno de “mano inocente” de tal manera que el simple hecho de sacar la bola (que puede estar en cualquier caja, recipiente o bolsa) forme parte del juego.
La actividad, además de ser lúdica puede llegar a ser tremendamente educativa no solo para la fabricación de este particular bombo del bingo sino también porque, con las bolas, puedes repasar o iniciar a los más pequeños en el reconocimiento de los números. Es decir, con este juego casero los niños pueden ir aprendiendo nociones básicas de escritura. Más no se puede pedir a una actividad familiar, así que pasadlo bien y buscad la felicidad.
Por Candela Vizcaíno

Que no te agobien, que no te estresen, que no te coman ni la cabeza ni la moral, que no te hagan gastar mucho (al día de hoy parece una tarea de titanes casi y que no te obliguen a hacer lo que no quieras hacer. Porque sí, mi amada lectora, mi querido lector, en esto hemos convertido una fiesta religiosa que celebra la vida nueva y la esperanza. ¿Acaso nos hemos olvidado que estamos ante una festividad sagrada y no ante actos sociales profanos? Para muchos los últimos días del mes de Diciembre se convierten en un calvario casi por las obligaciones de todo tipo y por el amontonamiento de recuerdos que nos asaltan (de aquellos que ya no están o por situaciones desagradables vividas en otras navidades). Y, honestamente, creo que los que no gustan de estas fechas tienen muchas y buenas razones. Los preparativos son tantos y se hacen desde tan temprano (finales de Noviembre casi) que no me extraña que sean legión los que se apunten a otro tipo de festividades más sencillas (Halloween por poner un caso). Pero aún estamos a tiempo para amar la Navidad y vivirla realmente. Eso sí, lo mismo tiene que ser a tu manera o de una manera diferente. ¿Te apuntas?
La Navidad en Occidente se ha convertido, sencillamente, en una orgía de consumo y de actos sociales obligados. ¿Te digo de las comidas de empresa con compañeros o clientes peñazos, de las cenas con la familia política y sonrisa impostada, del agobio de los disfraces de los niños para el cole, de los regalos carísimos, de la obligación de consumir…? No, ¿verdad? ¿Para qué? Si ya sabes de esto. Así que, si eres de los que buscan una Navidad realmente en paz, empieza este 2018 a cambiar el chip con estas 5 ideas que, a poco que la lleves a la práctica, verás que son fáciles y te permitirán tener unas fiestas más que dichosas. Serán tanto que vas a empezar a soñar con las Navidades de 2019. Ya me contarás…
La Navidad debe servirnos para estar con los que realmente amamos (de verdad y no porque lo diga un papel o venga impuesto socialmente). No te de apuro decir que no (ya sabes que es el primer paso para la felicidad) a cualquier invitación que realmente no se te apetezca o sencillamente te resulte muy difícil atender. Las horas son las que son y los días son los que son. No podemos estirar más las semanas. Pon en una lista si es necesario hacer esa merienda de última hora o lo que verdaderamente se te apetece es estar en casa remoloneando en el sofá, por poner un caso. Deja espacio para ti y los tuyos. Así podrás vivir esos momentos en plenitud. No tengas la agenda ocupada todos los días.
Aprovecha. Recicla. Utiliza cosas de otros años. No todo tiene que ser nuevo y de última moda. En mi caso, que pongo la salita atestada de muñecos típicos, tengo decoración navideña que ha cumplido sus buenos 20 o 30 años. ¿Qué es eso de empezar de cero cada Navidad? Limita los regalos, el importe y la cantidad de juguetes que se dejan a los niños. Las familias deben ponerse de acuerdo y convencer a los pequeños que la carta a Papá Noel no debe ser la lista de la compra del mes. Un tanto de lo mismo debes hacer con las cenas, comidas, meriendas, desayunos, horas del té y brunchs. Si los días de diario, cenas un filete de pollo con ensalada, imagínate cómo debe sentirse tu hígado la madrugada del 25 con medio pavo relleno, un cuarto de besugo con guarnición, turrones, bombones, mantecados, patés y cinco o seis copas. Hay que disfrutar pero sin exagerar. No lo vamos a pasar mejor por poner la mesa con una tonelada de comida. Debería ser más bien una excusa para charlar, compartir y estar con los seres queridos. No compres al tuntún. Pregúntate si hace falta y regala siempre cosas útiles que hagan ilusión. Venga sí, con los niños esto es muy difícil, pero hay que hacer un esfuerzo también con los más pequeños. Y vale que alguno ha pedido el Iphone 7…
Que sí, que ya lo sé que todos queremos empezar estudiando inglés, acudiendo al gimnasio o cambiando radicalmente de forma de vida, pero ¿es lo que realmente queremos? ¿Es lo que vamos a hacer de verdad? ¿Podemos afrontarlo? La Navidad simboliza la nueva vida, el nacimiento de la luz, la esperanza en un mundo mejor. Pregúntate qué es lo que quieres hacer con la mayoría de tus días del próximo 2019 (todos podemos mejorar siempre, que no somos tan perfectos) para hacerlos más felices y más plenos. Y afánate por conseguirlo. Es verdad que luego llegan los problemas y se quedan muchos meses (a veces hasta años) apoltronados en el sofá, pero tenemos que marcarnos unos objetivos que no nos den estrés, que los podamos asumir y que nos llenen de alegría. El mío te lo puedo decir ya: dejar más escritos aquí para que tú los leas. Esa es mi ilusión. Esa es mi meta. Con eso (y la salud de mi familia) ya sería plenamente feliz.
Y en Navidad mucho más. Que no te agobien los compromisos (volvemos al punto uno: no tengas empacho en decir que no con educación y cariño). Si no quieres estar con la familia política, con ese cuñado peñazo o con esa prima que le va de las mil maravillas y tú tienes que hacer un millón de malabares para llegar a final de mes siempre, pues no estés. No hace falta que te enfades con nadie. Simplemente limita el contacto. En España ya hay muchas parejas, incluso, que “se separan” por Navidad. ¿Quieres más ideas? No hay ningún problema si todo es convenido y está acordado de antemano. Y si lo hay, es mejor que no ocupes una silla en esa mesa que te va a echar en cara que no te comiste las uvas el año pasado. Piensa dónde va a estar feliz tu corazón y quédate allí. Si no es así, es mejor que no vayas o pases para saludar y poco más. Ten claro hasta donde llega la cortesía y donde está el cariño auténtico.
Cada vez somos más (reconozco que estoy en el grupo) los que aprovechamos las semanas de vacaciones de los niños para viajar o para pasar algunas noches, al menos, fuera de casa. La oferta y los destinos son múltiples y adaptados a todos los bolsillos. Vale que salir de casa siempre cuesta dinero, pero, a veces, merece la pena. Así tienes solo media Navidad y no tienes más remedio que ser selectivo con todo: con los actos sociales y con el desprendimiento económico a la hora de afrontar los regalos.
En mi caso tengo muchas esperanzas en esta Navidad 2018. Me asalta la intuición y la ilusión de que va a ser diferente y que va a suponer un antes y un después en mi manera de ver, no solo los eventos de estas fechas, sino también la vida. ¡Que me he aplicado estos consejos a rajatabla! Recuerdo los actos sociales de hace quince años (por ponerte un caso) y hoy, me parecen sencillamente una locura, una forma de encarar estas fechas que mi corazón salvaje ya no me permite. Cada uno tiene su forma, su manera, su modo de disponerse a recibir la luz y la alegría de la nueva vida. Busca la tuya y ve a por la felicidad. Te la mereces y puedes alcanzarla.
Por mi parte, esta es mi mejor manera de desearte una feliz Navidad.
Por Candela Vizcaíno