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El gran masturbador de Dalí | significado, comentario y análisis

El gran masturbador de Dalí

El gran masturbador de Dalí

Candela Vizcaíno

 

Significado, comentario y análisis de la pintura surrealista El gran masturbador, una de las más representativas y conocidas de Salvador Dalí. 

Los sentidos y significados de una de las obras del surrealismo más conocidas no pueden entenderse sin los cambios filosóficos, médicos o científicos que explotaron en los primeros años del siglo XX. Si bien la gran mayoría de movimientos estilísticos de las denominadas vanguardias históricas se hicieron eco de la profunda transformación de las ciudades (con los avances de la técnica o la velocidad) y de las relaciones humanas (entrando la soledad y el alineamiento como protagonistas), fue el surrealismo el que quiso bucear en las profundidades del alma humana. Y con este concepto básico tenemos que entender El gran masturbador de Dalí. 

Apuntes mínimos sobre el surrealismo para entender El gran masturbador de Dalí  

Aunque los primeros -ismos se plantearon tirar por tierra cualquier atisbo de tradición haciendo choque frontal con la sociedad imperante, este extremo se llevó a cabo únicamente de manera formal en la mayoría de los casos. Y muchas veces hay que entender únicamente en este sentido las boutades del dadaísmo o los múltiples manifiestos llamando a incendiar el arte del futurismo. Sin embargo, el surrealismo, el movimiento más influyente del siglo XX cuyos coletazos llegan incluso al XXI, se arraiga en otra concepción de la raza humana. Porque es en 1900 cuando sale a la luz La interpretación de los sueños y allí se ponen las bases para un parámetro totalmente nuevo: el inconsciente según Freud (1856-1939). Hasta esa fecha el ser humano se consideraba una entidad inmutable guiada por los postulados de la razón. Nada había que no fuera de su conocimiento. Sin embargo, el psicoanálisis pone sobre la mesa una entidad desconocida, oculta, oscura y guiada por un lenguaje simbólico. Y, además, dispone de información fundamental para completar los recovecos del espíritu humano. Allí, en el inconsciente, habitan anhelos desconocidos y amordazados, a la par que un conocimiento espiritual regido por un pensamiento simbólico fundamental para la existencia. La única manera de acceder a estas profundidades para extraer una sabiduría al máximo era, por entonces, con el arte y los sueños. 

Un poco más tarde, C.G. Jung (1875-1961) da un paso hacia adelante y demuestra la existencia de un inconsciente colectivo que se manifiesta a través de arquetipos. Nos damos de bruces con un emplazamiento desconocido hasta entonces donde habita buena parte de la espiritualidad común a la humanidad. Es aquí donde se concentran virtudes, vicios, expectativas o miedos personales que son, a la vez, comunes a la raza humana. Para el artista de la época, por tanto, estas ideas estallan de golpe invitando a negar la historia. Todo ello impacta profundamente en la filosofía y en el arte de las primeras décadas del siglo XX en una población abrumada, además, por la barbarie de guerras cruentas. Así, las principales características del surrealismo en el arte apelarán a esa nueva información escamoteada a la mente consciente. Por tanto, todo el afán de los artistas (de cualquier género) será sacar a la luz datos fundamentales desconocidos hasta entonces. Los surrealistas, además, pretendían cambiar el mundo y crear un orden nuevo, ya que los parámetros culturales sobre los que se sustentaba la sociedad no estaban completos. Surgen, por tanto, obras de todo tipo que quieren exhibir (a veces de una manera pertubadora e inquietante) aquello que había sido escamoteado. 

Salvador Dalí y El gran masturbador 

La obra es un lienzo de medianas dimensiones (110 x 150 cms) ejecutado en 1929 cuando su autor solo contaba con veinticinco años y acababa de conocer a Gala, la única mujer que formó parte de su vida íntima. En la actualidad, se custodia en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofia. Junto con La persistencia de la memoria, es una de las pinturas surrealistas más famosas de todos los autores del movimiento. 

Salvador Dalí nace en Figueres en 1904 en el seno de una familia culta y acomodada. Con tan solo dieciocho años se instala en la Residencia de Estudiantes, punto de encuentro fundamental de la futura intelectualidad de la época. Allí coincide, entre otros, con Buñuel y Lorca con los que traba amistad y se inicia en los principios del psicoanálisis y en las posibilidades del arte surrealista. Previamente, había hecho algunos intentos con el cubismo y con la pintura metafísica de Giorgio de Chirico, cuyo sustrato estilístico se encuentra en la obra que nos ocupa.  

Dalí es uno de los máximos representantes del surrealismo internacional y llegó a crear un método propio, el paranoico-crítico, consistente en ir quitando las capas de la realidad hasta llegar a la esencia. De personalidad compleja y patológicamente tímido no abrazó todos los postulados expuestos en los diferentes manifiestos. Para el genio de Figueres la obra no podía ser el fruto de una creación automática y debía pasar por un proceso de razonamiento. Esta meditación a la hora de afrontar el trabajo se completa con un fantástico domino del dibujo y de la pintura realista. A pesar de ello, sus creaciones entran en el onirismo (en el sueño o en la pesadilla). Encontramos elementos de la naturaleza, pero estos han sido modificados de tal manera que la representación última se nos antoja irreconocible. Dalí hizo del surrealismo una forma de vida casi, ya que no abandonó los principios una vez que se sumergió en las posibilidades expresivas del movimiento. Falleció en 1989 cuando otras estéticas copaban la esfera internacional. 

El Gran Masturbador de Dali 

Análisis de El gran masturbador 

La obra de Dalí puede calificarse como perturbadora con unas claras alusiones eróticas y desde un punto de vista novedoso. Hasta la fecha, no se había tratado la masturbación (un acto tremendamente íntimo) en la historia del arte. El erotismo nunca había llegado a ese nivel de profundidad y nunca se había sacado a relucir los miedos, complejos y dudas con tal grado de exhibicionismo. Los artistas del surrealismo (y así lo hizo Dalí) pretendían hacer del surrealismo una forma de vida. En diversas ocasiones, las obras y los actos podían calificarse como obscenas para los parámetros de la época, ya que ponían de manifiesto actos que (de forma unánime) se consideraban pecaminosos o contrarios a la naturaleza humana.  

En El gran masturbador nos enfrentamos a una pintura que ha sido realizada con elementos realistas pero estos están combinados de tal manera que no reconocemos la narración. El artista se ha sumergido en el pensamiento simbólico de los sueños y nos muestra un autorretrato incompleto que termina en un rostro femenino enfrentado a extremidades masculinas. El relato de la obra nos invita a desentrañar un significado oculto. Todo ello viene potenciado por la presencia de un saltamontes gigante que ocupa el lugar que debería tener la boca. Así la capacidad de expresión ha sido reducida a la cualidad del insecto. Este, además, está plagado de hormigas y gusanos, símbolos universales de la podredumbre, destrucción y muerte.  

El relato perturbador de la obra va a más con la presencia de conchas o restos de animales que parecen horadar la imagen principal y el de un monstruo (parecido al oni de las leyendas japonesas) que sobresale de la carnalidad representada de manera plana y con un tono a todas luces enfermizo. Las figuras, siguiendo la estética de la pintura metafísica, han sido despojadas (a pesar de que están inmortalizadas en un abrazo) de su humanidad y nos recuerdan a los maniquíes que se utilizan como modelos en el aprendizaje de la pintura y el dibujo. Todo ello se ve intensificado con ciertos elementos simbólicos, como la cala que actúa en representación del acto sexual o la sombras que se alargan dramáticamente y de una forma imposible en el espacio natural.  

Significado de El gran masturbador de Dalí  

La obra, por tanto, ahonda en las posibilidades que se abren con el psicoanálisis sobre el que se basa el surrealismo. A partir de una imagen onírica formada por retazos chocantes entre sí de los elementos de la naturaleza interroga al espectador sobre los miedos y las frustraciones más íntimas. Se afronta el sexo de una manera exhibicionista en el que se mezcla la podredumbre (el miedo, la transformación, la suciedad y, en último extremo, la muerte) en contraposición a la belleza presente en el arte clásico. Así, el rostro femenino está representado de una forma serena (a pesar de estar recorrido por esas venas que nos remiten de nuevo a una carnalidad en descomposición). De igual forma, las extremidades masculinas encuentran el trasfondo en el arte griego con su culto a la belleza, la serenidad y la armonía.  

Pero no hay armonía en la obra. El paisaje está reducido al mínimo. No encontramos ningún elemento natural en el que apoyarnos para descansar y todas sus partes nos invitan a entrar en esa zona oscura del inconsciente donde pugnan entre sí los anhelos más fuertes contra las imposiciones culturales. Desde la flor de las calas que nos remiten al acto de la penetración hasta los insectos o el color plano de la misma (en un tono amarillo enfermizo) nos va interrogando una y otra vez sobre los miedos y contradicciones más profundas.  

Comentario de El gran masturbador de Dalí 

El artista acaba de conocer a Gala y se debatía entre deseos que no era capaz de canalizar de una forma saludable (para la cosmovisión actual). De una manera u otra, esa personalidad entre la impotencia, la timidez o la no aceptación de ciertos gustos le acompañaría durante toda su vida. La obra es inquietante por lo que supone de exhibicionismo de la parte más íntima del ser humano. Tenemos que recordar que, en el momento de su ejecución, los postulados surrealistas estaban en todo su apego y los artistas se empeñaban en levantar una frontera entre un mundo desconocido (agazapado en las profundidades de la psique) y las normas sociales. En ocasiones, el escándalo era la manera más directa de interrogar al espectador sobre su estar en el mundo. Este, por supuesto, está siempre condicionado por el conocimiento propio. El gran masturbador, en definitiva, nos dice de esa pulsión entre la vida (el sexo) y la muerte con su podredumbre, temas que tanto inquietó al artista durante toda su vida y que se reflejó en su obra.   

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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