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El carnaval del arlequín de Miró | análisis y significado

El carnaval el arlequín

El carnaval el arlequín

Candela Vizcaíno

 

Entendemos la obra El carnaval del arlequín (1924-1925) de Joan Miró (1893-1983), uno de los más importantes artistas surrealistas. 

En las primeras décadas del siglo XX, la irrupción de los distintos estilos artísticos de las denominadas vanguardias históricas desembocó en el gran movimiento denominado surrealismo. No fue por casualidad, ya que se realizaron una serie de avances en el campo de la medicina, la técnica y la filosofía que se unieron, por un lado, a las grandes transformaciones de la ciencia y de las ciudades y, por el otro, a los horrores de la Primera Guerra Mundial. En el campo que nos ocupa, el hito más significativo es la publicación en 1900 de La interpretación de los sueños, poniendo sobre la mesa el concepto de inconsciente según Freud. Por tanto, el análisis y el significado último de El carnaval del arlequín de Miró hay que entenderlo en relación con esta obra fundamental, ya que supuso un antes y un después en el conocimiento de la espiritualidad humana. 

Inconsciente y surrealismo: datos básicos para entender El carnaval del arlequín

Hasta los estudios de Freud, la psique humana era considerada inmutable y todos los actos de los individuos se entendían guiados por los postulados de la razón. Así había sido aceptado especialmente desde finales del siglo XVII con la asimilación de la cultura del Neoclasicismo, cuyo principio básico era la entronización de la razón y el positivismo. Sin embargo, en los albores del siglo XX la revolución llegó con los estudios basados en el psicoanálisis y en todas las facetas y aristas del inconsciente. Aparece ante la humanidad, por tanto, un emplazamiento desconocido, oscuro y que ofrece información de radical importancia para el desarrollo de la mente y la espiritualidad. El inconsciente es un emplazamiento desconocido con mensajes de vital importancia para la humanidad. La dificultad llega con el lenguaje escogido para esa comunicación. Este es el de los símbolos, presentes en los sueños y en el arte, pero cuyos códigos han sido olvidados por el individuo occidental contemporáneo.  

Un poco más tarde, C.G.Jung (1875-1961) y su escuela levantan el concepto de inconsciente colectivo materializado en los arquetipos. Con estas investigaciones se llega a la conclusión de que hay una serie de imágenes elementales que responden a anhelos, virtudes y vicios humanos comunes a la humanidad. Reduciendo mucho, este conocimiento, cuando se maneja a nuestro favor, propicia lo que Jung denominó el proceso de individuación, etapa anterior a la consecución de la serenidad y, en último extremo, a la felicidad. 

Así, los artistas y representantes del surrealismo, tanto en el campo literario como en el plástico, recogen todo este conocimiento y promulgan que el mundo anterior no sirve, ya que la información que nos ofrece está incompleta y se ofrece sesgada por desconocimiento. Aunque la gran mayoría de los movimientos de vanguardia, desde el dadaísmo hasta el futurismo, se empañaron en negar cualquier herencia de la tradición, con el surrealismo se hace más patente si cabe. Los surrealistas aspiran a una nueva vida en la que no haya ningún tipo de imposición mental, espiritual o social. Para llegar a ella se zambullen en el pensamiento simbólico procedente de los sueños e, incluso, de estados alterados de consciencia. Cualquier camino será válido si este nos lleva a la información inconsciente que queda oculta a la raza humana.  

Joan Miró, el creador de El carnaval del arlequín 

Nace en Barcelona en 1893 cuando la Ciudad Condal era un bullicio de artistas de todo tipo mezclados con buscavidas y gentes de negocio. Milita en la estética surrealista durante toda su vida (aunque coquetea con los postulados del dadaísmo) creando un universo pictórico muy personal en el que se mezclan seres irreconocibles con símbolos universales y elementos geométricos. Sus figuras son potentes, planas, de trazo firme y siempre en los tonos básicos en los que predominan el blanco, negro, rojo o amarillo. Viaja a París, ombligo del mundo por entonces. Allí comienza a tener alucinaciones, al parecer, provocadas por el hambre y la escasez. Y es aquí donde desarrolla sus imágenes tan personales y únicas en obras tanto en el ámbito pictórico como en el escultórico.  

A pesar de que el estilo de Miró responde a todas las características del surrealismo, fue capaz de crear un universo propio, de raigambre onírica, con elementos tomados de la naturaleza pero, a la vez, compuestos, mezclados y combinados en un relato irreal y cercano a la alucinación. Sus obras están llenas de símbolos en espacios planos, de una imaginación desbordante que muestra un universo interior que quiere ser alegre, vital y mediterráneo. Muere en 1983 en Palma de Mallorca rodeado de éxito internacional y de él dijo Bretón (el redactor del Manifiesto Surrealista) que fue “la más bella pluma del sombrero surrealista”. Hoy sus obras están desperdigadas por todo el mundo, aunque un buen puñado de ellas se encuentran en la Fundación Miró de Barcelona y en el espacio dedicado al artista en Palma de Mallorca.  

Análisis  y significado de El carnaval del arlequín 

1.- La obra es un pequeño óleo sobre lienzo de 66 x 93 cms que se encuentra en la Albreight-Knox Gallery de Búfalo. Miró lo pintó entre 1924 y 1925 justo cuando dejó de lado su faceta realista para sumergirse de lleno en el surrealismo.  

2.- Sobre un fondo claro se van desplegando figuras, elementos, partes reconocibles del cuerpo humano (un ojo) y extrañas criaturas que no se encuentran en la naturaleza, aunque podamos asimilar algunas a seres reconocibles. Así, encontramos en la esquina inferior derecha lo que parece un perro, eso sí con la cara de color rojo y las patas delanteras totalmente ajenas a los parámetros de este ser vivo. Encontramos en el centro (sobre un dado) una especie de insecto que tiene la misma proporción que el resto de las figuras.  

3.- En la parte de abajo central se sitúa el arlequín (protagonista del cuadro) deformado y tirando de un hilo que parece arrastrar al perro nombrado anteriormente, aunque el movimiento nos recuerda al de una cometa que no quiere alzar el vuelo. Ruedas, miradas extrañas, espirales, estrellas, notas musicales y una guitarra flotando son elementos reconocibles. 

El Carnaval del Arlequin de Miro 

4.- En El carnaval del arlequín predomina el color intenso, el azul, amarillo y rojo de forma plana sin sombras y los distintos elementos están superpuestos como si estuvieran flotando y sin ninguna perspectiva, sombra o ordenación jerárquica. 

5.- Los cuerpos han sido desmaterializados. Apenas adivinamos qué criatura se encuentra detrás, ya que los distintas partes de la misma han sido manipuladas de tal manera que la sensación que nos ofrece es de inquietud o de perturbación.  

6.- Toda la imagen nos sumerge en un mundo onírico, irreal, en una especie de orquesta de seres imposibles que se encuentran como en un escaparate sin ningún tipo de interacción entre ellos. No hay violencia en la obra, tal como nos encontramos en otras pinturas surrealistas y nada más tenemos que poner dos ejemplos (ya analizados en este espacio) de Dalí: La persistencia de la memoria y El gran masturbador.  

7.- El carnaval del arlequín más bien nos remite a una fiesta, a una alucinación, a un estado alterado de conciencia, extremo este reconocido incluso por el artista. Los elementos parecen flotar dando un mensaje imposible de descifrar.  

8.- Aún así, la sensación es de alegría, de vitalidad, de juego, de baile, de burla de nuestra razón incapaz de comprender ese mundo más allá de la frontera de la conciencia. En la obra, Miró no juzga pero sí nos pone ante una nueva realidad que al espectador le es imposible de descifrar. Nos remite a las máscaras, a las fronteras, a lo que se encuentra más allá. La obra nos dice de una forma distinta de estar en el mundo, irreconocible para la mente consciente y nos intenta sumergir en otra realidad ajena a la razón. Y lo hace utilizando el disfraz, el juego, la burla, el engaño… para mostrar la verdad, tal cual sucede en un carnaval.  

El carnaval del arlequín de Miró forma parte de esas obras surrealistas que dejan aparcado a un lado la crítica para sumergirse en la ironía, en la burla, en el juego y, también, en la alegría.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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