
E iniciarse en este maravilloso deporte. Porque decir surf en Cádiz es nombrar lo mejor del mar, el verano y las olas. Tanto es así que estos emplazamientos que te dejo a continuación han escapado de los horrores del turismo masivo (el que convierte en asfalto todo lo natural) precisamente por la fuerza de sus olas y sus vientos, a veces agresivo en extremo. Fueron zonas rezagadas del gusto familiar que imperaba en las décadas de los setenta, ochenta y noventa incluso, cuando el deporte comenzaba a ponerse de moda y a pegar fuerte en España. El olvido de los grandes promotores en esos años salvajes fue su salvación en esos años. Así, cuando se miró hacia estas playas, se hizo con otros ojos, unos más respetuosos. Al día de hoy y desde hace unos cuantos años, se han convertido no solo en la meca del surf en Cádiz sino que también se han posicionado en el mapa internacional como uno de los destinos más apetecibles con decenas de playas catalogadas con la insignia bandera azul.
Dicho esto, pudiera parecer que el sitio solo es apto para avezados deportistas y… ¡nada más lejos de la realidad! La costa que va desde el extremo más occidental de la provincia hasta el Estrecho de Gibraltar es ideal para iniciarse en esta aventura en familia. Eso sí, se necesita técnica (para eso están las escuelas), fuerza, agilidad y equilibrio. Sin embargo, una vez nos hemos adentrado en el Mediterráneo, las playas se transforman en un oleaje tan sereno que parece estancado y se llenan de guijarros. Por eso, las mejores playas para hacer surf en Cádiz se sitúan en la vertiente atlántica.
Es quizás el punto álgido de toda la zona: una pedanía perteneciente al maravilloso Vejer de la Frontera, uno de los pueblos más bonitos de Cádiz. Aquí no hay hoteles ni bloques de apartamentos y se accede por una carretera local que te obliga a ralentizar el coche. Porque hay que venir en vehículo propio ya que otra opción es bastantes complicada. Una vez alcanzada la línea de costa protagonizada por la Torre, que antaño servía para proteger a la población de los ataques piratas, nos topamos con el Paseo Marítimo. No tiene pérdida. Es lo que hay. Y en hilera se van sucediendo las distintas escuelas (muchas, muchísimas, en competencia) con ofertas de todo tipo. La mayoría de ellas han llegado a acuerdos con los parkings vecinos, ofrecen clases colectivas o individuales, alquiler y venta de material y asesoramiento casi gratuito. La gozada continúa con los restaurantes que se pegan unos a otros en los que se ofrece otra de las delicias locales: el atún de la almadraba.
Se puede empezar a hacer surf en la Playa del Palmar de Cádiz a partir de los ocho o diez años, depende de la escuela y de los instructores. Es uno de los mejores sitios para ir en familia a pesar de su ambiente extremadamente bohemio e hippie porque el lugar es muy tranquilo. Lo mejor es acordar el servicio antes y echar el día en sus chiringuitos. Tienes que tener en cuenta que no hay nada que se parezca a un club de playa con servicio de hamacas. Además, si piensas pernoctar, la oferta está limitada a prácticamente sencillas casas particulares y algún hostal.
En el extremo opuesto (en el ambiente más que en el emplazamiento) se encuentra la Playa de la Barrosa hasta llegar a otra torre de defensa contra los piratas. Esta tiene un nombre para no olvidar: la del Puerco. Y en el otro extremo (mirándose una a otra) la de Barro Colorao. A finales del siglo XX, el Ayuntamiento de Chiclana de la Frontera (municipio al que pertenece la playa) se embarcó en un proyecto ambicioso en el que se pretendía preservar la naturaleza a la par que dotar el entorno de todos los servicios. El formato que eligieron se define con una sola palabra: lujo. A mí me recuerda a algunos puntos escondidos de la Costa Azul. El resultado ha sido que toda la línea de costa se encuentra libre, y la segunda fila está copada por hoteles de poca altura fundidos con el paisaje y haciendo alarde de estrellas. Para no desentonar con tal oferta, nos encontramos con exclusivos chiringuitos que son auténticos clubs de playa repletos de tumbonas y camas balinesas, restaurantes que han recuperado construcciones antiguas (como el Cuartel del Mar), un punto mágico que mira al Castillo de Santi Petri donde la tradición sitúa el templo de Hércules, kilómetros y kilómetros de playa de arena dorada… Y, por supuesto, aprovechando el viento y las olas de esta zona (especialmente en la menos concurrida Torre del Puerco), nos encontramos las escuelas de surf. No tienes que llevarte nada. Todas alquilan y ofrecen el material necesario.
Aquí se encuentra el punto más al sur de la Europa continental: en la isla-península de Maspalomas, otro espacio protegido de los desmanes del turismo que conserva intacta su belleza. El casco antiguo nos recuerda que tan solo unos cuantos kilómetros nos separa de África y que desde aquí comenzó la invasión musulmana en el 711. El ambiente árabe se va transformando en cosmopolitismo extremo en cuanto nos dirigimos hacia el oeste. La playa de los Lances, la de Valdevaqueros, Punta Paloma, la de Bolonia con las ruinas del asentamiento romano Baelo Claudia… están entre las playas más bonitas de Cádiz y del mundo. El levante y el viento pega fuerte casi todos los días del año. Así que la práctica está garantizada. En las últimas décadas ha proliferado, además, otra actividad: el kitesurf. Las playas antes mencionadas, al caer la tarde, se llenan con la imagen de las velas de este deporte dando un aspecto único al paisaje. Si vas a pernoctar, ten en cuenta que tiene un ambiente más adulto y urbano. Hay buenos hoteles en Tarifa, pero lo normal es que sean pequeños, de estilo boutique y el precio es un poquito elevado. Eso sí, la experiencia lo vale.
La capital de la provincia es otro destino de moda y se entiende cuando se conoce su historia. Es, probablemente, la ciudad más antigua de Europa. Hasta aquí llegaron fenicios, romanos, árabes… En sus casas señoriales se fraguó las fallidas Cortes de Cádiz, en un intento por hacer entrar a toda España en la modernidad. No fue posible. Siguieron décadas de decadencia que, en los últimos años está revertiendo gracias a los millones de visitantes que se maravillan con su luz, sol y… viento. El mismo que necesitamos para este deporte. Aunque la línea de costa se ha masificado bastante, aún quedan espacios libres en el entorno urbano y uno de ellos es la Playa de la Cortadura, llamada así porque la línea de arena está amparado por la Isla del Trocadero. Si ves este sitio tan especial de surf en Cádiz en el mapa, te encontrarás una estrecha franja de arena rodeada por agua. Y aquí puedes sacar las tablas y deleitarte con una de las puestas de sol más impresionantes del mundo.
Playa de los Alemanes, Atlanterra y del Cabo de la Plata, estos son los nombres que debes memorizar. En esta última es donde se concentran las escuelas de surf ya que gran parte de Zahara de los Atunes está dominada por rocas, acantilados, alcores y miradores. De hecho, existen cuevas en el subsuelo donde se adentra el agua. Ten en cuenta que este artículo (apto para todos los admiradores del deporte) está organizado más bien para principiantes y para familias que quieran divertirse haciendo surf en Cádiz pero que busquen más opciones de ocio. Este es, sencillamente, el objetivo de la presente lista.
1.- En la capital te vas a encontrar oferta hotelera para todos los gustos e incluso el Parador de Cádiz, de líneas muy modernas y en la Playa de la Caleta. Aunque es un cuatro estrellas, los servicios son de cinco. Las habitaciones son impresionantes con vistas al mar y una decoración exquisita.
2.- Los que buscan lujo, con toda probabilidad se van a dirigir a la Playa de La Barrosa, con la mayor concentración de cinco estrellas de Andalucía, después de Marbella. El Royal Hideaway Sancti Petri está considerado uno de los mejores hoteles de playa de Europa y en el Gran Meliá Sancti Petri se encuentra el Restaurante Alevante del reconocido chef Ángel León por poner solo dos nombres.
3.- El ambiente del norte de África adquiere la calidad de excelencia en The Riad con una azotea con vistas al centro de Tarifa y dirigido solo a adultos.
4.- En El Palmar, con un ambiente casi 100% surfero hay poca oferta más allá de viviendas particulares o algún hostal como El Alférez.
Y, por último, para comer en casi cualquier sitio. Hay restaurantes, mesones, bares y chiringuitos para todos los gustos: desde los espacios apabullantes y originales con un montón de estrellas Michelin de Ángel León hasta otros sencillos en la playa. No hay que perderse las especialidades del atún, único de la zona, o los pescados fritos o a la plancha. Y, por supuesto, regados con vinos de la tierra, blancos y frescos o con lo que se apetezca, que si por algo venimos a esta tierra es en búsqueda de libertad. Y eso lo simboliza muy bien el gran tirón del surf en Cádiz.
Por Candela Vizcaíno

¿Qué traemos hoy? Pues, sencillamente otro destino más que adecuado para viajar con niños: la educada y calmada Helsinki. La capital de Finlandia creció a partir de los servicios de su Universidad y solo este dato te puede dar idea de su carácter. Todo en ella está pensado para la comodidad del ciudadano y de las familias. Te esbozo, rápidamente, 10 ideas divertidas en Helsinki con niños que seguro van a gustar a chicos y mayores:
¿Por qué? Porque es un emplazamiento verde concienciado con el medio ambiente y desde hace décadas está repleta de carriles bicis seguros con múltiples puntos de alquiler a un precio más que razonable. Si viajes en los mese más cálidos (desde junio a septiembre) es una maravillosa manera de hacerse con el pulso del lugar y los más pequeños van a disfrutar de lo lindo.
A la que puedes llegar pedaleando, a las afueras y declarada Patrimonio de la Humanidad. Aparte de ser un fuerte más que interesante con su forma de estrella, tienen actividades para los pequeños (mimos, teatro callejero y marionetas) y una playa que está a rebosar en verano, tanto o más que las mejores playas de Cádiz que tan de moda (con razón) se han puesto. Además, si quieres celebrar algún evento familiar, nada más tienes que dejarlo en sus manos.
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De reciente construcción (1972), oferta una amplia programación con actividades y talleres dirigidos a niños. Lo mejor es que amplíes información en la página web para enterarte de la programación durante las fechas de tu visita.
La iniciativa responde al nombre de Fallkulla. El lugar está al aire libre (algo que les encanta a los finlandeses) y allí viven cerdos, pollos, gallinas y corderos. Si tus pequeños han cumplido los 9 años, pueden hacer de granjeros por un día. Recuerda que en Finlandia hay una gran conciencia ecológica y de respeto por el medio ambiente. Y eso se nota a la hora de levantar emprendimientos como éste que traigo hoy.
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Es el Museo del Juguete de Finlandia. Van a disfrutar con los modelos de principios de siglo XX y también con los más recientes. Papás y abuelos no van a poder desprenderse de esa deliciosa nostalgia de sus días de niñez al rememorar las casas de madera de madera, los vestidos a mano de las muñecas o las piezas de hojalata y papel.
Se trata de Gardenia, un parque botánico con especies vegetales de otras latitudes y con un amplio programa educativo. Está completamente cubierto con una preciosa cristalera y en su interior podrás encontrar, por ejemplo, un jardín japonés de piedras siguiendo la filosofía Zen. ¡Para relajarse!
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Frente a la capital se encuentra este islote abierto al público en los años ochenta. En lo que fuera un cuartel ruso de 1908 se ha instalado un centro de observación de la naturaleza donde los pequeños podrán conocer la biodiversidad de esta parte de mundo.
Tiene piezas de principios del siglo XX y un recorrido explicativo por este maravilloso medio de transporte que a los pequeños (y también a los mayores) les encanta.
Es el más antiguo de la ciudad, ya que fue levantado en 1893 y al día de hoy alberga más de 200 especies de plantas y árboles maduros. Tiene palmeras, pinos centenarios y una infinita variedad de camelias. Realiza actividades adaptadas a las distintas estaciones para que los niños se vayan familiarizando con los ciclos de la naturaleza. Aunque parezca increíble en una ciudad cercana al Círculo Polar Ártico, tiene una magnífica colección de cactus.
Helsinki ofrece más y más alternativas, como la Plaza del Senado dominada por el Palacio Presidencial o sus buenos museos de arte. Si aparte de visitar Helsinki con niños quieres tener una idea qué disfrutar en esta bella ciudad del norte, es imprescindible el de arte contemporáneo, pero eso para otro día. De hecho en este emplazamiento, la artista Kaarina Kaikkonen realizó una de sus peculiares instalaciones. Y sule hacerlas a menudo en los alrededores de los puntos más conocidos. En este sentido, sería interesante que conocieras la agenda cultural local antes de viajar para así poder elegir lo que mejor se adapte a tu familia viajera.
Por Candela Vizcaíno

La capital de Hungría es uno de esos emplazamientos europeos (como Londres, Berlín o París) que siempre está en la lista de los destinos adultos. Su patrimonio histórico, opciones culturales o vida nocturna hacen de la ciudad punto ideal para ello. Eso no quita que viajar a Budapest con niños pueda ser divertido y hasta instructivo para ellos. Y en esto nos paramos hoy con 8 ideas que van a ser del gusto de toda la familia y, especialmente, de los más pequeños.
La ciudad era preferida por la Emperatriz Sissi, una de las primeras mujeres de la historia moderna que se atrevió a viajar sola, siendo referente para las que vinieron después. Sissi combatía su depresión crónica, su duelo profundo por la muerte de sus hijos y su insatisfacción vital viajando. Y Budapest, la Perla del Danubio, era destino favorito. Allí tomaba baños, paseaba o se deleitaba en los incipientes restaurantes de lujo que esto es algo de hace poco. Hoy Budapest es destino de trota mundos diversos y también es perfecta para pasar las vacaciones en familia.
La Ciudad de los Mil Balnearios, plagada de fuentes termales y spas para todos los gustos es perfecta para viajar con niños. Si los pequeños se aburren con tanta visita a sus monumentos históricos (Castillo, Puente de las Cadenas, Plaza de los Héroes o Bastión de los Pescadores), aquí van algunas ideas a las que no van a decir que no.

Con animales salvajes en régimen de semi-libertad, tiene actividades propias en estas instituciones: talleres, conferencias e itinerarios específicos. Un paseo disfrutando con las bestias puede ser más que suficiente para satisfacer su curiosidad. Los zoos de las ciudades de Europa son una opción socorrida para entretener a los más pequeños de la casa y darles un respiro de “naturaleza”.
Fue un antiguo coto de caza real y hoy está abierto al público. El espacio no puede ser más versátil y completo, ya que, aparte de la gran superficie de zonas verdes, en su recinto se encuentra un castillo de madera de finales del siglo XIX que parece salido de un cuento de hadas. Ni que decir tiene que esto le va a gustar a pequeños y mayores. Este edificio se utiliza como museo de agricultura y, además, tiene una pequeña capilla de gran belleza. Por si esto fuera poco, dentro del perímetro de Városliget, se encuentra el Vidám Park, un parque de atracciones clásico con su montaña rusa, noria o tiovivos. Así que este segundo punto de encuentro va a ser del agrado de los más pequeños. Y aún hay más, ya que el conocido Balneario Széchenyi se localiza, también, en el recinto. Quizás sea el punto perfecto inicial para unas vacaciones en familia inolvidables.
Es un parque acuático abierto todo el año con sus actividades lúdicas en torno a múltiples piscinas y escenarios con los héroes favoritos de los pequeños. También dispone de zonas verdes y otro balneario en su interior. Si por algo se caracteriza Budapest es por sus múltiples espacios en los que el agua es protagonista. Y muchos de ellos como el Széchenyi del punto anterior y este se encuentran abiertos para el público de cualquier edad.
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Es apto solo con buen tiempo, ya que no está cubierto. Lo que sorprende es que tienen locomotoras y trenes antiguos reales aparcados en las vías. Los niños pueden aprender el manejo de las máquinas de vapor e investigar cómo se hacían los recorridos en el pasado subiéndose a los vagones. Además, hay zonas habilitadas para hacer picnic y hay organizado un trenecito adaptado especialmente para los más pequeños. ¡Otra idea con diversión segura!
En él se reúnen especies tropicales de peces, aves y reptiles. Lo más divertido es un túnel transparente rodeado de agua dando la impresión de haber bajado al fondo del océano. Los animales marinos se pasean tranquilamente sin percatarse ni estresarse por la presencia de los pequeños que se divierten de lo lindo. Es otro clásico de las vacaciones en familia.
Budapest, como toda ciudad volcada en su río, ofrece recorridos con barcos fluviales adaptados. Algunas de estas embarcaciones tienen programas de diversión para las familias. Los más pequeños aprenden la historia de la ciudad mientras disfrutan del paseo que suele ir acompañado de música. Se puede, incluso, dejar reservado una cena especial uno de los días de viaje para que los pequeños se hagan con la ciudad y le tomen el puso a los monumentos de la capitalsin agobios ni prisas.
No es un parque corriente y al uso, ya que ofrece actividades para los más pequeños que van cambiando según la temporada y con un calendario establecido. Sin duda, lo que más se demanda es la oferta del teatro de marionetas o con payasos.
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Y no lo está porque en la capital de Hungría se cuentan por cientos. Algunos de una gran belleza monumental y con un delicioso estilo romántico. Cada uno de estos vetustos spas tienen aguas con propiedades medicinales distintas. Por eso, es importante consultar antes la página web de los elegidos. En la mayoría de ellos se admiten a pequeños (a veces en unas horas específicas) para que disfruten de las propiedades saludables de estas fuentes termales.
El Balneario Gellért, inserto en el hotel homónimo, dispone de piscinas a distintas temperaturas con aguas mineromedicinales en un entorno apabullante. No hace falta alojarse en el hotel para disfrutar de ellos. Aparte de los conocidos Baños Széchenyi con su maravillosa arquitectura romántica y opciones pensadas para las familias, también tienen programas específicos para los peques los Baños Rudas, uno de los más antiguos de la ciudad, ya que parte de su construcción data del siglo XVI. Estos últimos están organizados conforme a los Hammam tradicionales mientras que los nombrados anteriormente pertenecen al espíritu decimonónico.
Otras ideas dirigidas a las familias son los Palatinus Strand Baths con piscinas con toboganes cubiertas y al aire libre y, por supuesto, el Aquaworld Resort Budapest, un auténtico parque acuático dentro de un hotel temático. El Balneario Lukacs es otra opción para las familias viajares en Budapest con niños. También están situados en un edificio histórico con instalaciones (aunque cuidadas) con un aire decadente.
Si buscas estas opciones en Google Maps, o en cualquier aplicación semejante, te darás cuenta que estos balnearios, spas o fuentes termales se encuentran bordeando el Danubio, el río que da carácter a la capital de Hungría. ¡Con todas estas ideas, seguro que los pequeños no van a decir que no a este plan! Budapest con niños puede ser aún más divertido que cualquier otra opción solo con adultos. Y por último, apunta estas fechas: 20 de agosto, cuando la ciudad brilla con la fiesta de San Esteban y fin de año con innumerables opciones, tantas que rivaliza con la vecina Viena.
Por Candela Vizcaíno

¿Visitar Marrakech con niños? ¿No es peligroso? Sí que puede serlo, ¡claro!, como cualquier escapada a cualquier lugar sin realizar los mínimos preparativos logísticos. Aunque hay turistas que rechazan algunos destinos llevados por los prejuicios, el viajero de verdad no se va a guiar por los tópicos a la hora de divertirse con su familia. Por eso tendrá en mente uno de las ciudades más hermosas y auténticas que hay sobre el planeta: Marrakech, en el norte de África.
Marruecos (a pesar de que ha copado las noticias con algún atentado terrible), en general, es un país muy tranquilo y está acostumbrado a acoger visitantes de cualquier punto del planeta. Si bien no es recomendable ir con bebés o niños muy pequeños, si tu hijo ya ha cumplido los siete u ocho años va a disfrutar de lo lindo con una cultura muy distinta a la occidental. Ya sabes que el mejor viaje es siempre con tu hijo.
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Aunque la ciudad, como todo Marruecos, se está posicionando como uno de los mejores destinos para ir en pareja e, incluso, para viaje de novios por el exotismo a ojos del Occidental y su cercanía, los pequeños van a disfrutar con sus contraste. Estas seis ideas van a hacer las delicias de los más peques:
Teniendo en cuenta estas mínimas precauciones, los niños, sobre todo los creciditos, se van a pasar de lo lindo recorriendo las callejuelas medievales de la medina, curioseando entre los puestos callejeros de los zocos, oyendo la llamada a la oración y asistiendo de primera mano al rezo.
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Esta última es Patrimonio Mundial por la Unesco debido a su particular actividad cultural, con cuentacuentos en vivo y en directo (con tanta gesticulación que se hacen entender para los que no hablan el idioma), puestos de frutas y artistas de todo tipo. La zona donde los tintoreros aún ejercen su oficio como se hacía en Europa en la Edad Media es más que interesante por el conocimiento de una tradición y un oficio casi perdida en otras partes del mundo. De aquí salen los tintes que se utilizan en las ropas y, especialmente, en los objetos de marroquinería que pueblan las numerosas tiendas de la ciudad.
Este último está un poco alejado del centro pero es impresionante como el oasis que es en una ciudad marcada por el desierto. ¿Y qué tal un paseo en camello por el desierto hacia las ciudades caravaneras del Atlas? Ningún niño va a decir que no a esa aventura. En internet puedes encontrar numerosas empresas de confianza que ofrecen sus servicios adentrándose en el desierto en camellos o en vehículos 4x4. La experiencia puede completarse durmiendo una noche en los famosos bivouac, algunos tan lujosos que ofrecen una experiencia de entre los mejores glamping del mundo, que a más de uno se le va a quedar grabada en la retina y en el corazón.
Aunque en Marrakech hay parques de recreo infantiles, no se viaja para hacer lo mismo que en casa. Por eso, es importante introducir a los niños en la cultura local con una visita a los Jardines de la Menara, al Palacio de Dar Mnebhi con su museo de arte, la Casa Tiskiwin, una auténtica vivienda marroquí, La Mezquita Koutoubia, con su minarete copia de La Giralda de Sevilla, el Museo Dar Si Said y sus muebles de madera…
El viaje debería servir, además, para que los pequeños tengan la oportunidad de probar la rica cocina local y, si puede ser, acceder a algunos de sus cafés tradicionales. A partir de los 8 o 10 años, ya pueden saborear una (solo una) rica taza de té con menta. ¿Y qué decimos de las elaboraciones a base de tajine? Con este nombre se hacer referencia a un tiesto de barro (que puedes comprar en cualquiera de los múltiples mercados locales) tapado. Sirve para cocinar la carne (de cordero, cabra o ternera) con un poco de agua en el horno. El resultado es una receta jugosa, libre de grasas y saludable. Se suele combinar con el reconocido cuscús.
Y si la familia busca una experiencia inolvidable, puedes reservar una vivienda típica o un apartamento en Marrakech que esté situado en un riad. Con esta opción tus hijos se sentirán como auténticos personajes de las “Mil y una noches”. Estas viviendas tradicionales están realizadas con un patio central como protagonista. Aquí se inserta una fuente, estanque o piscina que refresca toda la casa y la guarda de las altas temperaturas de la zona. Los hay bellamente decorados con azulejos, cojines y muebles de artesanía por un precio más que razonable. Quizás sea una experiencia mucho más agradable cuando se viaja a Marrakech con niños que un hotel convencional.
Sin duda es un destino exótico a ojos occidentales, fácil de llegar y con buenas combinaciones de vuelos desde distintas ciudades de Europa. A poco que organices el viaje con antelación, tendrás una experiencia maravillosa.
¡Lo contarán a la vuelta! ¡Seguro!
Por Candela Vizcaíno

¿Buscando ideas para pasar los meses de verano con los niños? ¿No sabes cuál es la mejor opción para disfrutar de ese viaje con tus hijos? Independientemente de tu elección particular, cuando se sale de casa con los peques hay que tener en cuenta una serie de “condicionamientos”. Y pongo la palabra entrecomillada porque eso no significa que la aventura no vaya a ser magnífica, sino que, simplemente, la experiencia se vive de forma diferente. Bueno… lo reconozco yo estoy en la misma tesitura y me parece que se me va a echar el verano encima estudiando las posibilidades. Hoy me he detenido en Lloret de Mar. Te cuento esto por si te ayuda a decidirte.

Voy a empezar dándote estas seis razones generales:

Y si estas razones “generales” no te parecen de peso, apunta los magníficos rincones donde encontrar sol, arena, naturaleza y mar de auténtica postal. No te puedes perder estos seis nombres:

Si la familia viajera, se toma las vacaciones como debe ser (de forma lenta), lo mismo tiene tiempo para hacer un poco de turismo cultural por esta bella localidad de la Costa Brava. Aparte de sus buenas, fotogénicas y bonitas playas, hay que tener en cuenta lo siguiente:
Como la zona tiene bastante oferta de ocio, una opción es buscarte un hotel en Lloret de Mar para ir con niños que tengan esas actividades que tanto nos gustan también a las mamás. Hablo de los clubs con juegos, los menús especiales, las piscinas preparadas para ellos (algunas es que son auténticos parques acuáticos), zonas de recreo, servicio de canguro o desayunos específicos para ellos.
Con este plan (que ahora viene lo bueno), tú puedes descansar un rato o pasarte por el spa, leer un libro, visitar el gimnasio o tener unas cuentas horas para ti. Este tipo de establecimientos que tantos nos gustan, cuando piensan en los niños, también nos tienen en mente a los papás.
Eso sí, todo lentamente y disfrutando del viaje con tus niños.
Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla y viajera incansable


Pocos lugares hay tan bellos sobre el planeta Tierra. Maravillosas ciudades cargadas de palacios, artísticas iglesias, museos para quitar el hipo, parques señoriales, fiestas apabullantes se suceden con hectáreas y más hectáreas de campos de cultivo de postal. Si los nombres más sonoros (como Florencia, Cortona, Pisa, Siena o Lucca) no fueran suficientes, la Toscana ofrece, repartidos aquí y allá, distintos pueblos de factura medieval que merecen la pena ser visitados.
Además, si el viajero se aleja de los grandes centros monumentales, tiene a su disposición, lugares naturales tanto en campo abierto como mirando al mar. A esto se suman magníficos restaurantes, tiendas para todos los gustos, buen clima y gente amigable. La Toscana es, simplemente, perfecta. Por eso es uno de los destinos ideales para las familias que viajan con niños o jóvenes. Anota estas cinco ideas en coche, bici o tren.
Si Milán es el epicentro de la moda y Venecia es la romántica, la de los canales, las islas de la laguna, el carnaval y también sus playas, Toscana es el arte. Y cuando decimos arte es de un cariz distinto al de Roma por poner un caso. A Toscana hay que ir, al menos, una vez en la vida. Sus campos, sus playas, sus pueblos y la capital, Florencia, no va a defraudar ni siquiera a los pequeños.

Con magníficas carreteras, hay también diversas rutas en tren que ningún viajero puede perderse. La primera de ellas es el la del Il Treno dei Sapori, un ferrocarril-restaurante con vistas panorámicas que parte desde Brescia hasta el Lago Iseo. Este tren pintado en rojo propone diversos itinerarios modificados según las festividades (no hay que perderse la de Navidad) por distintos emplazamientos de belleza sin igual tanto por su patrimonio artístico o por la naturaleza que le rodea.
La otra ruta la conforma el Il Trenino dell’ Estate (el tren del verano) que une las playas del Mediterráneo (Versilia o Garfagnana) con diversas localidades del interior, como la bellísima Lucca.

Por cierto, este último emplazamiento, aparte de su impresionante conjunto histórico, ofrece un peculiar parque de atracciones que ningún niño o adulto puede perderse: el dedicado a Carlo Codolli, creador de Pinocho. Está situado en una villa eminentemente toscana con unos impresionantes jardines y parques “a la francesa”. Lucca, es una renacentista ciudad amurallada a tan solo una hora de Florencia.

Las familias deportistas pueden optar por alguna ruta en bicicleta, ya que toda la Toscana está vertebrada con buenas carreteras secundarias. Tremendamente tranquilas, bordean los caminos serpenteantes de verdes valles adornados con cipreses y pincelados con preciosos pueblos medievales. Una idea es la ruta de Orcia, que une los pueblos de Pienza, Montalcino y Montepulciano, al sur de la ciudad de Florencia.

Las familias más ecológicas tienen una cita en los distintos parques naturales que pueblan toda la geografía de la Toscana. Apunta estas ideas. Todos son de una belleza inigualable:

Una visita a Toscana no estaría completa sin perderse por las recoletas plazas, intrincadas callejuelas o impresionantes palacios de ciudades tan emblemáticas como Florencia o Siena, separadas la una de la de otra por un poco más de una hora en coche y por autovía.
En esta última da comienzo a mediados de julio sus populares carreras “del Palio” en la que jinetes a toda pastilla compiten por el Paño de la Virgen en el impresionante marco de la Plaza del Campo. Eso sí, si quieres ver algo, ya que está abarrotada, debes estar desde primera hora de la mañana.
A similar distancia desde la Ciudad del Arno se encuentra Pisa, el emplazamiento de la fotogénica y mundialmente famosa torre inclinada.

Y, por último, de Florencia poco puedo decir que no digamos, con el detenimiento que esta impresionante ciudad requiere. Pensando exclusivamente en los niños, no hay que perderse el Palacio Viejo, ya que aquí se encuentra un emplazamiento específico para los pequeños: El Museo de los Niños de Florencia con actividades específicas para los chicos. Los más creciditos van a disfrutar, casi con seguridad, con la Casa Bounarroti, dedicada al genio de Miguel Ángel. El gran parque de la ciudad del Arno, Los Jardines Boboli, es imprescindible para cualquier viajero de cualquier edad que se precie de amar la belleza de la naturaleza y el arte. Si la familia va con niños muy pequeños, hay que tener en cuenta que tiene varias hectáreas y que se tardan horas en paladearlo de punta a punta.
A Toscana, en definitiva, hay que ir como nos gusta: lentamente, dejando, al menos, una semana de nuestras vacaciones para paladear tanto y tan bueno. Una opción es tener Florencia como cuartel general y desde allí hacer rutas temáticas o excursiones a los pueblos, valles, bodegas o parques de alrededor. Un coche (tanto propio como alquilado) también nos puede ayudar bastante. Así, el disfrute de niños y mayores está garantizado.
Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla y viajera incansable

Con mucha probabilidad las familias viajeras, a priori, pueden rechazar Praga como destino de vacaciones. Aún así, las más expertas ya saben que ciudades como Venecia, Londres o París por poner solo tres ejemplos de entre las más espectaculares, ofrecen alternativas para todas las edades. ¡Muchas de ellas son curiosas, divertidas e instructivas! Y no solo se trata de parques temáticos (aunque tampoco vamos a decir que no) sino que las sorpresas se encuentran a la vuelta de la esquina, como el Museo de los niños de Florencia o las opciones que ofrece Sevilla.

Pues bien, Praga también se encuentra en esta estela, ya que la bella ciudad bohemia, a pesar de ser conocida por su impresionante patrimonio monumental o por sus cafés literarios, es también un destino apto para pequeños viajeros. Si bien las zonas más conocidas pueden cansar a los pequeños (no así a los jovencitos y adolescentes), Praga dispone de emplazamientos de infarto que serán del agrado de toda la familia. Anota estas ideas.
Si se viaja durante pocos días, un fin de semana o un puente, se puede ir entremezclando las visitas a la parte vieja con tres zonas verdes (sin contar las laderas a orillas del río Moldava, refrescantes y encantadoras en cualquier estación). Anota:

Por otro lado, hay que tener en cuenta que el folclore de esta parte de mundo está muy arraigado en la vida cotidiana. Por eso, os encontraréis en todas las plazas y rincones, músicos callejeros y titiriteros que hacen las delicias de pequeños y mayores. Los teatros de marionetas de madera (sobre todo los que representan a brujas y monstruos) forman parte del patrimonio cultural de esta parte de mundo.
Se puede disfrutar de manera gratuita (con una propina para los artistas) y, además, hay tiendas especializadas que venden estos deliciosos muñecos, como Loutky Marionetas. Son auténticas obras de arte y, de ningún modo, pueden considerarse recuerdos de viaje al uso. Son tan delicados que los niños no van a decir que no al plan, pero tampoco los mayores.
Aunque el viejo Cementerio Judío de Praga (y el barrio homónimo), una de las estampas más fotogénicas de Praga, será del agrado de los adultos en busca de historia, no siempre conviene llevar a los niños a este tipo de lugares por la ansiedad que puede generarles. Así que, como queremos un viaje instructivo y, a la vez, divertido, anota mejor las siguientes rutas culturales:
Para llegar hacia Malá Strana y las zonas que se encuentran en esta orilla, hay que cruzar el Puente de Carlos IV adornado con esculturas de santos. Otro día indicamos quién es quién, que los niños preguntan mucho.

Tampoco hace falta que diga que el viaje se hace para conocer, pero también para conocerse. Estos lugares tan cargados de historia no solo deleitan a los mayores, también a los niños curiosos que descubren mundos nuevos y distintos al suyo.
Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

Es una “herida” verde en el centro de Manhattan, una cicatriz perfecta que oxigena la gran ciudad y a la que acuden propios y foráneos en busca de solaz, aire puro (aunque parezca difícil) y un paraíso urbano más grande que algunos bosques europeos. A su alrededor se despliegan museos y sitios de interés. Por eso, lo mejor es buscar la ubicación de los hoteles de la zona para llegar sin problemas.

Si los parques urbanos europeos nacieron como donación aristocrática de cotos privados de caza (pongamos, por caso, solamente el Parque de María Luisa de Sevilla o El Retiro de Madrid), en la joven Estados Unidos, las cosas se hacían de otra manera. El Central Park se creó como una necesidad de la creciente población de la Ciudad de los Rascacielos y se proyectó ad hoc. Eso sí, el gusto por los parques públicos nació (a un lado y al otro del Atlántico) en la misma época: en la segunda mitad del siglo XIX. ¡Y no digamos ya los jardines japoneses que nada tienen que ver con este carácter! Ya que para los habitantes del País del Sol Naciente, los jardines son una simbolización del mundo.
El Central Park fue promovido por el Estado de Nueva York (no confundir con la ciudad) y se hizo conforme a un plan metódico denominado Greensward Plan, dirigido por un paisajista y un arquitecto. Se hizo necesario expropiaciones y una obra de envergadura en la que no faltaron movimientos de toneladas de tierra procedentes de Nueva Jersey, ya que el terreno limoso de Manhattan muy pronto se vio que no tenía la suficiente calidad para albergar las plantas previstas en el lugar.
En las últimas décadas del siglo XIX el Central Park era un híbrido de parque urbano y zona agraria y dejamos un dato que ilustra esto: las ovejas pastaban en el lugar hasta bien entrado el siglo XX. El abandono público, por tanto, no tardaría en llegar, ya que la zona de recreo, al no tener mantenimiento, comenzó a degradarse. Y así continuó hasta la llegada a la alcaldía en 1934 de Fiorello La Guardia, quien puso al frente de todos los parques de Nueva York a Robert Moisés.
La revolución de Moisés fue tal que en unos cuantos meses, de ser un lugar abandonado, se convirtió en el espacio de ocio que conocemos hoy. El proyecto original, basado en una bucólica visión de una Arcadia urbana, muy en línea con los postulados románticos, se transformó en un emplazamiento más práctico. Así, las inmensas sub zonas con recovecos, parterres con flores y jardines de inspiración neoclásica dieron paso a grandes áreas con césped y altos árboles mucho más fáciles de mantener y cuidar. También se habilitaron zonas deportivas, de recreo infantil y de restauración.
A partir de la década de los 60, el Central Park, además, se utilizó para conciertos y eventos culturales de todo tipo. Aunque la violencia se cebó con esta zona verde a partir de la década de los setenta, afortunadamente, se pudo recuperar una vez más. Como en tantas otras empresas, solo hay que poner voluntad y personas cualificadas al frente.
Hoy el lugar es imprescindible, magnífico y tan hermoso que una visita a Nueva York no está completa sin dar un paseo por el Central Park. Se puede hacer a pie, en calesa (para los más comodones), en bici e, incluso, una de las avenidas se puede recorrer en taxi.
Si por algo se caracteriza este parque urbano es por sus árboles de gran porte de hoja caduca entre los que se encuentran varios tipos de arces (espectaculares en otoño), castaños de Indias, aralias, árboles del cielo (que pierden las hojas en primavera), abedules, cedros, gingkos bilobas, magnolios, robles y olmos. Y eso sin contar sus plantas bulbosas, flores y kilómetros de césped.
Del reino animal sobresalen las aves concentradas en El Ramble donde se apostan, incluso, ornitólogos aficionados para su observación. El gran número de lagos propician la vida de aves migratorias. Se pueden ver halcones de cola roja o estorninos que conviven con ardillas, mapaches (¡cuidado que pueden morder!) o zarigüeyas.

En verano, la masa arbórea del Central Park permite mantener una temperatura unos cuantos grados por debajo del resto de Nueva York. Por eso, es un lugar imprescindible para pasar una cuantas horas ¡Ojo! Es tan inmenso que si quieres recorrerlo de punta a punta vas a necesitar, al menos, unos cuantos días. Por eso, es mejor concentrarse en la zona comprendida entre las calles 59 y 79, porque es donde se amontonan los puntos de interés. Aunque te dejo el mapa a continuación, anota lo siguiente:
Aunque lo mejor es perderse (sin olvidar la orientación) por sus caminos sinuosos, puentes, lagos y rincones, aquí va el plano.

El Central Park tiene más de 90 kilómetros de caminos, 30 puentes y más de 29 esculturas conmemorativas de todo tipo.
Si te has pasado por aquí, déjanos tu experiencia. Recuerda que la casilla comentarios está abierta para ti.
Por Candela Vizcaíno