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Síndrome de Procusto | ¿por qué se ataca al que brilla? - Candela Vizcaíno

Síndrome de Procusto | ¿por qué se ataca al que brilla?

Síndrome de Procusto | ¿por qué se ataca al que brilla?

 

Procusto es, en la mitología griega, “el que mata al que sobresale” y ya con esta definición nos adentramos en este trastorno o carácter oscuro de la personalidad que lo sufren una buen parte de los que forman ese saco informe denominado gente tóxica. El Síndrome de Procusto es el que está detrás de ese jefe medio que hará todo lo posible para que sus empleados más brillantes no puedan ascender o de esas actitudes (a medio camino entre el acoso, la difamación y el bullying) que se da en tantos grupos sociales contra aquel que es distinto, contra el que sobresale, contra el que brilla o el que aporta una idea o forma de vida novedosa. Los Procustos de distintos tipos son cada vez más frecuentes en la sociedad occidental, allí donde se ha sustituido la excelencia por la mediocridad, la pasión por el dejarse llevar y la envidia hacia el que tiene la valentía de vivir la vida de otro modo.  

Ahora bien, qué nos dice la mitología clásica del Síndrome de Procusto

Según los relatos de la literatura griega, Procusto era un posadero con un negocio apartado sobre una colina. Hasta allí llegaban los cansados peregrinos a pedir reposo y descanso. Éste servicialmente le ofrecía una cama de hierro en una habitación apartada. Una vez el agotado caminante se había deslizado por las profundidades del sueño, sin que se diera cuenta, era atado a los barrotes de la cama, amordazado y su destino final se dirimía en función de su “altura”. Si sobresalía de las medidas del lecho, Procusto, con un hacha, cercenaba pies y cabeza matando, por tanto, al desdichado caminante. Quien no llegaba a estas medidas no corrían mejor suerte, ya que era estirado y descoyuntado por el cruel posadero hasta que, sufriendo terribles dolores, se ajustaba a la medida propuesta por Procusto. Su final no era mejor que en el otro caso ya que el viajero siempre acababa muerto.  

Otras versiones del mito clásico anotan que el posadero tenía dos camas distintas y ofrecía una u otra dependiendo de la medida de su cliente. En otras traducciones nos encontramos una cama adaptable que se va moviendo al antojo del cruel hostelero. Dicho esto, en todos los relatos nos encontramos con el mismo destino para los viajeros. Procusto los mata sea cuales sean sus características físicas. 

El Síndrome de Procusto explicado a la luz del mito 

En definitiva, quien se conduce llevado por la misma personalidad que el personaje clásico va a ir por el otro, por el que está enfrente, haga este lo que haga. Dicho esto, en psicología contemporánea se ha encontrado que este tipo de personalidades no se entretienen con personas anodinas o de carácter afable. Los Procustos contemporáneos lanzan sus iras, hachas y recursos destructivos contra todo aquel que brilla, el que puede hacerle sombra, el que le recuerda (con los actos de su vida) su poca valía.  

Los podemos encontrar en todos los órdenes de la vida aunque abundan en los entornos laborales. Son esos receptores de currículum que escamotea el más valido, el jefe medio que ningunea a los que están bajo su cargo o el superior que se dedica a apartar (con una tarea de menor rango para la que se está cualificado las más de las veces) a quienes se atreven a brillar. Son los mismos que intoxican los ambientes con habladurías (cuando no con calumnias) hasta llegar a crear entornos irrespirables que pueden llegar  al síndrome de burnout, uno de los más destructivos de los que se dan en el trabajo.  

Pero estas personas, por desgracia, no se encuentran solo en el trabajo y extienden su radio de acción en todos los aspectos vitales. Son los que consienten o promueven el bullying (en todas sus modalidades) en colegios o vecindarios con ninguneos, silencios y apartamientos del niño que se muestra (por las razones que sea) distinto. Aunque este tipo de actitudes rozan lo delictivo y denunciable, en ocasiones, las víctimas no llegan a este extremo amplificando un dolor emocional, como el que el Procusto clásico realizaba con quienes no se “ajustaba a su medida”. 

¿Por qué se produce el Síndrome de Procusto y qué hay detrás?  

1.- Aunque siempre nos encontramos a persona tóxicas, esta denominación es tan amplia que en psicología hay que matizar bastante. Lo que mueve este tipo de actitudes es siempre la envidia.

2.- También hay un poso de cobardía por no aceptar las propias limitaciones y negarse a reconocer las de aquel que brilla. 

3.- Por otro lado, esta actitud también se adoba con un dejarse resbalar por la zona de confort fácil donde es más sencillo sucumbir a las habladurías, a las críticas y a las calumnias antes que realizar el duro trabajo interior que lleva al crecimiento personal continuado. 

4.- En otros individuos se encuentra un marcado carácter narcisista que es incapaz de soportar del otro ningún don. Esta personalidad oscura, para poder sobrellevar su falta de valía, se dedica a hundir al otro con todos los medios que encuentra a su alcance. 

5.- Uno de las más peligrosas artimañas que pueden llevar a cabo los que están envenenados por el Síndrome de Procusto es reclutar un ejército de seguidores. Este tipo de personas, a veces, son capaces de lanzar sus venenos hacia un tercero a través de un grupo de aduladores o de individuos que le siguen el juego. El más peligroso de estos personajes es el que recae en una madre narcisista que, a través de la conocida figura del chivo expiatorio, se dedica a levantar una familia tóxica. Si por algo se caracteriza este tipo de clanes es por cortar cualquier libertad o deseo de mejora de ese miembro que brilla, el mismo que no acepta las absurdos mandatos familiares que exigen ciega sumisión. 

6.- Con similares características se puede encontrar el Síndrome de Procusto en cualquier rol social ya sea laboral, escolar o vecinal. Es aquí donde todo un grupo se confabula con el que es distinto, con el que no se adapta a la medida, con el que no puede ser encasillado o, simplemente, que propone fórmulas nuevas de convivencia. En este sentido, aunque la persona que es destinataria de esas iras se dé cuenta de lo que está ocurriendo, nunca se le dará la oportunidad de aportar su mejor versión. Es más, si es alguien que ha recorrido algún camino vital, tirará la toalla inmediatamente y se apartará de los dardos envenenados de estos grupos tóxicos. 

7.- Detrás del Síndrome de Procusto siempre hay un individuo o un grupo con una autoestima baja que, bajo ningún concepto, va a permitir que salga a la luz la cobardía de la que adolece a la hora de afrontar su falta de valía. 

8.- Y, por último, la envidia soterrada está siempre detrás de estas personalidades. Este es uno de los vicios más destructivos del ser humano tanto para el que lo sufre como el que es objeto de sus dardos envenenados. 

¿Por qué el Síndrome de Procusto es tan frecuente en la sociedad occidental?

Aunque las respuestas a todo lo que suponen las luces y las sombras del espíritu humano no son fáciles, nos podemos identificar mucho con la tesis del filósofo y profesor de sociología en la Universidad de Quebec, Canadá, Alaín Deneuault. Es el autor de la obra (publicada en español por la editorial Turner) Mediocracia, cuando los mediocres llegan al poder

En ella hace un examen demoledor de nuestra sociedad contemporánea repleta de individuos que califica como sandwiches mixtos. Esto es, son personas que, aún siendo “comestibles” no llegan a la excelencia ni de un plato casero realizado con amor ni, por supuesto, de un manjar de un chef con pericia. Esta metáfora culinaria le sirve al filósofo para triturar los fundamentos culturales formados por personas que, aún siendo útiles al sistema con distintas habilidades, están todas cortadas por el mismo patrón. Son estos individuos, en la media (que eso significa mediocre), que aún no cometiendo grandes delitos o maldades (ni siquiera llegan a eso) son capaces, en el día a día, de ir generando pequeños actos de crueldad, de cobardía, de silencios, de apartamientos del otro, de burlas soterradas que, por amontonamiento, se convierten en una gran mala acción. 

¿Qué hacemos ante aquellos que padecen el Síndrome de Procusto?  

La única manera de protegernos de este tipo de seres oscuros (que no llegan a la calificación de psicópata pero que se quedan en las lindes del narcisista perverso) es  empezar reconociendo nuestra valía. Y esta no es más que aceptar que somos seres únicos y dar gracias por ello. En esa “rareza” se encuentra el brillo que nos hace especiales, distintos a los otros y dignos de hacer una obra de arte con nuestra vida.  En el extremo contrario, se encuentran los que se acomodan a toda costa y, como Procusto, se dedican a matar a todo el que sobresale. 

En segundo lugar, una vez hemos reconocido, esta actitud en el otro, toca no dejarnos avasallar y defendernos. La defensa puede ser incluso un repliegue. El que te importe un comino lo que las “viejas de los visillos” digan de ti te reconoce en tu libertad y en grandeza. En el caso de encontrarte con estas personas en el entorno laboral el asunto se vuelve más difícil. Aquí tienes que andarte con pies de plomo para no despertar la hidra que llevan dentro. Cuando te das cuenta de lo que hay, siempre es más fácil tomar una decisión en un sentido u el otro.  

Intenta siempre rodearte de personas inspiradoras, de esas que traen luz a tu vida, de aquellos con los que te sientes realizado y en paz. Elimina de tu mundo las que roban energía, las que te agotan y sacan lo peor de ti.  

Si, por último, crees que sufres del Síndrome de Procusto y que tus actitudes no te están dejando crecer, ya has dado el primer paso fundamental para pasarte al lado luminoso de la vida. Busca ayuda profesional, de un psicólogo. Y con este acompañamiento será más fácil ver qué se quedó enredado dentro de ti (y en qué momento y circunstancia) para que te conduzcas por la vida de esta manera.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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