Auto de los Reyes Magos | Estudio crítico de la obra

Auto de los Reyes Magos | Estudio crítico de la obra

 

El conocido como Auto de los Reyes Magos es la primera obra de carácter teatral de la literatura española. 

Ha llegado hasta nosotros parcialmente y se considera que pertenece a la primera mitad del siglo XII. Como sucede con buena parte de los autores de la literatura medieval en castellano, no conocemos quienes fueron sus redactores o creadores. Aparte de este pequeño fragmento encontrado en el archivo de la Catedral de Toledo en un códice manuscrito que (entre otros textos) describían como debía realizarse esa representación, las fuentes de este género literario en lengua castellana son nulas y los extremos acordados por la crítica se basan en textos referenciales. Recordemos que los libros medievales eran objetos de lujo casi,  dirigidos a una escasa población alfabetizada, mínimamente a veces. Como eran difíciles de elaborar, solo se ponía negro sobre blanco aquello que se consideraba importante e imprescindible de ser legado a la posteridad. 

Desafortunadamente, los textos literarios no entraban en esa categoría, ya que eran considerados como entretenimiento para un vulgo iletrado que demandaba historias que nada o poco podían aportar para la salvación del alma. En este orden de cosas, de la ingente labor del mester de juglaría únicamente nos ha llegado un solo poema, el Cantar del Mío Cid. Si esto ha ocurrido con una literatura que se supone vasta, amplia y común en todos los siglos medievales, entendemos lo que ha podido suceder con estas pequeñas historias teatralizadas que no llegaron a tener el favor y el fervor de los cantares de gesta. Aún así, la crítica se ha puesto de acuerdo en algunos extremos. 

Auto de los Reyes Magos y el origen del teatro en español: los problemas con las fuentes 

Como solo nos ha llegado este retazo rescatado a mitad del siglo XVIII por el canónigo de la Catedral de Toledo (Felipe Fernando Vallejo) que, a su vez, lo copia de un texto anterior, hay quienes afirman que el teatro medieval en castellano prácticamente no existió durante estos siglos. Sin embargo, conociendo la problemática de las fuentes escritas, los últimos estudios más bien sostienen todo lo contrario. ¿Por qué? Porque, con toda probabilidad, estos auto sacramentales en potencia no llegaron a escribirse como obras completas o que debían ser legadas sino anotadas en legajos sueltos que han sucumbido a los recovecos del tiempo.  

Además, una de las características de la literatura medieval es su difusión oral y estas obras dramáticas no iban a ser distintas. Al no haber sido recogidas de manera escrita en algún momento, se perdieron. Si esto ha sucedido, por recordar únicamente otra época, con buena parte de las representaciones teatrales del Siglo de Oro, ¿qué no pudo pasar en la Edad Media?  

Pero, ¿qué eran los autos sacramentales medievales en los que se encuadran en Auto de los Reyes Magos?  

En esencia, eran pequeñas representaciones en lengua vulgar que se incorporaban a los oficios religiosos en fechas importantes. Al parecer, se redujeron a la Navidad y a la Pasión de Cristo. En ellas, se dramatizan muy someramente de manera literaria los hechos recogidos en las Sagradas Escrituras en un castellano sencillo que se entendía por todo el público. Por lo poco escrito que ha llegado hasta nosotros, se infiere que se colocaban unos decorados básicos (muy simbólicos y elementales) y, también, que se hacía alguna concesión sencilla al atrezzo.  

¿De dónde se ha sacado que tal cosa existiera? Como no han llegado los textos, la crítica deduce que eran populares precisamente por una prohibición y una regulación. Esta se encuentra en las Siete Partidas de Alfonso X, el Sabio. Si se hay un norma para aceptar estas representaciones en el mayor texto legislativo de la época, se puede dilucidar que existían y eran frecuentes. Por poner un símil, estas obras podían encontrar un paralelo (con todas las salvedades) con  las series de televisión o conciertos multitudinarios contemporáneos que tienen que acatar una normativa. En la mayor texto legislativo de la Edad Media de España se recoge lo siguiente: 

“Pero representación ay que pueden los clérigos fazer, así como de la nascencia de Nuestro Señor Jesú Christo, en que muestra cómo el ángel vino a los pastores e cómo les dio cómo era Jesú Christo nacido. E otrosí de su aparición, cómo los tres Reyes Magos lo vinieron a adorar . E de su Resurrección, que muestra que fue crucificado e resucitado al tercer día: tales cosas éstas que mueven al ome a fazer bien e a aver devoción en la fe, pueden fazer…”

Y aún hay más. En el Concilio de Aranda, celebrado en 1473, se intenta poner coto a estas representaciones por haberse “corrompido” en su función primigenia educativa llegando a ser impropia de la labor de la iglesia. No se puede prohibir (y además con justificación) algo que no llegó a existir. 

Y, ¿de dónde salió tal idea? ¿Cómo nació este pre-teatro religioso vinculado a los grandes hitos del paso por la tierra de Jesucristo? Aquí sí es la crítica unánime y se basan en Peregrinatio Aetheriae. Es este una especie de diario de una dama aristocrática gallega de nombre Aetheria en peregrinación a Tierra Santa a mediados del siglo IV. A llegar a Jerusalén, se encontró que en los Santos Lugares se realizaban una serie de representaciones sobre la Natividad y la Pasión de Cristo que recogió en sus diarios. Al tiempo, se instaba a copiarlos en los templos europeos. Si, a esto se une, que se han encontrado obras europeas (especialmente francesas) de esta línea literaria, no hay ningún motivo para negar la existencia en tierras españolas.  

Descripción del Auto de los Reyes Magos

Muy resumidamente la obra se caracteriza por lo siguiente:  

1.- La crítica ha acordado que esta pequeña obra que nos ha llegado incompleta está fechada a mediados del siglo XII. Esto es, puede ser coetánea con los Milagros de Nuestra Señora de Gonzalo de Berceo y, con toda probabilidad, posterior al Poema del Mío Cid

2.- Nos ha llegado incompleta, ya que solo se conservan 147 versos y la narración termina abruptamente. 

3.- Por las mismas descripciones del texto, se infiere que existían trozos que eran ampliamente conocidos y que se sabían de memoria. 

4.- Hay también acuerdo en considerarla una adaptación castellana de un original francés anterior. Para afirmar tal cosa se basan en los galicismos, en el avance del teatro de esas tierras y en el hecho de que la  originalidad (como la entendemos actualmente) en la literatura medieval brilla por su ausencia. Solo se escribía o representaba lo que era un éxito de público o lo que estaba rubricado con el marchamo de la autoridad. 

5.- Está escrito en versos de siete, nueve y catorce sílabas con rimas anómalas en un castellano muy sencillo, básico, fresco e, incluso, inocente. 

6.- El nombre de Auto fue asignado por Menéndez Pidal en el año 1900 quien estudió y publicó la obra. 

7.- El Auto de los Reyes Magos comienza con un monólogo de cada uno de los sabios al ver la Estrella de Navidad. Continúa con el encuentro de las tres comitivas para preguntarse cómo saber si el niño nacido en Belén es el Mesías. Es Baltasar el que proponer la prueba: será si elige el incienso, símbolo de su divinidad. Continúa con la visita de Herodes que manda a sus huestes a informarse para terminar abruptamente. 

8.- A pesar de ser una obra de carácter religiosa, se representa a los seguidores de Herodes con una punto irónico, cómico y ridículo. La crítica supone que el Auto de los Reyes Magos continúa con la intervención angélica y la adoración de los pastores. 

9.- La obra, con toda probabilidad, se representó en la Catedral de Toledo en distintos puntos como si fueran decorados diferentes en un espectáculo que fuera edificante para el público. En un emplazamiento estaría el portal, en otro el palacio de Herodes, en otro, el lugar de procedencia de uno de los magos… E irían moviéndose por todo el templo. 

10.- Nos encontramos con algunas pinceladas realistas, las mismas que van a impregnar toda la literatura castellana, muy poco dada a despegarse del aquí y ahora terrenal.  

Y, por último, se entiende que los juglares que iban de pueblo en pueblo con sus espectáculos variopintos en los que se mezclaban malabares o números con animales de, alguna manera u otra, intervinieron en estas representaciones. Especialmente se considera que tuvieron un papel fundamental cuando abandonaron los muros de las iglesias para copar calles y plazas. Fueron ellos los que llevaron a un publico analfabeto (que no tenía otro tipo de diversión) no solo el Auto de los Reyes Magos, sino también todos esos ejemplos de cantares de gesta que han

llegado hasta nosotros únicamente (y desgraciadamente) por referencias. 

 

Por Candela Vizcaíno | Doctora por la Universidad de Sevilla

 

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