Historia de la medicina desde sus orígenes hasta la Edad Media

Historia de la medicina desde sus orígenes hasta la Edad Media

 

La historia de la medicina comienza, en esencia, en la prehistoria. La primera evidencia de esta práctica se encuentra en un hueso roto (un fémur) perfectamente soldado. Esa curación nos indica, por un lado, que la tribu tuvo a bien proteger a uno de sus miembros que, de repente, se había convertido en débil y, por el otro lado, nos dice del conocimiento necesario (entablillado, reposo, algunas hierbas para la inflamación o la infección…) para sanar esa pierna rota. Con la medicina, por tanto, nace el concepto de humano, el que antepone cualquier otra acción a la ayuda de uno de los individuos de la tribu que requiere cuidado. Aunque poco o nada nos ha llegado de las primeras prácticas médicas de la humanidad, se intuye (por lo que se produce después) que estas se basaban en el uso de algunas plantas medicinales y en la traumatología de urgencia (huesos rotos e, incluso, amputaciones por infecciones). De igual modo, se entiende que habría individuos dentro de la tribu depositarios de este conocimiento quienes, a su vez, lo transmitían a sus discípulos. Sí se puede afirmar con rotundidad que la práctica médica se inicia en los albores mismos de la humanidad. 

La historia de la medicina en el antiguo Egipto 

El primer libro médico que se conserva salió de la cultura egipcia. Se trata de un manuscrito en papiro datado en el siglo XVII a.C y conocido como el nombre de Papiro quirúrgico. Los investigadores apuntan a que la obra es una copia de otra anterior fechada entre el 2980-2700 a.C. Esto es, a la par que se desarrollaba el arte egipcio, se investigaba en materia médica. En esta obra se divide las sustancias medicinales que se debían conocer. Los primeros grupos estaban formados por tierras e, incluso, excrementos. Los centrales eran los más abundantes y se basaban en el conocimiento de la fitoterapia, el cual era amplísimo con recetas y combinaciones para casi todas las dolencias. El último grupo estaba copado por las propiedades medicinales de los minerales. Estos ingredientes se preparaban minuciosamente una vez que habían sido triturados y molidos para elaborar pequeñas píldoras o, incluso, galletas. También se hacían cremas y ungüentos con fines medicinales o de belleza. Su conocimiento de los órganos del cuerpo humano, debido a la costumbre generalizada del embalsamamiento tras la muerte, era bastante detallado.  

Plantas medicinales en Babilonia  

Por las tablillas mesopotámicas que nos han llegado ya sabemos que la botica de este pueblo estaba conformada por plantas de todo tipo de las que se tenía conocimiento exacto de sus propiedades e, incluso, de las dosis más adecuadas. El pueblo babilónico, tan influenciado por su faceta astronómica y astrológica, consideraba que los medicamentos debían elaborarse a una hora concreta del día ya que así se modificaban o se potenciaban sus efectos. Los creadores de la rueda del zodiaco tal como la conocemos hoy en día no podían dejar de lado esta creencia a la hora de realizar una actividad tan importante como la sanación. 

La historia de la medicina en la India está marcada por el Ayurveda 

De mayor complejidad es la medicina tradicional india cuyas primeras evidencias se remontan al tercer milenio antes de Cristo y aún hoy en día sigue utilizándose. Tanto es así que no solo existen universidades de medicina en La India basadas en esta terapia sino que su efectividad ha sido reconocida por la OMS. La historia de la medicina no puede concebirse sin la particular visión del cuerpo humano del Ayurveda, el cual debe seguir los ritmos del universo si no quiere enfermar y acortar la vida en este plano.  

Este equilibrio viene dado por cinco elementos: éter, tierra, aire, agua y fuego. Cada uno de ellos simboliza un aspecto vital (movimiento, respiración, transformación…) y se corresponde con un sistema del cuerpo (corazón, cerebro, huesos…) Estos principios, además, tienen que estar en armonía entre sí y con los distintos doshas o biotipos humanos. A lo largo de la historia de la medicina del Ayurveda se ha evolucionado hacia un diagnóstico a través de la observación y el control de los pulsos. La dieta cobra importancia extrema al adaptarse la alimentación según que biotipo tengamos. Junto con la fitoterapia adquiere gran importancia, la meditación, el yoga y las propiedades de las piedras. Por último, y resumiendo muchísimo un sistema médico milenario de esta envergadura, la salud también vendrá por la armonización con nuestro propósito vital. 

La importancia de la medicina china en la historia de la medicina 

Aunque China tiene bastante influencia de la cultura india, sin embargo, desarrolló un concepto médico propio. A este pueblo le debemos el descubrimiento de los puntos de dolor y su tratamiento a través de la acupuntura que aún hoy en día se practica incluso en Occidente. A pesar de este avance en la práctica sanitaria, la historia de la medicina china está influenciada por su conocimiento de la fitoterapia y también de la organoterapia que se practica al día de hoy no sin algún problema de importancia con esta forma de curación. Junto con las recetas de las plantas  medicinales (de las que se conocen más de 8.100) publicadas en su más famoso tratado de farmacología (Pen ts’ao kang-mou), los médicos chinos recetaban cuernos de animales salvajes, tierras, secreciones o excrementos como remedios para males diversos. Las plantas más eficaces de este particular recetario (no tanto las formulaciones de origen animal) han sido objeto de investigación por la ciencia moderna. Así se ha comprobado que el ginseng, el jengibre, el regaliz, el melocotón, el opio, el té verde (por poner solo algunos ejemplos) tienen las propiedades medicinales que se les reconocía desde hace milenios en China.  

La historia de la medicina “moderna” comienza en Grecia con Hipócrates 

Damos un salto en el espacio y en el tiempo para aterrizar en la Grecia clásica, patria de uno de los primeros médicos conocidos y cuyos aportes éticos siguen aún vigente. Se trata de Hipócrates de Cos (460 -470 a.C), hijo y nieto de médicos y, a la vez, maestro, padre y abuelo de sanadores. Aunque poco se conoce de su biografía, sí se sabe que tuvo reconocimiento en vida, que viajó y que enseñó. Probablemente recibió una buena educación filosófica. Por eso, quiso que la medicina tuviera principios empíricos de observación de los síntomas para poder, así, entender las causas y dar un diagnóstico acertado. Como ocurre en la historia de la medicina hasta el siglo XX, los remedios se basaban en el conocimiento de las plantas que llegaban en abundancia por esta parte de mundo.  

El mérito de Hipócrates fue instaurar un código ético muy estricto basado en el estudio, en la humildad, en la generosidad y en el respeto al paciente. Con él la medicina cambia de perspectiva y se considera un bien social general sea cual sea la procedencia del enfermo. Con Hipócrates la práctica médica se entiende como un regalo de los dioses y debe ser puesta al servicio de la humanidad. 

Dos siglos más tarde, en el 201 a.C. nace en Pérgamo Claudio Galeno. Sus primer destino fue en una escuela de gladiadores para convertirse en el médico de cabecera de Marco Aurelio. Parece que viajó bastante y que investigó las posibilidades de la práctica médica más allá de la fitoterapia o de la cirugía extrema. A él se debe una de las ramas de la medicina, la galénica, que es el estudio sistematizado de las materias farmacológicas. Murió en el 130 a.C.  

Otro nombre de la escuela clásica a reseñar es Pedanio Dioscórides, médico en el ejército de Nerón. Fue el autor del Materia médica, conocido posteriormente por el nombre del autor, el cual estuvo redacto alrededor del año 78. La obra, una vez que cayó el Imperio Romano, formó parte de las bibliotecas de los monasterios occidentales donde se copiaba y se iluminaba a veces, ya que era considerado un manual de cabecera. 

La tradición médica de los árabes 

Recogieron la investigación griega, a través de la Biblioteca de Alejandría, a igual que los cristianos de los monasterios, pero este pueblo dio un paso hacia adelante investigando con las posibilidades.  Nombre destacado fue Razi o Rhazés (865-925), médico en Bagdad que escribió una obra ingente en veinticuatro tomos acerca de las propiedades de las plantas, los síntomas y causas de las enfermedades y su tratamiento.  Avicena (980-1037) fue otro médico estudioso de materias diversas que quería aplicar a la salud. Todo su saber esta recogido en la obra Canon de la medicina escrito en árabe entre 1014 y 1021. Los siglos posteriores le regalaron el título de “príncipe de los médicos”. De la Córdoba califal procede Averroes (1126-1198), médico y filósofo. 

La medicina en la Edad Media 

Los libros medievales que se copiaban pacientemente en los monasterios recogen esta tradición médica y farmacológica aplicándola con los recursos a su alcance. Al contraerse el comercio y los intercambios, cada centro intentaba cultivar sus propias hierbas y abastecerse de las materias primas esenciales para remedios sencillos. A pesar de las dificultades para hacer una mínima investigación, de esta época son la alemana Hildegarda de Bindegen (1098-1179) con su obra Physica y Causae et cuare.  La escuela de Salerno, en Italia, se dedicó a traducir todas las obras temáticas procedentes de la cultura árabe que llegaban a sus manos propiciando así su conocimiento a través del latín, la lengua franca.  

Ya en el siglo XII aparece la Escuela de Montepellier que se atrevió a adentrarse en la cirugía reparadora. De hecho, uno de sus más insignes médicos, Guy de Chauliac, curó la ceguera del rey de Bohemia. Desafortunadamente con la escolástica y su gusto por la dialéctica se abandona la observación de las ciencias naturales y se vuelve a caer en una época oscura. Y todo ello a pesar de que, aquí o allá, aparecen grandes personalidades. Todo ello terminará con el Renacimiento y su nueva cosmovisión, el descubrimiento de América a ojos occidentales con nuevas plantas, el avance de la imprenta que propicia un volumen de libros desconocidos, no ya en la historia de la medicina sino de la humanidad y, por supuesto, la creación de universidades en todo Occidente. 

La historia de la medicina, ni que decir tiene, está íntimamente unida al conocimiento y a la importancia que las distintas culturas le han dado a la investigación. No es hasta finales del siglo XIX cuando esta ciencia da un giro completo al inventar aparatos tecnológicos que facilitan el descubrimiento de los microorganismos. Con posterioridad llegarían las vacunas, los antibióticos, los medicamentos sintéticos hasta desembocar en la terapia genética ya en pleno siglo XXI. Con anterioridad, todo se basaba en el poder de las plantas y en el conocimiento y reconocimiento de la naturaleza. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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