Obras de Paul Gauguin

Obras de Paul Gauguin

Obras de Paul Gauguin

Candela Vizcaíno

 

Recorrido por las obras de Paul Gauguin a través de cinco ejemplos pertenecientes a cada una de sus etapas estilísticas.   

Nació en París, en 1848, cuando la capital ya era el ombligo del mundo cultural e intelectual. De esos intereses participaba su familia, ya que su padre era el director de un periódico republicano y su madre tenía sangre aristocrática peruana. En ese ambiente artístico y con un punto bohemio creció el futuro pintor no sin antes hacer gala de espíritu aventurero. Todos estos condicionantes serían determinantes para el peculiar, particular y original carácter de la obras de Paul Gauguin. Si bien se abrió al mundo como marino mercante, volvió a casa y anduvo por buena parte de Francia antes de tomar rumbo a las tierras más lejanas para los ojos europeos. 

Llegó hasta Bretaña, por entonces, un emplazamiento apartado con su naturaleza deslumbrante y sus costumbres autóctonas. Allí comenzó a desvincularse de las principales características del impresionismo, estilo artístico en el que se había iniciado. Su errar por la tierra lo llevó también a la Provenza donde mantuvo una difícil convivencia con Vicent van Gogh. Algunas de las obras de esta época están realizadas en una suerte de debate artístico (cuando no confrontación abierta) con el artista holandés. Es en esta etapa, como veremos, cuando empieza a investigar con los colores para figuras animadas o inanimadas ajenos a los que podemos encontrar en la naturaleza. 

Sin embargo, las obras de Paul Gauguin que más llaman la atención son las realizadas en Tahití, en las Islas Marquesas, en los emplazamientos franceses de los lejanos mares del sur. Allí entra en contacto con otra cosmovisión a la que se rinde desde el primer momento. Y es en esta tierra donde termina sus días en 1903 (debido a la sífilis) y aquí se encuentra su tumba. Antes nos dejó algunas de sus mejores obras realizadas en clave simbólica sin perder por ello una depurada esencia figurativa. Ni que decir tiene que, en un opus tan extenso como el suyo, esta selección es mínima. No obstante, he intentado elegir, al menos, un ejemplo de cada una de sus épocas.  

PostImpresionismo Gauguin. Cuatro mujeres bretonas.1886

1.- Las cuatro bretonas de 1886, una de las obras de Paul Gauguin de la primera etapa 

En Pont Aven dibujó incansablemente no solo los grandes espacios naturales, favoritos de los impresionistas, sino también los tipos humanos con sus originales ropajes y costumbres. Y de vuelta a su estudio de París realizó la obra que nos ocupa en la que destaca la composición organizada alrededor de cuatro figuras femeninas en distintas posiciones. De hecho, la central se encuentra de espaldas, lo que constituye una innovación para los parámetros artísticos de la época. Con esta obra, Paul Gauguin se enfrasca en los grandes cuadros de temática femenina que serán una constante en su quehacer pictórico a lo largo de toda su existencia.  

En cuanto al estilo de Las cuatro bretonas, el artista se aleja de los parámetros impresionistas aunque aún podemos encontrar la típica pincelada rápida del movimiento en el tratamiento de la naturaleza que sirve de fondo. Sin embargo, el artista ya ensaya con los colores sólidos e, incluso, con los delineados de las tocas blancas, que tanta fuerza expresiva aportan en un entorno protagonizado por los tonos muy oscuros.  

Postimpresionismo Gauguin.Noche en el cafe de Arles. 1888

2.- Noche en el café de Arlés de 1888 

Al contrario que las obras de Vicent van Gogh realizadas en la Provenza en las que son protagonistas los paisajes y los elementos naturales, Gauguin se sigue interesando por los tipos humanos que pueblan la zona. En este sentido hay que situar Noche en el café de Arlés de 1888. Estamos ante un interior en el que nos encontramos en primer término otra figura femenina. Por el contrario,  el artista holandés retrató este espacio desde distintos puntos de vista, pero siempre sin que fuera protagonista ningún miembro de la raza humana. 

Es una de las primeras obras de Paul Gauguin en la que se aprecia su particular visión del color y en la que va engrosando cada vez más la pincelada. Ya no le interesa la luz impresionista sino el carácter humano de todas las figuras, incluso las que están detrás jugando al billar. La retratada es la dueña del local, la señora Ginoux que parece hacer un guiño coqueto al artista mientras cuida del negocio. 

Postimpresionismo PaulGauguin. Cristo amarillo. 1889

3.- El Cristo amarillo 1889, una de las obras de Paul Gauguin más originales

Y lo es porque hace un tratamiento de un motivo harto representado en la tradición pictórica occidental de una manera ajena (hasta la fecha) a la historia del arte. Hay que comenzar diciendo que sitúa el Monte Calvario no entre los olivos de Jerusalem sino en los típicos paisajes provenzales. Además, quienes acompañan a Cristo en la cruz no son los anotados en la Biblia y reconocidos ampliamente por el público occidental. En este caso, Paul Gauguin se atreve a colocar figuras femeninas ataviadas con los trajes típicos bretones que, ni que decir tiene, no está reconocida su presencia por la tradición biblíca.

Además, la figura de Cristo está plasmada de una forma inquietante y onírica, a pesar de que no se encuentran huellas sangrientas en ella. El color amarillo de la carne, combinado con el azul, aporta un aire extraño, ajeno a la realidad y el artista comienza así a desvincularse de los tonos que se encuentran en la naturaleza para ofrecer los suyos propios. Todo ello no está exento de un carácter simbólico que se iría depurando con el tiempo. Existe un cuadro gemelo, aún más original, el conocido como Cristo verde

Postimpresionismo Gauguin. Mujeres en la playa.1891 

4.- Mujeres en la playa de 1891, una de las primeras obras de Paul Gauguin realiza en Tahití 

Es una de las primeras obras realizadas en Tahití cuyos motivos ya no abandonaría jamás y en la que se aprecia, además, su estilo pictórico en todo su esplendor. La pintura tiene una composición original con una de las dos protagonistas representada de frente pero mirando ajena al espectador. Mientras tanto, la otra está totalmente abstraída de la composición pictórica. Estas obras han sido calificadas por la crítica artística como escultóricas por su carácter rotundo y su intento de reflejar la tercera dimensión con una pincelada fuerte y alargada ribeteada de negro. La narración, además, se acompaña de una pincelada densa que, si bien fue ensayada con anterioridad, en estos últimos años alcanzaría su esplendor. 

Postimpresionismo Gauguin El eespiritu de la muerte te esta mirando. 1892 

5.- Manaò Tupapaù o El espíritu de la muerte te está mirando de 1892

Perteneciente a las últimas obras de Paul Gauguin, no solo se indaga en los individuos de las Islas Marquesas. De hecho, la modelo pudo ser Tehana, la joven esposa del artista que le acompañó durante sus últimos años. En el cuadro se ha abandonado cualquier intento de plasmar las luces y las sombras que aún podemos encontrar en el ejemplo anterior. Así, tanto figuras como formas humanas, están tratadas con colores sólidos apenas retocados con pequeños fragmentos que quieren aportar carnalidad. Además, la composición se ha reducido en extremo eliminado cualquier elemento que pudiera entorpecer el relato principal.  

Es esta una de las obras de Paul Gauguin de sus últimos años (tal cual Nevermore de 1897,  El sueño de 1897 o El caballo blanco de 1889) que aporta elementos simbólicos. En la que tratamos se adentra en el conocimiento de los sueños, de los espíritus, de los fantasmas, de los seres del más allá… elementos favoritos del Romanticismo literario. Y da un paso hacia adelante adelantando el concepto de inconsciente según Freud que tantos artistas, de una manera u otra, plasmaron antes que el médico vienés. Además, en todos estos ejemplos se aportan elementos simbólicos tratados de una manera depurada en extremo. Y lo hace tanto desde el punto de vista de la composición (que se hace sencilla e, incluso, minimalista) como en el tema o en el tratamiento del mismo. Estas últimas obras se reflejan colores sólidos sin pinceladas ni sombras, formulación cuyo testigo sería recogido por algunos movimientos de las vanguardias de principios del siglo XX (como el cubismo e, incluso, el fauvismo).  

Reconozco que son solo un puñado de obras de Paul Gauguin. Aún así, cada una de ellas, tal como anoté al inicio, son representativas de una época artística y son ejemplos perfectos para ir viendo la progresiva evolución estilística hasta desembocar en las grandes pinturas de su última época. Son estas últimas las que han alcanzado récord millonario en exclusivas subastas. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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