Fernando de Rojas, autor de La Celestina

Fernando de Rojas, autor de La Celestina

La Celestina ha dado uno de los tipos más universales de la literatura castellana (junto con el genial Don Quijote, Sancho Panza y don Juan Tenorio) haciendo durante siglos las delicias de filólogos y estudiosos. Por si la obra en sí no tuviera sustancia artística suficiente para hacer correr ríos de tinta, un tanto de lo mismo se puede decir de la figura de Fernando de Rojas considerado, hoy por hoy, el autor de La Celestina

 

El problema de las ediciones con respecto al autor de La Celestina 

Si los personajes son dignos de estudio, un tanto de lo mismo sucede con el género, el lenguaje  y hasta el argumento de La Celestina definitivo, cada uno de ellos con una problemática específica. ¿Por qué? Porque la obra se conoce en distintas ediciones con variaciones tan significativas que afectan incluso al título. Pongamos un poco de orden en las primeras ediciones con los datos contrastados. 

1.- A la edición considerada príncipe le faltan las primeras hojas e, incluso, el título y también las páginas finales. Al parecer, fue impresa en 1499 por Fadrique de Basilea en Burgos. 

2.- Con el título de Comedia de Calisto y Melibea nos han llegado dos ediciones en ejemplares únicos en dieciséis actos. Fueron impresas en Toledo en 1500 y un año después en Sevilla. Son estas impresiones las primeras que dejan traslucir quién es el autor de La Celestina. El nombre de Fernando de Rojas aparece por primera vez en un acróstico (se lee con las primeras letras de cada verso) camuflado en once octavas insertas en la “carta a un amigo”. Además, se ha añadido el argumento que encabeza la obra y unas coplas del corrector: Alonso de Proaza, el cual, por otro lado, da las instrucciones para leer el acertijo. 

3.-  En 1502 aparecen cinco ediciones distintas, una en Salamanca, otra en Toledo y tres en Sevilla con el nombre de Tragicomedia de Calisto y Melibea. Y una de las de Sevilla es más original, ya que se titula Libro de Calisto y Melibea y de la puta vieja Celestina. Es en esta de la capital andaluza la primera versión en la que se incide en el carácter de su protagonista principal. Estas cinco ediciones presentan los veintiún actos con los que se conoce la obra que han sido añadidos. Estos, además, no han sido insertados al final, sino entre los actos XIV y XXI. Este añadido de las ediciones de 1502 se conoce como Tratado de Centurio

4.- Además, hay que esperar a un edición de Alcalá de Henares de 1569 para encontrar La Celestina como protagonista de la obra y así recogido en el título, aunque se da el caso que en las traducciones a otras lenguas romances lo hacen mucho antes, en 1519. 

5.- En la “carta a un amigo” de las ediciones de 1500 y 1501, Fernando de Rojas se excusa diciendo que se encontró por casualidad el primer acto y que en unas vacaciones de quince días completó la obra. Así, se complica aún más el tema de la autoría ya que, según el autor de La Celestina, ese primer capítulo no es suyo. 

Todo esto nos indica, por un lado, que la obra tuvo un éxito casi arrollador de público, ya que no solo se sucedieron las ediciones, sino también que, en pocos años, se añadiera más texto para “completar” el original. 

 

Datos contrastados de la biografía de Fernando de Rojas 

Aunque en algún momento se puso en duda la paternidad de Fernando de Rojas como autor de La Celestina, hoy en día se acepta su nombre como el creador de la genial obra. Si bien es verdad, debido a los pocos datos sobre su persona, también ha habido críticos que ponían en cuestión hasta su existencia. real. Sin embargo, en estos siglos desde la publicación de la obra han ido saliendo documentos que permiten perfilar su biografía, aunque solo sea someramente. Por eso, sabemos que: 

1.- A través de un proceso de la Inquisición contra su suegro (Álvaro de Montalbán), que estuvo casado con Leonor Alvares y que vivía en Talavera. 

2.- Que nació en Puebla de Montalbán y que fue bachiller en leyes. 

3.- Que en su época se sabía que él fue el autor de la obra y que así se hacía notar en distintas actas y procesos. 

4.- Vivió a partir de 1517 en Talavera de la Reina y allí ocupó, incluso, la alcaldía durante un breve tiempo. 

5.- Con toda probabilidad, era de origen converso, ya que así se señala en el acta de la Inquisición del punto 1. En la misma, no se acepta su valía como testigo por ser de esta condición y se solicita otro testimonio “syn sospecha”. 

6.- En 1584, uno de sus nietos solicita la prueba de hidalguía y se remite a su abuelo Fernando de Rojas que ya ostentaba esta condición. 

7.- Se conserva el testamento del autor de La Celestina fechado el 3 de abril de 1541. 

8.- El 8 de abril de 1541, su esposa hace inventario de sus bienes (por tanto, ya debía de haber fallecido) y en él aparece una importante biblioteca. Allí se dice que fue enterrado en la “yglesia del monasterio de la Madre de Dios” de Talavera. De aquí, son exhumados en marzo de 1968. 

 

¿Salió el Acto I de la mano de Fernando de Rojas, autor de La Celestina?

Tenemos pues que, en vida de Fernando de Rojas, se alude al mismo, en actas y procesos judiciales, como el autor de La Celestina. Ahora bien, ¿qué ocurre con ese primer acto que su mismo creador dice haberse encontrado por casualidad? Adelanto que no ha llegado constancia que el mismo hubiera sido publicado antes de 1499, fecha de la edición príncipe. Aunque hay estudiosos que, incluso, han encontrado padre para dicho fragmento (Rodrigo de Cota o Juan de Mena se postularon como favoritos), al día de hoy se considera que toda la obra salió de la misma mano y además no fue escrita en tan corto espacio de tiempo. Las críticas sobre la distinta autoría de La Celestina se apoyan fundamentalmente en las palabras de Juan de Valdés, quien en su Diálogo de la Lengua afirma: 

“ Celestina, me contenta el ingenio del autor que la comencó, y no tanto el de que la acabó”. 

Sin embargo, las razones (que no es una sola) para tanto secretismo por parte de Fernando de Rojas podemos encontrarlas en: 1) en la temática poco ortodoxa de la obra, 2) en la condición de converso (de origen judío) de su creador y 3) en las prácticas peligrosas de la Inquisición cuando se topaban con textos críticos en la vertiente social y este lo es. Solo cuando el éxito de la obra parecía asegurado, Fernando de Rojas comenzó a asomar tímidamente (con un acróstico) como  el autor de La Celestina

En este sentido, fue uno de los autores más importantes del Neoclasicismo español, Leandro Fernando de Moratín el que defendió esta última tesis (la de un único autor) basándose en una de los principios y características de la literatura neoclásica: el empirismo. Esto es, realizó un análisis detallado del texto en el que demostraba que la obra salió de la misma mano. Recojo su defensa: 

“El bachiller Rojas se mueve dentro de la fábula de la Celestina, no como quien continúa obra ajena, sino como quien dispone libremente de su labor propia. Sería el más extraordinario de los prodigios literarios y aun psicológicos el que un continuador llegase a penetrar de tal modo en la concepción ajena y a identificarse de tal suerte con el espíritu del primitivo autor y con los tipos primarios que él había creado. No conocemos composición alguna donde tal prodigio se verifique…”

 

¿Y los añadidos conocidos como Tratado de Centurio son también de Fernando de Rojas? ¿Y el papel del corrector Proaza en el texto de La Celestina

Aún así hay autores y críticos (como Martín de Riquer) que apoyándose en las diferencias de lenguaje, esgrimen la tesis de los dos autores. A ello se uniría que Fernando de Rojas, en las sucesivas ediciones que se publicaron en vida, no se preocupó por desmentir este extremo. Sin embargo, esta apreciación no tiene en cuenta que el autor de La Celestina poco o escaso celo puso en las impresiones de su obra. Además, dado lo poco que conocemos de su vida, tampoco se preocupó ni por la fama ni por permanecer en la posteridad. 

Sí hay unanimidad, sin embargo, en los añadidos conocidos como Tratado de Centurio que aparece en las ediciones encabezadas como Tragicomedia. Estos serían de Fernando de Rojas que, ante el avance de su obra, quiso, de alguna manera u otra, completarla.  

Otro aspecto a tener en cuenta es el papel de Proaza como corrector, un humanista familiarizado con las convecciones literarias y con la poesía renacentista que fue quien añadió o dio la idea del acróstico sobre el nombre del autor de La Celestina. El simple hecho de que aparezca este acertijo ya nos dice del cuidado de Fernando de Rojas por pasar inadvertido, posiblemente ante la poderosa censura de su tiempo en manos de la Inquisición. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

 

 

 

 
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