
Aedea inicia su colección de cuentos infantiles con una joya literaria para princesas, El Bosque de las Respuestas. El texto corre a cargo de Candela Vizcaíno que va tejiendo la historia al tiempo que Angelino Carracedo la ilumina con sus ilustraciones. El mejor comienzo para una serie de títulos de literatura infantil apta para todos los públicos y que Aedea irá presentando a lo largo del camino.
Es un cuento de princesas de verdad. Candela Vizcaíno se aleja de los tradicionales cuentos infantiles para ofrecernos un relato muy especial. La historia de una niña que quiere ser valiente, inteligente y fuerte. La niña protagonista es un princesa, aunque ella no lo sabe, que busca el lugar concreto donde hacerse más fuerte, valiente e inteligente. Ese lugar es el Bosque de las Respuestas, un bosque lejano que debe encontrar de la mano de su madre en un viaje iniciático sobre un tablero en espiral. Un juego de la oca para descubrir los entresijos del propio corazón.
La casilla de salida de este viaje del corazón se sitúa en casa, en el olivo retorcido que le quita el miedo a la niña. Y a la madre también. Los árboles infunden a la pequeña princesa la valentía y la fuerza que su corazón necesita mientras los girasoles van indicándole el camino hacia la casilla final. Las respuestas que busca la pequeña princesa están en un bosque lejano, muy lejano. No se rinde por más fatigoso que sea el camino porque ella es una princesa de verdad. Si lleva en su corazón las hojas del olivo, si en su memoria el olor del azahar, si también el susurro de los pinos. Ya no hay miedo y no se rinde.
Madre e hija caminan y caminan, se fatigan, pero no se desalientan en el viaje hasta ese Bosque de las Respuestas. El camino se lo indican las flores y los girasoles, pero se lo marcan los pinceles de Angelino Carracedo capaz de mostrar a las dos viajeras los detalles más reveladores. Los símbolos fluyen entre las ramas de los árboles y deja a la pequeña princesa la tarea de interpretarlos. Como punto de partida para la colección de cuentos infantiles ilustrados, El bosque de las Respuestas es un auténtico lujo.
Candela Vizcaíno no ha llegado por casualidad a escribir 'El Bosque de las Respuestas'. Si bien es cierto que es su primera incursión en la literatura infantil, lleva a sus espaldas un amplio bagaje como hilandera de palabras preciosas y precisas. A esta Doctora en Comunicación le avala una grandiosa tesis sobre Akira Kurosawa, un libro de 'Poemas sin orden ni concierto' o una novela tan sorprendente como 'Los girasoles florecen en junio’.
Pero es que ella siempre ha estado 'Hilando palabras' y así ha ido construyendo un preciosos tapiz de delicados recuerdos, de sueños y de ilusiones. Hila y entreteje las palabras como nadie y el resultado lo comparte en su faceta de bloguera en el que es su espacio más personal, 'El blog de Candela Vizcaíno'. Ahora es el momento de tejer nuevos sueños hilando historias diferentes como 'El Bosque de las Respuestas', la joya que abre la colección de cuentos infantiles ilustrados de Aedea o, más bien, la colección de nuevas ilusiones.
Angelino Carracedo también se estrena en la ilustración de cuentos infantiles. Para un texto tan especial como el que encontramos en El Bosque de las Respuestas hacía falta un artista muy especial. En plena sintonía y como si estuvieran en un mano a mano, Angelino Carracedo da relieve a las palabras de Candela Vizcaíno en unas ilustraciones que descubren al dibujante pero a la vez poeta. El resultado es un cuento mágico donde los símbolos de este viaje interior serán descubiertos por niños y adultos al mismo tiempo.

No podríamos definir a un artista como Angelino Carracedo precisamente porque es imposible encasillarle, pero es un maestro en el manejo de los símbolos. Artista polifacético y multidisciplinar, el misterio envuelve su figura y su obra que conocemos por las ilustraciones de la novela 'La Piedra Nawlka' de Gabriel Vicente o por ilustrar libros de poemas como 'Tengo un amigo que no tiene amigos' de Pepe Quero o 'Cosas extrañas que sin embargo ocurren' de Inma Luna. También ha puesto imágenes a poemas como 'Una bestia que ruge' de Santiago Auserón y 'Tu sombra' de Christina Rosenvinge.
Tanto o más que los adultos, los niños están cansados de los típicos cuentos infantiles con protagonistas que poco tienen que ver con su mundo real. Por eso Candela Vizcaíno propone un texto diferente y tan asequible como el lector quiera que sea. La niña protagonista se pregunta cómo ser fuerte, inteligente y valiente porque ya a su edad es consciente de la fragilidad del ser humano ante las circunstancias vitales. Y las respuestas que busca no son fáciles de encontrar.
El Bosque de las Respuestas está lejos, implica un gran esfuerzo y cierta iniciativa para emprender ese viaje hasta el mismo corazón. La pequeña princesa junto con su madre caminan infatigables, venciendo a las inclemencias del tiempo y de la vida, superando el viento, el frío, la empinada cuesta hasta el destino final. Porque El Bosque de las Respuestas no está precisamente al lado de casa, está lejos justo en la cima de una montaña.
La habilidad narrativa de este cuento infantil sorprende por la naturalidad con que nos desvela asuntos como quitar el miedo de la niña protagonista, infundir fuerzas a la pequeña princesa y acompañarla durante este viaje atemporal sabiendo que no puede rendirse. Porque una niña que sabe escuchar a los árboles, que sabe cómo abrazar a los girasoles para que le indiquen el camino y que sabe el valor del esfuerzo es una niña fuerte, valiente e inteligente.
Uno de los aspectos más interesantes de El Bosque de las Respuestas es su carácter simbólico, algo que no pasa inadvertido al lector independientemente de su edad. La niña protagonista da comienzo a un viaje iniciático que todos deberíamos hacer a lo largo de nuestra vida. Es el camino de la búsqueda interior que es el que de verdad nos enriquece. Y también el que nos hace más fuertes, más inteligentes y más valientes.
La naturaleza cobra especial protagonismo en este viaje tanto en el texto como en las ilustraciones. Atravesar el bosque se logra si te paras a escuchar el susurro de los árboles, los girasoles te indicarán el camino si sabes cómo abrazarlos y las hojas del olivo y de los pinos son un recurso fundamental para saltar a la siguiente casilla de esta espiral que te enreda caminando como en un juego de la oca de puente a puente, de bosque en bosque sin rendirte ni al subir la escalera imponente que te lleva hasta la cima.
Estamos ante a un cuento breve pero con enjundia. La historia se puede contar de mil maneras, pero en este caso podemos deleitarnos de forma incansable con las inquietudes de la niña princesa, con las palabras de los árboles y con toda la reflexión que conllevan. No es un cuento infantil difícil de leer, pero el simbolismo que contiene entre sus palabras e ilustraciones puede alargar hasta el infinito su contenido porque, al fin y al cabo, las preguntas de la niña son universales, la búsqueda de la niña es atemporal y en esta vida no paramos jamás de caminar. A veces en espiral, a veces por un camino allanado y otras más por una empinada cuesta.
De esas hojas de olivo que llevemos en la mano dependerán nuestras fuerzas, de cuánto acerquemos al corazón las hojas de los pinos dependerá nuestra valentía. Y de lo que seamos capaces de escuchar durante el camino dependerá nuestra sabiduría. Entre las páginas de este bosque de respuestas encontramos palabras hilvanadas con la cadencia precisa para ser comprendidas por pequeños y grandes que quedan resaltadas por las ilustraciones donde se van adivinando las respuestas que busca la niña princesa, esas que son las mismas que buscamos todos.
Lo conseguirás si no te rindes, porque todo lo que necesitas para seguir caminando está dentro en tu corazón.
Con un estreno de lujo como 'El Bosque de las Respuestas' para esta colección de cuentos ilustrados, Candela Vizcaíno y Angelino Carracedo se proponen reinventar la literatura infantil con historias aptas para todos los públicos. Porque las niñas todavía quieren ser princesas, pero unas princesas diferentes con unos intereses que comparten con los adultos como este de conocer los entresijos del corazón.
Resaltamos el para todos los públicos en esta colección de cuentos infantiles ilustrados porque son algo más que cuentos, son píldoras para la felicidad cargadas de simbolismo. Y se pueden tomar como los cuentos infantiles tradicionales que se cuentan, que se leen, que se ven y se cierran o se pueden tomar como lo que realmente son: historias que emocionan y que permanecen en el corazón una vez has cerrado el libro.
Los libros infantiles de Aedea son para los niños curiosos, inquietos, ansiosos por saber más. Cuentos que despiertan el interés infantil y el asombro del adulto. Con palabras hiladas que van siempre un paso más allá, con prosa poética y con poemas en esas ilustraciones que invitan a soñar. Para soñar nos preparamos esperando los nuevos cuentos ilustrados para pequeños y grandes. Mientras tanto, caminamos hasta 'El Bosque de las Respuestas' hasta encontrar las respuestas que realmente importan.
Por Laura Vélez

Y en la lista podríamos poner muchos más, ya que la gran mayoría de los libros clásicos que sí deben leer los niños nos adentran en los recovecos del alma, tanto los más oscuros como los luminosos. En estas obras, casi siempre nos encontramos en la zona brillante y valiente todas esas virtudes que nos reconcilia con la humanidad dando lo mejor de nosotros mismos o creciendo indefinidamente hasta acercarnos a la semilla divina. Desgraciadamente, en las sombras siempre hay agazapados males psicológicos que nos llevan por los derroteros de la mentira, la humillación y, en último extremo, el crimen más abyecto. Estos tres cuentos infantiles clásicos que traigo hoy muestran el camino a los peques de la casa de las virtudes que nos hacen grandes (y felices) mientras les advierten de las distintas formas que toman los caminos del mal.
Recordemos la fábula que se ha transmitido tanto oralmente como por escrito en distintas versiones, aunque la esencia ha permanecido inalterable. El patito feo nace en una familia numerosa con una diferencia tan abismal que es objeto de burlas tanto por parte de sus hermanos como del resto de los habitantes de la charca. Esa mofa que sufre en silencio el pequeño llega a más, ya que (según algunas versiones) es abandonado por su madre (por no poder aceptar esa diferencia) y, en último extremo, es apartado de la sociedad y condenado a la soledad.
El patito feo, para protegerse de un entorno hostil, se aleja de su mundo y emprende la huida. En la más terrible soledad y sin el arropo de los suyos, va creciendo y creciendo simplemente aceptando su esencia. Pero, un buen día, uno cualquiera, uno entre los días, el patio feo se mira en el reflejo del estanque y se da cuenta de que es tan radicalmente distinto a los otros que se ha convertido en un hermoso cisne de andares y formas elegantes. Es, entonces, cuando regresa para mostrar a todos la esencia de lo que realmente es: alguien radicalmente distinto y más hermoso que los demás.
La historia es tan abrumadora y tan cruel que en ella nos podemos encontrar múltiples moralejas y enseñanzas. Resumiendo mucho nos advierte de lo siguiente:
1.- El patito feo tiene la desgracia de nacer en una familia tóxica con una madre narcisista que no acepta las diferencias de los miembros del clan. Tanto es así que mamá pata no lucha por proteger con amor lo que hace distinto a su vástago, negándole lo imprescindible que es darle amor incondicional. Al mostrarle características que la hacen quedar mal ante la sociedad, es incapaz de defenderlo y permite sin ningún tipo de remordimientos que se aleje de la protección del hogar familiar, exponiéndole a depredadores de todo tipo.
2.- Este es uno de los cuentos infantiles clásicos que nos hablan del bullying y el acoso al otro por cualquier aspecto diferencial, cebándose en el más vulnerable (el que se encuentra solo y no es aceptado por la familia).
3.- En el plano luminoso, la fábula nos pone en evidencia la valentía del patito feo que se aparta de los que les hacen daño para encontrar su camino en la más absoluta soledad y es allí donde se da de bruces con su grandeza interior, simbolizada en el cuento por la belleza exterior. No oculto mi preferencia por este cuento que nos dice del valor de seguir tu camino vital y, con él, los sueños propios aunque eso sea objeto de incomprensión y, en último extremo, de burlas.
Y de la arrogancia y de la manipulación y del miedo y del valor (en toda la acepción del término) de decir la verdad…
Había una vez en cualquier castillo y en cualquier reino, un monarca tan vanidoso que solo se ocupaba de lucir hermoso y lujosamente vestido ante sus súbditos. Tanto era así que descuidaba sus funciones y siempre estaba buscando trajes brillantes, preciosos y estrafalarios con los que mostrarse ante su pueblo. Esta característica del emperador llegó a oídos de una banda de estafadores que se presentaron ante el monarca prometiéndole un atuendo hilado de una seda tan delicada y mágica que solo los sabios podían verla. Ante tal maravilla fueron contratados de inmediato y los timadores se encerraron a tejar ese nuevo traje que debía lucir en uno de los desfiles más señalados del reino. Así se acomodaron y hacían como que cosían, cortaban y componían durante meses hasta llegado el gran día. Cuando el emperador fue a embutirse y lucir tan maravilloso traje, por supuesto, no veía ningún vestido que la banda de mentirosos hacían como que lo colocaban en su cuerpo desnudo. Y no lo había porque era un timo y el traje era inexistente.
Pero el emperador calló. ¿Por qué? Porque no quería ser tachado de necio. A continuación, también callaron sus consejeros, pajes y personal de la corte. Y así, desnudo y de esa humillante guisa, salió el emperador a pavonearse ante su pueblo. Y las gentes que le aplaudían y aclamaban también callaron por la misma razón que el emperador y su corte: porque no querían ser acusados de imbéciles. Todo esto saltó por los aires cuando un niño pequeño, en su ingenuidad, ya que no tenía ningún reparo en ser considerado tonto, comenzó a vociferar que el emperador iba desnudo corriendo, como la pólvora, la noticia entre los allí presentes que, de golpe y porrazo, se dieron cuenta del engaño al que habían sido sometidos.
Es uno de esos cinco cuentos infantiles clásicos con moraleja que se deben leer a todos los niños por lo que nos muestra sobre el valor de buscar la verdad por nosotros mismos, como el niño que grita que el emperador está desnudo. Pero hay más en este bello cuento tradicional.
1.- Al margen de la maldad de los timadores, estos se aprovechan de que el emperador es un narcisista compulsivo que ya ha perdido, debido al envenenamiento del ego, todo contacto con la realidad. El monarca no se conoce porque, para ello, tiene que entrar en las más profundidades de sus sombras y afrontar allí sus debilidades. Como es un cobarde, en vez de atreverse con esto, se dedica a vanagloriarse tanto hasta que pierde la noción del bien y el mal, de lo real y lo irreal, de lo que es asumible y de lo que no es…
2.- Un tanto de lo mismo puede decirse de la corte atrapada en el miedo cobarde que dice a todo que sí aunque sea algo descabellado. Si alguno de los consejeros reales hubiera tenido un mínimo de decencia, se hubiera atrevido a expulsar a los timadores y a hacer entrar en las entendederas del rey la trama manipuladora de la que estaba siendo objeto. Sin embargo, todas estas personas están situadas en una dorada zona de confort extrema que no les permite un mínimo espíritu crítico, piedra base para el cambio. El resultado es un miedo atroz a afrontar la verdad y, por tanto, se dejan llevar de manera servil.
3.- Todo esto es extensible al pueblo que aclama al rey desnudo, el cual acepta lo que le dicen y no se atiene a lo que ven sus ojos. Con esta actitud se abre el peligroso camino de la manipulación colectiva ante hechos que, a todas luces, no pueden defenderse desde el plano intelectual.
4.- Tiene que llegar un niño, símbolo primigenio de la nueva vida y del cambio vital, para que sea el responsable de gritar lo evidente. Este inocente que dice la verdad absoluta es uno más de esa estirpe mítica denominada como héroes transformadores. Son estos los que cambian un sistema corrompido por otro más eficaz o saludable. A nivel colectivo, y al día de hoy, nos puede servir para ponernos en alerta sobre lo que se da por sentado a través de los medios de comunicación.
5.- En cuanto a la banda de timadores se comportan como psicópatas que se aprovechan del narcisismo extremo del gobernante.
Aunque la fábula original ha sido corrompida por la factoría Disney, este es uno de esos cuentos infantiles clásicos de princesa que no debes leer a tu hija. ¿Por qué? Sencillamente, porque el estereotipo de género puede ser tan perjudicial para ella que comiences poniendo la semilla en tu hija de la dependencia. La Bella Durmiente espera a cumplir la maldición de su clan familiar sin que nadie haga nada por evitarlo más allá de alejarla del castillo y ponerla bajo la protección de unas hadas que no cumplen su tarea con el debido celo.
Cuando nació la princesa heredera de un hermoso reino, su padre no invitó a su bautizo a una de las hadas del bosque. Resentida y dolida por el desaire, esta bruja realizó un hechizo sobre la pequeña condenándola a caer dormida (por el pinchazo de un aguja) cuando alcanzara la mayoría de edad. De tal sopor no despertaría hasta que no recibiera una beso de amor verdadero. Aunque la última película de Disney, Maléfica, interpretada por Angelina Jolie, hechicera y princesa se redimen mutuamente, en la versión más común es un príncipe el que logra despertar a la desdichada joven con el susodicho beso. A partir de ahí vivieron felices y comieron perdices todos los días de su vida sin un contratiempo digno de ser mencionado por la historia.
1.- En primer lugar la maldad que se ceba con el más inocente, el más vulnerable, el que no puede defenderse. La bruja es una psicópata que ni siquiera se preocupa en ser desenmascarada y se regodea en su condición.
2.- Este cuento también nos habla de la falta de talento, pericia y saber hacer de un rey que condena a su hija a un destino cruel por cortedad de miras. También nos dice del escaso celo puesto en su cuidado por parte de las hadas del bosque, encargadas de la crianza y seguimiento de la princesa para que esta, llegado el momento, no se pinche con la aguja envenenada. Por el contrario, las hadas están pendientes de otra cosa en lugar de evitar el destino fatal de la princesa.
3.- Ni que decir tiene que el rol de género es abrumador en esta historia en el que la mujer es relegada a un papel tremendamente pasivo y que solo puede ser salvada por el príncipe (el varón) a través de un acto de amor superficial. Recordemos que el apuesto caballero se queda prendado de su belleza externa y nada conoce de sus virtudes espirituales, ya que la princesa está dormida. Solo con ese encuentro a nivel físico le basta para llevar una vida sin ningún tipo de contratiempo doméstico, sintetizado en ese “comieron perdices y fueron felices”.
4.- Pero hay más, la Bella Durmiente está condenada por un error que cometió otros antes que ella tuviera albedrío. Esto es, carga con las culpas del clan familiar sin poder desembarazarse de conflictos que no le pertenece. Tanto es así que sobre sus hombros, siendo una bebé recién nacida, recae la ardua tarea de redimir los errores de sus ancestros. Si no puede hacerlo (como así es), se la condena duramente sin haber hecho nada en su vida para merecer un destino tan cruel. Nadie le dice que está maldita ni la prepara para ello y permiten que crezca ajena a esta realidad. Con ello la empujan inevitablemente hacia un destino atroz, ya que le niegan lo más preciado del ser humano: la libertad. Y esta solo puede enarbolarse si previamente se ha recurrido a los dones de conocimiento.
Estos tres cuentos infantiles clásicos nos dicen de aquellos conflictos psicológicos que pueden acechar no solo a los pequeños sino también a los adultos. A la par, nos advierten de vicios graves que pueden arruinar la vida en ebullición de nuestro más preciado bien: nuestros hijos.
Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla.

¿Te has preguntado alguna vez por qué hay tantas historias para niños en las que el calzado es co protagonista? Y no solo me refiero a la socorrida Cenicienta, cuyo sustrato significativo habría que poner incluso en cuarentena. Escarpines, zapatillas de cristal, botas de siete leguas, o de siete lenguas (las mismas que parece tener el gato con botas, por poner un caso), zapateros y calzado suelen poblar estas narraciones infantiles. ¿Por qué son tan recurrentes?
Las narraciones tradicionales no son ajenas al sentido de los símbolos y de los mitos universales. De alguna manera u otra, se han repetido oralmente a lo largo de los siglos y es evidente en ellas esos significados conocidos en otras épocas y perdidos (el sentido) en la era industrial y en la posterior tecnológica.
Los zapatos, tanto en los cuentos tradicionales para niños como para mayores como en el mundo de los sueños, significan la evolución en marcha. Aluden al camino, al cambio, a la transformación que supone salir de lo conocido (la zona de confort en el lenguaje postmoderno). Por eso, los cuentos que, de alguna manera u otra, llevan en sí una moraleja recurren, con bastante frecuencia a esta indumentaria.
De todos los cuentos, narraciones o historias infantiles en los que la prenda aparece me gustan especialmente cuatro: 1) El mago de Oz y la historia de Dorothy y sus zapatillas rojas, 2) La Cenicienta, que necesita una lectura, por decirlo de alguna manera, de género, 3) Pulgarcito y 4) El gato con botas, mi favorito. Y es natural porque el felino, al calzarse, como un humano, se vuelve astuto, resolutivo, inteligente y un poco manipulador. ¿Nos adentramos en estos cuatro cuentos infantiles? ¿Me acompañas?
No me satisface este cuento. Veo en él una historia de sumisión y aquí servidora gusta de heroínas que si se meten en problemas saben ser lo suficientemente resolutivas como para salir de ellos sin ayudas de besos de príncipes. Las aventuras de esta muchacha huérfana y sufrida es de todos conocidas. Nunca opone resistencia. Aguanta el trabajo duro. Soporta las humillaciones. Y no reclama lo que por derecho le corresponde (un sitio en su legítima casa). Es una historia clásica de princesa que está esperando que el príncipe azul le resuelva los problemas con un beso.
Cenicienta no puede asistir al baile porque no tiene las herramientas (vestidos, carroza, peinado…) para ello. Necesita la intermediación del hada madrina que se los proporciona de manera temporal. Porque, al dar las doce campanadas, la muchacha se encuentra en la misma tesitura que antes. O no. Porque ese escarpín, tan único e irrepetible que solo puede calzarlo ella, se convierte en la representación de Cenicienta. El cuento viene a decirnos que nadie puede ponerse en nuestros zapatos, que nuestra vida es única e irrepetible. Si bien no me gusta esa historia de sumisión de la que he hablado antes, sí es interesante este final en el que, de alguna manera u otra, nos dice que somos únicos, irrepetibles, diferentes, especiales…
La pequeña Dorothy (nombre que significa “regalo de Dios”, no lo olvidemos) sale de su casa para luchar contra una injusticia: para defender al perrito Totó. Por eso, me satisface más esta heroína, una niña que, como la de El Bosque de las Respuestas, sale en busca de la verdad por ella misma. Al defender al animal se ve envuelta en un torbellino que la traslada a un mundo mágico donde debe enfrentarse a una malvada bruja. Va acompañada del espantapájaros, del león y del hombre de hojalata que también necesitan encontrar sus propias virtudes. Dorothy, al caer en este mundo, se encuentra calzada con unos maravillosos zapatos rojos que son los que anhela, desea y necesita para sus fechorías la malvada bruja. Y no es de extrañar porque la prenda es la que da fuerzas a la muchacha para seguir el camino en busca, nada más y nada menos, que de justicia. La pequeña protagonista de El Mago de Oz es, sencillamente, una creadora de un mundo nuevo y mejor. Es una auténtica heroína. Para tal aventura necesita unos zapatos adecuados, que hay mucho mundo que recorrer.
Solo Charles Perrault (en la versión del cuento) revistió a este pequeño ser con estos atributos. El protagonista es el menor de 7 hermanos de una familia tan pobre que, por dos veces, son abandonados en el bosque por parte de sus padres. En la primera, el pequeño, con astucia, es capaz de regresar a casa. Durante el segundo abandono se pierde en el bosque y es atrapado por un ogro que los encierra con la intención de devorarlos. Pero Pulgarcito (que para eso lleva unas botas que simbolizan la inteligencia) es capaz de engañar al monstruo consiguiendo que este devore a sus hijas. Da igual que el ogro lo persiga porque el protagonista de este cuento infantil ya tiene recursos suficientes como para llegar hasta el rey y allí conseguir su ansiado premio. Las botas en este caso son el medio por el cual el pequeño Pulgarcito consigue su recompensa no solo a su valentía y arrojo sino también a su astucia e inteligencia.
De idéntico tenor es el gato que lleva sus botas y es capaz de hacer rico a un muchacho pobre en extremo. El animal era un felino corriente hasta que se colocó la prenda. En ese momento comienza a hablar y a urdir planes cada vez más audaces y más elaborados hasta conseguir casar a su señor con la hija del rey, nada más y nada menos. ¿Qué significan entonces las botas? En este caso, es el atributo de la humanidad. Somos los únicos animales sobre el planeta Tierra dotados con el lenguaje y, supuestamente, con inteligencia. El cuento nos viene a decir que si seguimos nuestro espíritu creativo podemos conseguir grandes logros. Podemos llegar hasta lo imposible.
Estas historias de zapatos, como otras tantas de la literatura clásica, son aptas como lecturas nocturnas para tus niños. Los protagonistas, a pesar de que pasan sus buenas penalidades, salen victoriosos de sus pruebas y aventuras. Y si le reiteramos a nuestros niños antes de irse a dormir que, con esfuerzo, pueden solventar todos los problemas, estamos dándoles herramientas emocionales para su presente y futuro.
Otro día más.
Por Candela Vizcaíno

Y podría poner haber puesto veinte o un millón porque esto de la lectura nunca sobra ni está de más. Llena siempre y no empacha nunca. Y mucho menos cuando se trata de pasar un rato en la intimidad (después del trabajo) con nuestros hijos al caer la noche. Es unánime la opinión de los expertos que afirman que los pequeños sienten este acto de entrega (nuestro tiempo) con la fuerza de la generosidad. Y simplemente me remito a todos esos adultos que, aún en la edad madura, recuerdan ese gesto de amor (el de la lectura conjunta) como uno de los mejores momentos de su vida. Por algo será. Y ese algo quizás sea que esos minutos tan bien invertidos llegan al inconsciente del pequeño ayudándole a levantar su vida de una manera ordenada.
Porque la búsqueda en la estabilidad de los sentimientos es quizás uno de los objetivos prioritarios de los que somos padres. Es por eso que no me gustan esos cuentos de princesas clásicos que describen un estar en el mundo que no me parece el mejor ejemplo para nuestros hijos (ya sean chicas o chicos). Es bien verdad que defiendo el empoderamiento femenino también en la literatura infantil como me he atrevido a confesar en alguna ocasión y así reflejo en mi último libro El Bosque de las Respuestas. Pero también podemos encontrar historias edificantes en esos cuentos clásicos que tienen moraleja o simplemente que sumergen a nuestro pequeño en aventuras que son provechosas.
Recuerda adaptar la lectura a la edad de los pequeños. A los dos años con algún poema corto bastará. A los seis años, cuando ya saben leer por sí mismos y no requieran nuestra ayuda, lo mismo nuestros hijos se entusiasman con las aventuras de El Principito o Los viajes de Gulliver. ¡Qué mejor ocio que ese!
Su primer contacto con el exterior es la voz de mamá cuando aún están en la oscuridad del vientre. Mientras se va formando pulmones, estómago, cerebro y corazón, muy pronto, pero muy pronto, aprenden a reconocer ese tono especial que seguidamente lo identificarán con la protección al máximo (cosa que así es). Los niños necesitan la voz de la madre. A través de la palabra, de las frases que va construyendo (de cariño, de advertencia o, incluso, para reprender) van levantando su mundo. No nos olvidemos. Esto actúa de manera inconsciente y se va pegando día a día, mes a mes, año tras año en cada una de sus células. Es a través de la voz (también los abrazos, los besos, las caricias, el tiempo, en definitiva…) como vamos levantando la personalidad del pequeño para hacer de él o ella un adulto estable emocionalmente.
En este acto de intimidad nocturno madre-hijo, el pequeño va percibiendo la cadencia rítmica de la madre en un relato de principio a fin que pone orden no solo a lo que sucede dentro del cuento sino también a su alrededor. La gran mayoría de los cuentos son así. Comienzan con un conflicto o un viaje que arrastra al protagonista hacia la búsqueda para terminar con un final, más o menos, feliz. El que la madre (o el padre) vaya narrando un conflicto que se desenreda conforme avanza la lectura va haciendo que el pequeño vaya tomando confianza en las posibilidades. Por eso, necesita que se le repita el mismo cuento una y otra vez: para asegurarse del final feliz, de la resolución de los problemas, en definitiva.
Vivimos en un mundo desnaturalizado en el que el trabajo ocupa la mayor parte de nuestro tiempo. Las prisas por estirar las horas o la angustia por el exceso de responsabilidades no son los mejores ingredientes que necesita el alma de un niño. En el mundo occidental contemporáneo está todo reglado. Un desbarajuste en la agenda se paga siempre con la familia: con el tiempo robado a los pequeños. Pero este mínimo gesto hace que el niño se sienta seguro, que vaya absorbiendo la idea de que papá o mamá tiene unos minutos siempre para él o para ella. Y hago hincapié en la palabra siempre porque es aquí donde el niño va cimentando su personalidad. Y tampoco es cuestión de torturarnos si un día (o una temporada) no se puede. Hay que explicar al pequeño la excepcionalidad y retomar la costumbre en cuanto se pueda. De este modo vamos también levantando su confianza en los padres a pesar de los problemas diarios.
Y con cualquier tipo de literatura se descubre el mundo. Porque las palabras que están en los libros van abriendo el abanico de las posibilidades. E insisto en el término posibilidades porque es aquí donde radica la diferencia entre una persona libre y otra esclava de los condicionantes sociales o de los miedos propios. Cuando me refiero a ellas no es solo en el campo de la acción pura y dura sino también en el de los sentimientos. La envidia, el rencor, el odio o la maldad aparecen en buena parte de los cuentos infantiles a la par que sentimientos nobles como la generosidad, la entrega, el amor, la bondad, la valentía y el arrojo. Con las peripecias de los protagonistas de los cuentos les vamos indicando a nuestros niños caminos que sí deben seguir. Al tiempo vamos nombrando sentimientos y virtudes que deben conocer cuanto antes para llegar a ser adultos felices y completos.
Al hilo de lo anterior, en buena parte de la literatura infantil aparecen palabras desconocidas para el pequeño o vocablos que ya no se usan. Al ampliar su repertorio lingüístico hacemos que se vayan abriendo a un mundo de posibilidades (vuelvo, lo sé). Ponemos en sus manos y en su boca términos que le van ayudar (en ese momento y en el futuro) a expresarse con mayor claridad. Y ese es el único camino que tiene el ser humano para su propio conocimiento.
Aparecen castillos, aventuras, monstruos, cuevas, pueblos lejanos, islas con tesoros, mares congelados, selvas peligrosas, sueños imposibles que se hacen posibles o cualquier avatar que no se da en su mundo cotidiano. Eso va haciendo, como una gota de agua que cae constante en la piedra, que se vaya construyendo y levantando su imaginación. Y pongo aquí y ahora que la imaginación no solo “sirve” al ser humano como evasión. Son las piezas que alimentan un espíritu creativo y crítico. Si no somos capaces de ver (en nuestra mente) algo que aún no existe o que no está delante de nuestros ojos, malamente vamos a poder dar solución a problemas complejos en el futuro. La falta de imaginación es uno de los mayores lastres de la incultura porque crea seres aborregados que no pueden ver más allá de lo que se les dice, de lo establecido o políticamente correcto. Los individuos imaginadores son los que crean los nuevos mundos con sus posibilidades aún mejores. Son los constructores de grandes retos. Sin imaginación (paso previo a la creación) no es posible ningún cambio.
A la par que le vamos mostrando las aventuras de los cuentos infantiles, estamos dando la mano a nuestros hijos para que se posicionen en el mundo. Si se identifican con el protagonista (generalmente un ser noble o valiente), le ayudamos a que haga suyo ese valor emocional o esa virtud espiritual. En definitiva, le vamos dando herramientas anímicas para hacer personas valiosas desde una corta edad.
Los libros para niños clásicos (o contemporáneos) que llevan implícita una moraleja (una enseñanza), además, van a ayudarles a distinguir el bien del mal, lo positivo de lo negativo, lo que es correcto (más allá de costumbres impuestas) y lo que no está permitido (desde el interior de uno mismo). Las moralejas, cuando son aún pequeños, que luego hay que explicarlas o adaptarlas de otra manera, van a ir minando el egoísmo de los pequeños ayudándoles a que se abran al mundo.
Las narraciones infantiles que presentan a personajes en una encrucijada o en un viaje valiente por cambiar su estar en el mundo ayudan a tus hijos a hacer cara a los terrores. Si, mediante la lectura, el niño puede llegar a identificarse con el héroe protagonista, éste se va a convertir en un referente de conducta. Eso es, si tal o cual personaje ha sido capaz de salir indemne de cualquier avatar o circunstancia adversa con imaginación, astucia, esfuerzo o carácter, yo (niño) también puedo hacerlo en un futuro. No olvidemos que los pequeños saben de su vulnerabilidad. Reconocen que necesitan el cuidado de los adultos, pero también es fácil inculcarles desde muy pequeños que, aún siendo niños, deben ir formándose para un futuro en libertad y consecuente con ello.
Un niño que escucha leer quiere saber leer. Es así casi en el 99% de los casos (que siempre tenemos las excepciones). Conforme van descubriendo esos mundos nuevos y extraños para él se va regando la semilla de un futuro lector. Y decir lector es alimentar un espíritu crítico, bueno y libre. La lectura y los libros abren tanto a los niños como a los adultos las puertas de las posibilidades. Una de ellas (aunque creo que muchas, pero quiero ser sensata) conduce hacia el camino de la felicidad.
Y una cosa lleva a la otra… Si quieren saber leer, luego quieren leer los cuentos por ellos mismos. Buscarán cualquier ocasión para sumergirse en esas aventuras y, además, algunos habrá, incluso, que lo hagan como un acto de individualismo. Con ese gesto estarán, por tanto, potenciando su autoestima, su diferenciación como persona distinta a la de los padres. Y eso, ni que decir tiene, ayuda a su independencia. Con eso no te quiero decir que el niño se olvide de su familia o se aparte de ella. Ni mucho menos. Simplemente que tomará conciencia de ser una persona única a una temprana edad. Creo honestamente que, tal como va la realidad actual, y una prueba de ello son las problemáticas asociadas a algunos millenials, cuanto antes sepan que son seres irrepetibles, va a ser mejor para ellos. Antes construiremos personas con fortalezas, las mismas que las sociedades de cualquier tipo han necesitado siempre.
¡Ah! Y por último… este se pasa en un plis plás… Tú empiezas leyendo un libro infantil a los tres años y cuando te has querido dar cuenta tu hijo ya sabe leer y ese encuentro nocturno se acabó. Así que aprovecha y vive el momento. Es lo que me ha pasado con mi niña que he querido hacerme un selfie leyendo mi último libro y me ha respondido: “No me trates como bebé que yo ya sé leer, mamá, sin vocalizar. Y tú lo sabes de sobra”. Me ha rematado la conversación con un comentario de texto. Con eso te lo digo todo.
Por Candela Vizcaíno, Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

Puedes leer esto de madrugada o al amanecer. Da igual la hora. Y la estación. Hoy (ahora que estás leyendo) voy a hacerte una confesión: el origen de El Bosque de las Respuestas. Empiezo por el principio.
Creo en el poder que da el amor de la familia. Creo en la fuerza del trabajo con esfuerzo. Creo en la liberación de la bondad. Soy corazón salvaje que hila de forma extraña con el espíritu de los tiempos. En el origen de El Bosque de las Respuestas está mi única hija llamada Dora. Su nombre significa regalo en griego y esa aventura para otro día y otra hora. Y hay un bosque auténtico situado en Euskadi, al norte de España, un lugar donde el arte, la magia y el viento se aúnan. Y hay una meta y un esfuerzo. Porque también en eso creo. Nada hay de bueno en la vida que no lleve la huella del esfuerzo y de la generosidad. Esta es nuestra mayor aventura. Quien así se embarca cada mañana puede conjurar el miedo cobarde, que no es al fin de la vida, sino al cambio.
El Bosque de las Respuestas fue, en un principio, un regalo para mi hija, para todos los niños que lo rodean (de su familia, de su colegio, de su grupo de deporte, del barrio y del pueblo) pero también para los mayores. Porque también creo que las preguntas que nacen en nuestro interior solo nosotros podemos resolverlas. Por eso, hay que abandonar lo conocido (nuestra casa, como la princesa de El Bosque de las Respuestas) y adentrarse en lo desconocido (el camino, el bosque, nuestra propia aventura) para llegar a conocernos.
Creo también en el poder de la palabra. De no ser así no me dedicaría al noble y bello oficio de la escritura. Y cuando digo poder me refiero al de la transformación. Y cuando digo cambio me refiero al aquel que nos hace seres únicos, bellos, grandes y divinos. Creo en la responsabilidad de los mayores para con los pequeños. Estamos obligados a dejarles un mundo mejor. Y la única manera es educarlos para que encuentren la verdad dentro de sí mismos, sin egoísmos y dotándoles de fortalezas espirituales. Reconozco la complicación, pero no por ello debemos tirar la toalla.
Y en esto creo. Por eso la princesa de El Bosque de las Respuestas hace preguntas y sale ella sola con muy poca compañía, la justa para darle la mano y animarla en su camino. Por eso, ella se embarca en su propia aventura para descubrir la verdad que solo puede anidar en el interior de ella misma. Como todas las grandes verdades. Como todos los grandes descubrimientos de la personalidad.
Decía un escritor de la talla de Miguel Delibes que un creador tiene solo tres o cuatro temas que le importan o le embargan. Y que todo su obra gira en torno a este puñado de líneas. Asiento con el maestro. No creo que mi vida o mis escritos vayan a ir más allá de aquellos caminos que he puesto al principio. Lo demás habrá que dejarlo a la musa, al esfuerzo diario y al más o menos talento.

Fue un regalo para mi hija y para sus compañeros de clase, como he anotado un poco más adelante. Fue su historia para el Día del Protagonista en el colegio. La semilla fueron sus preguntas. Ella quería tener un corazón fuerte y valiente. Creía que no lo tenía. Ahora sabe que lo tiene.
Creía que no lo tenía porque tenía miedo. Al cambio. Al desastre. A que su mundo se desmoronara por completo. Y razón u hechos no le faltaban. Con apenas 5 años había visto morir y consumirse por la enfermedad a su padre. A su alrededor giraba familia y amigos sin “un lugar concreto” en su vida. Se pegaba a mí pidiendo ese corazón valiente. ¡Buena petición para una pequeña de cinco años!
¿Y cómo decirle que con solo hacer esa pregunta ya era y es una auténtica valiente? ¿Y cómo decirle que era una princesa de verdad que podía conseguir por ella misma todo aquello que se proponga en la vida? Ya te he dicho que solo tengo palabras. Y las palabras engendran literatura, cuentos y mitos que nos ayudan a entender el mundo y entendernos a nosotros mismos. Por eso la poesía y los cuentos (a la luz de la lumbre o en la pantalla del ordenador) nunca desparecerán. No hagas caso de los que anuncian catástrofes. Algo te querrán vender. La literatura y el arte es consustancial con el hombre. Mientras sigamos sobre la tierra seguirán con nosotros. Eso sí, transformados y adaptados a los tiempos.
Y con esos datos en la mano me puse a construir una historia para ella y para todos los niños que, como ella, albergan una pregunta en su corazón. Y con su sonrisa y su estímulo seguiré escribiendo muchos más para todos los niños que tengan una aventura o un esfuerzo que superar. Cada uno será distinto. He empezado con Dora porque es mi hija, porque es mi regalo, porque es mi niña. Pero en mi corazón caben muchos más niños.
Un año antes, con apenas cuatro años cumplidos Dora, una niña delgada y fuerte, subió ella sola hasta el Bosque Pintado de Oma, en Euskadi. Fue un esfuerzo bastante grande porque el camino es largo y agotador pero la ilusión y la meta por ver tal maravilla (un bosque con extraños símbolos que parece hablar) pudo más que su fragilidad aparente. Cuando le decía que ella era fuerte (como tantos otros niños que se creen débiles) siempre le recordaba su hazaña a la hora de subir hasta tal bosque y la recompensa de felicidad que en él encontró.
Con todos estos datos me puse a escribir esta historia. De ella salieron un puñado de ejemplares que fueron regalo para los niños de su familia y para los de su clase. No iba con las ilustraciones de un mayor (las de Angelino Carracedo, en la edición de Aedea Libros). Entre mis párrafos y mis palabras insertamos dibujos escolares de Dora. Esa edición tuvo su finalidad en su momento.
Un año más tarde Angelino Carracedo me instó a hacer otra con sus ilustraciones y dirigidas a todos los niños que quisieran embarcarse en la maravillosa aventura de buscar la verdad dentro de sus corazones. Llevábamos mucho tiempo hablando de organizar una editorial y nos pareció que qué mejor que El Bosque de las Respuestas como el primer título.
Una cosa llevó a la otra y ya que estábamos con la edición del libro y la organización de la editorial, me puso a montar un portal con parte de mis escritos. Es este que lees. Y este es el camino que ando recorriendo ahora. No sé a dónde me llevará porque la vida es un bosque de sorpresas, pero ando cada día con la ilusión de escribir nuevas historias con niños distintos, con preguntas diferentes, con aventuras diferentes.

Adelanto que no me gustan las historias clásicas de princesas que esperan a que un bello mocito les resuelva sus problemas. Adelanto que prefiero los libros que narran aventuras de niños valientes que se adentran en aventuras infinitas y desconocidas y que vuelven siendo mejores, un ejemplo para todos los que les rodean. Adelanto que voy a apoyar a los niños, pero sobre todo a las niñas que aún en la Europa del siglo XXI necesitan que se les muestre el camino de la fortaleza y belleza que anida dentro de ellas. No hay que renunciar a los clásicos. Simplemente debemos servirnos para construir nuestro mundo, uno nuevo. Adelanto que soy corazón salvaje y que mis historias tendrán ese trasfondo poético al que no puedo ni quiero renunciar, pero que, a la par, me impide escribir aquello que se espera. No es novedad. Es que, como han dicho otros antes que yo, los escritores tenemos unos cuantos hilos. Más allá no podemos crear sin impostura. Y eso no va conmigo.
Seguimos príncipe, seguimos princesa.
PorCandela Vizcaíno

Nos preguntamos qué podemos hacer para atraer a los niños hacia los libros y se nos ocurren muchas ideas, aunque la más importante es que tengan acceso a ellos. Si bien podemos inculcar el amor por la lectura con cuentos infantiles modernos como El Bosque de las Respuestas con los que se pueden identificar más fácilmente, no debemos perder de vista a los clásicos. Aunque hay cuentos de princesas clásicos que deben ponerse en cuarentena, también otros de la literatura universal que sí son más que recomendables, como estos que os traigo hoy.
La literatura infantil clásica nunca pasa de moda. Son los libros con los que hemos crecido los adultos y que han estimulado la creatividad por generaciones, porque estamos hablando de libros infantiles que merecen la pena. En la literatura infantil no solo hay estereotipadas historias de princesas, también hay aventuras, magia, ilusión, amor, amistad, misterio y, en definitiva, todo un mundo que los niños estarán encantados de descubrir.
Hemos seleccionado una lista con 10 libros clásicos que sí deberían leer los niños porque nos parece que contienen los aspectos más interesantes y llamativos para los pequeños. Lógicamente en esta lista no están todos, hay más, muchos más libros infantiles que animamos a que sean los propios niños quienes los descubran. Nosotros nos limitamos a sembrar la semilla de la curiosidad.
La historia interminable se presenta como uno de los libros más leídos en todo el mundo por niños, jóvenes y adultos. Con este aval, no dudamos que cualquier niño se sentirá irremediablemente atraído por esta historia fantástica donde el término 'fantasía' adquiere todo el protagonismo de diferentes maneras.
Fantasía y realidad se entremezclan en este libro infantil clásico de la mano del niño protagonista, Bastián, capaz de entrar en un mundo dentro de otro mundo, capaz de ser partícipe de la propia historia que está leyendo. Un personaje de libro que entra en la aventura del reino de Fantasía. Estamos ante un libro clásico imprescindible al que nos atrevemos a añadir otro del mismo autor, Momo, que también hará las delicias de los niños.
El género de aventuras no se entiende sin el imprescindible Julio Verne. El libro que hemos elegido es solo un avance para introducir a los niños en el mundo de la literatura infantil de forma amena y divertida. Un libro infantil que estimula la curiosidad por el mundo, por los viajes y que les hará reír con las peripecias de Phileas Fogg y su ayudante.
La vuelta al mundo en 80 días seguro atraerá la atención de los niños hacia otros títulos del mismo autor como La isla misteriosa, Viaje al centro de la Tierra, De la Tierra a la Luna o la apasionante trilogía submarina del capitán Nemo.
Si los adultos vivimos fascinados por la literatura, el cine y las series de vampiros, los niños tienen su equivalente en esta saga de literatura infantil en la que un pequeño vampiro llamado Rüdiger muestra su mundo vampírico al niño humano Anton. El misterio está asegurado en estas aventuras para quitar el miedo a los más pequeños acerca de los seres sobrenaturales y lo desconocido.
El pequeño vampiro es ese tipo de cuentos infantiles que captan la atención hasta de los niños menos lectores. Las aventuras de la curiosa familia de vampiros son irresistibles y además de misterio y acción, este libro fomenta unos valores tan importantes como los de la amistad y el respeto por la diversidad.
Una increíble serie de cuentos infantiles que inspiran el amor por la naturaleza nos encontramos en este libro de la selva que ha entusiasmado a generaciones de niños y adultos. Nos situamos en la India, con un bebé que desaparece y va a parar a la selva donde es criado por una manada de lobos. Mowgli, así le llaman al bebé, por su escasez de pelo y su parecido con una ranita.
Como muchos otros de los títulos que aparecen en esta lista, El libro de la selva no es un libro exclusivamente infantil, pero los niños disfrutan como nadie con las aventuras de todo tipo de animales selváticos, sus relaciones y la llamada 'Ley de la selva'. Sin duda, un clásico que debe estar en la estantería al alcance de los niños.
5.- El principito de Antoine de Saint-Exupery
Es uno de los libros más leídos de todos los tiempos. Aunque se considera un libro infantil por su forma narrativa, lo cierto es que es una joya literaria para todos públicos y uno de esos libros que pueden permanecer durante toda la vida en la mesilla de noche. Un libro de cabecera que a pesar de su brevedad nunca deja de sorprendernos por más que lo leamos una y otra vez.
En este cuento poetizado e ilustrado un piloto sufre una avería en su avión y se encuentra en el desierto del Sahara. Allí conoce a un pequeño príncipe, protagonista del libro, que procede de otro planeta. La espontaneidad con que el pequeño príncipe aborda la naturaleza humana ha convertido a este libro en una fuente inagotable de sabiduría sobre la amistad, el amor o la soledad.
El principito llama a la necesidad de recuperar ese niño que todos llevamos dentro para simplificar la forma de entender el mundo y llenarlo de emociones más positivas. Las frases que se extraen de este libro infantil son utilizadas frecuentemente tanto para inculcar valores a los más pequeños como para ayudar a los adultos a abordar algunas circunstancias de su día a día.
Aventura, magia y fantasía a raudales corren por las páginas de este libro que abre la colección de las Crónicas de Narnia. Con cuatro niños que encuentran en la puerta de un armario la entrada a un mundo mágico, la atención del joven lector está asegurada desde la primera hasta la última página.
Este libro tal vez pertenece más a la literatura juvenil que a la infantil, pero los pequeños y ávidos lectores no van a querer esperar para disfrutar de un mundo fantástico que estimula su imaginación como ningún otro. Además, el autor bebió de las fuentes de la mitología clásica y se inspiró en las antiguas leyendas irlandesas para configurar un mundo inolvidable del que los niños no querrán salir.
Uno de los clásicos de la literatura infantil es esta obra maestra al que podemos añadir también su secuela Las aventuras de Huckleberry Finn. El libro está pensado y dedicado para los niños con un objetivo esencialmente lúdico para ellos, pero contiene una reflexión para los adultos y es la de recordarnos que una vez también fuimos niños.
Como anuncia en su título, este libro infantil es un libro de aventuras, con el niño Tom Sawyer como protagonista y todo su círculo de amigos. Un canto a la infancia y a ese derecho universal de los niños a la diversión que no deberíamos olvidar en ningún momento.

Que Lewis Carrol escribiera este libro como un libro infantil basado en las historias que le contaba a una niña de 10 años llamada Alicia no quiere decir que los adultos no disfrutemos más que nadie de esta joya de la literatura que ha tenido un gran impacto en todos los ámbitos culturales.
La historia es bien conocida, pero difícil de resumir. Alicia sigue al conejo blanco hasta su madriguera y entra en un mundo de fantasía en el que las situaciones aparentemente absurdas e ilógicas se convierten en reflexiones sobre la vida en general con un detalle de agradecer: sin moralinas, sin juicios de valor. Aventuras infantiles, magia y fantasía a pecho descubierto tal y como hacen los niños sin los prejuicios de la madurez. Y si hay algún propósito en el libro es precisamente el de engrandecer la imaginación.
Este clásico de la literatura infantil imprescindible nos sorprende por la carga simbólica que contiene. Un mundo gris frente a un mundo de color, desentrañando todos los aspectos del alma, se trata del viaje iniciático de la protagonista Dorothy que aprende a conjugar lo físico con lo emocional incitada en todo momento por la curiosidad, esa característica que no puede faltar en ningún niño.
El mago de Oz ha sido versionado hasta la saciedad y sus personajes están muy asimilados en nuestra cultura incluso por quienes no han disfrutado entre las páginas de este libro que es como un ciclón de emociones, como ese ciclón que transporta a Dorothy y Toto hasta la Tierra de Oz.

Concebida como una obra de teatro a principios del S. XX, este niño que nunca crece, su fiel compañera Wendy y su hada Campanilla nos han llevado generación tras generación al país de Nunca Jamás. Niños que vuelan, piratas, hadas, sirenas y, en definitiva, un mundo mágico para no perder la inocencia jamás.
Las diferentes adaptaciones de la obra en forma de películas, musicales y series de televisión han dado para numerosas interpretaciones de Peter Pan que han llegado a ser analizadas por la Psicología. Nosotros nos quedamos con el encanto de estos niños capaces de mantener la ilusión por siempre y capaces, también, de volar hacia sus sueños.
Por Laura Vélez

Sé que me estoy metiendo en camisas de once varas. Pero no todos los relatos para niños tradicionales aportan una cosmovisión “adecuada” a los parámetros contemporáneos. Por decirlo con palabras amables. Y eso sin ánimo de hacer saltar por los aires la literatura clásica. Pero en buena parte de estas fábulas infantiles se ensalzan unos estereotipos poco “educativos” para nuestros niños, y no digamos ya para las niñas. Sin ánimo de hacer un alegato feminista, cuentos tradicionales como La Cenicienta o La Bella Durmiente presentan un estereotipo de mujer sumisa en espera de ser salvada que no es precisamente lo más saludable para nuestras hijas.
¿Quiero decir con esto que no debemos leer y hacer leer estos libros a nuestros niños? Sí, por supuesto, pero mostrando otras opciones y, en cierto modo, explicando que el tipo masculino del príncipe salvador no es el mejor de todos (ni siquiera es una opción) tal como nos explica Laura Vélez en este fantástico artículo sobre Los 10 cuentos de princesas que tu hija no debe leer. En verdad, no oculto mi preferencia por la literatura infantil en la que el empoderamiento femenino es el tema. Me gustan las princesas, como la de El Bosque de las Respuestas, que se salvan ellas solitas, que son aventureras y que no necesitan ningún príncipe que las bese para poder seguir su camino.
Aún así, de la literatura tradicional podemos sacar fantásticos ejemplos de libros infantiles clásicos que sí muestran a héroes en su búsqueda y realización personal con tal éxito que van a ser un modelo para nuestros hijos. Son atrevidos, valientes e inteligentes y son esos valores o virtudes las que debemos potenciar en nuestros hijos (ya sean niños o niñas). La sumisión, la espera o la falta de libertad no es precisamente lo que queremos para nuestros niños vástagos. Y hago hincapié en nuestras hijas porque buena parte de los roles que se les da en estos cuentos de princesas son, sencillamente, inasumibles.
Sin embargo, algunos de estos cuentos infantiles clásicos no tienen desperdicio y deberían también formar parte de las obras de cabecera de algunos adultos descarriados. ¡Nunca es tarde si el aprendizaje es bueno! Hoy te traigo estos cinco:

Es uno de mis libros infantiles favoritos y no oculto mi preferencia. Me gustó desde que era niña (¡cosas de tener un corazón salvaje!). El cuento es muy corto y narra la humillación de un rey vanidoso engañado por unos astutos comerciantes. El rey, presumido y bastante tonto, encarga un vestido de lujo (de hilos de seda, oro y plata) a unos engañabobos que se hacen pasar por sastres. Piden mucho dinero para hacerse con los materiales necesarios para un traje tan magnífico y hacen como que se ponen a trabajar. Realizan los movimientos de cortar, coser y pegar a la par que dicen: “quien no vea nuestro traje es que es tonto”. Y, como nadie quiere pasar por tal, todos y cada uno de ellos se callan la boca. Son políticamente correctos.
Llega el día de estrenar el traje y se lo hacen probar al rey diciendo “quien no vea nuestro traje es que es tonto”. Y el monarca que, tampoco tiene criterio, se hace vestir con esa prenda inexistente. Todos los de alrededor hacen como si verdaderamente fuera una vestimenta hermosa y única a la par que alaban el trabajo ficticio de los embusteros.
Y así se comportan todos los adultos de la corte e, incluso, el pueblo que asiste al desfile posterior con el rey (desnudo) luciendo un lujoso e inexistente traje. La farsa acaba cuando un niño pequeño e inocente que no tenía que demostrar absolutamente nada ni hacerse pasar por alguien inteligente suelta la frase más concienzuda que es (no podía ser de otra manera) la de la verdad de los hechos: “El rey está desnudo”.
Y con el vocerío infantil señalando la desnudez del rey comienza el murmullo de aceptación por parte de todos los allí congregados: que el rey estaba en bolas. Que había sido engañado y que ningún adulto de alrededor se atrevió a decir lo que veían sus ojos por miedo a ser apartado del grupo. El que era puro de corazón, limpio de mente y se conducía por “su verdad” sin tener en cuenta los convencionalismos sociales no es que no fuera tonto es que demostró ser el más inteligente y, a la par, el más valiente.
Es uno de los cuentos infantiles clásicos más instructivos porque enseña a los niños a conducirse según su propio criterio y no a lo que digan los demás.

No sé si es el segundo o el primero, pero es otro de mis cuentos favoritos. Una liebre y una tortuga se miden en velocidad por medio de una carrera. La liebre, vanidosa y arrogante, comienza dando ventaja a la pobre tortuga que es lenta como ella sola. Así, la liebre se deja confiar en sus fuerzas y agilidad y, en lugar de correr al instante y ganar la competición inmediatamente, se pone a fardar sobre sus posibilidades dando ventaja a la humilde tortuga. En una de estas se echa una siesta y se queda dormida. La tortuga, casi sin hablar, si alardear, con constancia y humildad se dispone, paso tras paso, con muchísimo esfuerzo (porque no estaba genéticamente dotada para ganar) a recorrer todos los metros de la carrera. Y, poco a poco, pasito a pasito, alcanza la meta antes que la arrogante (y veloz) liebre que está tan tranquila durmiendo bajo un árbol.
No creo que sea una sola sino varias a la vez. ¿Qué es eso de burlarse de las pocas habilidades del otro? Que tú eres veloz o ágil, pues enhorabuena y saca partido de tus virtudes con la mayor humildad posible. Quien así se conduce solo demuestra arrogancia y este vicio (que no defecto) nos impide progresar. Sin embargo, la sencilla tortuga, sin apenas posibilidades de conseguir el objetivo, con constancia, esfuerzo y valentía (porque aceptó un reto en el que se encontraba en desventaja) ganó la carrera.
Uno de los cuentos infantiles que hay que leer o hacer que lean para enseñarles a los niños el valor de la humildad, el trabajo bien hecho y la valentía a la hora de afrontar lo difícil. Imposible no es una opción. Recuerda. La tortuga ganó la carrera a pesar de que la liebre era más veloz.

El patito feo que resultó ser un hermoso cisne es otro de mis cuentos favoritos porque muestra el poder de la transformación y la belleza inherente al distinto. El pobre patito feo está totalmente acomplejado porque era distinto a sus hermanos, porque no nadaba como ellos, no era ágil y tampoco mostraba belleza. Apartado del grupo, malvive como puede alrededor de la charca enfrentándose a otros animales que le reprochan su “diferencia”. Duro fue el invierno, pero el pobre patito feo pudo sobrevivir a todos los rigores sociales y de la naturaleza. Un buen día de primavera (símbolo universal del renacer, recordemos) se acerca al lago transparente y, por casualidad, se mira en el reflejo del lago ¡Sorpresa! ¿Qué ven sus ojos? Pues que él no es un pato (y por tanto no puede medirse en belleza con ellos) sino un hermoso cisne de cuello largo, tan guapo y resultón que todos se acercan para admirar su porte y garbo.
¿Quiénes somos en realidad? ¿Cómo nos tenemos que medir? Somos seres únicos, distintos y diferentes a los demás. Jamás nos podrán decir del poder hermoso que anida en nuestro interior. El pato feo fue tan valiente que se apartó del grupo y se enfrentó a otros animales. Su recompensa fue la transformación en un ser bello, pero no solo por fuera ¡eh! que también fue por dentro, donde reside la auténtica belleza.

Lo que este humilde costurero hizo con su vida es creer en sí mismo y todo lo demás son tonterías. Este es uno de los cuentos infantiles que más se adaptan a ese espíritu emprendedor que nuestros niños tienen que dominar si no quieren quedarse rezagados en un futuro incierto. Un sastre pobre, fanfarrón, imaginativo (como El gato con botas del que hablaré en otro momento) sale de su humilde rincón pueblerino en busca de fortuna. Llega a ser rey puesto que, con muchísimos recursos intelectuales, logra convencer a todos que es un fantástico guerrero aunque, en verdad, no llega a entablar batalla alguna con nadie. Se las apaña para ganar una apuesta con un gigante haciendo trapas, vence a unicornios, jabalíes salvajes y hasta a forzudos simplemente con maña, imaginación y espíritu de empresa.
Y es que la historia del sastrecillo valiente es la de un triunfador que llega lejos simplemente confiando en sí mismo hasta extremos insospechados. Y ese poder que anima en su interior es el que le permite llegar a ser rey (otro símbolo universal del poder que reside en nuestro interior) a pesar de ser un humilde sastrecillo.

Es el cuento de la bondad, el de la recompensa por hacer lo que es debido. El protagonista del cuento para niños La mata de habas, a pesar de tener el apoyo del mismísimo San Pedro, se deja engañar en varias ocasiones. Confía demasiado en sus vecinos que se mofan y se aprovechan del buen corazón del muchacho. Pero, la divinidad, que estaba de su parte, le echa una mano para que él se dé cuenta de que le estaban robando y timando.
La bondad siempre tiene su recompensa.
Y con esta sencilla y corta frase (creo que una de las mejores para nuestros niños) dejamos el repaso de los cuentos clásicos por hoy. Otro día más.
Por Candela Vizcaíno

Los cuentos infantiles clásicos que se han leído sin pudor a las niñas durante generaciones muestran princesas casi siempre desvalidas a la espera del príncipe azul que las rescate. Dado que las adultas hemos comprobado que los príncipes azules no existen y que nosotras mismas tenemos que sacarnos las castañas del fuego, no estamos dispuestas a inculcar en la mente de nuestras hijas semejantes despropósitos ni mucho menos a perpetuar los estereotipos de género desde este tipo de literatura.
Es evidente que los cuentos de princesas clásicos colocan a la mujer como un sujeto pasivo en su propia vida. Una vida que es una espera continua, desde la Penélope de la mitología griega hasta la Carrie Bradshaw más moderna y chic. Esperando al príncipe azul, esperando al hombre de su vida. Por suerte hoy tenemos alternativas a esta literatura clásica de princesas expectantes, como El Bosque de las Respuestas, por ejemplo, un cuento donde la princesa protagonista no se sienta a esperar nada ni a nadie y emprende el camino de una forma activa y valiente.
Porque las niñas todavía quieren ser princesas, pero princesas protagonistas y no meras consortes. Porque la semilla de una mujer adulta independiente, autónoma y poderosa se planta desde la infancia, es hora de desterrar algunos mitos ideológicos que encontramos en los cuentos infantiles. Estos son 10 cuentos infantiles clásicos que no debes leer a tu hija.
La mitología griega nos presenta la mismísima reina de Ítaca esperando durante 20 años en su palacio el regreso de su marido Odiseo (Ulises). Mientras Odiseo se lo pasaba en grande de isla en isla y tiro porque me toca intimando con cuanta ninfa, hechicera o princesita se encontraba, Penélope tejía y destejía en su telar.
No pretendemos borrar de un plumazo la mitología ni tampoco cambiar la historia de la literatura infantil, pero el paradigma de Penélope esperando pasivamente a su marido no nos parece el mejor ejemplo para educar a nuestras hijas. Con un poco de imaginación, siempre podemos transformar el cuento. No olvidemos que, al fin y al cabo, el palacio estaba lleno de pretendientes rondando a Penélope.
A la pobre Cenicienta la tenían machacada entre su madrastra y sus hermanastras hasta que un día llegó un hada madrina que la emperifolló para ir a un baile. Allí conoció a un apuesto príncipe y bailaron y bailaron hasta que nos dieron las doce, hora en la que Cenicienta tuvo que salir corriendo y con las prisas perdió un zapato.
Al margen del simbolismo que los zapatos puedan tener en la literatura, ese zapato en concreto quedó como la única muestra para el príncipe de que lo ocurrido la noche anterior había sido real. Y se puso a buscar como loco probando el zapato a todas las mozas del reino. Hasta que llegó a casa de Cenicienta y oye, que no la reconoció. Que el príncipe no se había quedado con su cara, solo con su zapato.
No podemos permitir que una niña crea que un príncipe que no se ha fijado ni en su cara venga a rescatarla de una vida miserable. La situación en la que vivía Cenicienta no es para quedarse sentada esperando a que algo cambie, alguien debería haber animado a Cenicienta a cambiar su vida rodeada de personas tóxicas por una existencia más independiente y feliz. Y mucho más cómoda con zapatillas, para estar más activa.
Érase una vez una princesa con la piel tan blanca como la nieve. Blancanieves, como ocurre en muchos cuentos, no tenía madre, sino madrastra y un padre que no se ocupaba de su hija. La madrastra no podía soportar que al mirarse al espejo, éste le respondiera que no era la más bella del reino, que nunca podría ser tan bella como Blancanieves. Y entonces decide deshacerse de su hijastra de forma definitiva. La violencia implícita en este cuento infantil no pasa desapercibida por la cantidad de intentos de asesinato que sufre Blancanieves.
Qué podríamos decir de la azarosa vida de esta princesita Blancanieves que se pasó media vida torturada por su madrastra que intentaba matarla y otra media trabajando para los 7 enanitos a los que debía mantener la casa limpia y con la comida lista en la mesa. Y cuando consigue pararse a descansar y se queda dormida, va y llega el príncipe esperado. Un príncipe con claros síntomas de necrofilia y que consigue, por casualidad, que la princesita Blancanieves escupa el trozo de manzana envenenada que la mantenía plácidamente dormida.
Pero, príncipe, déjala dormir. Si amas a tu princesa, déjala dormir, que estaría cansada de encargarse de hacer todas la tareas domésticas para 7 personas, por muy pequeñitas que fueran y de esquivar los intentos de asesinato por parte de su malvada madrastra. Príncipe, déjala descansar un ratito más y cuando despierte, ya encontrará ella la forma de solucionar su vida.
La ofensa de no invitar a un hada maligna a los festejos de celebración por el nacimiento de la princesa ocasiona el drama en este cuento infantil que no parece demasiado apropiado para niñas. Magia contra magia, la maldición de que a los 16 años la princesa morirá al pincharse con el huso de una rueca, queda reducida a que en lugar de morir caerá en un profundo sueño.
Después de leer el cuento de Blancanieves, cualquier niña se puede imaginar cómo se despertó la bella durmiente. De nuevo un príncipe con complejo de despertador pasó por el palacio, vio a la princesa tan bella y tan dormidita y no se le ocurrió otra cosa que besarla. La moraleja es que hay que tener mucho cuidado con los príncipes porque tienen la mala costumbre de despertarte. Será mejor mantener a los príncipes alejados de las camas.
La princesa Rapunzel vive encerrada en una altísima torre de imposible acceso salvo por la ventana a la que a veces se asoma la muchacha a cantar. Como no podía ser de otra manera, es una malvada bruja la que tiene a Rapunzel encerrada allí y acude a verla todos los días escalando por su larguísima trenza rubia. Un buen día un príncipe pasa por allí, escucha cantar a Rapunzel y se enamora inmediatamente. Y más se enamora en cuanto ve su larguísimo pelo rubio.
Porque para ser una verdadera princesa, una princesa de esas que merecen la pena hay que ser delicada, saber cantar, tener el pelo largo y, a ser posible, ser rubia. El caso es que hasta que no aparece el príncipe, que aprendió rápido a escalar por su trenza para pasar un rato con ella, Rapunzel no cae en la cuenta de su situación de encierro. Que si no es por príncipe, ¿quién iba a rescatarla? ¿ella misma? Mensajes para no repetir a nuestras niñas.
Una princesa sirena de nombre Ariel hace las delicias de los habitantes del reino submarino. El cuento empieza bien, con una princesa inquieta y activa dispuesta a todo por satisfacer su curiosidad. No le durará mucho su afán de independencia de criterio porque en cuanto conoce al apuesto príncipe su mente se nubla y ya no existe nada más. Él, él, él. ¿Qué fue de la mujer con aspiraciones de saber, de conocer?
Que renunció a su esencia de sirena por amor. Bienvenidas al cuento infantil por excelencia que perpetúa el ideal del amor romántico en el que la princesa deja todo por amor hasta el punto de abandonar su verdadera identidad para estar junto a ese hombre que considera el amor de su vida. Y lo cierto es que no pretendemos que nuestras niñas no se enamoren jamás, sino que jamás renuncien a nada de lo que son o de lo que han conseguido por un hombre.
Esta es la historia de un príncipe muy, muy exigente que quería casarse con la mujer más limpia del reino y para encontrarla las sometía a una extraña prueba. Pedía alojamiento en las casas de las damas más nobles y contaba que su caballo solo comía las pelusas que suele haber debajo de la cama. Lógicamente no encontraba ninguna casa donde no hubiera pelusa debajo de la cama, así que de dirigió de vuelta a su palacio frustrado por no encontrar ninguna mujer lo suficientemente limpia para él.
Para su fortuna, el príncipe tuvo que hacer una parada en la humilde casa de un molinero y allí le pidió a la hija del molinero, más por costumbre que por otra cosa, que le diera de comer pelusa a su caballo. La muchachita se disculpó con el príncipe porque en su casa no encontraría nunca una sola pelusa debajo de la cama de tan limpia como la tenía y así es como la hija del molinero se convirtió en princesa.
El mensaje: niñas, hay que ser muy limpias porque si no, el príncipe no se va a casar con vosotras. Con este mensaje tan contundente que reduce las habilidades de la mujer a la limpieza del hogar nos sobran las palabras para recomendar encarecidamente que nunca jamás nuestras hijas se encuentren con este cuento entre sus manos. Ni debajo de la cama.
De nuevo un príncipe que anda buscando esposa, pero en este caso tiene que ser una verdadera princesa. ¿Cómo saber si es de verdad una princesa? Pues obviamente porque una princesa debe ser delicada. Así, las candidatas a esposas del príncipe tenían que pasar una extraña prueba. Dormir sobre una cantidad considerable de colchones para ver si eran capaces de notar un guisante colocado en el somier.
La princesa delicada apareció, lógicamente, y todos fueron muy felices de encontrar una muchacha tan delicada que notaba un guisante colocado bajo ocho colchones. Al príncipe no le interesaba el amor, ni la inteligencia de la princesa, ni el sentido del humor de la princesa, ni sus capacidades, solo le interesaba su delicadeza. Parece ser que por no importarle, ni siquiera le importaba su nombre, dato que no consta en ninguna de las versiones que no pensamos leer a nuestras hijas.
La historia de la princesa Jasmine es más conocida por su compañero masculino, Aladdin y nos ha llegado masivamente gracias a la factoría Disney, muy prolija en presentar princesas encerradas en estereotipos de género obsoletos y al mismo tiempo peligrosos. En el caso de Jasmine, la princesa parecer tener cierta iniciativa por negarse a un matrimonio concertado, de lo que deducimos que es una de esas princesas modernas que saben decir 'no'.
Sin embargo, el mundo de Jasmine está totalmente masculinizado. Todo lo que hace o no hace la princesa gira alrededor de un mundo de hombres que son quienes deciden y quienes establecen las normas. La protagonista queda relegada a consentir o a negarse según la ocasión, pero en ningún caso puede tomar las decisiones importantes. Sin duda, un gran ejemplo a no seguir.
La factoría Disney quiso lanzar un mensaje muy valioso a las más pequeñas haciendo ver que la belleza está en el interior. Una muchachita tan hermosa que su propio nombre es Bella se topa en su vida con un hombre bestia al que se engancha al mar puro estilo Síndrome de Estocolmo. Sin embargo, el mensaje subyacente a esta historia no es que la belleza está en el interior, sino que hay que sacrificarse para encontrarla.
En un principio, la protagonista Bella vive por y para su padre. Y en un final, vive por y para esa bestia reconvertida en príncipe que, no dudamos ni por un segundo, volverá a convertirse en bestia en cuanto las cosas no salgan como a él le gustan. Nos preguntamos dónde queda la dedicación a ella misma, el cuidado a ella misma y a su autoestima que toda mujer debe tener como prioridad en la vida.
Otro día más, príncipes y princesas
Por Laura Vélez