Baltasar Gracián | biografía, obra, estilo y personalidad

Baltasar Gracián

Baltasar Gracián

Candela Vizcaíno

 

Junto con Francisco de Quevedo, Baltasar Gracián es uno de los más insignes prosistas del barroco español. Nacido en Belmonte (cerca de Calatayud) en enero de 1601 y muerto en Tarazona en diciembre de 1658, pocas anécdotas se pueden contar de su vida que no esté condicionada por su peculiar carácter. Tanto la obra como la personalidad del autor se reflejan en una biografía condicionada por una existencia provinciana no elegida del todo, la desobediencia a la orden a la que pertenecía (los Jesuitas) y la presencia en su vida de un mecenas ilustrado: Juan de Lastanosa. Pero vayamos por partes. 

Biografía de Baltasar Garcián  

Infancia y la importancia de Lastanosa 

Nacido en un remoto rincón de la provincia de Huesca de padre médico, debió recibir una educación de fuerte raigambre cristiana ya que todos los hermanos tomaron votos religiosos. Su infancia pasó en Toledo bajo el amparo de un tío paterno, capellán de San Pedro de los Reyes. Con tan solo 17 años ingresa en la Compañía de Jesús en Tarragona y luego pasa a Calatayud en 1621 donde estudia Filosofía y Letras. Es ordenado presbítero en 1627 y hasta el final de sus días está vinculado a los jesuitas. A pesar de sus votos, Baltasar Gracián incumple reiteradamente las reglas de obediencia al no presentar sus obras para la obligada aprobación (y censura si se diera el caso) de la orden y elige siempre un pseudónimo para sus libros. Como sus superiores saben a ciencia cierta que estos escritos han salido de su pluma, durante toda su vida se vio envuelto en un tira y afloja que le causó más que un quebradero de cabeza.  

Viaja a Valencia en 1630 de donde sale con mal recuerdo a ocupar un puesto de profesor de Teología en Lérida en 1631 y más tarde, en 1633, a Gandía. Regresa a Huesca en 1636 ya con los votos cumplidos. Es aquí donde conoce a don Vicencio Juan de Lastanosa prácticamente vecino de Baltasar Gracián. Era el primero un rico mecenas propietario de un palacio al estilo italiano con una rica colección de arte, una importante biblioteca, un inmenso jardín con fieras y un espíritu cultivado. Nuestro escritor encuentra en las tertulias, los invitados y el ambiente cultural de la casa de Lastanosa el emplazamiento propicio no solo para cultivar su intelecto sino también para atreverse a escribir sus primeras obras. Además, en la misma calle donde se encontraba el Colegio de los Jesuitas y el Palacio de Lastanosa tenía su imprenta abierta Juan Nogués, impresor del los libros de Gracián. Así todo se quedaba entre vecinos.  

Los choques con los jesuitas en la biografía de Baltasar Gracián 

Entrado en la treintena, con los votos jurados, el autor escribe sus obras y las da a la imprenta con un pseudónimo: Lorenzo Gracián. Ni que decir tiene que en la orden saben que es él quien compone dichas líneas. El problema llega porque Gracián (aunque no trata temas teológicos, religiosos o dogmáticos) no presenta a aprobación sus escritos antes de darlos a la imprenta. Es una falta grave cometida, además, a sabiendas. Se empieza a producir, en este momento, un tira y afloja con la orden que durará el resto de su vida. Esta circunstancia, además, es aprovechada por todo aquel mediocre y envidioso que quiere cortar las alas literarias a uno de los mejores escritores del barroco español.  

A finales de 1638 es propuesto como confesor del duque de Nocera y se traslada a Zaragoza. El aristócrata es enviado a la guerra de Cataluña (o de los Segadores, 1640-1652) que tantas secuelas emocionales dejó entre los que participaron. Este desgraciado suceso también caló en el ánimo y en la biografía de Pedro Calderón de la Barca que volvió con heridas y con uno de sus hermanos muerto. Acompañando al duque de Nocera llega a Madrid en 1640 donde publica dos obras más y ve como su protector es encarcelado por intentar mediar en el conflicto. Tras la muerte en prisión del duque, volvió a Zaragoza en lo más crudo de la guerra. Casi como castigo por sus reiteradas desobediencias a la orden al no presentar las obras para su aprobación antes de mandarlas imprimir, fue destinado al frente como sacerdote. Al parecer, realizó una maravillosa labor entre las tropas a pesar de su espíritu pesimista y desencantado.  

A su regreso a Huesca en 1647 sigue con las mismas, publicando sin aprobación, visitando a Lastanosa y estudiando en su maravillosa biblioteca. Como castigo por estas faltas reiteradas, el general de la Compañía Goswin Nickel le prohibió escribir y lo envió a Tarazona donde falleció en 1658.  

Las obras de Baltasar Gracián 

Aunque el escritor se movió por algunos puntos de la geografía española prácticamente no salió de Aragón donde transcurrió el grueso de su vida. Por sus escritos, donde describe la vida vibrante de ciudades importantes de la época, podemos intuir que no solo disponía de imaginación sino que este hecho (el tener que llevar una vida provinciana) influyó en su carácter y, por tanto, en su obra. Sus títulos, no obstante, no solo se encuentran entre lo más importante de la literatura barroca en España sino que ha traspasado las brumas del tiempo con bastante éxito. Estas son las obras de Baltasar Gracián principales:  

1.- El Héroe. Aunque la primera edición conocida data de 1639, se supone que hubo una anterior de 1637. En la obra se concibe la figura de un hombre en abstracto, perfecto y repleto de virtudes.  

2.- El Político don Fernando el Católico. Fue publicada en 1640 y la segunda en Huesca en 1646. Es una obra de historia basada en el monarca que da título al libro. 

3.- El Discreto. Con toda probabilidad estaba escrita en 1645 durante su estancia en Valencia. Se publicó en 1646. En la estela de El Cortesano de Castiglione, Baltasar Gracián enumera las virtudes y grandezas que deben adornar a cualquier hombre de mundo. 

4.- Oráculo manual y arte de prudencia. Es quizás su obra más conocida y la más publicada en la actualidad.  La primera edición data de 1647. En ella nos encontramos una síntesis de la filosofía vital de Gracián comprimidas en frases escuetas que llegan incluso al aforismo.  

5.- El Criticón. Fue publicado en tres partes en 1651, 1653 y 1657. Es la obra maestra del escritor bajo la forma de novela alegórica. Critilo, el protagonista, naufraga y es salvado por el salvaje Andremio. El primero enseña a hablar el segundo y juntos emprenden un viaje en busca de Felisenda. El viaje da pie a poner de relieve el pensamiento y las ideas del escritor. La obra está repleta de simbolismo, fábulas, alegorías…  

6.- Comulgatorio. Publicada en 1655, no solo es la única obra religiosa de Baltasar Gracián sino también la única que fue sometida a la aprobación y censura de la Compañía de Jesús. En el libro reúne una serie de historias piadosas.  

7.- Arte del ingenio. Vio la luz en 1642 y en ella deja por escrito su particular retórica literaria.   

El conceptismo en Baltasar Gracián  

1.- Porque es la primera característica del autor. Su estilo era premeditadamente conciso, culto y elaborado al máximo. 

2.- Relacionado con su personalidad, encontramos un hondo pesimismo que llega a la amargura e, incluso, al malhumor. Aunque es una de las características del barroco, en Gracián la negatividad adquiere tintes extremos, más allá del humor sarcástico de las obras de Francisco de Quevedo. 

3.- Las obras lucen una prosa cuidada al máximo detalle alejándose de cualquier atisbo de popularidad. 

4.- Las frases se sintetizan y se acortan al extremo. Rehúye de la subordinación y reniega de los adjetivos y de los epítetos por considerarlos superfluos. 

5.- La fuerza de la oración y del sentido de la obra recae en los verbos. 

6.- Hay un predominio de palabras cultas, de vocablos a los que se les da la vuelta para encontrar un nuevo significado e, incluso, de neologismos. 

7.- Las figuras retóricas se suceden unas a otras. Gusta de la ironía, de la hipérbole y de las paradojas. 

8.- Las enumeraciones frecuentes convierten las obras de Baltasar Gracián en modernas.  

La compleja personalidad del escritor Baltasar Gracián influyó, por su puesto, en el cariz de su obra pero también en los avatares reseñados en su biografía. Se han conservado escritos en los que se hace notar su falta de humildad hacia los que no hacían gala de un brillante intelecto. El reconocerse con un talento especial y, por las razones que fueran, verse recluido entre los límites de su tierra quizás contribuyó a su malhumor, pesimismo, negatividad y amargura que, en ocasiones, adquieren tintes de resentimiento. Todo ello lo volcó en su obra.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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