Museo del Louvre de París: guía básica para no perderse

Museo del Louvre

Museo del Louvre

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Es tan clásico en un viaje a París que, como la Torre Eiffel, si no te has dado una vuelta por, al menos, unas cuantas salas, puede decirse que no has visitado la Ciudad de La luz. Este Templo de las Musas tiene unas dimensiones gigantescas y llega a ser tan apabullante en su inmensidad que da hasta mareo. Aunque parezca inabarcable desde la otra orilla del Sena, si haces un plan previo (y en eso estamos hoy) vas a poder disfrutarlo como es debido.

Empezamos con un poquito de historia del Museo del Louvre

Los museos son “un invento” de la era contemporánea. Los clásicos (como el Prado en Madrid, el Hermitage en San Petersburgo o el de Brera en Milán) no fueron concebidos como tal. El del Louvre era, en sus inicios, un castillo medieval comenzado a construir en el siglo XII. Y digo comenzado porque las obras no pararon nunca. Tenía esta primera edificación un carácter eminentemente defensivo y, por tanto, tosco y desabrido. Por entonces, París no era la magnífica Ciudad de la Luz y el Amor que conocemos hoy. Era simplemente un poblacho (infectado en verano por mosquitos) hasta donde llegaban los salvajes vikingos para expoliar cualquier cosa de valor.

Andando el tiempo, Francisco I, el mismo rey que comenzó la modernización de Francia (introduciendo las ideas, modos y modales del Renacimiento), en 1546, cansado de tantas incomodidades, ordenó la primera reforma del Museo del Louvre. En esencia, se trataba de convertir el castillo en un palacio que embelleció Catalina de Médicis al gusto italiano.

Cada rey ponía su sala o hacía su propia interpretación del emplazamiento. Así Enrique II, a mediados del siglo XVI, mandó levantar la hermosa y espectacular Sala de las Cariátides. Una nueva reforma llegaría en 1660 con el extravagante Rey Sol. La Comuna de París (esto es, la Revolución Francesa, 1789-1799) ocupó todas y cada una de las salas incendiando parte de las mismas y destruyendo colecciones de lo que era el Palacio de las Tullerías.

Y, un siglo más tarde, con Napoleón III el Louvre se convirtió en una especie de complejo cultural moderno. Se llamó Ciudad Imperial y era un centro administrativo a la par que museo. Aún así, como espacio de exposición de arte estaba abierto desde finales del Siglo XVIII  (con los cierres temporales debido a los incendios revolucionarios). Tenemos que hacer una salvedad. Ese museo primitivo nada tenía que ver con los emplazamientos similares que visitamos hoy en día. Abierto al público, pero solo al instruido, al noble, al que pertenecía a la élite cultural.

La última reforma del Museo del Louvre fue encomendada al gabinete de Ming Pei and Partners, responsable de la maravillosa pirámide de cristal que sirve como acceso. Eso fue en 1983.

Datos curiosos del Museo del Louvre

  • Tiene una extensión de más de 40 hectáreas; esto es, 400.000 metros cuadrados.
  • Son más de 60.000 m2 de salas.
  • Los objetos expuestos abarcan 11 milenios.
  • La colección permanente, cuadro arriba o abajo, la componen más de 33.000 piezas.
  • Se calcula que para poder verlas todas sin sucumbir al Síndrome de Stendhal, se necesitan todos los días de dos años.
  • Es  el museo del mundo con más cantidad y más calidad en las exposiciones temporales. Es normal que consiga organizar entre 6 o 10 al mismo tiempo y todas de primer nivel.
  • Tiene un auditorio propio donde se celebran conciertos y conferencias.

Algunas colecciones  del Museo del Louvre

  • De las civilizaciones etruscas, griegas y romanas se exponen 4.500 obras. Entre ellas destaca la Victoria de Samotracia (190 a.C), La de Dama de Auxerre (630 a.C), el sonriente Caballero Rampin (550 a.C), tipo kuros (muchacho), el Torso de Mileto (480 a.C),
  • De la civilización egipcia se exponen objetos de todo tipo desde relacionados con la escritura, la música y la agricultura hasta, por supuesto sarcófagos y arte funerario. Lo mejor, sin duda, son sus retratos funerios de El Fayum. De Egipto proceden algunas de las obras más señeras del Louvre que te dejo a continuación. Y hay obras de este tipo porque la arqueología, allá por las primeras décadas del siglo XX, no se regía por los mismos parámetros que en la actualidad. A cambio de sufragar los gastos de las excavaciones, Egipto cedió a Francia casi de todo de lo allí encontrado (desde papiros hasta obras de arte). Eso sin contar lo que se tomó prestado (por Napoleón sin ir más lejos) y nunca más se repuso.
  • De las colecciones de pintura destacan, no podía ser de otra manera, las obras francesas desde el siglo XV hasta el XVIII). Las posteriores (como las de los impresionistas) se guardan en el espectacular Museo de Orsay, mucho más pequeño y manejable pero, no por ello, también seductor al máximo.
  • Aunque la pintura francesa es mayoritaria en el Museo del Louvre, no nos podemos olvidar de la italiana de la que se muestran obras de tal envergadura como la Mona Lisa de Leonardo (obra que el genio llevó hasta su retiro y fallecimiento en Amboise), La Gitana o la Muerte de la Virgen de Caravaggio o de Rafael el San Jorge dando muerte al dragón.
  • De la escuela española se pueden disfrutar de obras de El Greco, Murillo, Zurbarán  o Francisco de Herrera, aunque me van a permitir los amantes del arte que para paladear lo mejor de esos creadores son más recomendables otros emplazamientos cercanos. El Greco, por ejemplo, ocupa un lugar prioritario en el circuito cultural de Toledo y Murillo o Zurbarán están muy bien representados en el Museo de Bellas de Arte de Sevilla. Y todo ello sin contar un paseo por el Museo del Prado de Madrid.

20 obras del Museo del Louvre que no te puedes perder

Ya hemos dicho que se necesitan dos años con todos sus días para disfrutar de todo el espacio expositivo de este gran templo y eso sin contar que no te estás entreteniendo con las exposiciones temporales. Así que no hay más remedio que seleccionar e ir de una sala a otra para poder admirar lo mejor de este recinto consagrado al  arte. Te advierto que la selección es también personal y que tú tendrás tus propias 20 obras, pero se trata de elegir.

  • Pisque reanimada por el beso de amor
    Pisque reanimada por el beso de amor
  • San Jorge matando al dragón de Rafael
    San Jorge matando al dragón de Rafael
  • Autorretrato de Rembrandt
    Autorretrato de Rembrandt
  • Baño turco de Ingres
    Baño turco de Ingres
  • Las espigadoras de Millet
    Las espigadoras de Millet
  • Aposentos de Napoleón III
    Aposentos de Napoleón III
  • Mona Lisa
    Mona Lisa
  • Retrato Al Fayum
    Retrato Al Fayum
  • La hilandera
    La hilandera
  • La libertad guiando al pueblo
    La libertad guiando al pueblo
  • Autorretrato de Durero
    Autorretrato de Durero
  • La balsa de la Medusa
    La balsa de la Medusa
  • La coronación de la Virgen de Fra Angelico
    La coronación de la Virgen de Fra Angelico

1.- En el Louvre se encuentra una de las mejores colecciones del Antiguo Egipcio en suelo europeo rivalizando con el Museo de Pérgamo de Berlín. Por su rareza, no te  debes ir sin visitar al  Escriba sentado, con más de 4500 años de historia y que aún conserva parte de la policromía.

2.- Tampoco se quedan atrás las muestras de arte griego y romano antiguo como la conocidísima Venus de Milo.

3.- Las esculturas medievales europeas tienen su mejor representante en la patética Tumba de Philippe Pot de finales del siglo XV.

4.- Más reciente en el tiempo son los Caballos de Marly (del siglo XVIII) realizados en mármol blanco.

5.- Un recorrido por las salas de pintura renacentista con obras de la escuela flamenca o alemana. Destacan tablas de El Bosco, Durero, Cranach, Fran Angélico, Hans Holbein… 

6.- Imprescindible La Mona Lisa de Leonardo da Vinci, a pesar de la masificación de la sala. La mires desde donde la mires te seguirá cautivando con su enigmática sonrisa. Y nunca sabremos si te está seduciendo para que sigas con ella o, sencillamente, se está burlando de todos nosotros, mortales comunes. Del genio italiano también se puede disfrutar de Virgen con el Niño Jesús y Santa Ana.

7.- Tampoco hay que perderse tablas y óleos del Renacimiento italiano como el Retrato de Baltasar de Castiglioni por Rafael.

8.- Ni las pinturas románticas francesas como La libertad guiando al pueblo de Delacroix o La balsa de la Medusa de Géricault. La primera se ha convertido en símbolo de la revolución colectiva e incluso de la rebelión espiritual individual. La segunda, basada en un hecho real, es la manifestación de la esperanza.

9.- En el Museo del Louvre también se encuentra una de las obras que adelantó ese movimiento que ha sido un antes y un después en el arte (el Impresionismo), Las espigadoras de Jean-François Millet

10.- Las obras de Rafael San Jorge combatiendo el dragón y San Jorge dando muerte al dragón y así recordamos esta alegoría del bien luchando contra el mal a la par que nos deleitamos con la belleza de estas dos grandes obras.

11.- De Rembrandt se encuentra en el Museo del Louvre su conocido autorretrato con sombrero de tela y ataviado con todos los avíos del oficio de pintor.

12.- Imprescindibles son las pinturas realistas que cubrían los ataúdes de la zona de Egipto conocida como El Fayum realizados sobre tabla al temple y de un realismo estremecedor.

13.- Si viajas a París con tu amor, es visita imprescindible Psique reanimada por el beso del amor de escultor Antonio Canova y muestra el instante en el que el beso es capaz de cambiar la realidad circundante.

14.- La hilandera de Veermer es una de las grandes obras pictóricas no solo de la escuela holandesa sino de todos los tiempos. Merece la pena pararse un rato para admirar este pequeño cuadro intimista.

15.- De joven, Durero se retrató con melena larga rubia y un extraño sombrero rojo. Esta obra de una belleza arrebatadora se conserva en el Museo del Louvre.

16.- De Fran Angelico se guarda La coronación de la Virgen de una belleza serena con sus azules brillantes y sus rojos carmesís, colores realizados con materiales nobles y naturales que han logrado escaparse a los avatares del tiempo.

17.- El baño turco de Ingres, ejemplo de voluptuosidad en las artes y  también en el tema.

18.- Si vas con tiempo, no te pierdas las puertas, mosaicos y muestras del arte de la antigua Babilonia que no todo se perdió y se olvidó.

19.- Los que gustan de los temas sociales, no pueden olvidarse de los apartamentos de Napoleón III decorados con suntuosa tela roja y que, su visita, por sí sola, explica un poco por qué se produjo la Revolución, aunque sea posterior. 

20.- Y los mitómanos no pueden irse del Museo del Louvre sin echar un vistazo a la auténtica espada del Emperador Carlomagno.

El Museo del Louvre quizás el espacio expositivo del mundo que más apabulle por sus dimensiones, que llegan a ser extenuantes y por la cantidad de obras expuestas. Tú seguramente tendrás tu propia lista. Si quieres dejarla, te lo agradezco.

Por Candela Vizcaíno

 

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