Escapadas románticas con estos 10 lugares secretos en París

En la cama de Toulouse Lautrec

En la cama de Toulouse Lautrec

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El halo misterioso y su fama de romántica (también licenciosa o liberal) de París se forjaron durante la Belle Époque (1871-1914). Por aquellas décadas la Ciudad de la Luz era (literal) el ombligo del mundo. Hasta allí llegaban y seguirían llegando artistas desde todos los rincones del orbe. Con los pintores, escultores o escritores instalados en buhardillas haciendo gala de una vida poco convencional (por decirlo con palabras amables) se juntaron filósofos, políticos exiliados, aristócratas rusos huyendo de la Revolución… La Torre Eiffel se levantó en esta época para asombro del mundo y hoy no hay enamorado de cualquier raza o creencia que sea que no quiera un selfie delante de ella.

París era (aún sigue siéndolo) una nueva babel, un lugar donde los que pensaban diferente anhelaban ir o quedarse para siempre. Los cafés, los cabarets y las casas de placer poblaban los callejones de la Ciudad de la Luz a la par que las librerías y los salones de té abrían cada semana. La vida parecía desenfadada o despreocupada y nada más tenemos que recordar la obra con el ambiente libertino de Henri de Toulouse-Lautrec, por poner un solo ejemplo.  

En 1914 llegaría la Gran Guerra, la Primera, con su sangría de muchachos abatidos o mutilados y ese mundo brillante se evaporó para siempre. El dolor había entrado en la vida parisina y europea. Aún así, la ciudad siguió conservando ese saber estar en el amor que también se recoge, por poner un caso, en la mítica película Casablanca y su “siempre nos quedará París”.

Pero en el París de aquella época (la anterior al conflicto) todo parecía hecho para el amor, para los pecados de la lujuria, para la vida al margen de las preocupaciones pequeño burguesas. Nunca antes se juntaron tantos artistas de tanto renombre y de tanta importancia para la historia en un mismo lugar. No volvería a suceder. París respiraba arte y libertad, primeros condicionantes para el amor. De aquí ha llegado su fama como ciudad romántica, halo misterioso que aún persiste.

Para encontrarnos con ese París de los enamorados hay que recorrerse sus callejones de Saint Germain des Près o Montmatre antes que sus inmensas avenidas. Aún perdura en los veteranos cafés con vidrieras modernistas más que en los grandes hoteles de relumbrón. Tenemos que recogernos en pequeños alojamientos repletos de sedas en las paredes y decorados hasta el sofoco. Hay que apartarse, a veces, del gran turismo y dejarse empapar por la ciudad cogidos de la mano.

Si Cupido te ha clavado sus flechas envenenadas y habéis decido pasar unos días en París (quizás sea una de las ciudades mejor comunicadas del mundo) anota estas sugerencias para volver con ganas de todo.

1.- Sacre Coeur y sus escalinatas de los artistas

En sus escalinatas siempre hay pintores que ofrecen su obra (no tan módico como en otros tiempos) haciéndonos recordar esa vida desenfadada de la Belle Époque. En los bajos del Sacre Coeur hay instalado un tiovivo, como tantos otros que pueblan la Ciudad de la Luz, que nos invita a dar vueltas como nos hace el amor. A su alrededor, a la derecha de la Plaza Louise Michel, se agolpan cafés y restaurantes con puertas en vivos colores. El Sacre Coeur es una iglesia levantada para honrar las almas de los soldados muertos. Eso no quita para que se haya convertido en un lugar que celebra la vida y la ilusión.   

2.-Montmatre con  su aire bohemio y artístico

Bajo el Sacre Coeur se despliega el barrio más artístico de París: Montmatre. Es el lugar ideal para el amor. Por aquí pasaron desde Hemingway hasta Picasso y, por su puesto un Salvador Dalí enamorado de la ciudad. Vicent Van Gogh, Renoir, Manet, Modigliani, Degas quedaron rendidos a los encantos del barrio. El pintor del surrealismo tiene su propio espacio. Es el Espace Dalí al lado de la fotogénica y más que romántica Place du Tertre atestada de mercadillos donde los artistas venden su obra, pianos bar, cafés y casas de poca altura (apenas tres pisos) con el sabor de la bohemia decimonónica.

El Au Lapin Agile, el cabaret con más solera de París, está a poca distancia a igual que  uno de los bistrós más veteranos de la capital, A la Mère Catherine. Los enamorados del arte no pueden perderse el Museo de Montmatre y deben ir en busca de Le Passe-Muraille (1989) del escultor Jean Marais. La obra hace referencia al personaje y novela homónima de Marcel Aymé.

Narra las peripecias de un oscuro oficinista que, un buen día, casi por casualidad, descubre que tiene el poder de atravesar las paredes. Al principio, utiliza ese gran don para robar y realizar fechorías diversas ayudado por la imposibilidad de quedarse preso por mucho tiempo. Pero todo se paga en esta vida y Le Passe Muraille (El pasa murallas) queda hechizado de amor por una mujer casada a la que seduce sin problema alguno ya que puede atravesar la pared nada más oír los pasos del marido engañado. Toda su alegría termina de repente intentando escapar del esposo engañado porque el amante queda atrapado en la pared justo cuando dilapida todo su don.

3.- El Muro de los Te Quiero o Le mur des je t'aime

Menos dramático es Le mur des je t’aime (te lo dejo en francés por si quieres buscarlo en Google Maps) a corta distancia de la Place Émile-Goudeau. La idea surgió de Frédéric Baron y la ejecución es de  Claire Kito, una artista especializada en el difícil y noble arte de la caligrafía. El muro de fondo azul recoge la palabra “Te amo” en más de 300 idiomas con su alfabeto correspondiente unas 1000 veces. ¿Qué pareja de enamorados va a resistirse a hacerse una foto delante de esta gran obra? ¿Y buscar las palabras correspondientes en nuestra lengua materna para dejarla en boca del otro? Esto sí me parece de lo más romántico.

4.-El Puente de las Artes y sus candados

Los sucesivos gobiernos municipales están constantemente amenazando con multas debido al gran peso y al enorme mantenimiento de los candados. Pero, ¿quién puede con la fuerza del amor apasionado? Absolutamente nadie y menos un gendarme malhumorado. El de las Artes es el Puente que une Saint Germain des Près, el barrio literato, con el Museo del Louvre y aquí enamorados de todo el mundo dejan sellada su pasión con un candado cuya llave tiran al río. Si no te ven (¡qué tentación!) es una de esas fantasías románticas que los novios (por muy sensatos que sean) no pueden dejar de hacer.

5.- El Puente Nuevo y tu “Te quiero”

En verdad, el nuevo es uno de los puentes más viejos de la Ciudad de la Luz. Se llamó así porque fue uno de los primeros de piedra construidos en la antigua París. Los anteriores eran simple barcazas con tablones de madera y se pasaba de un lugar a otro como mejor se podía. Dice la tradición que, de manera similar a la Fontana de Trevi de Roma, pero con palabras en lugar de monedas, si pronuncias “Te quiero” delante de la persona amada en este lugar, volverás a París. El mito no especifica si con familia, solo o con un nuevo amor. Quizás da igual porque a esta maravillosa ciudad hay que regresar de muchas maneras.

6.- El Canal de San Martin

Se encuentra un poco apartado de la zona turística de París, pero, con un poco de tiempo, los enamorados no deben perderse este lugar sombreado por árboles y da un paseo agarrado de la mano. El canal se hizo para abastecer de agua potable a la capital y hay zonas que están cubiertas y un poco a resguardo de miradas ajenas. ¿Un beso en este lugar?

7.- Por los cafés de Saint Germain des Près

Si Montmatre es el barrio de los artistas plásticos, Saint Germain des Près es el de los literatos, filósofos, políticos y embaucadores de la palabra. Aquí hay que apartarse un poco de la avenida principal y recorrerse sus callejones empedrados. Míticos cafés como Le Procope, que rivaliza con el Florian de Venecia por ser el más antiguo del mundo, Les Deux Magots, Café de Flore, la Brasserie Lipp o Lauderée sacan sus sillas mínimas a una acera aún más mínima para seguir con la gran tradición parisina. Mi humilde opinión de trotamundos por los cafés es que esto no te lo puedes perder estés o no estés enamorad@.

8.- Una noche en un club de Jazz

Están repartidos sobre todo entre el Barrio Latino y Saint Germain des Près y la gran mayoría tienen ese ambiente decadente que tanto puede gustar cuando se está enamorado. Es mítico la Caveau de la Huchette, pero otros nombres interesantes son Sunset-Sunside, Le Petit Journal St.-Michel, Le Petit Journal Montparnasse, New Morning, Au Duc des Lombards, Baiser Salé, New Morning, Caveau des Oubliettes, , Jazz Club Étoile…

9.- El Museo de la Vida Romántica

El Musée de la Vie romantique en francés es un pequeño espacio que recrea la época de mediados del siglo XIX con sus interiores recargados y esa sensación de calma que tanto conviene al amor. El edificio en sí ya invita a la intimidad, recogido en un callejón y con una enredadera sobre sus paredes.  Los amantes más osados quizás prefieran el Museo de Erotismo, a corta distancia del Moulin Rouge, donde se expone arte de la temática procedente de todos los continentes.

10.- Un beso al anochecer delante de la Torre Eiffel

Y tenemos que terminar con el gran icono de la Ciudad de la Luz, la Torre Eiffel, uno de los primeros monumentos imprescindibles de París. Al caer la tarde, la gran dama se ilumina y su silueta sinuosa se ve desde diversos puntos del Sena. No esperes mucho a la noche y date un beso aquí. Seguro que lo vas a saborear durante mucho tiempo.

Y termino recordándote, enamorado, enamorada, que no hace falta que yo te diga que esta experiencia romántica en París no está completa sin un hotel acorde que sea a la vez recatado, pero que invite a saborear las miles de la pasión como es debido: como en la Belle Époque.

¡Ah! Y me he permitido encabezar el reportaje con la obra de Toulouse-Lautrec, “En la cama” de 1893, porque no solo nos lleva a esa intimidad que todos buscamos sino también al ambiente de la Belle Époque donde comenzó la magia de la París como ciudad del amor.

Por Candela Vizcaíno 

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