Torre Eiffel de París: historia, datos, situación y curiosidades

Plano de la Torre Eiffel

Plano de la Torre Eiffel

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Que la Ciudad de la Luz tiene un halo mágico eso casi nadie lo duda. Aquí se va en busca de sus puentes infinitos que cruzan el río Sena, a sentarse al borde de una acera en alguno de sus cafés (algo que no harías en ningún otro lugar del mundo), a admirar sus monumentos que son más de diez, a perderse por sus tiendas de los Campos Elíseos… Y también se va a admirar su Torre Eiffel. En la era de Instagram, si no tienes una foto ante los hierros de la torre más famosa es como si no hubieras ido a la capital de Francia.

Por eso hoy vamos a dar un repaso de lo que es el monumento más conocido de París, de Francia, casi del mundo. Es un símbolo de la civilización occidental, un icono de los tiempos modernos aunque ya sea centenaria. Con la Torre Eiffel comenzó una nueva era, la del ferrocarril que salía de París para unir la otra punta de Europa (Estambul), la de la velocidad, la de los encuentros entre culturas… La Torre Eiffel, aún hoy en la era rabiosa de Internet, tiene ese halo de modernidad que ningún otro monumento en el mundo consigue alcanzar.

¿Dónde está y dónde se encuentra exactamente La Torre Eiffel?

Está enclavada en una pradera inmensa donde siempre señorea el verde del césped. Son los Campos de Marte, en Los Inválidos. Aquí todo es a escala de gigante desde las avenidas hasta el espacio verde pasando por los edificios y, por supuesto, la Torre Eiffel misma. Está allí desde el año 1889, cuando se levantó para que fuera seña de identidad de la Ciudad de la Luz. Por entonces, se celebraba el triunfo de la razón, de la técnica, de los avances en locomoción (el tren), el principio de los viajes por placer al otro lado del mundo.

En sus inicios, era una estructura de quita y pon. Era algo para quedarse solo lo que durara la Exposición, pero al final se decidió que se quedara definitivamente. Escritores, poetas y personal sensible de París se quejaron por tal decisión, ya que, según ellos, afeaba el paisaje  de la capital reduciendo el encanto de la gran urbe. Cien años después lo que se ha desmontado esa teoría, ya que la Torre Eiffel es, y no hace falta que yo lo diga, el emblema de la Ciudad de la Luz.

Guy de Maupassant, por poner solo un caso, decía que cenaba todas las noches en el restaurante situado en uno de sus plantas porque así no tenía la visión de su estructura. No sabemos si lo hacía por esnobismo o simplemente porque le encantaba la gran torre y por eso hacía tamaño esfuerzo. La verdad es que la silueta de la Torre Eiffel se ve desde distintos puntos de la ciudad y no te la puedes perder, al caer la tarde, si caminas por los malecones del Río Sena.

Anécdotas e historia de la Torre Eiffel

Como he anotado más arriba, fue un invento de ingeniería moderna. Lo suyo fue por un alarde de lo que el hierro podía hacer. En principio, no tenía ningún uso. Ni era una construcción propiamente dicha que albergara cualquier cosa (vivienda, hotel, museo o lo que fuera).

La Torre Eiffel, como la cúpula del Grand Palais también en París, era lo más de lo más en construcción última. El hierro y sus posibilidades no solo sirvieron para crear bellas estructuras, también eran un símbolo de las posibilidades de superación del ser humano. Por entonces se creía que la humanidad crecía y avanzaba sin dar un paso atrás. Había un espíritu positivo impulsado por los nuevos descubrimientos en todos los campos que no veía la parte oscura del hombre. No solo fue en París. En otras ciudades del mundo se alzaron fábricas (sobre todo), puentes en hierro (el de Triana en Sevilla es del mismo creador), edificios comunitarios y sobre todo torres que querían alcanzar el cielo. Los más hermosos rascacielos del mundo estaban a punto de ser construidos. Y la Torre Eiffel fue un precedente.

Y con ese simbolismo ha perdurado hasta hoy en día, era de Internet y las redes sociales. Es como un estandarte de la civilización moderna en la que todos los pueblos del mundo se miran. Es la razón frente a la barbarie. La conciencia frente a la oscuridad. Es la luz frente a las tinieblas. Es la alegría frente a los propagadores del fin del mundo. Es el faro de la libertad. Más incluso que la Estatua de la Libertad de Nueva York. Porque la Torre Eiffel, de inmediato, nos remite a un mundo a la par hedonista y creador.

Cuando se construyó fue el más alto del mundo. No había otro igual. Y habría que esperar a 1931 con la antena del Empire State Buiding de Nueva York para que fuera superada en dimensiones. Pero esa otra maravilla de la arquitectura y del arte (que estudiaremos otro día) no puede rivalizar en mito y gracia con la Torre Eiffel.

Como símbolo que es, ha sido considerada casi como una montaña sagrada para aventureros y locos de distinto pelaje. En más de 100 años que lleva en pie le ha pasado de todo, como ese sastre que quiso salir volando (cual pájaro enorme) desde su último piso y llegó al suelo con un infarto en el corazón. Su nombre Reichelt y el desgraciado accidente fue en 1912. Un día claro, con un traje diseñado por él mismo en forma de capa o de alas de murciélago se lanzó al aire diáfano de París. No acertamos a imaginar qué tipo de competición o de ideas pasó por su cabeza, que estas cosas ya sabemos que no sirven para volar.

Datos curiosos sobre la Torre Eiffel

Al día de hoy no es ni siquiera uno de los edificios más altos del mundo, pero las cifras que ella sola maneja da, a veces, entre vértigo y mareo. Algo que no sucede cuando te pones delante de su estructura de hierro. En ese preciso momento es hasta cálida. Será por conocida. Sin embargo, si eres un amante de los números, apunta lo siguiente:

  • La medición total cogiendo el primer centímetro desde el suelo y el último milímetro de su antena es de 324 metros.
  • Casi todo el mundo ha subido en su ascensor, pero ¿sabías que en su interior hay cerca de 1.700 escalones? Para ser exactos 1.665.
  • Se somete a renovación y a mantenimiento constante, pero, en su día, allá por 1889 se emplearon más de dos millones y medios de remaches.
  • Le afecta la ventisca, pero no se va a caer por un vendaval. Oscila, eso sí, pero todo está bajo control y lo avalan sus más de 100 años en pie. No llega a moverse más de 7 centímetros, una nimiedad en comparación con la mole de hierro que es.
  • Se calcula que el peso total es de más de 10.000 toneladas.
  • Los de mantenimiento han proyectado que necesitan más de 60 toneladas de su preciosa pintura cada cinco años para que siga luciendo tan hermosa, al menos, otros 100 años más. El hierro, recordemos, se oxida, y necesita repintados constantes.
  • Aunque la mayoría de los visitantes se quedan en el segundo nivel. Desde el último, el tercero, en días claros y luminosos (no tan frecuentes en París), se puede ver más allá de los cincuenta kilómetros a la redonda. Eso es bastante.
  • En el interior hay un pequeño museo donde se explica y se enseña su historia, curiosidades y avatares. Se llama Cineiffel.
  • Hay un restaurante en el que hay que reservar con mucha antelación. Es el mismo en el que comía el diletante Guy de Maupassant.
  • Como hay mucha cola para subir, lo mejor es que te hagas las fotos fuera (que no pasa nada) o que reserves vía online. Ya estamos en otra era.

Datos prácticos por si vas a comprar las entradas vía online

  • Es mejor que te dirijas a la página oficial de la Torre Eiffel. Aunque otros sitios de Internet las venden, aquí tienes garantía al 100%.
  • Puedes elegir entre subir los escalones o pillar el ascensor. El ticket, con descuentos para colectivos diversos no baja de los nueve euros. Solo es gratis para los menores de cuatro años. Alguno intrépido habrá que se lo pase de cine sin atender al vértigo.
  • El segundo nivel es más barato y estás a tan “solo” 115 metros desde el suelo. Puedes elegir también entre subir sus cerca de 360 escalones (casi 20 pisos). El precio es más reducido y la sensación de vértigo mucho menor. Recuerda que alrededor de la Torre Eiffel no hay nada. Bueno… una pradera verde inmensa y el abismo de ese vacío no es apto para todos.

No hace falta que sea yo la que diga que ir a París y no ver la Torre Eiffel es como no hacer un viaje completo. Es visita imprescindible.

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Por Candela Vizcaíno 

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