Recorriendo el Valle de la Dordoña en Francia

Recorriendo el Valle de la Dordoña en Francia

  

Ruta en coche por el Valle de la Dordoña, en la región central de Francia recorriendo sus pueblos encaramados, sus viñedos y sus mercados locales en los que resplandece con brillo propio el exquisito paté de oca original. 

Hay una región en el centro de Francia que simboliza toda la suavidad y saber vivir del país galo: el Valle de la Dordoña. Aquí, entre castillos aristocráticos reconvertidos en viñedos, granjas con el exquisito paté de oca, cuevas con restos de pinturas rupestres e impresionantes pueblos la vida se hace dulce y agradable. La ruta se puede hacer en coche ya que las opciones de alojamiento son casi infinitas. Eso sí, todo tiene que ser lentamente para zambullirse de pleno en una forma de vida que hace de los grandes placeres sencillos de la tierra una forma de vida. El Valle de la Dordoña está a unas cuantas horas de París y su apabullante patrimonio monumental y también a media jornada de otro punto caliente francés: el Valle del Loira. Este último con sus grandes castillos (Chambord, Cheverny, Amboise…) representa el vestigio de los grandes fastos reales mientras que en la Dordoña todo es más contenido y a escala humana. Las tres paradas que te pongo a continuación son, sencillamente, las que no te puedes perder.  

1.- Sarlat la Caneda y su mercado, eje del Valle de la Dordoña  

En pleno Valle de la Dordoña, en la región de Aquitania, allí donde se entrecruzan la calma, el arte desde los tiempos de las cavernas (y prueba de ello es Lascaux), la buena mesa (paté de oca, manzanas, truchas... todo riquísimo), el recuerdo de épocas pasadas y cálido ambiente sureño se encuentra Sarlat la Caneda. El pueblo está protegido por su patrimonio artístico y cultural y se recorre caminando entre casas de piedras con sus particulares tejados de pizarra en punta. La mayoría de las viviendas han sido reconvertidas en tiendas con productos y artesanías locales y en encantadores hoteles boutiques.  

El Vieux Sarlat fue declarado patrimonio artístico allá por el año 1962 siendo ministro de cultura el novelista André Malreaux. Está conformado por un conjunto magníficamente cuidado de estrechas callejuelas donde se suceden casas solariegas, mercados, iglesias, anticuarios y tiendas de moda exclusiva. 

Valle de la Dordona 2  Sarlat la Caneda 

Qué hacer y ver en Sarlat la Caneda en una lista 

Aunque esta vieja villa aristocrática es destino favorito de propios y extraños, como otros enclaves galos, no acusa el turismo de masas.  

1.- Se puede pasear tranquilamente por sus calles. Así que busca los siguientes nombres en el mapa:  Rue Jean-Jacques Rousseau, Rue de la Rèpublique, Rue d’Albusse… Las plazas se han convertido en los espacios de encuentro y a ella se abren las cafeterías.  La de La Libertè es ideal para un descanso

2.- Se puede acceder a sus casas solariegas con nombres tan sugerentes como la Maison de la Boètie u Hotel de Maleville…

3.- Por supuesto hay que dejarse impregnar por la atmósfera sacra de La Catedral (La Cathédrale de St-Sacerdos) o el Palacio Episcopal, anexo o la Iglesia de Ste-Marie.

4.- No te puedes ir de Sarlat la Caneda, eje central del comercio del Valle de la Dordoña sin comprar trufas y paté de oca en el mercado cubierto situado en una iglesia desacralizada. Su visita es toda una experiencia para los sentidos.

5.- Los viajeros aficionados a la gastronomía no se van a ir sin probar la consistente cassoulet, uno de los platos típicos de Francia y originario de estos lares. Se trata de un guiso de alubias blancas con verduras y carne de oca o pato con embutidos. Decir que está delicioso es quedarse cortos.  Ten por seguro que el viaje colmará los deseos de cualquier sibarita que se precie.

6.- Y, por último, hay que dejar simplemente que el tiempo pase sentados en cualquier restaurante de este bello enclave del Valle de la Dordoña.

 

2.- El pueblo troglodita de Rocamadour, siguiente parada imprescindible en el Valle de la Dordoña

Adentrarse en Rocamadour es dejarse invadir por la ilusión de un lugar mágico, perdido, remoto, oculto a los profanos entre grandes rocas. Este escarpado pueblo de la región del Quercy no pertenece en paridad al Valle de la Dordoña pero está a poco menos de una hora en coche desde Sarlat la Caneda. Así que hay que colocarlo en la ruta sí o sí por su impresionante belleza. Rocamadour creció al calor de los milagros que, desde 1166, venía repartiendo a los fervorosos devotos que hasta ella se acercaban a venerar la imagen de la Virgen Negra.

Rocamadour es un pueblo imposible, onírico, condicionado por lo sacro, pero, a la vez, profano, alegre, culto y cultivado, totalmente diferente a otros centros de peregrinación de la vieja Europa. Rocamadour, más bien, parece el decorado de una película de aventuras, el lugar recóndito donde se esconde un tesoro... Pero Rocamadour es, ante todo, una montaña, una gran roca que se eleva desde la tierra hacia el cielo a través de una escalera empinada de 233 peldaños (y un moderno funicular para los perezosos). 

Valle de la Dordona 3 Rocamadour 

Qué ver y hacer en Rocamadour

1.- La Plaza (plazoleta más bien) de las Iglesias se encuentra en la cima de la peña, rodeada por sus 7 iglesias abigarradas, pequeñas, pero claras y diáfanas. 

2.- En una de ellas, en la Capilla de Nuestra Señora (Chapelle de Notre-Dame) se venera y se custodia la Virgen Negra. Es una talla de un bello ejemplo de arte medieval en madera siguiendo el estilo románico. 

3.- El viajero podrá pedir sus deseos a la Virgen, pero no podrá abandonar Rocamadour sin atreverse con la vista panorámica –y vertiginosa- desde L’Hospitalet. Eso sí, no es apta para los que sufren del mal de altura. 

4.- Más cerca del cielo que de la tierra, los tejados escalonados del pueblo y la serpenteante carretera, aún estando a pocos metros del visitante, se antojarán lejanos.  

Rocamadour se disfruta en una mañana o en una tarde y se aconseja ropa y zapatos cómodos para no resbalar en sus calles empedradas.  

3.-  Arte paleolítico en el Valle de la Dordoña: las cuevas de Lascaux

El tercer imperdible son las cuevas de Lascaux o, más bien, su réplica exacta. Descubiertas por casualidad en 1940, se abrieron, en un principio, al público para cerrarlas en los años sesenta. Las pinturas rupestres representando animales de caza y puntos se deterioraron por la acción del dióxido de carbono de la respiración. Actualmente esta muestra de arte prehistórico (como buena parte de la cultura de esta época) está bajo la protección de la Unesco en su categoría máxima: Patrimonio de la Humanidad. 

Valle de la Dordona 5 

Nombrar el Valle de la Dordoña, en definitiva, es acercarse a esa dulce Francia que cuida sus pueblos con mimo y un irresistible buen gusto. Además, aquí se viene para disfrutar de las cosas del buen comer y de los deliciosos vinos de la zona. El paté de oca es el indiscutible rey de la tierra y te puedes aprovisionar en cualquier tienda de los múltiples pueblecitos de este maravilloso trocito de mundo. 

Fotos y texto por Candela Vizcaíno

 

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