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Recorrido histórico por el origen, definición e introducción al coleccionismo de los exlibris personalizados.

¿Qué es un exlibris? ¿Para qué sirve? ¿Dónde se encuentran?

Se aceptan distinta ortografía: exlibris, ex libris ex-libris y siempre con minúsculas haciendo una sola palabra (un sustantivo).  ¿Y qué es? ¿Qué son? Los exlibris (así escribiré el vocablo en este artículo) son, resumiendo mucho, las marcas de propiedad que se colocan a los libros. Y cuando digo libro no me refiero al e-book o a cualquier otro soporte en formato electrónico. Estos libros que llevan exlibris son los tradicionales, los que tienen hojas, pastas y van cosidos en el lomo. Son los que estaban en las bibliotecas de casa de los abuelos…  Y digo esto porque los exlibris, aunque existen coleccionistas actuales y es una forma sencilla y hasta económica de acceder al arte como propiedad patrimonial, son casi objetos del pasado o, al menos, con “sabor” a ayer.

Aunque los exlibris de este post (de mi propiedad y a mi nombre) son pequeñas obras de arte, no tienen por qué tener esta característica. Esto es, no tienen que ser artísticos, aunque lo mejor del coleccionismo sea precisamente esto: arte. Un exlibris es, en esencia, una marca de propiedad que se pone en un libro físico. Así que exlibris, en puridad, puede ser esa nota manuscrita (muy de adolescente) diciendo “este libro pertenece a…” hasta obras de arte seriados como las que te muestro. Exlibris son también esos sellos de tampón que se ponen (sobre todo en colecciones públicas hasta el hartazgo y a veces estropeando el libro) señalando la pertenencia a tal cual o biblioteca. Sin embargo, si la marca no se encuentra dentro del libro sino que aparece en la portada (grabada a fuego en la piel o formando parte de la encuadernación) el nombre que recibe es superlibris.

Así que si un libro tradicional en alguna de sus hojas lleva el nombre de su propietario (ya sea noble o plebeyo, particular o público) de cualquier forma posible (garabato u obra de arte) eso es un exlibris.

Todos ellos son, en sentido estricto, exlibris. Pero los que son objeto de coleccionismo y estudio por parte de los eruditos son los que, de alguna manera u otra tienen un sentido artístico (algunos muy acusado) o bien histórico. Entre estos últimos se encuentran los exlibris heráldicos o las marcas de propiedad de nobles del pasado con buenas bibliotecas (casi todos ellos porque era una forma de diferenciarse y de marcar la pertenencia a la elite económica y social). Estos exlibris suelen tener el escudo de la casa familiar y, aunque con un valor histórico, no tienen nada que ver con aquellos encargos más personales a artistas, en algún caso, de primera línea internacional. Este tipo de marcas alegóricas (no ya con el escudo nobiliario) comenzaron a ser predominantes a partir de la primera mitad del siglo XIX.

Los exlibris artísticos, aquellos que, de alguna manera u otra, marcan los gustos de su propietario, pueden estar reproducidos con técnicas nobles tales como la litografía o xilografía (muy buenos los actuales de artistas argentinos, por poner solo un caso), calcografía o serigrafía. También encontramos otros reproducidos en offset.

Una biblioteca con exlibris de la manera que sea dice de un espíritu especial de su dueño. Estamos (casi con un 99% de probabilidades) ante un bibliófilo que ama los libros más allá de lo que dicen. Los desea por lo que son, significan o simbolizan (una puerta al conocimiento). Un libro con un exlibris se convierte, por tanto, en un objeto único.

Pero, ¿Qué características debe tener un exlibris para que sea considerado como tal?

Aunque en España hay un coleccionismo discreto, este es importante en países de habla inglesa, alemana y, también, en algunas zonas de Hispanoamérica. Los entendidos consideran que deben tener estas características para que sean considerados como tales:

Nada de imaginación, ya que el vocablo exlibris (en cualquiera de sus variantes) tiene que aparecer bien visible. También cuenta los términos “de la biblioteca de” o “de los libros de…” A partir del siglo XIX, con el auge de las especializaciones, algunos coleccionistas se hicieron grabar marcas especiales para los ejemplares de sus temas favoritos. Los más comunes fueron para los ejemplares de música (ex musicis), para los caros o raros (ex fine libris) y muy comunes los guardados bajo llave (solo para amigos íntimos) bajo la etiqueta ex eroticis.

  • ¿Y de quién son los libros? Así que la segunda característica tiene que ser el nombre del propietario siempre completo e incluso con el tratamiento (Doctor, Conde, Marqués…)
  • También debe tener una ilustración que pueden ser de todas las temáticas posibles: paganas (en mi caso), eróticas, mencionando profesión, gustos, disgustos, procedencia, origen, manías o vanidades varias.
  • Porque terminamos con lo último. El exlibris denota un amor por las letras, los libros, el conocimiento y el arte (todo junto y a la vez), pero, a la vez, su posesión (y coleccionismo) no está exenta de un gesto de exhibicionismo. Aunque difícil de entender en la era de Internet y las redes sociales hasta hace poco era así considerado. Alguien que se hacía un exlibris de alguna manera u otra estaba hablando al mundo de su personalidad, gustos, manías y de la posesión de una extensa biblioteca que formaba parte de su patrimonio. Hoy, que se cuenta todo en las redes sociales, esto puede parecer pueril, pero no era así hasta hace escasas décadas.

Los exlibris de colecciones importantes (léase libros caros en subastas) o públicas también tenían como finalidad evitar el robo. Por eso, hay una buena cantidad de ejemplares de colección faltos de alguna hoja o páginas. A partir de la imprenta, los libros eran todos iguales. Sin exlibris no se sabe de dónde se ha sustraído.

Origen y evolución del exlibris: desde los primeros ejemplares conocidos hasta la imprenta

El exlibris más antiguo conocido hasta ahora perteneció al Faraón Amenofis III (1405-1370 a.c.) No es de papel. Está realizado en loza vidriada en azul y se supone que se unía con una cinta a los rollos de papiros de la biblioteca real. No es de  extrañar que una civilización que creó la inigualable Biblioteca de Alejandría tuviera la costumbre de marcar la propiedad. Se encuentra en el Museo Británico de Londres.

Son difíciles de encontrar ejemplares de exlibris (sí rúbricas de propiedad) en los libros más antiguos que nos han llegado. La fragilidad de los soportes, unido a los terrores del tiempo, no han contribuido a ello.

Por eso hay que esperar a los códices medievales para encontrar hermosos y bellos exlibris realizados junto con la miniaturas o haciendo un todo con las delicadas ilustraciones de la que hacen gala alguno de ellos (Bestiarios, Beatos, Herbarios…). El más antiguo es precisamente hispánico y pertenece a la categoría de los laberínticos. Se llaman así porque entre cuadrículas y rectángulos (como un sudoku o un crucigrama) se insertaban (siguiendo un juego) el nombre del propietario o cualquier otra característica de la colección. De los scriptoria medievales han salido exlibris de una belleza sublime. Algunas de esas obras, como el Códice Calixtinum, son hoy propiedad de la humanidad.

Sin embargo el primer exlibris moderno (esto es, de etiqueta y no inserto en un libro) está realizado en papel y pertenece a un monje (Hidelbrando de Branderburg). Lo colocó en la colección que donó al Monasterio de Buxheim entre 1470 y 1480. Quería asegurarse que esos eran los libros que él regalaba.

El primer hispánico moderno (que los medievales son de la tierra) es un grabado en madera de 1568 de Francisco de Tarafa. A partir de esa fecha, sin ser legión, si tenemos algunos de personajes conocidos e ilustres como el de Gaspar Melchor de Jovellanos ilustrado por Goya.

Hasta el siglo XIX los exlibris de etiqueta eran patrimonio de bibliotecas de mucha calidad tanto por la cantidad como por la antigüedad. Con la llegada del Arts and Crafts, primero, y el Modernismo, después, y su gusto por la artesanía ligado al arte comienza el auge del exlibrismo entendido como coleccionismo y manía bibliófila. Fue una reacción a la invasión y el abaratamiento de los libros y también a la creación de las primeras bibliotecas públicas. Los grandes coleccionistas (y los pequeños con posibles o henchidos de orgullo de su saber o patrimonio) comienzan a mimar las colecciones en todos los sentidos. Querían diferenciarla de las populares y baratas que empezaban a crearse por entonces.

La historia de los exlibris desde Arts and Crafts hasta la actualidad

El inicio de esta contra-revolución hacia los libros seriados se encuentra en la Kelmscott Press abanderada por William Morris. El movimiento inglés retoma el gusto por la imprenta tal cual se hacía con las prensas de Gutenberg. Se imprimen obras de gran calidad en pequeñas tiradas. Se retoma la encuadernación artística. Se encargan ilustraciones a artistas de renombre y… se hacen grabar exlibris para diferenciarse del resto. En este momento se abandona la heráldica de escudos familiares (la mayoría de los propietarios eran plebeyos) y comienzan los exlibris alegóricos con una fuerte calidad artística.

El libro ya no es solo un objeto de conocimiento o de divulgación y, por sí, se intenta realizar un producto artístico de principio a fin. Se buscaba un buen papel, se realizaban los tipos manualmente ex profeso, se ilustraba con autores de renombre, se encuadernaba en piel, se hacían unas guardas artesanales y los poseedores de tales ejemplares se hacían imprimir un exlibris. Que comenzara a circular entre coleccionistas y clubes privados era sinónimo de excelencia (o de apariencia de excelencia).

Comienza así el coleccionismo de exlibris en Europa con asociaciones y eruditos hablando sobre ellos. Hay también un tímido interés en América y en Japón donde no se ha perdido la tradición de los exlibris de tampón con tinta roja.

Los exlibris contemporáneos, los realizados a finales del siglo XX, aún teniendo una fuerte impronta artística y de coleccionismo eran encargos, en su mayoría, de bibliófilos con buenas bibliotecas. Aunque esas estampas no fueran adheridas a los libros, sí correspondían a coleccionistas que tenían orgullo por sus libros.

En los últimos veinte años el exlibrismo casi se ha ido separando de la bibliofilia y se acerca más al coleccionismo de estampas o de arte. Los libros han ido desapareciendo de los domicilios particulares. Siguen atesorando el saber y la belleza pero ambos se busca en la inmaterialidad de la red. Sin embargo, se siguen haciendo exlibris por el mero placer de coleccionar, de intercambiar o incluso de exhibir en las paredes como se haría con un cuadro.

Breve introducción al coleccionismo de exlibris

El doctor Thebussem (1828-1918), un estrafalario hidalgo de Medina Sidonia (Cádiz), decía que “la afición a coleccionar menudencias (es) el primer grado de enajenación mental”. Sin llegar a ello, hoy en día, el coleccionismo de cualquier cosa (por las particularidades de la vida cotidiana con su falta de espacio y tiempo), se hace difícil. Los cambios en la era de Internet no son muy amigos de las colecciones que necesitan la serenidad de un emplazamiento y personas a seguir su pasión durante décadas.

Sin embargo, los exlibris de alta calidad artística sí se prestan a ser coleccionados. Son fáciles de archivar, guardar y trasladar (también importante en el siglo XXI). Aunque existen asociaciones que publican revistas y hacen encuentros temáticos, también es fácil encontrar grupos en las redes sociales (Facebook sobre todo) formados por artistas y coleccionistas. Es relativamente sencillo encontrar un creador que se adapte a nuestros gustos y encargar una tirada limitada que luego nos sirva para intercambiar y hacerse con una pequeña colección.

Aún es un “vicio” elitista porque estamos hablando de hacer inversión en artes gráficas, pero es una buena manera de adentrarse en un fascinante mundo (decadente para algunos) que nos habla de conocimientos y bellas palabras que se desparramaban cuando se abría un libro.

Nota.- Todos los exlibris pertenecen a mi colección particular.

Por Candela Vizcaíno

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El arte es lo que queda cuando todo ha pasado. Es lo inmutable dentro del cambio. Es la belleza en un mundo en caos. El arte es parte importante de este sitio. Intentamos comprenderlo. 

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Recorrido histórico por el origen, definición e introducción al coleccionismo de los exlibris personalizados.

¿Qué es un exlibris? ¿Para qué sirve? ¿Dónde se encuentran?

Se aceptan distinta ortografía: exlibris, ex libris ex-libris y siempre con minúsculas haciendo una sola palabra (un sustantivo).  ¿Y qué es? ¿Qué son? Los exlibris (así escribiré el vocablo en este artículo) son, resumiendo mucho, las marcas de propiedad que se colocan a los libros. Y cuando digo libro no me refiero al e-book o a cualquier otro soporte en formato electrónico. Estos libros que llevan exlibris son los tradicionales, los que tienen hojas, pastas y van cosidos en el lomo. Son los que estaban en las bibliotecas de casa de los abuelos…  Y digo esto porque los exlibris, aunque existen coleccionistas actuales y es una forma sencilla y hasta económica de acceder al arte como propiedad patrimonial, son casi objetos del pasado o, al menos, con “sabor” a ayer.

Aunque los exlibris de este post (de mi propiedad y a mi nombre) son pequeñas obras de arte, no tienen por qué tener esta característica. Esto es, no tienen que ser artísticos, aunque lo mejor del coleccionismo sea precisamente esto: arte. Un exlibris es, en esencia, una marca de propiedad que se pone en un libro físico. Así que exlibris, en puridad, puede ser esa nota manuscrita (muy de adolescente) diciendo “este libro pertenece a…” hasta obras de arte seriados como las que te muestro. Exlibris son también esos sellos de tampón que se ponen (sobre todo en colecciones públicas hasta el hartazgo y a veces estropeando el libro) señalando la pertenencia a tal cual o biblioteca. Sin embargo, si la marca no se encuentra dentro del libro sino que aparece en la portada (grabada a fuego en la piel o formando parte de la encuadernación) el nombre que recibe es superlibris.

Así que si un libro tradicional en alguna de sus hojas lleva el nombre de su propietario (ya sea noble o plebeyo, particular o público) de cualquier forma posible (garabato u obra de arte) eso es un exlibris.

Todos ellos son, en sentido estricto, exlibris. Pero los que son objeto de coleccionismo y estudio por parte de los eruditos son los que, de alguna manera u otra tienen un sentido artístico (algunos muy acusado) o bien histórico. Entre estos últimos se encuentran los exlibris heráldicos o las marcas de propiedad de nobles del pasado con buenas bibliotecas (casi todos ellos porque era una forma de diferenciarse y de marcar la pertenencia a la elite económica y social). Estos exlibris suelen tener el escudo de la casa familiar y, aunque con un valor histórico, no tienen nada que ver con aquellos encargos más personales a artistas, en algún caso, de primera línea internacional. Este tipo de marcas alegóricas (no ya con el escudo nobiliario) comenzaron a ser predominantes a partir de la primera mitad del siglo XIX.

Los exlibris artísticos, aquellos que, de alguna manera u otra, marcan los gustos de su propietario, pueden estar reproducidos con técnicas nobles tales como la litografía o xilografía (muy buenos los actuales de artistas argentinos, por poner solo un caso), calcografía o serigrafía. También encontramos otros reproducidos en offset.

Una biblioteca con exlibris de la manera que sea dice de un espíritu especial de su dueño. Estamos (casi con un 99% de probabilidades) ante un bibliófilo que ama los libros más allá de lo que dicen. Los desea por lo que son, significan o simbolizan (una puerta al conocimiento). Un libro con un exlibris se convierte, por tanto, en un objeto único.

Pero, ¿Qué características debe tener un exlibris para que sea considerado como tal?

Aunque en España hay un coleccionismo discreto, este es importante en países de habla inglesa, alemana y, también, en algunas zonas de Hispanoamérica. Los entendidos consideran que deben tener estas características para que sean considerados como tales:

Nada de imaginación, ya que el vocablo exlibris (en cualquiera de sus variantes) tiene que aparecer bien visible. También cuenta los términos “de la biblioteca de” o “de los libros de…” A partir del siglo XIX, con el auge de las especializaciones, algunos coleccionistas se hicieron grabar marcas especiales para los ejemplares de sus temas favoritos. Los más comunes fueron para los ejemplares de música (ex musicis), para los caros o raros (ex fine libris) y muy comunes los guardados bajo llave (solo para amigos íntimos) bajo la etiqueta ex eroticis.

  • ¿Y de quién son los libros? Así que la segunda característica tiene que ser el nombre del propietario siempre completo e incluso con el tratamiento (Doctor, Conde, Marqués…)
  • También debe tener una ilustración que pueden ser de todas las temáticas posibles: paganas (en mi caso), eróticas, mencionando profesión, gustos, disgustos, procedencia, origen, manías o vanidades varias.
  • Porque terminamos con lo último. El exlibris denota un amor por las letras, los libros, el conocimiento y el arte (todo junto y a la vez), pero, a la vez, su posesión (y coleccionismo) no está exenta de un gesto de exhibicionismo. Aunque difícil de entender en la era de Internet y las redes sociales hasta hace poco era así considerado. Alguien que se hacía un exlibris de alguna manera u otra estaba hablando al mundo de su personalidad, gustos, manías y de la posesión de una extensa biblioteca que formaba parte de su patrimonio. Hoy, que se cuenta todo en las redes sociales, esto puede parecer pueril, pero no era así hasta hace escasas décadas.

Los exlibris de colecciones importantes (léase libros caros en subastas) o públicas también tenían como finalidad evitar el robo. Por eso, hay una buena cantidad de ejemplares de colección faltos de alguna hoja o páginas. A partir de la imprenta, los libros eran todos iguales. Sin exlibris no se sabe de dónde se ha sustraído.

Origen y evolución del exlibris: desde los primeros ejemplares conocidos hasta la imprenta

El exlibris más antiguo conocido hasta ahora perteneció al Faraón Amenofis III (1405-1370 a.c.) No es de papel. Está realizado en loza vidriada en azul y se supone que se unía con una cinta a los rollos de papiros de la biblioteca real. No es de  extrañar que una civilización que creó la inigualable Biblioteca de Alejandría tuviera la costumbre de marcar la propiedad. Se encuentra en el Museo Británico de Londres.

Son difíciles de encontrar ejemplares de exlibris (sí rúbricas de propiedad) en los libros más antiguos que nos han llegado. La fragilidad de los soportes, unido a los terrores del tiempo, no han contribuido a ello.

Por eso hay que esperar a los códices medievales para encontrar hermosos y bellos exlibris realizados junto con la miniaturas o haciendo un todo con las delicadas ilustraciones de la que hacen gala alguno de ellos (Bestiarios, Beatos, Herbarios…). El más antiguo es precisamente hispánico y pertenece a la categoría de los laberínticos. Se llaman así porque entre cuadrículas y rectángulos (como un sudoku o un crucigrama) se insertaban (siguiendo un juego) el nombre del propietario o cualquier otra característica de la colección. De los scriptoria medievales han salido exlibris de una belleza sublime. Algunas de esas obras, como el Códice Calixtinum, son hoy propiedad de la humanidad.

Sin embargo el primer exlibris moderno (esto es, de etiqueta y no inserto en un libro) está realizado en papel y pertenece a un monje (Hidelbrando de Branderburg). Lo colocó en la colección que donó al Monasterio de Buxheim entre 1470 y 1480. Quería asegurarse que esos eran los libros que él regalaba.

El primer hispánico moderno (que los medievales son de la tierra) es un grabado en madera de 1568 de Francisco de Tarafa. A partir de esa fecha, sin ser legión, si tenemos algunos de personajes conocidos e ilustres como el de Gaspar Melchor de Jovellanos ilustrado por Goya.

Hasta el siglo XIX los exlibris de etiqueta eran patrimonio de bibliotecas de mucha calidad tanto por la cantidad como por la antigüedad. Con la llegada del Arts and Crafts, primero, y el Modernismo, después, y su gusto por la artesanía ligado al arte comienza el auge del exlibrismo entendido como coleccionismo y manía bibliófila. Fue una reacción a la invasión y el abaratamiento de los libros y también a la creación de las primeras bibliotecas públicas. Los grandes coleccionistas (y los pequeños con posibles o henchidos de orgullo de su saber o patrimonio) comienzan a mimar las colecciones en todos los sentidos. Querían diferenciarla de las populares y baratas que empezaban a crearse por entonces.

La historia de los exlibris desde Arts and Crafts hasta la actualidad

El inicio de esta contra-revolución hacia los libros seriados se encuentra en la Kelmscott Press abanderada por William Morris. El movimiento inglés retoma el gusto por la imprenta tal cual se hacía con las prensas de Gutenberg. Se imprimen obras de gran calidad en pequeñas tiradas. Se retoma la encuadernación artística. Se encargan ilustraciones a artistas de renombre y… se hacen grabar exlibris para diferenciarse del resto. En este momento se abandona la heráldica de escudos familiares (la mayoría de los propietarios eran plebeyos) y comienzan los exlibris alegóricos con una fuerte calidad artística.

El libro ya no es solo un objeto de conocimiento o de divulgación y, por sí, se intenta realizar un producto artístico de principio a fin. Se buscaba un buen papel, se realizaban los tipos manualmente ex profeso, se ilustraba con autores de renombre, se encuadernaba en piel, se hacían unas guardas artesanales y los poseedores de tales ejemplares se hacían imprimir un exlibris. Que comenzara a circular entre coleccionistas y clubes privados era sinónimo de excelencia (o de apariencia de excelencia).

Comienza así el coleccionismo de exlibris en Europa con asociaciones y eruditos hablando sobre ellos. Hay también un tímido interés en América y en Japón donde no se ha perdido la tradición de los exlibris de tampón con tinta roja.

Los exlibris contemporáneos, los realizados a finales del siglo XX, aún teniendo una fuerte impronta artística y de coleccionismo eran encargos, en su mayoría, de bibliófilos con buenas bibliotecas. Aunque esas estampas no fueran adheridas a los libros, sí correspondían a coleccionistas que tenían orgullo por sus libros.

En los últimos veinte años el exlibrismo casi se ha ido separando de la bibliofilia y se acerca más al coleccionismo de estampas o de arte. Los libros han ido desapareciendo de los domicilios particulares. Siguen atesorando el saber y la belleza pero ambos se busca en la inmaterialidad de la red. Sin embargo, se siguen haciendo exlibris por el mero placer de coleccionar, de intercambiar o incluso de exhibir en las paredes como se haría con un cuadro.

Breve introducción al coleccionismo de exlibris

El doctor Thebussem (1828-1918), un estrafalario hidalgo de Medina Sidonia (Cádiz), decía que “la afición a coleccionar menudencias (es) el primer grado de enajenación mental”. Sin llegar a ello, hoy en día, el coleccionismo de cualquier cosa (por las particularidades de la vida cotidiana con su falta de espacio y tiempo), se hace difícil. Los cambios en la era de Internet no son muy amigos de las colecciones que necesitan la serenidad de un emplazamiento y personas a seguir su pasión durante décadas.

Sin embargo, los exlibris de alta calidad artística sí se prestan a ser coleccionados. Son fáciles de archivar, guardar y trasladar (también importante en el siglo XXI). Aunque existen asociaciones que publican revistas y hacen encuentros temáticos, también es fácil encontrar grupos en las redes sociales (Facebook sobre todo) formados por artistas y coleccionistas. Es relativamente sencillo encontrar un creador que se adapte a nuestros gustos y encargar una tirada limitada que luego nos sirva para intercambiar y hacerse con una pequeña colección.

Aún es un “vicio” elitista porque estamos hablando de hacer inversión en artes gráficas, pero es una buena manera de adentrarse en un fascinante mundo (decadente para algunos) que nos habla de conocimientos y bellas palabras que se desparramaban cuando se abría un libro.

Nota.- Todos los exlibris pertenecen a mi colección particular.

Por Candela Vizcaíno

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De todos los libros que salieron de las prensas del gran Aldo Manuzio, el más enigmático, y a la par el más bello, es, sin lugar a dudas, la  Hypnerotomachia Poliphili o Sueños de Polífilo, según la traducción española, publicado en Venecia en 1499.

Hypnerotomachia, el libro más raro y más bello salido de una imprenta

La Hypnerotomachia Poliphili entronca con la tradición del libro como objeto sagrado, al ser comunicador de mensajes esotéricos y ocultos. La obra se editó en formato gran folio, está plagada de erratas, escrita en una lengua inventada mitad latín mitad italiano y se presenta adornada con magníficas xilografías de fuerte impronta pagana y tan explícitamente eróticas que llega a alcanzar, en algún que otro caso, lo pornográfico.


Del autor apenas se sabe el nombre –Francisco Colonna- y poco más. Quien quiera que fuera el creador de tan extraña obra puso mucho cuidado en ocultar su identidad y tenía motivos para ello, ya que, bajo el lenguaje cifrado y las ilustraciones que exaltan un universo pagano, mitológico y tremendamente simbólico, se esconde un supuesto mensaje subversivo de cariz político dirigido a la élite intelectual de la época.

La Hypnerotomachia Poliphili ha hecho las delicias de los bibliófilos prácticamente desde la misma fecha de su publicación. Hoy en día es bastante difícil que un ejemplar original completo (el publicado en 1499 en la imprenta de Venecia de Aldo Manuzio) salga siquiera a la venta o a subasta pública. Y esto es así porque, más allá de su relación con la fiesta, el carnaval, lo grotesco, la alegría, la existencia de otro mundo posible, la crítica es unánime al considerar que la obra esconde un mensaje oculto.


El escritor del libro, por otra parte, de algún modo u otro, estaba vinculado a la llamada Neoaccademia de Venecia, una especie de reuniones de eruditos en las que se hablaba de todo (de lo divino y de lo mundano) y frecuentadas por toda la intelectualidad de la época: Erasmo de Rótterdam, Pico della Mirandolla, Pietro Bembo, etc.


Los especialistas contemporáneos (tomando los postulados de los postestructuralistas, sobre todo, los de Michel Foucault y sus estudios sobre el poder) han visto en las páginas del libro contenidos críticos a la Iglesia, a los modos de actuación de los poderosos (de todos los tiempos), deseos de vivir otro mundo posible y un afán por romper las barreras que coartan la libertad de expresión... Esta obra enigmática, tiene un desarrollo alineal y fragmentario que parece hecho a posta en un intento por poner de manifiesto otra forma de entender la realidad más allá de las convecciones dadas.


Los múltiples símbolos de las xilografías remiten a un civilización pagana que estaba empezando a redescubrirse en las décadas en la que se publica la obra (finales del siglo XV, pleno Renacimiento) y más que recordar un mundo perdido, el autor nos presenta una cosmovisión de la realidad diferente no solo a la de hoy en día, sino también a la que debió rodear a quien quiera que fuera el autor y sus primeros lectores. 


Y en esa descripción de otros mundos posibles a través de potentes símbolos es donde radica la fuerza y la atracción de la obra.


Ese otro mundo, no presente en la existencia cotidiana, simboliza la utopía, el no-lugar donde se dan todos los lugares. Es el lugar radicalmente otro que pone de manifiesto la posibilidad, y de ahí deviene su significado político, ya que, al proponer otra forma de mirar la realidad, se está implícitamente poniendo de manifiesto los fallos de la existente.


hypnerotomachia 2

División, argumento y tema de la Hypnerotomachia Poliphili o Sueños de Polifilo

La Hypnerotomachia Poliphili está dividida en dos partes diferenciadas; en la primera, distribuida en veinticuatro capítulos, Polifilo, el protagonista, cuenta un extraño periplo onírico en el que es acompañado, a partir del capítulo doce por su amada Polia. La segunda parte se extiende desde el capítulo veinticinco hasta el treinta y ocho y ahora es la amada de Polífilo la que cuenta su historia. 


En teoría, la trama es la misma: el encuentro de los dos amantes; pero mientras que  la primera parte está narrada desde el punto de vista del amado, la segunda se hace desde la perspectiva de la amada. Y aquí ya nos encontramos con la primera lectura post-estructuralista: un mismo hecho plasmado desde dos visiones diferentes. La crítica ha llegado a definir los primeros veinticuatro capítulos, la primera parte, como una novela alegórica, a modo de las “visiones” medievales, que puede tener una lectura exenta, mientras que el resto casi parece un añadido al núcleo principal, no sólo por la diferencia temática sino también por el estilo literario en sí.


En la obra no sólo vislumbramos lecturas de los textos mitológicos de la Antigüedad clásica y de la literatura griega –Ovidio, Apuleyo o Plinio- sino que, además, está plagado de descripciones eruditas sobre arquitectura -en las que, por otra parte, no es difícil leer las palabras de Alberti y Vitrubio-. Eso sí, en la obra, los edificios y las estructuras son de un diseño y una representación tan fantástica que, con mucha dificultad, podría llevarse a cabo y materializarse como construcción. La estructura de la Hypnerotomachia Poliphili está levantada sobre tres claros precedentes: la Divina Comedia, el Roman de la Rose y la Amorosa Visiones.

¿Quién es el autor de la Hypnerotomahia Poliphili? ¿Es Francisco Colonna?


En la primera edición de la Hypnerotomachia Poliphili no se hacía mención al nombre del autor o autores del libro. Pero, a pesar de este supuesto anonimato de la obra, siguiendo un juego bastante frecuente en la época, que consiste en la formación de una frase uniendo la primera letra de los distintos capítulos del libro, treinta y ocho en total, podemos leer: 

“Poliam frater Franciscus Columna peramavit” –“El hermano Francisco Colonna adoró a Polia”- 

Frase que ha encaminado a todos los estudiosos a adjudicar la autoría del libro a alguien con ese nombre, Francisco Colonna.

Una introducción a la vida de diferentes Francesco Colonna

Ahora bien, ¿quién era ese “hermano Francisco Colonna”? Sin meternos en esta disputa entre estudiosos –puesto que no da lugar a ello- la crítica se divide entre la tesis “veneciana” y la “romana”. La primera considera que, efectivamente, existió un fraile con ese nombre que, antes de ordenarse, había estado enamorado de una sobrina del Obispo Lelli -cuya diócesis se encontraba en Treviso- fallecida a causa de la peste en 1466, Hipólita Lelli, de donde habría tomado el nombre de Polia y a cuyo amor no consumado habría estado dedicado la obra. 


Este Francesco Colonna habría vivido entre 1433 y 1527 y tendría una importante formación aristotélica, tal como se trasluce en el libro. Un estudioso de la obra, Apostolo Zeno, en 1723, dijo haber encontrado una edición original de la Hypnerotomachia Poliphili, uno de los ejemplares impresos por Manuzio en 1499, en el que había manuscrita una nota redactada en latín, fechada en el año 1521, y cuya traducción venía a decir que

“El nombre del verdadero autor es Franciscus Colonna veneciano, que fue de la orden de predicadores y que por el amor ardentísimo que tenía hacia una tal Hipólita de Treviso, la llama, cambiándole el nombre, Polia, a la cual dedicó la obra, como indican las letras capitulares de los libros, ya que uniendo la primera letra de los capítulos de cada libro, dicen juntas así: Poliam frater Franciscus Columna peramavit. Aún vive en Venecia en SS. Giovanni e Paolo.”

El caso es que estudiosos posteriores han buscado y rebuscado en las posibles bibliotecas donde pudiera encontrarse el volumen en cuestión y, hasta la fecha, no han dado con él.


A pesar de esta nota en los márgenes de un “libro fantasma”, la tesis venecianista cobra fuerza entre los estudiosos en detrimento de la romana. Ésta ha sido expuesta por Mauricio Calvesi e identificaría a Francesco Colonna con un miembro de la ilustre familia de la nobleza romana que ostenta este mismo apellido, nacido en 1453 y muerto alrededor de 1503, un poco después de dar a conocer la obra, casado con Lucrecia Orsini y señor de Palestrina. La razón por la que habría querido ocultar su nombre, como en el caso anterior, por cierto, habría que buscarla en los contenidos paganos de la Hypnerotomachia Poliphili, que podría buscarle al autor más de un disgusto con la Iglesia.


Pero las razones para tanto silencio hay que buscarlas, no sólo en el contenido “políticamente incorrecto” del libro, sino también en esos círculos y circuitos de los eruditos de entonces, donde todos sabían de todos, leían los escritos de los colegas y mantenían entre sí una nutrida correspondencia; cónclaves donde cada uno de sus miembros, seguramente, no necesitaba de más datos sobre el autor, porque, sencillamente,  fuera de todos de sobra conocido y no procedía, por la circunstancia que fuera, hacer más publicidad para que una obra de esta envergadura circulara y se leyera entre el reducido número de entendidos contemporáneos al libro. Y aquí tenemos que recordar, de nuevo, las palabras del prólogo, que suponemos en boca del autor, quien quiera que fuese, mencionadas anteriormente, a ese “no es para el vulgo” de la dedicatoria, que explicaría, en parte, no sólo el hermetismo de la obra sino el buscado anonimato. 


La Hypnerotomachia Poliphili o Los sueños de Polifilo es una obra original, en el que la descripción de las distintas visiones se hace de una manera tan minuciosa y exhaustiva, haciendo hincapié en cada uno de los detalles, presentados de manera suntuosa y rica, que su lectura llega a hacerse tan lenta que se vuelve casi insoportable. 


A esto se une que el autor ha utilizado una lengua prácticamente inventada, mezcla de latín arcaizante –un latín que se hablaba en los circuitos eruditos de la época- y vernáculo véneto; amén de una profusión de neologismos creados a partir de la unión de una palabra ya preexistente con alguna terminación totalmente inventada por el autor. 


hypnerotomachia 3

La lengua inventada y los símbolos de la Hypnerotomachia Poliphili


El hermetismo de su lenguaje, unido a la dificultad en el desciframiento de sus mensajes, repletos de un simbolismo extremo, y la extravagancia de las imágenes que conforman el texto, ha hecho que de esta obra se haya dicho prácticamente de todo. Sobre este parecer se descubre el autor ya en el prólogo, en la dedicatoria que su mentor, el mecenas que corre con los gastos del libro, Grassi, hace al duque de Urbino: 

“Hay en él una cosa admirable, y es que, aunque habla en nuestra lengua, para entenderle hace falta conocer la vernácula. Pues pensó aquel hombre sapientísimo que hablar así era un camino y razón para que ningún ignorante pudiera alegar negligencia, y se cuidó de que, aunque no pudiera penetrar en el santuario de su doctrina quien no fuera doctísimo, no desesperara del todo el que no lo fuese”.


Tenemos, pues, que en la elección de este lenguaje críptico ha habido no sólo una actitud consciente por parte del autor sino además que se sustenta en una actitud deliberada con premeditación puesto que, más adelante, redunda en esta idea y nos dice que 

“Estas no son cosas hechas para el vulgo ni para ser recitadas por las callejas, sino sacadas de la despensa de la Filosofía y de las fuentes de las Musas, adornadas por la novedad del lenguaje y dignas de la admiración de todos los ingenios”. 


Estamos ante un texto que pretende ser fuente de verdad revelada, pero no para todos, sino sólo para aquellos que estén preparados para recibir y entender la enseñanza; una enseñanza que suponemos no puede estar a la mano de cualquiera y que se pretende sea protegida de cualquier interpretación errónea, que, por otra parte,  pueda poner en peligro la circulación del libro, cuando no la integridad física del autor.

¿Te ha gustado? ¿Quieres decirme algo? Recuerda que la casilla comentarios está abierta para ti.Además, siguiendo este hilo tienes un estudio sobre el sentido de la obra con un comentario detallado. 

Bibliografía mínima:

Pedraza, Pilar: Traducción, edición y comentario a los Sueños de Polifilo. Barcelona, Acantilado, 1999, ISBN 978-84-95359-05


Vizcaíno Macero, Candela: “El mensaje oculto de la HypnerotomachiaPoliphili” en Hibris, revista de bibliofilia, nº 28, 2005, páginas 20-31, ISSN 1577-3787

 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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Libros y palabras, poemas y cuentos, pausas y tertulias, recursos estilísticos, autores que nos inspiran, estilos que nos atrapan... Literatura de todos los tiempos y de todos los lugares que nos ayudan a viajar por el mundo. 

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De todos los libros que salieron de las prensas del gran Aldo Manuzio, el más enigmático, y a la par el más bello, es, sin lugar a dudas, la  Hypnerotomachia Poliphili o Sueños de Polífilo, según la traducción española, publicado en Venecia en 1499.

Hypnerotomachia, el libro más raro y más bello salido de una imprenta

La Hypnerotomachia Poliphili entronca con la tradición del libro como objeto sagrado, al ser comunicador de mensajes esotéricos y ocultos. La obra se editó en formato gran folio, está plagada de erratas, escrita en una lengua inventada mitad latín mitad italiano y se presenta adornada con magníficas xilografías de fuerte impronta pagana y tan explícitamente eróticas que llega a alcanzar, en algún que otro caso, lo pornográfico.


Del autor apenas se sabe el nombre –Francisco Colonna- y poco más. Quien quiera que fuera el creador de tan extraña obra puso mucho cuidado en ocultar su identidad y tenía motivos para ello, ya que, bajo el lenguaje cifrado y las ilustraciones que exaltan un universo pagano, mitológico y tremendamente simbólico, se esconde un supuesto mensaje subversivo de cariz político dirigido a la élite intelectual de la época.

La Hypnerotomachia Poliphili ha hecho las delicias de los bibliófilos prácticamente desde la misma fecha de su publicación. Hoy en día es bastante difícil que un ejemplar original completo (el publicado en 1499 en la imprenta de Venecia de Aldo Manuzio) salga siquiera a la venta o a subasta pública. Y esto es así porque, más allá de su relación con la fiesta, el carnaval, lo grotesco, la alegría, la existencia de otro mundo posible, la crítica es unánime al considerar que la obra esconde un mensaje oculto.


El escritor del libro, por otra parte, de algún modo u otro, estaba vinculado a la llamada Neoaccademia de Venecia, una especie de reuniones de eruditos en las que se hablaba de todo (de lo divino y de lo mundano) y frecuentadas por toda la intelectualidad de la época: Erasmo de Rótterdam, Pico della Mirandolla, Pietro Bembo, etc.


Los especialistas contemporáneos (tomando los postulados de los postestructuralistas, sobre todo, los de Michel Foucault y sus estudios sobre el poder) han visto en las páginas del libro contenidos críticos a la Iglesia, a los modos de actuación de los poderosos (de todos los tiempos), deseos de vivir otro mundo posible y un afán por romper las barreras que coartan la libertad de expresión... Esta obra enigmática, tiene un desarrollo alineal y fragmentario que parece hecho a posta en un intento por poner de manifiesto otra forma de entender la realidad más allá de las convecciones dadas.


Los múltiples símbolos de las xilografías remiten a un civilización pagana que estaba empezando a redescubrirse en las décadas en la que se publica la obra (finales del siglo XV, pleno Renacimiento) y más que recordar un mundo perdido, el autor nos presenta una cosmovisión de la realidad diferente no solo a la de hoy en día, sino también a la que debió rodear a quien quiera que fuera el autor y sus primeros lectores. 


Y en esa descripción de otros mundos posibles a través de potentes símbolos es donde radica la fuerza y la atracción de la obra.


Ese otro mundo, no presente en la existencia cotidiana, simboliza la utopía, el no-lugar donde se dan todos los lugares. Es el lugar radicalmente otro que pone de manifiesto la posibilidad, y de ahí deviene su significado político, ya que, al proponer otra forma de mirar la realidad, se está implícitamente poniendo de manifiesto los fallos de la existente.


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División, argumento y tema de la Hypnerotomachia Poliphili o Sueños de Polifilo

La Hypnerotomachia Poliphili está dividida en dos partes diferenciadas; en la primera, distribuida en veinticuatro capítulos, Polifilo, el protagonista, cuenta un extraño periplo onírico en el que es acompañado, a partir del capítulo doce por su amada Polia. La segunda parte se extiende desde el capítulo veinticinco hasta el treinta y ocho y ahora es la amada de Polífilo la que cuenta su historia. 


En teoría, la trama es la misma: el encuentro de los dos amantes; pero mientras que  la primera parte está narrada desde el punto de vista del amado, la segunda se hace desde la perspectiva de la amada. Y aquí ya nos encontramos con la primera lectura post-estructuralista: un mismo hecho plasmado desde dos visiones diferentes. La crítica ha llegado a definir los primeros veinticuatro capítulos, la primera parte, como una novela alegórica, a modo de las “visiones” medievales, que puede tener una lectura exenta, mientras que el resto casi parece un añadido al núcleo principal, no sólo por la diferencia temática sino también por el estilo literario en sí.


En la obra no sólo vislumbramos lecturas de los textos mitológicos de la Antigüedad clásica y de la literatura griega –Ovidio, Apuleyo o Plinio- sino que, además, está plagado de descripciones eruditas sobre arquitectura -en las que, por otra parte, no es difícil leer las palabras de Alberti y Vitrubio-. Eso sí, en la obra, los edificios y las estructuras son de un diseño y una representación tan fantástica que, con mucha dificultad, podría llevarse a cabo y materializarse como construcción. La estructura de la Hypnerotomachia Poliphili está levantada sobre tres claros precedentes: la Divina Comedia, el Roman de la Rose y la Amorosa Visiones.

¿Quién es el autor de la Hypnerotomahia Poliphili? ¿Es Francisco Colonna?


En la primera edición de la Hypnerotomachia Poliphili no se hacía mención al nombre del autor o autores del libro. Pero, a pesar de este supuesto anonimato de la obra, siguiendo un juego bastante frecuente en la época, que consiste en la formación de una frase uniendo la primera letra de los distintos capítulos del libro, treinta y ocho en total, podemos leer: 

“Poliam frater Franciscus Columna peramavit” –“El hermano Francisco Colonna adoró a Polia”- 

Frase que ha encaminado a todos los estudiosos a adjudicar la autoría del libro a alguien con ese nombre, Francisco Colonna.

Una introducción a la vida de diferentes Francesco Colonna

Ahora bien, ¿quién era ese “hermano Francisco Colonna”? Sin meternos en esta disputa entre estudiosos –puesto que no da lugar a ello- la crítica se divide entre la tesis “veneciana” y la “romana”. La primera considera que, efectivamente, existió un fraile con ese nombre que, antes de ordenarse, había estado enamorado de una sobrina del Obispo Lelli -cuya diócesis se encontraba en Treviso- fallecida a causa de la peste en 1466, Hipólita Lelli, de donde habría tomado el nombre de Polia y a cuyo amor no consumado habría estado dedicado la obra. 


Este Francesco Colonna habría vivido entre 1433 y 1527 y tendría una importante formación aristotélica, tal como se trasluce en el libro. Un estudioso de la obra, Apostolo Zeno, en 1723, dijo haber encontrado una edición original de la Hypnerotomachia Poliphili, uno de los ejemplares impresos por Manuzio en 1499, en el que había manuscrita una nota redactada en latín, fechada en el año 1521, y cuya traducción venía a decir que

“El nombre del verdadero autor es Franciscus Colonna veneciano, que fue de la orden de predicadores y que por el amor ardentísimo que tenía hacia una tal Hipólita de Treviso, la llama, cambiándole el nombre, Polia, a la cual dedicó la obra, como indican las letras capitulares de los libros, ya que uniendo la primera letra de los capítulos de cada libro, dicen juntas así: Poliam frater Franciscus Columna peramavit. Aún vive en Venecia en SS. Giovanni e Paolo.”

El caso es que estudiosos posteriores han buscado y rebuscado en las posibles bibliotecas donde pudiera encontrarse el volumen en cuestión y, hasta la fecha, no han dado con él.


A pesar de esta nota en los márgenes de un “libro fantasma”, la tesis venecianista cobra fuerza entre los estudiosos en detrimento de la romana. Ésta ha sido expuesta por Mauricio Calvesi e identificaría a Francesco Colonna con un miembro de la ilustre familia de la nobleza romana que ostenta este mismo apellido, nacido en 1453 y muerto alrededor de 1503, un poco después de dar a conocer la obra, casado con Lucrecia Orsini y señor de Palestrina. La razón por la que habría querido ocultar su nombre, como en el caso anterior, por cierto, habría que buscarla en los contenidos paganos de la Hypnerotomachia Poliphili, que podría buscarle al autor más de un disgusto con la Iglesia.


Pero las razones para tanto silencio hay que buscarlas, no sólo en el contenido “políticamente incorrecto” del libro, sino también en esos círculos y circuitos de los eruditos de entonces, donde todos sabían de todos, leían los escritos de los colegas y mantenían entre sí una nutrida correspondencia; cónclaves donde cada uno de sus miembros, seguramente, no necesitaba de más datos sobre el autor, porque, sencillamente,  fuera de todos de sobra conocido y no procedía, por la circunstancia que fuera, hacer más publicidad para que una obra de esta envergadura circulara y se leyera entre el reducido número de entendidos contemporáneos al libro. Y aquí tenemos que recordar, de nuevo, las palabras del prólogo, que suponemos en boca del autor, quien quiera que fuese, mencionadas anteriormente, a ese “no es para el vulgo” de la dedicatoria, que explicaría, en parte, no sólo el hermetismo de la obra sino el buscado anonimato. 


La Hypnerotomachia Poliphili o Los sueños de Polifilo es una obra original, en el que la descripción de las distintas visiones se hace de una manera tan minuciosa y exhaustiva, haciendo hincapié en cada uno de los detalles, presentados de manera suntuosa y rica, que su lectura llega a hacerse tan lenta que se vuelve casi insoportable. 


A esto se une que el autor ha utilizado una lengua prácticamente inventada, mezcla de latín arcaizante –un latín que se hablaba en los circuitos eruditos de la época- y vernáculo véneto; amén de una profusión de neologismos creados a partir de la unión de una palabra ya preexistente con alguna terminación totalmente inventada por el autor. 


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La lengua inventada y los símbolos de la Hypnerotomachia Poliphili


El hermetismo de su lenguaje, unido a la dificultad en el desciframiento de sus mensajes, repletos de un simbolismo extremo, y la extravagancia de las imágenes que conforman el texto, ha hecho que de esta obra se haya dicho prácticamente de todo. Sobre este parecer se descubre el autor ya en el prólogo, en la dedicatoria que su mentor, el mecenas que corre con los gastos del libro, Grassi, hace al duque de Urbino: 

“Hay en él una cosa admirable, y es que, aunque habla en nuestra lengua, para entenderle hace falta conocer la vernácula. Pues pensó aquel hombre sapientísimo que hablar así era un camino y razón para que ningún ignorante pudiera alegar negligencia, y se cuidó de que, aunque no pudiera penetrar en el santuario de su doctrina quien no fuera doctísimo, no desesperara del todo el que no lo fuese”.


Tenemos, pues, que en la elección de este lenguaje críptico ha habido no sólo una actitud consciente por parte del autor sino además que se sustenta en una actitud deliberada con premeditación puesto que, más adelante, redunda en esta idea y nos dice que 

“Estas no son cosas hechas para el vulgo ni para ser recitadas por las callejas, sino sacadas de la despensa de la Filosofía y de las fuentes de las Musas, adornadas por la novedad del lenguaje y dignas de la admiración de todos los ingenios”. 


Estamos ante un texto que pretende ser fuente de verdad revelada, pero no para todos, sino sólo para aquellos que estén preparados para recibir y entender la enseñanza; una enseñanza que suponemos no puede estar a la mano de cualquiera y que se pretende sea protegida de cualquier interpretación errónea, que, por otra parte,  pueda poner en peligro la circulación del libro, cuando no la integridad física del autor.

¿Te ha gustado? ¿Quieres decirme algo? Recuerda que la casilla comentarios está abierta para ti.Además, siguiendo este hilo tienes un estudio sobre el sentido de la obra con un comentario detallado. 

Bibliografía mínima:

Pedraza, Pilar: Traducción, edición y comentario a los Sueños de Polifilo. Barcelona, Acantilado, 1999, ISBN 978-84-95359-05


Vizcaíno Macero, Candela: “El mensaje oculto de la HypnerotomachiaPoliphili” en Hibris, revista de bibliofilia, nº 28, 2005, páginas 20-31, ISSN 1577-3787

 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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