Sor María de Jesús de Ágreda

Sor María de Jesús de Ágreda

Sor María de Jesús de Ágreda

Candela Vizcaíno

 

Acercamiento al carácter biográfico y a la obra de la escritora mística del barroco literario español que se carteó con el rey Felipe IV.

 

Nacida como María Coronel (que no hay que confundir con la María Fernández Coronel, fundadora del Convento de Santa Inés de Sevilla), cuando conocemos la educación y los pormenores vitales de Sor María de Jesús de Ágreda entendemos que solo podía llevarla por los derroteros de la mística literaria. Eso sí, su escritura, que tuvo bastante fama en su época y en las décadas posteriores, ya había perdido la grandeza de los grandes representantes del género: Santa Teresa de Jesús en prosa y San Juan de la Cruz con sus versos. Pero vayamos por partes. 

Biografía resumida de Sor María de Jesús de Ágreda 

Nació en 1602 en la citada localidad soriana que adoptó como nombre religioso. Formaba parte de una familia acaudalada, dueña de importantes propiedades y practicante de una fuerte religiosidad. Tanto fue así que sus padres deciden separarse e irse a vivir a diferentes conventos de la orden franciscana. María contaba por entonces dieciséis años y se queda a cargo de su madre que levanta un convento (el de la Concepción) en la misma residencia familiar de donde nuestra protagonista no se mueve prácticamente en su vida. Toma el hábito con dieciocho años y adopta el nombre por el que ha pasado a la historia: Sor María de Jesús de Ágreda. 

El resto de su existencia en este mundo quedará vinculado a su organización religiosa alcanzando primero la dignidad de priora (con veinticinco años) y luego la de abadesa. Muere en mayo de 1665 no sin antes escribir una obra perteneciente a la mística literaria que fue un gran éxito de público hasta aproximadamente el primer tercio del siglo XVIII, cuando la literatura neoclásica imponía otros moldes a la escritura.  

Sor María de Jesús estuvo toda su vida al cuidado de su convento y dedicada a la escritura de corte místico. En las páginas que nos dejó escritas se reflejan sus visiones y sus conversaciones con la Virgen. Como otros grandes místicos españoles (y europeos) tuvo un encontronazo con la Inquisición. El tribunal consideró sus ideas y escritos (buena parte de ellos sin fuentes teológicas o bíblicas de base) como heréticas. Sin embargo, era tal el fervor que suscitaba su obra que se granjeó más defensores que detractores y, afortunadamente, fue absuelta sin mayores consecuencias para su persona o trabajo literario. En este sentido, también la Universidad de la Soborna calificó de heréticas algunas de sus propuestas.  

Obras de Sor María de Jesús de Ágreda: Mística ciudad de Dios y vida de la Virgen manifestada por ella misma 

Es un trabajo inmenso que fueron publicados en ocho volúmenes en cuarto o en tres en tamaño folio. Deja a un lado el simbolismo que caracteriza a la mística literaria del Renacimiento (la de Santa Teresa de Ávila y San Juan de la Cruz) para acometer una obra histórica. El título es una amalgama de ficción absoluta (ya que no se sustenta en fuentes bíblicas o teológicas), párrafos piadosos desgranando sus visiones (de las que no se conoce la etiología) y relato histórico. En ella se da cuenta de toda la historia de la Sagrada Familia desde que la Virgen María se encontraba en el seno de su madre y desgrana todo tipo de detalles inventados siempre en línea con la corriente mística.  

Aunque Mística ciudad de Dios y vida de la Virgen manifestada por ella misma pretende ser un relato en el que los hechos fueron comunicados a Sor María de Jesús de Ágreda en sus momentos de trance o de visiones, ya no tiene la grandeza de los primeros escritores del género. Sí que tuvo éxito porque era favorito del público y fueron muchos los creadores que dieron a la imprenta sus particulares contactos divinos. 

Lo entendemos mejor con las palabras del alemán Ludwig Pfandl, considerado el creador de la filología hispánica:  

“Ninguna otra nación del mundo cristiano entró en relaciones tan familiares con lo celestial, ninguna otra, acercó tanto a los ojos carnales a Cristo, a la Virgen y los santos en la vida corriente y en las festividades, en la poesía y en la oración, en la pintura y en la escultura, ni transfiguró tanto lo celestial con rasgos terrenos y humanos como el español de la era de los Habsburgo.” 

Sor María de Jesús de Ágreda (reitero) da los últimos coletazos a este género literario tan del gusto del público de la época. 

La correspondencia entre Sor María de Jesús de Ágreda y el rey Felipe IV

La fama de su obra fue pareja con su consideración de santa en vida. Tanto fue así que en 1643 de vuelta a la corte, el rey Felipe IV se detiene a conocer a la abadesa cuya obra transcribe mensajes de la Virgen. El monarca, abrumado por tantos males, corruptelas políticas, crisis económicas sucesivas, desastres militares y pérdidas de territorios, encontró consuelo en esta monja de conversación inteligente. Tal fue el éxito del encuentro que acordaron (en riguroso secreto) cartearse con asiduidad. La correspondencia duró casi veinte años y en esos escritos el rey manifiesta a la mística sus preocupaciones personales, sus conflictos familiares así como asuntos de estado de difícil resolución. La monja, por su parte, sin más datos del mundo exterior que los que le llegan a través de esas cartas, responde con una sencillez no carente de inteligencia. 

En esta correspondencia de Sor María de Jesús de Ágreda con un rey que personifica la decadencia de lo que fue el imperio español se adivinan sendas almas a través de testimonios sencillos y sinceros. Con toda probabilidad, el que juraran mantener en secreto dichos papeles contribuyó a ello.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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