Miguel de Molinos, el místico hereje creador del quietismo

Miguel de Molinos

Miguel de Molinos

Candela Vizcaíno

 

Cuando la mística literaria daba sus últimos coletazos tras las grandes obras de Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz, nos topamos con la figura de Miguel de Molinos. Aunque su escritura ha servido de base, hipotexto o inspiración a poetas de diversa índole llegando incluso a finales del siglo XX (tal cual sucede con uno de la importancia de José Ángel Valente), sus escritos se encuadran más bien en la historia de las ideas. 

Biografía mínima de Miguel de Molinos 

Nace en 1628 en Muniesa (Zaragoza) y estudia en Valencia. Toda su existencia transcurre dentro de los límites de la iglesia católica. Siendo aún bastante joven se le da la oportunidad de marchar (formando parte del séquito del Reino de Valencia) a Roma. No fue un tour de ida y vuelta ya que se introdujo en algunos círculos religiosos de origen español como la Escuela de Cristo. Mientras tenía un éxito discreto con la predicación logró también trabar amistad con personajes poderosos, lo que a la postre devendría en su contra. 

No regresa a Valencia cuando concluye la misión y allí se abre camino como director de conciencias entre las familias pudientes romanas. En 1675, publica su Guía espiritual (la obra por la que ha pasado a la posteridad) y las ideas reflejadas en sus páginas comienza a traerle más de un quebradero de cabeza. Su filosofía denominada como “quietismo”, a pesar de tener buena acogida inicial, comenzó a inquietar a la ortodoxia de la iglesia. Fue precisamente uno de sus mejores amigos (quien espoleado por el rey de Francia), el cardenal d’Estrées, el que lo denunció ante la Inquisición. De resultas, en 1685 fue apresado junto con varios de sus discípulos y torturado. Se retractó en un humillante juicio que tuvo lugar en septiembre de 1687 en la Iglesia de Santa María Minerva de Roma. Al abjurar de sus ideas se libró de la hoguera pero no de pasar sus últimos nueve años en la cárcel. Allí murió el 28 de diciembre de 1696. 

La Guía espiritual de Miguel de Molinos

Publicada con el subtítulo de Que desembaraza al alma y la conduce por el interior camino para alcanzar la perfecta contemplación y el rico tesoro de la paz interior, llegó a tener en poco tiempo más de veinte ediciones. Esto es, para los parámetros de la época fue un auténtico best-seller. En ella se desgranan los procesos de contemplación y de quietud necesarios hasta alcanzar la paz absoluta y el amor divino purificado. A pesar de la buena acogida inicial, las propuestas heterodoxas de Miguel de Molinos fueron calificadas de herejía porque, en esencia, negaba cualquier tipo de intermediación e instaba a no hacer nada mientras se acepta todo aquello que llegue al alma en estos tiempos de meditación. En este sentido, la Guía espiritual de Miguel de Molinos se ha puesto en relación con el budismo e, incluso, con la filosofía New Age del siglo XXI que da por bueno (porque así lo decide el Universo, una suerte de dios pagano) cualquier cosa que suceda en la vida, tanto en el plano exterior como en el interior. 

La Guía espiritual demuestra conocer la obra de los grandes místicos y ascéticos precedentes. Y en ella se desgranan, con bastante claridad, conceptos emocionales que pudieran ser confusos en un principio. Esta quietud, esta aceptación o permitir que el alma reciba todo lo que le llega, sin juicio y sin diferenciar incluso entre el bien y el mal, supuso un peligro para el poder establecido. Miguel de Molinos buscaba el vacío espiritual, la quietud de la meditación, el no juicio, el despegue de cualquier miedo al castigo y también se alejaba de la avidez por la recompensa. Proponía una suerte de nirvana, de emplazamiento de la nada, de lugar ideal donde el espíritu, en paz, en pureza, desgajado de cualquier preocupación se dejaba ir hacia Dios que así lo acogía. Todo ello como paso previo para la serenidad y la dicha emocional absoluta. 

El quietismo creado por Miguel de Molinos

Se convirtió en una poderosa corriente de opinión que se hacía peligrosa en la Roma barroca dada al exceso y a todas las tentaciones del poder, del espíritu y otras más mundanas. El alma así purificada no necesitaba la intermediación de ningún estamento de la iglesia a la par que negaba incluso la diferencia entre el bien el mal. En este proceso de quietud, de meditación, de vaciamiento, de encuentro liviano con Dios, el juicio queda inhabilitado. Y se hace tanto para el bien como para el mal. Aunque la idea era radical, ya en la época se sabía que quien se adentraba en las profundidades anímicas, en el inconsciente (que tardaría siglos en ser nombrado y reconocido), se aleja, por sí, de cualquier maldad alcanzado, a la par, estadios superiores de conciencia y de libertad.  

Y es esa libertad la que vio peligrosa al rey de Francia por medio de su embajador el cardenal d’Estrées. La Inquisición comenzó las pesquisas sobre la Guía espiritual de Miguel de Molinos en 1678. A la misma se adhirieron un sector amplio de los jesuitas. Sin embargo, la pulcritud de la obra hizo difícil impugnarla por herejía así que el juicio tomó otros derroteros: tortura y acusaciones sin fundamento de inmoralidad con relatos estrambóticos del gusto de los tribunales de la Inquisición de la época.  

Miguel de Molinos terminó sus días en la cárcel y su obra, en el siglo XXI, aún sigue siendo de interés entre intelectuales, estudiosos y poetas.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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