El arte cretense

El arte cretense

 

En el segundo milenio antes de Cristo en la isla mediterránea de Creta floreció una rica cultura alrededor del mar, la naturaleza y los mitos primigenios. El arte cretense, a pesar de no ser tan espectacular y grandioso como el arte egipcio, sí demuestra una delicada concepción de las criaturas autóctonas. Todo ello nos ha llegado a través de la simbiosis perfecta que mantenía con algunos símbolos de origen animal. Estas manifestaciones creativas nos dice de un pueblo centrado en el sentido de la maternidad, de la fertilidad y, en último extremo, del renacimiento.

El arte cretense se asienta sobre una sociedad rica en la que el rey es, a la vez, el sumo sacerdote

Creta es una isla estratégicamente situada con un clima extremadamente benigno. Alrededor de ella se despliegan maravillosas criaturas naturales de toda índole. Son estas las que pueblan todos los motivos artísticos que han llegado hasta nosotros de un pueblo evolucionado que manejaba la alfarería de una forma bastante hábil. Estamos ante una sociedad abierta que había logrado construir rápidos barcos y que se dedicaba al comercio con los pueblos vecinos. 

Alfarería del arte cretense 

La riqueza que se conseguía a través de las transacciones de los productos que se daban en la isla era acaparada por el rey que, además, también era considerado el cabeza religioso. En el mítico palacio de Cnosos, fechado alrededor del año 1600 a.C., se han encontrado despensas, graneros y estancias donde se colocaban tanto objetos artísticos como alimentos o bienes de primera necesidad. Sin llegar a la grandiosidad de la arquitectura egipcia, la de Creta es sencilla y elegante como el palacio antes mencionado con sus características y conocidas columnas de color rojo. 

La pintura en todas sus facetas adquiere importancia en el arte cretense 

Aunque han llegado hasta nosotros pequeñas piezas escultóricas o de alfarería, es en la pintura donde destaca este pueblo. Está realizada con vivos colores y de manera naturalista. Los contornos siempre son sinuosos, delimitados, perfilados con predominio de la curva antes que la recta. Con ellas se realizaban frescos para adornar estancias o palacios, objetos de uso diario e, incluso, se policromaban los elementos escultóricos. 

Hay una preponderancia de las figuras de origen animal y vegetal que se representan de manera realista, sin perspectiva y con una delicada elegancia. Los colores que predominan son el ocre, el albero y la gama de los azules. La inspiración siempre son las maravillosas flores de la isla, las olas del mar, los peces y también la representación de sus fiestas rituales.  En el citado palacio de Cnosos destaca un delicado mural en el que los delfines conviven con otros peces marinos menores mientras que el salón del trono está adornado con estilizadas ramas flanqueadas por animales mitológicos. Estos, cuando aparecen, como el conocido Minotauro, están construidos a través de la combinación de rasgos presentes en el reino animal. 

La figura simbólica de la madre entronca con el mito primitivo 

Si las Venus prehistóricas que hacían alusión a una maternidad desaforada y, por ende, al símbolo de la procreación, la fertilidad y la riqueza, en el arte cretense continúa el mismo motivo. No obstante, las estatuillas o las ilustraciones que nos han llegado ya han superado ese estadio tosco para presentar producciones sofisticadas en extremo. Estas representaciones de la femineidad no solo remiten al símbolo de la procreación o la fertilidad sino también al de la riqueza y al triunfo de las fuerzas oscuras sobre las luminosas. 

Imágenes femenina del arte cretense 

En este sentido hay que leer las figuras protectoras del hogar que se guardan en el Museo Arqueológico de Heraklion con los senos al aire a pesar de estar ritualmente vestidas. En ambas manos sujeta sendas serpientes en actitud de dominio. En simbología todo ello nos remite al poder del consciente cuando se aúna con las sombras inconscientes. Esta representación de la madre, de la femineidad protectora del hogar (y, por tanto, del clan familiar base de la sociedad) también domina los animales salvajes y se erige con la visión de los pájaros que, a veces, se representan en la cabeza.  

En el arte cretense nos encontramos el símbolo del toro entendido como base cultural  

Si bien las pinturas nos remiten a una naturaleza deliciosa que se aúna con el hombre para proporcionarle sustento, cobijo y riqueza, en la antigua civilización de Creta estaba muy presente los mitos primigenios. Uno de los más potentes que ha pervivido, incluso al día de hoy, es el del toro. Este animal simbólico es representado es distintas culturas y lo encontramos tanto en el arte mesopotámico como en el de vanguardia. Aunque, con frecuencia, el toro se enfrenta al león en los pueblos antiguos, Creta da un paso hacia adelante y el animal se convierte en un reflejo de las fuerzas oscuras que habita en el hombre. 

Frescos del arte cretense con la representación del toro 

El toro, en simbología, representa la noche, la luna, las fuerzas ocultas, lo desconocido y el conocimiento inconsciente que, de no entenderse, acaba resbalándose por pasiones destructoras. A él se enfrenta el león, el sol, la majestad y el poder del día que siempre vence a las sombras. Ambos forman una rueda, la del eterno retorno, necesaria para la vida. Sin embargo, en Creta el toro se ha quedado solo frente al hombre, el mismo que debe sortearlo o vencerlo tal como se reflejan en distintas pinturas. Las mismas, con toda probabilidad, representan actos sagrados de superación. En ellas, como las que se encuentran en el Palacio de Cnosos, jóvenes atléticos y ágiles se disponen a saltar sobre el animal en una clara representación de la lucha con las sombras que, en simbología, recae sobre la imagen del toro. Este juego, con toda probabilidad, no se realizaba por espectáculo o deporte sino como un rito de iniciación o de superación. Al saltar sobre el animal, al vencerlo, por medio del mito, la humanidad sustituye al león y se apodera de las fuerzas de la luz contrapuestas al toro. 

La pervivencia de los mitos de Creta en el arte posterior 

El toro, fuerza oscura central de este pueblo el cual se intenta superar, continúa en mitos más elaborados como el del Minotauro escondido en una cueva que guarda un tesoro. Para darle muerte se necesita un héroe y para llegar hasta él, la inteligencia de una mujer, Ariadna. La fuerza del toro como símbolo (el cual, recordemos, no aparece por primera vez en el arte cretense pero sí lo eleva considerablemente) continúa en el área mediterránea con las controvertidas corridas actuales. Estas ya han perdido todo su elemento ritual, mágico o liberador para deslizarse por el mero espectáculo, al menos de manera consciente. 

Del arte cretense han bebido artistas de las vanguardias históricas que han llegado incluso a reinterpretar estos ritos primitivos en relación con guerras cruentas aún recientes. Uno de estos creadores fascinados con esta fórmula expresiva fue Picasso. El animal feroz que se alía con la luna para aprovecharse de las sombras de la noche quiere ser conjurado (desde hace milenios) y así poder alcanzar la luz de la conciencia.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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