El arte mesopotámico

El arte mesopotámico

 

Alrededor del III milenio surge en Mesopotamia una civilización compleja que logra realizar grandes obras arquitectónicas con los materiales alrededor y cuyo conocimiento del cielo aún es base de la astronomía y la astrología contemporánea. El arte mesopotámico adquiere gran relieve alrededor del II milenio, cuando se encontraba en apogeo otra de las culturas antiguas más subyugadoras, la misma que creó el arte egipcio. Durante estos siglos, los asirios conquistaron estas tierras llevando su sistema de escritura, su arquitectura y su conocimiento de los cielos. 

1.- Las grandes obras del arte mesopotámico están realizadas con arcilla, ladrillos y esmaltes 

La mítica Babilonia descrita en la Biblia estaba levantada siguiendo la forma simbólica de una montaña en varios niveles sobre los que colgaban, según las leyendas, bellos y suntuosos jardines. Si bien en Mesopotamia no abunda ni la piedra ni las grandes reservas de metales, sí se las ingeniaron para construir con el sistema de ladrillos elaborados con arcilla cocida. Esta forma de construcción es más endeble, por poner un caso, que las grandes obras de la arquitectura egipcia. Y, quizás por eso, muy poco de esta gran cultura nos ha llegado. Esta puede ser una de las causas. A la que se le une también que sus templos y palacios fueron saqueados de manera sistemática.  

De lo poco que nos ha llegado sabemos que Babilonia, la gran ciudad del arte mesopotámico, estaba amurallada y se abría con unas maravillosas puertas adornadas con un tipo de ladrillo esmaltado en vivos colores representando figuras simbólicas. Además, los grandes palacios también estaban decorados con murales en relieve y, posteriormente, pintados con elementos naturales autóctonos. 

Si las ciudades se erigían siguiendo un sentido simbólico, lo mismo se aplicaba a los templos (¡no podía de ser otra manera!). Estos representaban la montaña sagrada y se levantaban en distintos niveles escalonados cuya cúspide estaba reservada a los reyes sacerdotes conocedores del lenguaje de los cielos.  

2.- Las esculturas siguen líneas simbólicas

Todo es símbolo en el arte mesopotámico. Por eso, las esculturas también se ejecutan siguiendo esta línea de pensamiento. Sobresalen las grandes obras en piedra representando toros o leones alados junto con la narración de importantes batallas o las que veneraban a dioses antropomorfos.Si los reyes eran, además de guerreros y cazadores, también astrónomos o astrólogos, las representaciones artísticas de esta cultura tienen que remitir, inexorablemente, a esta cosmovisión. 

Reina de la Noche de Babilonia 

Por eso, nos encontramos grandes esculturas en piedra en las que la cabeza está diseñada con forma humana y sus atributos reales (tocado, barbas…) mientras que el cuerpo es el de un león o de un toro alado. Estos dos animales simbólicos se alternan en las representaciones del arte mesopotámico. El toro, en simbología, es el animal fuerte, bravo y penetrante que por, su color, es asimilado al poder lunar, oscuro y oculto y, no por ello, menos importante o transcendental. Por el otro lado, el león en la cultura babilónica (como en tantas otras) es la figuración del sol, del día que nace, de los nuevos comienzos, de la fuerza y del poderío de la majestad. Unos y otros se alternan en las grandes esculturas del arte mesopotámico como las dos caras de una misma moneda. Ambas figuras, con toda probabilidad, representaban el eterno retorno cósmico, el día que sigue la noche, la primavera al duro invierno, las épocas de escasez a las de riqueza…  

3.- Las estatuas más pequeñas del arte mesopotámico nos hablan de una realidad ajena a la convencional 

Este fuerte simbolismo y conciencia de otro plano más allá del cotidiano y convencional también está presente en las pequeñas figuras que nos han llegado. Casi todas ellas están realizadas en arcilla cocida aunque en algunas se han utilizado metales y piedras preciosas. Un punto y aparte en este sentido lo tenemos en el lapislázuli utilizado, incluso, en algunas muestras de arte prehistórico para representar el cielo, lo etéreo, lo inasible y, por tanto, lo divino. 

Estas figuras están realizadas de forma realista sin más adornos y una buena parte de ellas remiten a la idea de peregrinación o de conocimiento de una realidad distinta y diferente. Aunque algunas son toscas, se caracterizan por una gran fuerza expresiva. Esta recae especialmente en unos ojos amplificados y ampliados. Una sociedad simbólica en extremo como la mesopotámica no podía dejar de lado esta parte del cuerpo, identificada entre los pueblos primitivos como la visión no solo de lo que está delante sino de aquello que se encuentra oculto o en el otro lado.  

También destacan las esculturas y pequeñas estatuillas que continúan con la tradición de las Venus prehistóricas con todo su significado, aunque los rasgos femeninos en el arte mesopotámico están más estilizados. Las diosas se revisten con atributos animales (garras y alas de águilas por poner un caso) que representan ese vuelo o esa capacidad de observar lo que está más allá.  En este sentido, se ha conservado una pequeña figura en alabastro representando a la diosa Ishtar. Esta tiene esos atributos femeninos, a la par que es representada con cuernos de bovino (haciendo referencia al sentido simbólico del toro) y con grandes ojos.  

4.- Los templos estaban levantados en varios niveles y tenían también función astrológica 

El mito de Babilonia está recogido en la Biblia con su referencia a la gran torre de Babel, simbolización de la arrogancia del hombre destruida por la ira divina. La arqueología contemporánea también ha situado en esta zona el arca de Noé. Esta gran construcción, con toda probabilidad, era un templo con funciones astrológicas o astronómicas. Sobre la gran planicie se levantaban estas estructuras realizadas en ladrillo cocido y siguiendo una disposición escalonada de tal modo que la cúspide estuviera reservada a la casta conocedora de los secretos del firmamento. 

Estandarte de la Guerra de Ur 

Desde este punto, con los cielos despejados de la zona, se observaron las estrellas y las constelaciones. De la cultura y el arte mesopotámicos procede la división de los signos del zodiaco que aún hoy en día siguen vigentes. Las estrellas se agruparon siguiendo una línea visual en la que se quería ver animales o conceptos abstractos impregnados de un fuerte concepto simbólico.  

5.- El arte mesopotámico nos habla también de astrología y de astronomía 

Aunque el poder real está representado en murales con escenas de guerra y caza, la gran cultura babilónica nos dice de un pueblo simbólico que ve un más allá en los grandes animales que les rodea. Ese azul irrepetible de las puertas de Ishtar que se puede disfrutar en el Museo de Pérgamo hay que “leerlo” en este sentido. Su conocimiento de las estrellas es la base para el sistema de zodiaco que aún persiste hoy en día. Y no menos importante es el código de Hammurabi, una gran estela de piedra negra en la que se han labrado los primeros registros escritos de orden legal. Todo ello nos dice de un pueblo que manejaba la escritura (junto con los secretos del cielo) y que quería regirse por un código acordado previamente.  

Toda esta sabiduría llegó hasta los albores de nuestra era expandiéndose con las figuras de los Reyes Magos, astrónomos de Oriente guiados por la estrella luminosa que indicaba el lugar exacto del nacimiento de Jesucristo. Si el arte mesopotámico no es abundante en grandes obras (la mayoría perdidas), sí nos ha quedado de esta fascinante cultura retazos que aún al día de hoy perviven en distintas parcelas de conocimiento. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

  • No se han encontrado comentarios
Añadir comentarios

 

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrar a los usuarios publicidad relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si se continúa navegando, consideramos que se acepta su uso. Es posible cambiar la configuración u obtener más información aquí

Acepto