No lugar de Marc Augé

El no lugar de Marc Augé

El no lugar de Marc Augé

Candela Vizcaíno

 

Aproximación al concepto de no lugar, término propuesto por Marc Augé en 1992 y utilizado tanto para el análisis sociológico como en la crítica artística y literaria.  

Definición de no lugar, término propuesto por Marc Augé  

El no lugar es el espacio donde el ser humano no puede reconocerse. Es el emplazamiento de la incomunicación, la incomprensión y la soledad. Aunque el término y lo que el concepto designa ha sido definido para poder analizar la relación que el individuo posmoderno mantiene con los espacios que frecuenta, el concepto de no lugar puede rastrearse en el legado artístico anterior, incluso, a las convulsiones de mediados del siglo XX. El no lugar se contrapone al lugar antropológico donde el hombre se reconoce y se siente seguro.  

Se ve claramente que por “no lugar” designamos dos realidades complementarias pero distintas: los espacios construidos con relación a ciertos fines (transporte, comercio, ocio), y la relación que los individuos mantienen con esos espacios. Si las dos relaciones se superponen bastante ampliamente, en todo caso, oficialmente (los individuos viajan, compran, descansan), no se confunden por eso pues los no lugares; mediatizan todo un conjunto de relaciones consigo mismo y con los otros que no apuntan sino indirectamente a sus fines: como los lugares antropológicos crean lo social orgánico, los no lugares crean la contractualidad solitaria. 

Marc Augé: Los “no lugares”. Espacios de anonimato, Barcelona, Gedisa, 1992, página 98

Los nos lugares aparecen cuando el tiempo histórico se sucede con una rapidez tal que el individuo lo llega a percibir como una suerte de amontonamiento de acontecimientos. Son normalmente acontecimientos exteriores y extraños que nada dicen a su vida íntima, espiritual y trascendente. También están ligados a la relación que el ser humano posmoderno mantiene con los demás y consigo mismo: encuentros sustentados en la fugacidad, en el desconocimiento (por incapacidad para abrirse al otro) y la superficialidad.   

Cómo reconocer un no lugar 

En el lugar antropológico (en el lado contrario al no lugar, tal como he señalado con respecto al los estudios sobre el espacio literario), el individuo se reconoce en un emplazamiento propio. Es suyo y es también de la comunidad a la que pertenece por derecho propio integrándose y confiando en la misma. Son emplazamientos prácticamente definitivos donde se nace, se crece, se ama, se trabaja, se procrea y se muere.  

Por el contrario, el no lugar siempre es un espacio de paso que no pertenece al individuo concreto. La relación es anónima. El lenguaje se reduce a la transacción física o comercial. El encuentro es fugaz y, con toda seguridad, no volverá a repetirse.  

Si un lugar puede definirse como lugar de identidad, relacional e histórico, un espacio que no puede definirse ni como espacio de identidad ni como relacional ni como histórico, definirá un no lugar. 

Marc Augé: Los “no lugares”. Espacios de anonimato, Barcelona, Gedisa, 1992, página 83

El no lugar es el espacio de la provisionalidad. Son las paradas de un viaje que no se encamina, como último fin, al regreso al hogar. Son espacios en los que no se puede mantener ninguna relación con la suficiente entidad o importancia para merecer ser recordada. Es por esta razón por la que el no lugar es solo el espacio que el individuo sabe que no le pertenece.  Es, también, aquel emplazamiento que no puede hacerse propio. Es el espacio que no puede ser aprehendido, en definitiva, al que no le es posible formar parte del espíritu de la raza humana. 

Ateniéndonos a esto último, el no lugar ya no sería tan solo la estación de paso, el aeropuerto o el centro comercial. Podría ser la propia casa, el país que no se reconoce como patria o el barrio en el que supuestamente se vive. Podría ser cualquier espacio en el que el individuo no se sintiera a salvo, comprendido y miembro de un clan o una comunidad. El no lugar es el emplazamiento del solitario crónico. Superaríamos, pues, la categoría de lo meramente físico para adentrarnos en los psicológico.  

El no lugar como emplazamiento psicológico 

Ahora bien, ¿podría encontrar el individuo que se sabe habitante del no lugar el espacio antropológico que le corresponde? Encontramos que el reconocimiento del emplazamiento propio (a nivel físico) puede ponerse en relación con el proceso de individuación propuesto por Jung (a nivel psicológico). El ser humano se mueve constantemente por espacios materiales que no le son propios, pero del mismo modo, puede viajar por espacios interiores que tampoco reconoce y que entiende ajenos a su propio ser. Aunque el arquetipo del no lugar puede simbolizarse en el viajero que vaga sin rumbo, el mismo periplo puede propiciar el encuentro con el lugar antropológico del que se sabe desgajado de cualquier emplazamiento. El viaje será más enriquecedor si es un adentrarse en el interior mismo del ser, en la fortaleza anímica donde habita la esencia individual.  

Las investigaciones en el ámbito artístico que se centran en desgajar los distintos tipos de espacios literarios (aunque estas se desarrollen en otros géneros estilísticos) no pueden dejar de lado el concepto de no lugar. Aunque el término es propuesto por Marc Augé, otros autores han estudiado el espacio simbólico en distintas manifestaciones artísticas y sociales contemporáneas. Son Slawinski, Frank, Gullón, Durand, Eliade, Bachelard y la escuela de Jung. También Lotman, con sus estudios sobre la semiosfera (1996), de alguna manera u otra, tiene en cuenta el concepto, ya que el primer conocimiento del mundo se atiene a una clasificación espacial.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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