
Glamping como brunch, es un neologismo inglés procedente de glamour y camping. Fríamente podría describirse como una oferta hotelera en medio de la naturaleza y alejada (en su concepción más que físicamente) de los establecimientos convencionales. Entran en la categoría de glamping campamentos con tiendas, con antiguas caravanas de madera, casas en los árboles, cabañas tradiciones, casas cuevas… Lo ideal es que esté concebido acorde con el entorno en el que se sitúe. Vamos… que no te pongan un iglú en el desierto ni una tienda de fina lona en medio de la nieve. Ni que decir tiene que todo tiene que estar montado y que la oferta de servicios debe ser similar a la de un hotel de cinco estrellas. A veces es, incluso, superior porque suelen ser negocios familiares o proyectos personales en los que se pone mucho mimo, empeño y trabajo.
Aunque la palabra glamping se ha puesto de moda en la última década y han proliferado establecimientos diversos a lo largo y el ancho del mundo, su concepto es antiguo. Si bien cabañas, yurtas, cuevas y similares eran utilizadas por la población local desde el principio de la historia, eso no puede considerarse el sustrato del glamping. Este tipo de viviendas eran utilizadas por la población humilde y, a veces, en condiciones extremas, carentes de cualquier servicio básico. Otra cosa es que se retomen estas construcciones tradicionales para adaptarlas a los gustos y exigencias actuales.
El origen del glamping se remonta más bien a las tiendas de campaña que los aristócratas europeos montaban en sus safaris por África allá por los inicios del siglo XX (incluso antes con las expediciones). Ellos sí tenían claro que por muy en la sabana salvaje que estuvieran no podían renunciar a su baño, al sofá de cuero, a la cama cómoda con su ajuar de lino o algodón, a la mosquitera y hasta un amago de aire acondicionado. Hoy en día, buena parte de los más lujosos se encuentran en este continente, pero eso para otro día.
Vamos a empezar por lo que no es. Una tienda de campaña con unos cojines en el suelo no es un glamping, una cabaña en un pantano rodeado de mosquitos no es glamping. Un sitio en medio de la nada con nula oferta deportiva con baño compartido no es un glamping. Un establecimiento en el que (ya en las fotos) se ve la falta de higiene, cuidado y hasta seguridad no es un glamping. Un yurta mongola sin baño, sin aire acondicionado y en medio del campo andaluz (que es todo precioso dicho sea de paso) o de un jardín no es un glamping…
Para que puedas considerar glamping a un campamento normal y corriente tiene que cumplir sí o sí los siguientes 10 requisitos. Si te lo están vendiendo como tal y no los cumple, tú sabrás. Anota.
1.- Un glamping tiene que tener baño privado y en el interior de tu espacio. También vale algo en la terraza fuera de la vista de los vecinos. Esto es sí o sí. ¿Qué es eso de pagar por utilizar duchas comunes y no poder relajarte en una bañera? Reitero: el cojín de la foto puede ser muy mono, pero hay unos servicios básicos al día de hoy a los que no podemos (creo que ni debemos) renunciar. El baño completo (ducha, inodoro, lavabo con sus toallas correspondientes) es uno de ellos.
2.- Un glamping tiene que estar situado en la naturaleza. No me vale una yurta en el jardín de una casa de ciudad. Eso no es glamping. Si te decides a vivir la experiencia que sea como es debido: en medio de una montaña nevada, con la arena fina de una playa solitaria, entre los pinos de un bosque o con vistas a la inmensidad.
3.- Si no es posible una naturaleza radical (reitero, no vale el jardín de una casa), tiene que situarse en un lugar cercano a algún emplazamiento cultural prime. Este es el caso del Glamping Canoci di San Marco, por poner un caso, que abre el reportaje. En medio del Veneto, en una finca privada, puedes optar por visitar Venecia, Trento, Padua… o respirar tranquilamente en sus tiendas exquisitamente decoradas.
4.- Un glamping tiene que garantizar sí o sí el silencio, que para eso se sale a la naturaleza en primera instancia. Si estás pensando elegir esta opción (con precios similares a los de un hotel de lujo e incluso superior) es porque quieres evadirte del estrés casi con toda probabilidad. Sin silencio eso no es posible. Recuerda que no hay que confundir un glamping con las acampadas de lujo en festivales de música, eventos deportivos y similares. Eso es otra cosa (que también está muy bien) y para otro día.
5.- La experiencia tiene que superar a la que te ofrezca un hotel. Y cuando hablo de experiencia tiene que ser en la naturaleza: oferta deportiva, senderismo por parajes de gran belleza, equitación, acceso a pistas de esquí, posibilidad de visitas culturales…
6.- Un glamping tine que ofrecer servicios básicos de restauración (o cocina propia en su defecto), un teléfono para llamar (o recepción), una buena información de lo que se puede hacer en la zona, posibilidad de transporte o aparcamiento… No vale que te dejen tirado en la tienda de campaña y ya está. Para eso tampoco pagas.
7.- Se agradece un buen diseño “arquitectónico” que sitúe el glamping en medio de la naturaleza sin estridencias. Paralelamente, no vale poner una manta cualquiera. Si se quiere llamar glamping debe tener una decoración escogida y con gusto.
8.- De la higiene ni hablamos, que una cosa es estar en medio del campo y otra no pasar la escoba nunca. Si te van a cobrar (como lo hacen), todo tiene que estar limpio y cuidado.
9.- Toallas, sábanas, cacharros para la cocina, geles, champús, un edredón. Vas de glamping. Eso significa confort, comodidad, un poquito de lujo, detalles, servicios…
10.- Un glamping, aunque esté en medio de la naturaleza, tiene que tener accesos más o menos normales. Sí que puedes llegar en helicóptero privado, pero esos no están en esta lista. Son más exclusivos aún que los que te dejo.
Se encuentra en las afueras del emplazamiento de moda de la Costa del Sol, Casares. Las tiendas son para quitar el hipo (también tiene cabañas de adobe), con una decoración exquisita, equipos de última generación tecnológica, servicios de hotel de cinco estrellas y vistas a los parques naturales de alrededor (Arconocales y Sierra de las Nieves) o al Mar Mediterráneo. No admiten niños. Es una idea pensada para adultos. Es para apagar el teléfono y no salir de aquí la verdad.

Tiene una decoración tan exquisita que más bien parece que estás en una tienda de un torneo medieval o renacentista que tanto gustan en los alrededores. Es un sitio perfecto incluso para pasar una luna de miel por lo original de su concepción artística. Es el menos “natural” de la lista, pero es que su situación en imbatible: a 26 kilómetros de la plaza de San Marco de Venecia, a 60 kilómetros de las playas de Jesolo, a 28 kms de Padua, de fácil acceso a las maravillosas islas de la Laguna de Venecia…

En verano estos “pod” en forma de iglú, en color blanco pero con material tecnológico se cubren con una lona de camuflaje y la empresa oferta opciones para disfrutar de la magnífica naturaleza alrededor. Pero lo mejor del Whitepod es su oferta invernal para ir con niños: trineos con perros, senderismo con raquetas, esquí de fondo… Y todo ello al calor de una fantástica estufa privada con vistas al Mont Blanc y una infusión caliente para reponer fuerzas. Y si te cansas de tanto deporte, disponen de spa siguiendo la filosofía del Ayurveda ¡Es uno de mis favoritos!

De similar concepto es Natura Glamping pero más sencillo tanto en las instalaciones como en los servicios. Está situado cerca de Fundao, en el centro-norte de Portugal.

No son cabañas, son castillos y todo en ellos rezuma glamur, buen gusto, exquisitez… Están situados en la Dordoña, en la mitad sur de Francia. Te he dejado el link para que pasees por estas cabañas sobre el suelo (hay una a nivel de un lago) construidas en madera y siguiendo la estética de los cuentos de hadas. Jacuzzi en la terraza con vistas al bosque, baños al estilo decimonónico, una pasarela para que te sientas como un Robinson, desayuno en una cesta con pan caliente, equitación, tenis, canoas, visitas a bodegas… ¡Es, sencillamente, una pasada!

Para perderse durante un fin de semana en un ambiente de relax, es perfecto el Glamping Dehesa de las Yeguas, situado en una finca particular (te tienen que guiar por las cuatro tiendas diseminadas entre los pinos) de 500 hectáreas. Salinas, caballos, silencio, pinos y toda la independencia del mundo. Apenas hay servicios comunes (aunque la dueña está de guardia siempre) pero, en contrapartida, las tiendas exquisitamente decoradas en estilo rústico andaluz tienen de todo. Cocina, cacharros, menaje, tv, aire acondicionado, baño, porche… Es el sitio perfecto para quedarse unos cuantos días y recargar las pilas en medio de la naturaleza aunque también puedes optar por visitar los pueblos cercanos de Cádiz, equitación, relajarte en las playas vírgenes de alrededor, senderismo, un curso de pintura sobre seda... ¡Sin agobios, eh!
En medio de la campiña escocesa, lejos del mundanal ruido pero cerca de algunos emplazamientos de interés se sitúa este campamento gitano. Está montado con antiguas caravanas de madera procedente de Rumanía. El interior está decorado profusamente siguiendo la estética victoriana. Algunos disponen de bañera en el exterior para que la experiencia bohemia sea más auténtica aún. Si vas con niños, tienes que preguntar dónde se pueden alojar. Como está todo tan montado al detalle, los dueños han decidido que algo se puede romper y tienen adaptadas para las familias solo algunas caravanas.
Y el verano es para la playa. Y la playa es arena. Y una de las pocas playas vírgenes que quedan en Europa es Comporta, en la desembocadura del río Sado, a poco menos de una hora de Lisboa. Aquí se ha montado uno de los establecimientos más singulares de todo el continente. También es exquisito y caro. Las Casas na Areia siguen la estética de las cabañas de pescadores locales. Tanto es así que el salón no está solado. Te sientas en un fantástico sofá blanco con los pies en la arena. Como esto es glamping de verdad, los arquitectos han pensado que dormir con los pies sucios no es una buena idea y la zona de dormitorio dispone de una ducha en el exterior para refrescarse antes de acceder al suelo de tabla. Comporta es, junto con la Ría Formosa, uno de esos últimos paraísos naturales sobre la Tierra. Si encimas lo haces en un glamping como este, la experiencia se convierte en sublime por lo menos.

Está en un antiguo balneario descubierto en el siglo XIX, el Pedra Salgadas tiene también casas ecológicas pero lo que nos gusta son sus cabañas de diseño suspendidas en los árboles. Perfecto para disfrutar de los bosques otoñales o para reponer fuerzas en su spa. Es uno de esos sitios de innovación extrema, pero respetuoso con el medio ambiente, que tanto proliferan últimamente por Portugal.

Este también me lo he apuntado como uno de los favoritos. Vale que a mí me pilla relativamente cerca de casa, pero la idea es de lo más original. Tiene catalogación de casa rural por la administración, pero no es una más de las fantásticas que se desperdigan por el campo andaluz. Son auténticas casas cuevas (alojamientos trogloditas vinculados a los gitanos andaluces) en plena Sierra de Cazorla. Ni que decir tiene que todo está ejecutado con detalle siguiendo la estética andalusí y con todas las comodidades posibles: jacuzzi, cocina, porche, barbacoa… Perfecto para ir con niños.
¿Te apuntas a la moda del glamping? A mí me parece de lo más divertido y emocionante. Por eso otro día más que el reportaje está quedando demasiado largo.
Por Candela Vizcaíno

Fue en la Belle Époque cuando se fraguó la fama de París como lugar ideal para los enamorados. Por entonces la ciudad era un hervidero de artistas, literatos, políticos y otras gentes de mal vivir que arribaban hasta la capital de Francia en busca de libertad. Se inauguraban cada semana cafés, cabarets o “casas de amor”, a la par que librerías, talleres de sombreros o bombonerías.
Desde entonces, enamorados de todo el mundo buscan los mejores rincones de París para declarar su pasión a los cuatro vientos o esperan al anochecer para inmortalizarse ante la Torre Eiffel. Es éste el París que celebra la alegría de estar vivo ajeno a sus grandes monumentos. Este París (el del amor) se encuentra en los rincones de los barrios más artísticos (como Montmatre) o más bohemios (como Saint Germain des Près). Desde cualquiera de ellos puedes visitar los monumentos más impactantes de la Ciudad de la Luz.
Los hoteles más adecuados para tales escapadas románticas se encuentran en estas zonas, pero también alrededor de Ópera o rondando el Louvre. Son establecimientos, la mayoría de ellos, de poco tamaño y decorados con telas suntuosas que nos recuerdan ese saber vivir la pasión amorosa de la Belle Époque. Ten siempre en mente (sea cual sea el objetivo de tu viaje) que las habitaciones de los hoteles parisinos suelen ser muy pequeñas y que, en líneas generales, hay una tendencia a abarrotar todo con decoración profusa, diversa y, a veces, extenuante. La selección a continuación es personal, my a mi gusto. La he hecho para ti, por supuesto, pero también me gustaría probarlos todos. Eso sí, como a ti, con la mejor compañía posible.

No solo es uno de los mejores para una escapada romántica sino que está en el top ten de una ciudad pródiga en buenos establecimientos y no es para menos. El hotel está muy cerca del Moulin Rouge y ha sido decorado por el gran Jacques García con telas suntuosas y mejor buen gusto. La inspiración viene dada porque es una rehabilitación de una antigua casa de placeres hoy abierta a sibaritas (enamorados mejor) de todo el orbe. Tiene un pequeño spa (secreto que esto no podía ser de otra manera) con un hammam y una piscina mínima. En la fachada se han dejado los farolillos rojos que ornaban en la casa originaria para que los enamorados no se pierdan entre las estrechas calles donde se encuentra.

Este se encuentra en el elitista barrio del Marais y también ha sido decorado con el estilo profuso y abigarrado de Christian Lacroix. El resultado son ambientes cálidos muy adecuados para estar en pareja o para las escapadas románticas. Su fachada en color negro y oro en esquina se confunde con una típica boulangerie (panadería) parisina. Está bien valorado y, con un poco de paciencia, se puede conseguir alguna oferta para realizar alguna escapada romántica.

Es uno de los favoritos de los enamorados de todo el mundo para pasar algunos días en París. Se encuentra cerca de Montmatre, uno de los emplazamientos de la Ciudad de la Luz más adecuado para una escapada romántica. Todas las habitaciones son distintas, aunque quizás la más solicitada sea la que reproduce el gran reloj de estación de tren que se encuentra en el Museo de Orsay. Es uno de los pocos hoteles pequeños de París con hammam, piscina interior y un mínimo spa.

Se encuentra en un callejón a las espaldas del Museo de Orsay, en la zona bohemia y literata de París. A pocos pasos, por la zona izquierda, te vas a topar con cafés, restaurantes y chocolaterías para disfrutar de París desde su lado más dulce. Decorado también por Christian Lacroix, es más diáfano y más sobrio que el Hotel du Petit Moulin del mismo diseñador. Aún así, las paredes están profusamente empapeladas y no hay empacho en combinar colores tan parisinos como el magenta, el fucsia, el verde hierba…

Está considerado uno de los mejores de París y, probablemente el más exquisito del Barrio Latino y no es de extrañar porque alberga un club de jazz y el patio interior con una fuente cantarina invita a disfrutar del amor al máximo. Todo ello entre esculturas y rodeado por los muros de una casa que está en el mismo lugar desde el siglo XVII. Las habitaciones son un poquito más grandes de lo normal en los hoteles en París y tienen un toque sobrio y elegante. Es uno de mis favoritos (por la situación), pero también es un poco más caro que los que te he dejado anteriormente. Está a cuatro pasos del Puente Nuevo donde los enamorados tienen que decirse “Te quiero” si desean volver.

Es uno de los más deseados por los viajeros por su situación (en pleno barrio de Saint Germain des Prés) y por su interior suntuoso al extremo. Todas las habitaciones están decoradas con la inspiración del gran Leonardo, siguiendo sus obras, caligrafía o inventos. El resultado es de lo más acogedor, igual que su patio interior con sillas mínimas para saborear la buena bollería parisina. También tiene una pequeña piscina en un sótano abovedado que simula un cielo estrellado. ¡Como para no enamorarse!

Es uno de los más lujosos de la lista y pertenece a Relais & Chateaux. Lo más cercano son los Campos Elíseos. Está decorado sin perder detalle con sedas en colores pasteles, objetos de arte, orquídeas auténticas, platos de porcelana… Como todos los establecimientos adheridos a la cadena, el restaurante es muy bueno. Es, en definitiva, uno de esos sitios en los que se entra y no se quiere salir de la habitación. ¡Recordemos que estamos en una escapada romántica! No digo más.

Al lado de la apabullante Ópera de París, de la Iglesia de la Magdalena, de las Galerías Lafayette… es un hotel con encanto pero sin caer en la exageración decorativa. Sus habitaciones son sobrias y puestas con un gusto tremendo. Tiene muy buena puntuación entre los viajeros que visitan París en plan romántico.

Es un clásico de París y uno de los mejores de la capital situado al lado del Bois de Bologne. Es un destino en sí y uno de los hoteles más lujosos de la Capital de la Luz. El spa es inmenso y lo lleva Guerlain. Es la misma casa francesa con tienda abierta en los cercanos Campos Elíseos y donde (con la VISA bien repleta) te hacen un perfume adaptado a tu personalidad. Probablemente sea el más caro de la lista, pero se puede visitar una tarde para tomar café o algún aperitivo en sus jardines o entre los libros antiguos auténticos de su biblioteca reconvertida en bar.

A 10 minutos a pie del barrio más romántico de París (el artístico Montmatre), disfruta del glamur del distrito Ópera. En el hotel hay que estar a las 6 y media de la tarde y quedarse en su lobby, al menos, hasta las ocho. Y ¿por qué? Porque sirven champán a los huéspedes de cortesía (esto es, gratis). ¿Y qué mejor que empezar una noche de amor así? Es el más económico de la lista, pero no por ello el menos agradable. Si hay tiempo para otras cosas que no sea la pasión y el disfrute de París, merece la pena quedarse un rato en el salón o en su romántico patio interior.
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Me guardo cual es mi favorito, porque me gustan todos. Pero, que tengo mucha curiosidad ¿Y el tuyo? Recuerda que la casilla comentarios está abierta a tus peticiones.
Por Candela Vizcaíno

Su línea costera suena a glamur, a mito, a noches de amor, a sol, a arena, a elegancias en bikini... Es la Riviera Francesa o la Costa Azul, uno de los primeros destinos de veraneo de playa del mundo y casi de la historia. Desde Cannes hasta la frontera con Mónaco, se salpican cabos, calas y bosques de pinos que hablan de un mundo fácil y hedonista. Hoy esta parte del planeta, aunque ha sufrido los rigores de los visitantes en masa, aún conserva ese brillo del pasado. En parte porque los precios prohibitivos de hoteles, restaurantes y servicios corrientes alejan cada año a los bolsillos menos pudientes.
Salpicado aquí y allá te vas a encontrar, galerías de arte, puertos, museos, bistrós y villas de infarto que un día fueron viviendas provisionales para la aristocracia y la clase alta europea como la Villa Ephrussi de Rothschild (en la imagen).

Cannes (con su afamado festival de cine) y Niza (la capital de la Costa Azul) son las dos grandes ciudades de referencia, pero bordeando el mar se suceden maravillosos pueblos de un puñado de miles de habitantes que nos atrapan al instante. Antibes, Cap de d’Antibes, Saint Paul de Vence (repleto de galerías de arte contemporáneo), Èze (encaramado a un roca) o St-Tropez (donde la Bardot lució el primer bikini) aún pueden ser considerados como los pueblos más bonitos de Francia. Un recorrido en coche hará reconciliarte con tus fantasmas (si los tienes) y si disfrutas de poder financiero para alojarte en uno de ellos conseguirá, incluso, que se alejen para siempre. Así es el glamur no solo de Niza sino de toda la Costa Azul, de la Riviera Francesa objeto de deseo.
Porque en esta parte de mundo se salpican grandes hoteles centenarios y otros más pequeños reconvertidos en estancias glamurosas siguiendo un concepto distinto. Villas aristocráticas o mansiones familiares han sido reconvertidas en alojamientos exquisitos con servicios de altura para los clientes más exigentes. Te traigo hoy solo diez elegidos entre los mejores. Puede que sean más, pero te aseguro que los que están son para no olvidar.
Se encuentra en el afamado Paseo de los Ingleses mirando hacia el mar y con su cúpula en color rosa, ha cumplido sus buenos 100 años luciendo impresionante sobre el Mediterráneo. No es un hotel corriente puesto que está catalogado como Monumento Nacional. Y no solo por su arquitectura de la Belle Époque sino también por sus obras de arte (Dalí entre otros) que señorean en el interior. Es este de esa suntuosidad palaciega al gusto de los Ritz o Palace, pero algunas habitaciones son de un impactante estilo art decó auténtico. Y si su playa privada es un reclamo para sus clientes very very very vips, el bistró decorado con caballitos de tiovivo está abierto a todos los mortales que puedan pagar casi 10 euros por café.

A corta distancia y más moderno que el centenario Le Negresco se encuentra este hotel también en Promenade des Anglais o Paseo de los Ingleses. Tiene vistas al mar y los servicios que se esperan de un cinco estrellas de este nivel, como hammam o piscina cubierta. El interior no tiene nada que ver con las paredes enteladas en seda de Le Negresco pero es una opción “económica” (si esto se puede aplicar a servicios de este nivel) a su hermano de Avenida.

Está situado en un cabo o una pequeña península que se adentra en el Mar Mediterráneo. Saint Jean Cap Ferrat es la apoteosis de los lugares de veraneo del pasado con su clima suave y sus bosques de pinos. Aquí se situaron los grandes aristócratas y hoy quizás tenga la mayor densidad de hoteles de muy altísima gama del planeta. El interior es de un exquisito estilo Art Decó reinterpretado que hace las delicias de cualquier adepto a la decoración. Y, por supuesto, tiene una playa tan privada y tan maravillosamente puesta que si vas con niños te dan hasta las palitas y los cubitos para que jueguen en la arena. ¡Nobleza obliga!
Pero aún en mejor sitio si cabe porque se encuentra situada en la punta de este cabo tan exclusivo es el Grand Hôtel du Cap Ferrat. Y entre uno (este que comentamos) y otro (el Royal Riviera) se encuentra la Villa Ephrussi de Rothschild. Centenario como el anterior, tiene, nada más y nada menos, que siete hectáreas de jardines (70.000 metros cuadrados). Así que la privacidad está garantizada. Fue en su día refugio de ricos de todo tipo y hoy es uno de los más exclusivos porque, incluso, hay zonas reservadas dentro de un lugar tan discreto. No quieren vivir de los tiempos gloriosos y acaban de reformarlo con una piscina que se confunde con el mar, un spa y una decoración en tonos sobrios y blancos que tanto gusta ahora.
Creado por Pierre Loti, tan vinculado a la literatura de aventuras y sobre todo a Estambul. Y todo empezó en 1880 con un restaurante de marisco y diez habitaciones. Eso sí de lujo y al borde del mar y con vistas a la villa privada y sus impresionantes jardines Kerylos. Hoy es un destino perfecto para una Luna de Miel si los fastos de la boda no dejan a la familia con poco saldo en la cuenta.

Está frente al puerto y es el elegido por las estrellas de la alfombra roja para sus estancias durante el festival. El hotel, como es normal en establecimientos de esta gama, es renovado cada cierto tiempo. Hoy, quizás lo mejor sea su terraza con vistas al Mar Mediterráneo. Y es tan exclusivo que tiene casino propio.

Y sus ecos de los años del Power Flower y la alegría por la playa, el sol, la arena y el desparpajo social. Porque, si bien los hoteles anteriores de Niza y la Costa Azul que te he ido poniendo son más veteranos y tienen más solera, casi todos ellos no rezuman el espíritu festivo que se respira en Saint Tropez. Aquí se deja de lado la sobriedad, la suntuosidad de paredes enteladas en seda y nos adentramos en un saber vivir diferente: un poco más bohemio. Aunque eso no quita la exclusividad al más alto nivel. De ese tenor es el Hotel Byblos con sus techos de madera envejecida, sus paredes en vivos colores de terracota que intentan emular un pueblecito pesquero. Las fiestas de los años setenta aún se pueden rememorar en su club nocturno.
En Saint Paul de Vence, uno de los pueblos más bonitos de Francia y probablemente de Europa, se encuentra entre olivos que cobijan en verano a cigarras que no paran de cantar, que para eso estamos en la Costa Azul. Saint Paul de Vence está muy cerca de Niza pero con los encantos de un pueblo único repleto de galerías de arte y tiendas de moda de estilo boho chic. El hotel asemeja una villa particular y, en verano, al caer la noche hay buena música en vivo y en directo a la luz de las velas.

Está colgado sobre un acantilado sobre el mar. Y si el pueblo es bonito (aunque no apto para los que se olvidaron del gimnasio) ni te digo de este hotel. Algunas habitaciones están decoradas con piedras como es tan habitual en las viviendas de la zona y de la vecina Provenza. Pero lo mejor sin duda es su restaurante – cafetería exterior con vistas al Mar Mediterráneo. ¡Una experiencia!

Tan exclusivo que es casi imposible reservar a pesar de sus precios (en verano la noche ronda los 500 euros por habitación). Pero es que su playa privada es un reclamo para cualquiera que pueda permitírselo. Por dentro, por fuera o desde el mar parece una villa privada de amplias dimensiones, pero es lo que tiene la exclusividad: que ni siquiera lo parece. Tienen un bistró con vistas al mar que es para quedarse horas.
Hay muchos más, algunos más asequibles, otros iguales de fascinantes, pero he tenido que seleccionar obligatoriamente. La Costa Azul o Riviera Francesa con Niza como centro fue uno de los primeros destinos de veraneo (y lo que significaba el concepto para otro día) de Europa. Hasta aquí llegaba la aristocracia rusa, los lores ingleses o los ociosos italianos. Luego se fue poblando con estrellas de cine, de la música y con magnates de todo el orbe. Hoy gusta mucho a los pudientes de los países árabes y no solo por ser un destino de glamur, playa, sol y cocina exquisita. También está plagada de galerías de arte y de museos de arte contemporáneo. Un buen sitio para iniciarse es, por supuesto, Niza pero también el pequeño pueblo de Saint Paul de Vence donde Picasso o Matisse pasaron largas temporadas de verano creando a lo grande.
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Por Candela Vizcaíno

Uno de los diseñadores de moda más laureados nos proporciona la mejor experiencia que un viajero puede soñar: alojarse en un Hotel Armani, un sueño para el propio diseñador y también para cualquier huésped que opte por este alojamiento de lujo en sus viajes por todo el mundo. Por el momento hay dos Hoteles Armani, situados en ciudades que son auténticos caprichos viajeros, Dubai y Milán. El Armani Hotel Dubai y el Armani Hotel Milano abren sus puertas para el viajero más selecto que busca la exquisitez hasta en los más pequeños detalles.
Él es un gigante de la moda, un diseñador que inició su carrera en la moda en 1975 y que desde entonces ha creado un verdadero imperio empresarial. Giorgio Armani no defrauda en ninguna de sus facetas y se alza poderoso en el mundo del diseño donde a sus 80 años aún tiene mucho que decir. Anota esto si quieres saber más de este creador:

No es el primer diseñador de moda que se embarca en la gestión hotelera, pero sí el que más éxito tiene. Con una cuidada promoción de vídeos y publicidad en los que la sensualidad es la principal baza, los Hoteles Armani invitan al viajero a quedarse con él. Toda una aventura a la que es imposible resistirse. Y, ¿Por qué?

Uno de los lugares elegidos por Armani para sus hoteles es la majestuosa Dubai. El Armani Hotel Dubai se fusiona a la perfección con el lujo de este Emirato que es el destino preferido por los viajeros de alto nivel para vivir una aventura apasionante sin renunciar a la elegancia y al confort. Estas son sus características más destacadas:

Hablar de diseñadores italianos, de moda y de lujo es hablar de Milán, donde se encuentra otro de los Hoteles Armani. Situado en plena zona comercial, este hotel vanguardista encarna como ningún otro la perfecta conjunción entre diseño y tecnología. Una estancia que el viajero no podrá olvidar tan fácilmente gracias a las experiencias que se ofrecen bajo el sello de calidad de la firma Armani. Nos fascinará por:

Por Laura Vélez