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Edward Hopper y sus obras de la soledad y la incomunicación

Obras de Edward Hopper

Obras de Edward Hopper

Candela Vizcaíno

 

Dentro de los pintores realistas norteamericanos insertados en la corriente denominada American Scene, brilla con luz propia Edward Hopper (1882-1967). Y lo hace tanto que, después de Picasso, con toda probabilidad, fue el artista plástico más influyente de todo el siglo XX. Las obras de Edward Hopper son plenamente reconocibles por su acercamiento a la incomunicación, alineación y soledad de la vida contemporánea. Algún que otro título, tal cual Habitación de hotel, se ha convertido en icono de la cosmovisión de las últimas décadas.   

Biografía mínima de Edward Hopper 

Nace en julio de 1882 en la pequeña localidad de Nyack cuya casa natal se ha reconvertido en museo. Se aficionó al dibujo, la ilustración y la pintura desde niño y en el año 1900 estaba en Nueva York matriculado en la New York School of Art aprendiendo de la mano de Robert Henri. En 1906 viaja por Europa recalando en París, Inglaterra, Alemania y Bélgica. En París, por entonces el ombligo cultural del mundo, estuvo en contacto con los artistas del fauvismo y también con Picasso que se erigiría en abanderado del cubismo y del arte de la época, primero, y universal después.  

De vuelta a Nueva York, su primera exposición es de 1908 y comienza a trabajar profesionalmente como ilustrador. Las exposiciones se sucedieron así como sus viajes a París. Este deambular se interrumpió en 1923 cuando veranea en Maine y lo tomará como costumbre ya dedicado a su producción artística por completo la cual va teniendo una progresiva aceptación. Llegó a ser considerado en la década de los treinta como el mejor artista norteamericano hasta la fecha. Su éxito no decayó siquiera con su muerte en 1967. En la actualidad, Edward Hopper es considerado una referencia ineludible del arte de los últimos siglos por lograr plasmar de una manera tan sencilla que casi no requiere explicación la vida emergente de las grandes ciudades, la soledad, la incomunicación y la tristeza de quien no encuentra un lugar de acogida. 

Características de las obras de Edward Hopper

En un estilo sencillo, realista, basado en colores planos y casi puros las pinturas de Edward Hopper representan la vida urbana que se abría en las primeras décadas del siglo XX. Pero no lo hace en su ajetreo o hitos de desarrollo y se centra en la figura humana. Estas aparecen solas, rodeadas por un entorno en el que ha desaparecido todo rastro de vida. Y, cuando son varios los  protagonistas, siempre están retratados de una forma tan individual e ensimismamiento en su propio mundo que se nos antoja una comunicación imposible. A grandes rasgos, podemos resumir el estilo de las obras de Edward Hopper en lo siguiente:  

1.- Preferencia por el mundo urbano aunque también trata la naturaleza como contrapunto al hacer de la raza humana 

Hay un gusto por las cafeterías modernas, por la oscuridad de los cines, por los interiores laborales de las oficinas y por los hoteles. Allí las figuras se encuentran como perdidas y ajenas a la realidad que se despliega a su alrededor. Este aspecto se encuentra en sus obras más famosas como Automat (1927), Habitación de hotel (1931) o Noctámbulos (1942). 

2.- El espacio natural se erige como frontera 

A un lado, se encuentran los bosques, los árboles y los acantilados y, al otro, las construcciones humanas. Hopper plantea incluso una línea que divide ambos mundos como si fuera imposible una reconciliación. Esta fractura anímica es evidente en otra obra de Edward Hopper bastante conocida Gasolina de 1940. Los surtidores de combustible aparecen en línea sin más presencia humana de quién, agazapado, parece realizar una tarea de mantenimiento. El bosque se despliega detrás mientras cae la noche sin más almas que alimenten el cuadro. 

Edward Hopper Automat   1927  

3.- Las obras de Edward Hopper muestran una preferencia por reflejar el interior a través de una ventana

Así, el artista y el receptor de las mismas se convierten en privilegiados observadores, en mirones casi, que osan atreverse a presenciar la cotidianidad laboral o del hogar. Una de los títulos más sugestivos en este sentido es Habitación en Nueva York de 1932. A través de la ventana vemos a una pareja absortos cada uno en su propios pensamientos y actividades sin interactuar entre sí. Un hombre encorbatado lee el periódico mientras, lacónica, una mujer vestida de rojo parece jugar (que no tocar) con las teclas del piano. Esta visión nos suelta de sopetón una vida anodina, carente de pasión o de complicidad. A pesar de compartir el mismo techo los personajes se muestran ajenos a la realidad del otro, aunque este otro esté físicamente muy cercano.  

4.- Hay una preferencia por las habitaciones de hotel o por espacios cerrados 

La narración de las obras de Edward Hopper se dan en cafés modernos en los que la charla, el baile o la alegría se ha sustituido por la lectura individual del periódico, las habitaciones de hotel donde las parejas viven ajenas a la realidad del otro (tal cual Hotel junto al ferrocarril de 1952), las oficinas en las que no hay espíritu de equipo o en cualquier tipo de interior donde es imposible la complicidad. Las obras de Edward Hopper nos pueden mostrar a varios personajes juntos (como Cine en Nueva York de 1939) pero no encontramos la más mínima interacción entre ellos.  

5.- La característica más notable es el reflejo de la más absoluta soledad 

Y no una circunstancial o deseada sino enquistada en un modo de vida que parece ajeno al sentir del otro aunque este otro forme parte de la misma realidad. Todo ello desemboca en unas obras que, aunque no fueron ejecutadas con espíritu crítico, se convierten en el mejor reflejo de una época. El mundo se ha reducido a pocas personas a pesar de que las ciudades crecen y crecen al margen de la naturaleza. Y la interacción entre ellas es tan pobre que las obras de Edward Hopper nos devuelven una realidad repleta de pesadumbre y tristeza. No se muestran grandes problemáticas o momentos épicos sino que estamos ante el reflejo de lo anodino, repetido y sin importancia en todos los sentidos del término. 

6.- Referencias a los maniquíes  

Mientras algunos rostros de los protagonistas de las pinturas de Hopper aparecen desdibujados, algunas figuras femeninas nos recuerdan a los maniquíes. En este sentido, aunque esté en otra esfera de sentido, podemos enlazar estas obras con las de la pintura metafísica. Los muñecos no son representaciones de un mundo onírico. Todo lo contrario, pertenecen al real. La protagonista de Chop Suey (1929) se muestra de una forma tan rígida tanto hacia el espectador como hacia la persona con la que supuestamente interactúa que el resultado es de irrealidad. Pero no nos encontramos ante lo oculto de los artistas del surrealismo. En este sentido, asistimos al despegue de todo lo que rodea el mundo física quizás como el último gesto de protección. 

Obras de Edward Hopper más importantes y breve análisis 

De la inmensa producción del artista norteamericano destacamos estos títulos por ser significativos de su trayectoria estilística y, también, porque algunos de ellos son reconocibles para el gran público. Edward Hopper  Chop Suey   1929

1.- Chop Suey (1929)  

Pertenece a una colección privada y en ella vemos reflejadas tres figuras humanas en el interior de un café moderno. El personaje central es la mujer joven que mira hacia el espectador perfectamente ataviada y maquillada. Sin embargo, su aspecto es de tal ensimismamiento que parece del todo irreal, como si no fuera humana. No interactúa con la otra figura que nos da la espalda y no muestra las manos en claro gesto de protección tal como nos enseña la psicología. Las personas de alrededor inciden en ese sentido de soledad e incomunicación concentrados en tareas individuales y ajenos a los que sucede alrededor.  

2.- Habitación de Nueva York (1932) 

Es una de las obras más claras que muestran la alineación de la sociedad contemporánea ya que refleja la cotidianidad de una pareja en el interior del hogar. Ninguno de ellos tiene interés por el otro y actúan como si no existieran. Del mismo tenor es Hotel junto al ferrocarril de 1952.  

Hopper Noctambulos 1942

3.- Noctámbulos de 1942  

La noche ha caído sobre la ciudad pero aún queda algún local abierto. Este no muestra ni bullicio ni alegría ni baile. Un camarero se afana con algunas bebidas mientras una figura masculina de espaldas está totalmente ajena al espectador. Sin embargo ese sentimiento de incomunicación es más palpable en la pareja de hombre-mujer eje central de la obra, ya que se muestran sin interactuar entre ellos siquiera. No podemos dejar de preguntarnos qué ha llevado a cada uno de ellos a salir de casa para situarse en esa posición de extrema vulnerabilidad. 

4.- Automat de 1927, una de las obras de Edward Hopper más famosas 

Y lo es porque juega hasta con el título, ya que Automat se refiere tanto a los primeros autoservicios como a un muñeco autómata. La figura femenina está concentrada en la taza de café y todo en ella rezuma tristeza y apatía mientras la oscuridad se despliega hacia afuera. Como en el caso anterior, el espectador no puede dejar de preguntarse qué circunstancia la ha llevado a esa escena, a esa situación ya que no podemos adivinar nada por los elementos del cuadro.  

Hopper Oficina de noche 1940

5.- En la oficina por la noche de 1940  

A igual que sucede con los cafés, los hoteles o los interiores domésticos, las modernas oficinas adquieren el mismo carácter. Las obras de Edward Hopper, cuando se leen de forma sucesiva, no nos deja ningún espacio para la comunicación o la interacción humana. Todo su universo gira alrededor de ese no permitirse compartir creando, a pesar de la luz y el color, una atmósfera anímicamente asfixiante.  

6.- Habitación de hotel (1931)  

Esta obra que se muestra en el Museo Thyssen-Bornemisza nos muestra la apoteosis de la soledad contemporánea. Una figura humana lee sentada en la cama en una posición poco cómoda mientras todo el equipaje se despliega alrededor. Además de la soledad asistimos a la provisionalidad a la que siempre nos remiten los hoteles. 

Sin embargo, estos interiores de hoteles, cafeterías, cines u oficinas en las obras de Edward Hopper nunca son espacios de encuentro. Todo lo contrario, se convierten en la atmósfera que rodea la introspección más absoluta.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla 

 

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