Jerez de los Caballeros y los últimos templarios de Extremadura

Un templario reza a sus hermanos asesinados

Un templario reza a sus hermanos asesinados

© Candela Vizcaíno

 

Un recorrido por la villa Jerez de los Caballeros, en la provincia de Badajoz, plaza fuerte de los templarios y donde fueron ejecutados los últimos extremeños de la orden.

La Orden de los Pobres Caballeros de Cristo y del Templo de Salomón

El mandato tenía por fecha 12 de octubre de 1307. Era jueves. Y se repartió por todo el territorio francés y buena parte de la cristiandad. Era clara y explícita: había que ejecutarse el día siguiente. Era viernes 13. El objetivo: los caballeros templarios y el fin de su orden religiosa, militar y, también, financiera.  Comienza una operación conjunta entre el Rey de Francia (Felipe IV, el Hermoso) y el Papa Clemente V (por entonces con silla en Aviñón) para acabar con la congregación religiosa y (a la par) militar más poderosa de la historia de la cristiandad.

Creada entre 1118 y 1119 por nueve caballeros franceses, sus hermanos se expandían desde Inglaterra hasta Tierra Santa. Eran cultos, fuertes, viajados, religiosos pero también conocían las artes militares. Su poder terrenal se afianzó con un sistema económico sin precedentes al crear un sistema financiero a la manera de los bancos modernos. Respetados por la nobleza y por la población llana, recibían donativos y tierras que administraban con eficacia haciendo crecer beneficios rápidamente a la par que se hacían con poderío político.

Participaron en las Cruzadas, defendían a los peregrinos en su viaje hacia Tierra Santa, daban protección a los comerciantes y no tenían reparos en desfundar la espada para hacer cara ante cualquier injusticia. Sus sellos y sus documentos financieros eran 100% fiables. Llevaban la cabeza rasurada y vestían de blanco. La cruz roja en su pecho indicaba que trabajaban, combatían y rezaban por la gloria de Cristo. No temían a la muerte porque su reino, a pesar de tantas riquezas, no era de este mundo.

“Non nobis, Domine, non nobis. Sed Nomini Tuo Da Gloriam”

“No a nosotros, Señor, no a nosotros. Sino a tu nombre sea dada la Gloria”

Ese aciago viernes 13 buena parte de ellos (los más importantes) fueron apresados (el Gran Maestre entre ellos). Otros pudieron huir. Fueron muchos los que resistieron. Para los que no renegaron, ese día o los siguientes o en los meses posteriores les esperaba el patíbulo, la cárcel, la tortura o la hoguera.  Fue una injusticia. Fue una conspiración de un rey acosado por las deudas y un Papa pusilánime. Fue el inicio de un mito. Se les acusó de sodomía, de ritos satánicos, de abjurar de la cruz (ellos que la llevaban en el pecho), de herejía (quienes defendía con su sangre los Santos Lugares), de los más viles pecados “que no podían ser nombrados”. Todo era mentira. Fue una patraña. Una conspiración para no pagar las deudas contraídas por el rey, para quedarse con sus inmensas propiedades: tierras, castillos, barcos, monedas de oro…Y, de paso, quitarse de en medio una orden admirada por nobles y pueblo llano. Los templarios eran incómodos por su poder económico y su forma de vida. Había que eliminarlos y eso fue lo que se hizo ese viernes 13 y los días siguientes.  

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Los templarios en Extremadura

Da esta tierra gente sobria, curtida, trabajada y dada a la conquista. De aquí eran Hernán Cortés y Trujillo, por poner solo dos nombres. Y el primer occidental en divisar el Pacífico (Vasco Núñez de Balboa) era hijo de la plaza donde hoy hemos parado.  Aguerridos celtas, romanos cultivados, musulmanes, templarios... Todos querían quedarse. Hoy es destino de gourmets, de amantes de la historia, de buscadores de lo auténtico…  De entre sus pueblos, hoy nos entretenemos en uno: Jerez de los Caballeros, donde fueron ajusticiados los últimos templarios de Extremadura.

Si recibieron la villa, en 1240 de manos de Alfonso IX de León, como premio por haber blandido la espada para expulsar al enemigo musulmán, los descendientes de ese mismo rey no tuvieron ningún reparo en pasarlos a cuchillo un siglo más tarde. Los últimos templarios extremeños defendieron su posición valientemente. Eran pocos. Apenas un puñado. Se atrincheraron en la Torre del Homenaje del castillo que custodiaban. Rezaron, pero nada pudieron hacer ante el ejército del rey. Acorralados, fueron, uno a uno, decapitados y luego sus cuerpos arrojados al vacío. Las almenas se tiñeron con su sangre. Y, desde ese día, pasó a llamarse Torre Sangrienta en recuerdo de tan valientes caballeros.

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Un recorrido por Jerez de los Caballeros

Todo en esta villa extremeña está impregnado por el recuerdo de la Orden del Temple. El castillo que guardaban vigila un valle fértil. La torre ha sido imaginada tal cual la dejaron sus últimos moradores y el pueblo custodia los vestigios de un pasado próspero donde las finanzas, la espada y las oraciones convivían sin ningún problema.  Hasta un restaurante te puedes encontrar en lo que en otro tiempo fue una ermita que guardaba una reliquia de importancia: un trozo de la cruz de Cristo, con la que los cruzados (a los que no les faltaba astucia) comerciaban con gran éxito.

Hoy a Jerez de los Caballeros se accede (desde el sur o  el norte) por una carretera comarcal (de trazado endiablado a veces) que enlaza con la Vía de la Plata o la A5. La subida (con sus debidas precauciones) merece la pena. El pueblo está salpicado con edificaciones que recuerdan ese pasado glorioso. La más espectacular se encuentra en lo más alto y tienes que indicar Plaza de la Alcazaba como dirección en el navegador. Te puedes llevar un disgusto si vas con un coche grande e intentas acceder a lo más alto motorizado porque las estrechas callejas pueden hacer de las suyas. Es mejor dejarlo aparcado e ir andando.

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Entonces, ¿qué ver en Jerez de los Caballeros? Anota estos básicos:

  • Alcazaba de Jerez de los Caballeros. Aquí se encuentra el Ayuntamiento de blanca fachada impoluta que contrasta con la dejadez de la escuela de formación profesional justo en frente. ¡No sé qué dirían los caballeros sobre esto! La Torre Sangrienta “decorada” con lo que sería una habitación templaria está circundada por las murallas sobre las que se divisa unas bonitas vistas del valle y por un parque cuidado.
  • Desde allí vas a disfrutar con la estampa de la Iglesia de Santa María de la Encarnación. Te he dejado mi foto para que te hagas una idea.
  • En la Plaza de España (atestada de cafeterías, tiendas, heladerías y restaurantes) se encuentra la hermosa Iglesia de San Miguel. Visita el interior que merece la pena.
  • Más bella aún es la Iglesia de San Bartolomé, en estilo manuelino (sí el de Portugal que está a pocos kilómetros) con sus azulejos en azul y blanco y cuya espadaña se divisa desde la Alcazaba.
  • La Puerta de Burgos es una antigua entrada a la ciudad amurallada medieval.
  • Impregnada de aires místicos, Jerez de los Caballeros, aparte de sus cuatro iglesias, tiene seis ermitas y cinco conventos.

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Y, como siempre, dejarse llevar. La villa tiene unas cuestas endemoniadas que puede hacer difícil la caminata a los no asiduos al gimnasio, pero perderse por sus calles es toda una experiencia. El pueblo aún guarda las leyendas de esa orden mítica que prefirió morir antes de renunciar a aquello que creía. En cualquier sitio hay un recuerdo. ¡Qué se puede decir de un restaurante montado en una antigua ermita que custodiaba, nada más y menos, que un trozo de la cruz de Cristo! Poco. Solo hay que dejarse llevar y pararse.

Recuerda que aquí se crían buenos vinos y mejores cerdos (blancos) que dejan una carne sabrosa para regocijo de los amantes de la buena mesa y del mejor vivir. Si te decides a hacer una visita al último reducto extremeño de la Orden del Temple, déjanos tus impresiones que nos alimenten el alma y el deseo de recorrer, como los caballeros de la cruz sobre el pecho, caminos de todo tipo.

Fotos y textos por Candela Vizcaíno 

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