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Pieter Brueghel el viejo, ¿el primer pintor surrealista?

Pieter Brueghel el viejo

Pieter Brueghel el viejo

Candela Vizcaíno

 

No se sabe a ciencia cierta su lugar de nacimiento, ni la fecha, ni la grafía de su apellido, ni las obras que son de su mano ni las salidas de sus discípulos o copistas posteriores, pero Pieter Brueghel el viejo es, al día de hoy, uno de los grandes artistas de la pintura flamenca del siglo XVI. Ahora bien, es un pintor tan original y excepcional que, incluso, se considera que es uno de los primeros representantes del surrealismo, cuando este movimiento tardaría siglos en aparecer.  

Mínima biografía de Pieter Brueghel el viejo 

Debió nacer cerca de Breda (es una conjetura) entre 1525 y 1530 y murió el 9 de septiembre de 1569, convertido ya en maestro de la pintura. Eso no significa que se le reconociera su talento artístico tal como lo entendemos hoy en día. Entre sus contemporáneos, Brueghel, en sus inicios, era simplemente un artesano. Pero así también empezó Goya: haciendo cartones para tapices. 

Hay dudas sobre su grado de instrucción, pero sí es cierto que conocía las historias de la Biblia al dedillo y los símbolos y mitos moralizantes cristianos. Nada más hay que echar un vistazo a sus obras para aseverar esto.

Brueghel fue el patriarca de un clan de pintores y se le denomina el viejo para distinguirlo de su hijo mayor. Poco se sabe de su vida y personalidad más allá de las consabidas anécdotas que lo describen como un hombre sencillo que le gustaba vestirse como campesino y socializar con esta población. 

 

Obras de Pieter Brueghel el viejo

Apenas se conservan 45 obras originales de Brueghel. Son pinturas sobre tablas. Casi un tercio se encuentran custodiadas en el Museo de Historia del Arte de Viena.  Muchos de sus dibujos y grabados no son auténticos y parece que se han perdido bastantes ejemplares salidos de su mano. 

La crítica especializada distingue tres etapas en las obras de Pieter Bueghel, el viejo:

  • La inicial con tipos y personajes populares siguiendo un estilo realista y dando cuenta de las costumbres de su época.
  • El ciclo de las estaciones con un sentido moralizante en el que se adentra de lleno en un mundo onírico.
  • Los retratos en los que el paisaje es un mero pretexto y en el que se centra en el carácter interno y en el reflejo de la personalidad a través de los rasgos físicos. 

Los cuadros de Brueghel son abigarrados, densos, detallistas, completos y en ellos se transparentan un espíritu moralizante y crítico en extremo con la sociedad y los vicios de su tiempo. Su pintura se ha puesto en relación con el grotesco que sería una de las características del barroco, el mismo que llegaría después. A pesar, de adelantarse a su tiempo, sus obras representan un mundo onírico, de pesadilla casi. Son varios sus cuadros en el que se representan imágenes que serían del gusto de uno de los movimientos más importantes de las vanguardias históricas: el surrealismo. Tanto es así que los representantes del surrealismo consideraron a Pieter Brueghel el viejo, tal como sucedió con El Bosco, lo consideró un maestro y precursor. 

El surrealismo de Pieter Brueghel el viejo

Por supuesto esta característica hay que ponerla en cuarentena, ya que esta corriente artística como tal surgió tras La interpretación de los sueños de Freud en pleno siglo XX. Aún así, el sustrato de los artistas modernos también subyace en el viejo Brueghel.

Pieter Brueghel el viejo

La caída de los ángeles rebeldes de 1562, por ejemplo, bien podría ser una obra contemporánea, repleta de seres monstruosos y animales híbridos. Aquí se pone de manifiesto el horror del hombre al enfrentarse a la oscuridad de su propio interior. Ni las películas actuales sobre el apocalipsis (pongamos, por ejemplo, el penúltimo fragmento de Los sueños de Akira Kurosawa, “El ogro que llora”) superan estas imágenes del infierno. 

La minuciosa Torre de Babel, reproducida hasta la saciedad en libros de arte, puede funcionar como una buena metáfora de la época contemporánea en la que todos hablamos y nadie nos escucha. El simbolismo no puede ser más claro. 

Pieter Brueghel el viejo

Los cadáveres, el paisaje devastado, el caballo famélico (símbolo universal de la inconsistencia y la debilidad humana) de El triunfo de la muerte también puede aplicarse a la historia reciente repleta de guerras absurdas y altamente destructoras. 

En muchas de las obras de Pieter Brueghel el viejo, como las que describen la vida apacible del campesino, a pesar de su aparente testimonio de la realidad, siempre se oculta, en algún personaje, alguna característica moral del hombre.  Ciertos críticos quieren ver, también, en un puñado de sus cuadros una velada crítica social al sistema imperante, pero esto es lo que tiene ponerse a hurgar en la realidad: que siempre se encuentran grietas. 

Y es en este sentido en el que sentido en el que considera Pieter Brueghel el viaje como surrealista. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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