La interpretación de los sueños en el proceso de individuación personal

La interpretación de los sueños en el proceso de individuación personal

Iniciación al conocimiento de los sueños y su lengua para utilizarlos como papel sanador de la mente el espíritu y el alma. 

La mente consciente versus el espíritu inconsciente: una introducción       

Los mecanismos por los que se manifiesta el inconsciente no pueden asemejarse a los de la conciencia. Por un lado, las historias (tanto ficticias, como científicas o cotidianas) relatadas por la mente consciente tienen un principio, un desarrollo y un final. Nada de eso ocurre en el inconsciente, ya que cuando éste se manifiesta lo hace con ideas hilvanadas de forma inconexa y sin significado aparente para el propio individuo. El inconsciente elige, como forma preeminente para manifestarse, todas las estructuras  de carácter onírico. Esto es, cuentos, poesía, arte, mitos y sueños.

Es en los sueños donde, de manera especial, aflora el inconsciente pero éste, al contrario de lo que sucede con los procesos conscientes, utiliza elementos impregnados de un fuerte carácter simbólico. Los sueños se estructuran mediante símbolos presentes a nivel inconsciente –debido a la pervivencia del arquetipo-, pero olvidados a nivel consciente, e incluso cultural, por el individuo de la post-modernidad. Por tanto, la sintaxis onírica –la que resulta de unir en un relato los distintos símbolos- se organiza mediante imágenes impregnadas de un fuerte componente mítico.

La consecuencia de todo ello es que, para el individuo que no sabe, no quiere o no puede enfrentarse a los mensajes provenientes de los sueños, éstos se encadenan y se enlazan sin significado aparente. La moderna psicología se inauguró con el convencimiento de que los sueños tenían una interpretación y, por tanto, un mensaje que dar al individuo. Si bien Freud los redujo a un mero reducto de los deseos rechazados, la escuela de Jung ve en ellos la voz del inconsciente. No es solo la frustración y la represión del soñante lo que se manifiesta en sus imágenes oníricas, sino que es todo el inconsciente el que pugna por hacerse entender a la conciencia.

Relaciones entre sueños, mitos y símbolos

La relación del sueño con el mito viene de la ingente cantidad de imágenes documentadas que establecen un paralelismo entre las manifestaciones oníricas del hombre occidental y los mitos y los ritos del hombre llamado primitivo. Jung, como estamos apuntando, amplía el término cuando expone y desarrolla su noción de arquetipo. Los psicólogos y antropólogos han encontrado otros paralelismos entre el sueño y el mito además del apuntado un poco antes (el de engranarse a través de imágenes simbólicas).

¿Qué es un símbolo por tanto?

El símbolo ha sido utilizado desde la antigüedad más remota para describir, nombrar o hacer referencia a conceptos que no podemos entender del todo. Nos referimos a las nociones religiosas, a los matices de los sentimientos, de las frustraciones o de las ansiedades del hombre. El símbolo, por tanto, está relacionado con el inconsciente. Hace referencia a una parte desconocida del hombre, pero no, por ello, queda fuera de la psique. Hacemos nuestras las palabras de Lotman en la página 146 de su obra La semiosfera I. Semiótica de la cultura y del texto (1996):

“El símbolo actuará como algo que no guarda  homogeneidad con el espacio textual que lo rodea, como un mensajero de otras épocas culturales (=otras culturas), como un recordatorio de los fundamentos antiguos (= “eternos”) de la cultura. Por otra parte, el símbolo se correlaciona activamente con el contexto cultural, se transforma bajo su influencia y, a su vez, lo transforma. Su esencia invariante se realiza en las variantes. Precisamente en esos cambios a que es sometido el sentido “eterno” del símbolo en un contexto cultural dado, es en lo que ese contexto pone de manifiesto de la manera más clara su mutabilidad.”  

Para desentrañar el significado de los sueños hay que conocer la lengua de los símbolos

El inconsciente se manifiesta con símbolos y éstos se materializan en los sueños. Según Jung, en la página 23 de la obra El hombre y sus símbolos (1996):

“Por regla general, el aspecto de cualquier suceso se nos revela en sueños, donde aparece no como un pensamiento racional sino como una imagen simbólica […] Los sueños son la fuente más frecuente y universalmente accesible para la investigación de la facultad simbolizadora del hombre”.

Es por lo que los sueños son difíciles de entender para el soñante mismo, por su saturación simbólica, por el alto número de imágenes cuyo contenido (sentido último) se ha perdido en la actualidad.

En los sueños se producen símbolos individuales (que no pueden separarse del individuo que los sueña al integrarse en una sintaxis) y colectivos. Éstos son manifestaciones espontáneas arraigadas en el espíritu general de la humanidad con una clara tendencia religiosa a los que Jung denominó arquetipos. Los arquetipos están implícitos en el adn del hombre. La diferencia entre complejos personales y arquetipos han sido expuestas de la siguiente manera en la obra de Jung reseñada anteriormente (páginas 78-/9):

“No podemos confundir los arquetipos con los complejos personales, pero mientras los complejos personales jamás producen más que una inclinación personal, los arquetipos crean mitos, religiones y filosofías que influyen y caracterizan naciones enteras y a épocas de la historia. Consideramos los complejos personales como compensaciones de la unilateralidad o defectuosidad de la conciencia; del mismo modo, los mitos de la naturaleza religiosa pueden interpretarse como una especie de terapia mental de los sufrimientos y angustias de la humanidad en general: hambre, guerra, enfermedad, vejez, muerte.”

La conciencia civilizadora se ha separado de sus impulsos básicos (arquetipos e inconsciente), pero los instintos no han desaparecido. El hombre se reconoce escindido, dividido entre su razón y una parte oculta que no conoce y no controla y, como consecuencia de ello, le es muy difícil encontrar la serenidad y la seguridad que se genera al saber que su propia vida tiene un sentido.

Los símbolos religiosos, pues, tendrían por misión el encuentro del hombre con la trascendencia, con aquello que es invisible, pero, no por ello, menos real y necesario. Solo unos pocos hombres (en el sentido no marcado del término) se preguntan por esas cosas. Entiendo que el simbolismo es consustancial a la estructura psíquica humana y que conforma de manera esencial la forma de entender el mundo por parte del individuo. Otra cosa muy distinta es el grado de aceptación y comprensión de estas imágenes por parte de una persona concreta. Habrá siempre una gradación que estará condicionada tanto a factores culturales y sociales como a los meramente individuales o de personalidad.

Tenemos, pues, que tanto el mito (a nivel social o colectivo) como el sueño (a nivel individual) tienen ambos un papel sanador. Al igual que los ritos de los primitivos se dota de fines medicinales puesto que se encaminan a la unión del alma dividida de la comunidad, la actividad onírica, en el individuo concreto, actúa de la misma manera.

La importancia de la interpretación de los sueños para una mente sana

El sueño, cuando se llega a entender y a asumir, puede ser un factor de reagrupamiento, de unión, entre consciente e inconsciente de la psique escindida del hombre postmoderno. La salud, por tanto, vendrá con la integración e interacción de consciente e inconsciente.

Ahora bien, aceptamos que los sueños informan al individuo de aquello que no sabe pero, ¿cómo lo hacen? El lenguaje utilizado es el de los símbolos, de unos símbolos con un complejo entramado semántico que el hombre contemporáneo prácticamente ha olvidado del todo. Por supuesto, todos los símbolos no se articulan desde el mismo nivel y la complejidad de su estructura sintáctica hace aún más difícil, si cabe, desentrañar el mensaje último de los sueños.

Jung distingue entre símbolos naturales y culturales. Los primeros provienen del inconsciente colectivo y los culturales son los que han pasado por transformaciones e, incluso, por algún tipo de desarrollo racional antes de ser adoptado por una sociedad concreta. El hacerse racional ha llevado al hombre a perder parte importante de su propia esencia y, por tanto, a no saber dónde está la verdad, ya que no puede percibir en su totalidad la realidad que le rodea. El individuo occidental de los últimos siglos se encuentra desgajado, perdido y cada vez más vulnerable al no entender lo que le sucede y, lo que es más inquietante, conforme la humanidad se va sumergiendo en la idolatría hacia la técnica última, en la misma proporción va perdiendo las pocas respuestas que le quedaban a un sentido vital que le sea satisfactorio.

Los sueños dirigen al ser humano hacia el proceso de individuación

Los sueños, por tanto, tienen una función en la vida psíquica del soñante: encaminarle hacia lo que Jung llamó “proceso de individuación”, hacia el encuentro con el self, el “sí-mismo”, hacia la unión con el desgajamiento producido por el desconocimiento y la no aceptación del inconsciente. Tenemos, pues, que los sueños tienen una función primordial y fundamental en la salud psíquica –e, incluso, física- del individuo contemporáneo porque restaura la unidad perdida por el entrenamiento desacerbado de la razón. Nos parece que el proceso de individuación, el encuentro con el “sí-mismo” es de capital importancia a la hora de desarrollar una mente sana, un espíritu conocedor de su esencia y un alma serena.

Todo ello son procesos imprescindibles en el camino hacia la felicidad. Reconozco su dificultad pero no su imposibilidad.

Por Candela Vizcaíno

Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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