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Damasquinado u oro de Toledo: guía de estilo en 7 respuestas

damasquinado

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¿Qué es, dónde se hace, qué se hace, cuánto cuesta y cómo puedes sacar partido al arte del damasquinado u oro de Toledo?

¿Cómo? ¿Una guía de estilo para una artesanía de carácter local? Me lo vas a permitir, mi querido lector, mi admirada lectora. El damasquinado está por doquier en todos los escaparates del centro de Toledo. Es una artesanía extraña, difícil, barroca y prácticamente única de esta parte de mundo (aunque se hace en otros lugares como veremos más adelante). Puede ser difícil de digerir para las cosmovisiones contemporáneas acostumbradas  al minimalismo en los objetos y  a los estilismos nórdicos que tanto se llevan ahora. Y, ¿por qué no decirlo?, puede parecerte algo pasado de moda, de otro tiempo (¡bueno… es una técnica centenaria!), impropio de una casa contemporánea. Pero el damasquinado, como artesanía que se acerca al arte que es, puede salvarte tanto un estilismo personal (de moda) como de decorativo (para tu casa u oficina). ¿Te atreves a probar?

En Toledo,  te lo encuentras en objetos de todo tipo (útiles y otros no tanto) y puede ser difícil de “lucir”, aunque muy fácil de caer en la tentación de su compra ¿Cómo no llevarte algo típico de una ciudad tan hermosa? Se amontonan en escaparates abarrotados con sus brillos y sus oros. Pero, a poco que te fijes, puedes poner una nota original, lucida y de buen gusto en tu casa o en tu estilismo personal con el damasquinado. Por eso,  hoy me he metido de lleno en algo tan difícil y resbaloso como es una “guía de estilo”. Así que nos vamos a arremangar con la intención de aprovechar toda la belleza de esta artesanía centenaria sin caer en lo kitsch. Empecemos por el principio, ¡eh! Y no nos perdamos con las posibilidades y en camisas de once varas.

1.- ¿Qué es la artesanía del damasquinado?

Su nombre viene de la ciudad de Damasco, en Siria, de donde procedían los artesanos que manejaban esta técnica y que se instalaron durante la Edad Media en todo el territorio conocido como al-Andalus. Fue en Toledo donde la artesanía arraigó con fuerza y aún sigue abarrotando los escaparates de la ciudad de las tres culturas. Aún así, muchas de las piezas expuestas ya no son artesanas (no están hechas a mano) sino que se realizan en serie de forma industrial con materiales poco nobles. Otras, aunque artesanas, no son aptas para los gustos contemporáneos. Me quedo aquí.

2- ¿Cómo se hace el damasquinado?

  • Primero hay que tener una pieza de acero o hierro. Por eso, hay tantas espadas de tan difícil colocación en la época de Internet y de las redes sociales. Sobre ese metal se va haciendo unas pequeñas incisiones quitando capas. Esto no se hace al tuntún sino que hay que seguir un patrón o un dibujo previo (como las labores de aguja tradicionales). Y aquí viene lo primero que tienes que tener en cuenta. Los más bonitos y más adecuados a los gustos contemporáneos son, precisamente, los que siguen motivos geométricos como las piezas antiguas. Quedan bien con estilismos (decorativos y personales) sobrios.
  • A continuación, sobre esos huecos o ralladuras  se va depositando oro de 24 kilates o hilos de plata y se va fijando con pequeños golpes de martillo y rematando el diseño con el buril.
  • Acto seguido la pieza se mete en el horno para que todos los elementos se fijen utilizándose productos químicos (sosa caústica). Cuando se saca del calor, el metal primero, el acero o el hierro, se queda negro resaltando la plata y el oro del damasquino. A este proceso se le llama pavonado.
  • Por último, con mucha paciencia y con un buril se va rematando el dibujo que nunca (o casi nunca) queda perfecto y se va dando no solo forma sino también relieve. El damasquinado, como cualquier artesanía, requiere de un tiempo que no siempre se aprecia en su justa medida. En los mejores trabajos, aún notándose la mano humana, se aprecia la pericia de su creador. El amor y el mimo son imprescindibles.

3.- ¿En qué parte del mundo se hace el damasquinado?

  • El más famoso actual es el de Toledo y el más accesible. Solo hay que darse una vuelta por la ciudad de las tres culturas con monumentos únicos y exposiciones aún más interesantes (como la pasada de El Greco o la que en 2017 va a tener sobre el Fondo Kati) y darse de narices con esta artesanía tan peculiar.
  • En España hay otro sitio, Éibar, en Euskadi, donde el damasquinado tuvo, a finales del siglo XIX, un lugar muy especial de la mano de Plácido Zuloaga. Este artesano, padre del pintor Ignacio Zuloaga, llevó a cotas insuperables la técnica creando jarrones, baúles, arcones, joyeros y objetos de todo tipo que hoy son piezas de museo. Por poner solo un caso, en la colección de Nasser Khalili, coleccionista británico iraní con sede en Londres, hay más de 200 objetos diversos de damasquinado procedentes del taller Zuloaga. En Éibar la técnica, en la actualidad, solo es utilizada para empuñadoras de armas blancas. 
  • También se hace en Kyoto, en Japón,  la ciudad de las geishas y los samuráis, sobre todo en empuñadoras de espadas, como las de Toledo.

4.- ¿Qué se hace con damasquinado?

Pues se puede hacer de todo, aunque hay un porcentaje casi incomprensible de espadas tan difíciles de encajar en el vestuario moderno. Como creo que no queremos caer en la excentricidad, lo mejor es decantarse por una pequeña caja, un objeto para la mesa o alguna joya si te has decidido a sacar la VISA.

5.- ¿Cuánto cuesta el damasquinado?

Como todo lo artesano depende de la calidad de la pieza, del tamaño, de las horas de trabajo y, algo importantísimo, si es auténtico (un trabajo a mano) o una simple chuchería ejecutada en serie y sin gracia con una máquina. Una pieza normal para la mesa puede costar alrededor de 100 euros a igual que las joyas. Si vas a sacar la VISA, ten en cuenta que un damasquinado realizado con gusto tiene todas las papeletas de formar parte del patrimonio mobiliario familiar.

6.- ¿Cómo colocar con estilo los objetos de damasquinado en la casa?

Venga… vale… Ya lo has comprado. Y, ¿ahora qué hacemos con esa espada inmensa o con un candelabro de seis brazos? Anota estas ideas si has caído en la tentación:

  • Los objetos para la mesa como candelabros o platos, se pueden dejar para ocasiones especiales. Ten en cuenta que no aguantan muy bien la humedad. Así que si se van a poner alimentos encima que sean secos y no muy amontonados. Para eso saca una bandeja normalita. ¿Imaginas una mesa con mantel blanco y estas pizarras modernas cuadradas? El damasquinado va a poner un punto atrevido, elegante, cosmopolita y único si tienes invitados. Es más, me lo voy a apuntar para la próxima vez que tenga a mis amigos en casa. ¡Prometido!
  • ¿Y qué haces si te has traído una espada en damasquinado desde Toledo? No te voy a poner ninguna carita. Ya lo has hecho. Vamos a arreglarlo ¿Te imaginas esa pieza en una pared desnuda pintada de gris claro y un sofá oscuro (negro) sobre ella? Si la pared de enfrente es una estantería recubierta de libros y, además, estamos en un piso de soltero, el resultado va a ser de revista. Úsala como lo harías con una máscara africana de los estilismos cosmopolitas que aparecen en tantas revistas.
  • La misma idea puedes utilizar para un jarrón, un candelabro o una bandeja para colgar. El damasquinado “cansa” y llena mucho. Así que tienes que ponerlo solo haciendo notar su peculiar y particular belleza sobre un fondo a tono y con un mueble muy, muy, muy, muy útil como acompañamiento.
  • Si lo colocas en colección, la pieza puede perderse entre tanto barroquismo y no va a dar tanto estilo.

7.- ¿Cómo lucir con elegancia las joyas realizadas con damasquinado?

Te has traído una joya.  Y tú vas siempre en vaqueros.  Sigo sin poner caritas. Si te has decido por esta idea, ten en cuenta que los más vistosos son los pendientes de buen tamaño. Resérvalo para ocasiones importantes con el pelo recogido y siempre con la sobriedad del negro. ¿Te ves en una cena con un little black dress, unos tacones a tono y como único completo unos grandes pendientes largos en damasquinado? ¡Claro que sí! Arrebatadora ¿verdad? Pues ya tienes el estilismo. 

Con el damasquinado pasa lo mismo, por poner un solo ejemplo, con las artesanías de Venecia (cristal de Murano y máscaras de Carnaval). Los de calidad, originales y realizados a mano son de una belleza sublime. En su ejecución han intervenido artistas que hacen las cosas con mimo y eso se traslada a los objetos. Las máscaras así realizadas, incluso las de menor tamaño de precios asequibles, sirven como objetos de decoración. Y las piezas de cristal de Murano tanto de joyería como para la casa son aptas para formar parte del patrimonio familiar. Eso sí, no puede ser una chuchería de poca calidad hechas en China o en cualquier factoría del mundo. Eso no merece la pena.

El damasquino, con este repasito que le hemos dado, puede dar mucho más de sí y hacer mucho por ti. ¿Tienes una pieza? ¿Vas a ir a Toledo y no vas a resistir la tentación? La casilla comentarios está abiertas a otras ideas.

Por Candela Vizcaíno

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