Los fiestas de los niños en la cultura japonesa: Hinamatsuri y Kodomo no Hi

Kodomo-no-hi

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En Japón hay dos fiestas dedicadas a los niños: el Hinamatsuri o Festival de la muñecas en honor de las pequeñas de la cada casa y el Kodomo no Hi, festividad nacional en honor de los varones. Si coincides con algunas de ellas, es una experiencia inolvidable.

Hinamatsuri

Hinamatsuri, el día de las niñas cada 3 de marzo

De carácter netamente femenino, los festejos del Hinamatsuri están revestidos de sabor doméstico. De hecho, prácticamente todo el ritual se lleva a cabo en el interior de las casas y ese día, al contrario que el del niño, no es fiesta nacional. Como hemos apuntado a propósito de los ritos a favor del dios Inari, la religiosidad y las creencias niponas son de una complejidad y una idiosincrasia extremas, lo cual no quita para que prácticamente todos los actos de la vida cotidiana –máxime cuando estamos hablando de festejos de carácter sagrado- estén altamente protocolizados.  El Hinamatsuri también se llama Momo no Sekku o Festival de los Melocotoneros. Ese mismo se rinde tributo a este árbol que, como el cerezo, es tan especial en la vida de los japoneses. Ellos son el símbolo de las aspiraciones femeninas

Un poco de historia sobre el Hinamatsuri

Aunque hay datos relativos a la celebración del Hinamatsuri ya en el período Edo (1600-1868), en la refinada corte de los Tokugawa, la historia de la fiesta se remonta al período Hein (794-1192). De hecho, se menciona en el Genji Monogatari, el Romance de Genji de Murasaki Shikibu (978?-1014?), el cual fue escrito entre los años 1002 a 1012 aproximadamente. El Hinamatsuri es el festival de la muñeca, la cual simboliza al melocotonero, y éste, a su vez, a las jóvenes vírgenes casaderas. Es por lo que parte fundamental de las conmemoraciones del tres de marzo giran en torno al impresionante altar con muñecas que se levanta en cada casa.

Las muñecas del Hinamatsuri

Que el origen del Hinamatsuri y de sus refinadas y exquisitas muñecas es aristocrático nadie lo discute. Nada más tenemos que comparar los precios y la consideración que tienen estos objetos en la sociedad nipona. Hoy en día, un juego de los dos muñecos principales (el emperador y la emperatriz) que coronan el altar típico alcanza fácilmente el salario mensual medio y esto explica que sea el regalo obligado por parte de los abuelos maternos cuando nace una segunda niña en la familia.

 La primogénita tendrá el honor -y la suerte- de heredar los pertenecientes a la madre. Aunque actualmente el altar del Hinamatsuri se empieza con las dos piezas que lo coronan, no se considera a éste como tal si no dispone de, al menos, quince muñecas siguiendo un estricto y riguroso orden jerárquico en su disposición. Las muñecas, aunque en un principio eran juguetes de la elite aristocrática, han perdido este carácter y desde hace más de un siglo son consideradas obras de arte y objetos de colección más que cacharros para que jueguen los niños. Se montan aproximadamente a mediados de febrero y se desmontan rápidamente el mismo tres de marzo, ya que el tan supersticioso pueblo nipón cree que si no se hace así, las niñas tardarán mucho en casarse, con lo que se merma sus posibilidades de elegir un buen pretendiente.

Tenemos, pues, que las figuras son inmediatamente y celosamente guardadas, embalándolas meticulosamente, esa misma noche hasta el año siguiente. Cuando las niñas son demasiado pequeñas esta tarea es realizada por los adultos de la casa. Tener el privilegio de montar el altar junto con las amigas es señal inequívoca de que la muchacha ya está en disposición de asumir delicadas responsabilidades.

Las primeras muñecas, aquellas que se remontan al siglo XII, estaban realizadas con materiales más sobrios y elementales, normalmente de pasta de papel y vestidas con retales de telas. Fue en el período Edo, tan dado a la sofisticación exacerbada, cuando las figuras comenzaron a realizarse con el aspecto que se muestran hoy en día. Son piezas realizadas sobre una base de madera noble. Las manos y la cara están ejecutadas en fina porcelana pintada y los trajes están confeccionados con exquisitas telas bordadas en seda. Las muñecas rematan su atuendo con abanicos y adornos muy elaborados y de terminación impecable.

Cómo se monta el altar del Hinamatsuri

Es como una escalera con varios pisos. Sobre esta pieza se coloca un tejido de color. Y seguidamente las muñecas en un orden jerárquico.

  • En el primer nivel siempre deben ir la pareja de los emperadores flanqueados por faroles y unos jarrones donde se colocan una rama de melocotonero. Aunque lo normal es que la pareja real se sitúe delante de un biombo dorado, en conjuntos elaborados y más sofisticados suelen estar junto a una casita de madera con la reproducción del palacio imperial.
  • El segundo escalón lo ocupan tres damas de la corte.
  • El tercero es el reservado para cinco miembros de una orquesta (cantante, tres tambores y una flauta).
  • En el cuarto se puede elegir entre colocar a dos guardias o bien tortas de arroz decoradas en blanco, rosa y verde (los colores del melocotonero).
  • El quinto es el reservado a los asistentes provistos de paraguas, estandartes y aparejos varios.
  •  El sexto se ocupa con muebles de diversos usos y, en el séptimo, en el inferior, se colocan un modelo de carruaje propio de la corte Edo junto con miniaturas de arreglos florales.

La totalidad de la escena recuerda un suntuoso banquete de bodas con los novios (en el piso superior), las damas de compañía, la orquesta, el servicio adicional, los regalos, el banquete y el medio de transporte especial.

Hoy en día es muy difícil encontrarse con un altar de siete pisos, incluso con uno de cinco niveles. Lo más corriente es que en las casas se disponga uno reducido de tres pisos formado por la pareja de emperadores, las tres damas y los cinco músicos.

Las familias más humildes o las formadas recientemente –con otros gustos y otras necesidades económicas- tan solo colocan la pareja de emperadores. El lugar escogido es siempre la habitación reservada para sala de estar donde se reciben las visitas.

La comida típica del Hinamatsuri

Lo que sí es común para todos es invitar a las amigas de la niña a degustar el menú especial del Hinamatsuri consistente en dulces y pastas de arroz con formas especiales y una bebida azucarada realizada también con arroz. Las muchachas creciditas pueden acompañar la merienda con algunos sorbos de sake y es corriente completar el menú con algún sushi especial.

Se lucían los trajes reservados para las ocasiones especiales y éstos, al igual que las muñecas, eran confeccionados con mimo, buen gusto e impecables remates. No en vano, las niñas tenían que solicitar a las divinidades un buen y pronto matrimonio y para ello debían hacer gala de su belleza, encanto, dulzura y buen hacer y esto es más perceptible con un buen traje.

Cuando las jóvenes se reúnen junto con sus amigas más cercanas en su propia casa o en las viviendas de las otras niñas, entonan una canción especial muy popular encaminada a ensalzar sus virtudes de doncella y hacérselas ver a los espíritus del melocotonero.

Rito, cánticos, atrezzo escogido y un exquisito banquete son los pilares del Hinamatsuri, la fiesta anual de las niñas. Las muchachas y sus familias preparan el ritual meticulosamente para agradar a los dioses y, en definitiva, para que sus plegarias sean escuchadas.

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Kodomo no Hi, el día de los niños cada 5 de mayo

Por su parte, los niños varones también tienen su propio día, el Kodomo no Hi, que es fiesta oficial desde el año 1948. Al contrario que el Hinamatsuri, con un profundo sentido religioso, el Kodomo no Hi, tiene un carácter cercano a la política.

El origen del Kodomo no Hi

De hecho, las dos explicaciones sobre su origen recaen en efemérides de tipo militar. Una se remonta a las gestas del siglo XIII e intenta hacer coincidir la fiesta con una victoria sobre el imperio mogol; la otra ve en ella el recuerdo de la unificación de Japón en el siglo XIV por el Shogun Ashikaga Takauji. Cualquiera de las interpretaciones puede ser válida y se adapta al carácter casi guerrero que tiene la fiesta.

Si en el Hinamatsuri se quiere representar un elaborado ritual nupcial, en el Kodomo no Hi  los elegantes muñecos de la corte son sustituidos por samuráis con todo su aparatosa indumentaria de cascos, armaduras y armas.

De todos modos, no todo es recuerdo de ese pasado sangriento y guerrero que floreció a la par que la suntuosa corte de los Tokugawa y en cada casa donde reside algún niño también se colocan una serie de preciosas cometas multicolores con la forma de carpas (koinobori). Este pez es, para el pueblo nipón, la representación de la fuerza, la vitalidad y la perseverancia, ya que en su esfuerzo por remontar los ríos y las cascadas encuentra su razón de ser. De la misma manera, los niños deberán superar todas las corrientes adversas de la vida para llegar a su meta final. Como en el Hinamatsuri, también se preparan comidas especiales realizadas a base de arroz endulzado.

El cinco de mayo las casas donde residen niños varones se llenan de cometas con las formas de esta carpa, una por cada niño de la casa (las pequeñas no tienen representación), otra un poco mayor en representación de la madre y una más grande aún en color negro en representación del padre. Es todo un espectáculo mirar al cielo con estas cometas ondeando y celebrando el día del niño.

Por Candela Vizcaíno

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