5 seres míticos de la cultura japonesa

Tengu de Japón

Tengu de Japón

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En apariencia, el pueblo japonés es inflexible y reacio a cualquier influencia del exterior. Pero eso solo es en apariencia. De hecho, en el País del Sol Naciente conviven sin ningún problemas varias religiones. Desde el shinto o sinto (local) hasta el cristianismo pasando por el budismo y el taoísmo (que no pueden considerarse religiones en sí).

Para la cultura japonesa la naturaleza  por sí misma (y simplificando mucho) es una entidad divina. Los ríos, las montañas, las piedras o los árboles tienen carácter sagrado. Es como la manifestación de lo otro en la tierra. Por eso ponen tanto cuidado en los ritos y tradiciones que se celebran (en la gran mayoría de los casos) en un espacio natural.

De los bosques, de los ríos, de las montañas, de la bruma o de la lluvia surgen seres míticos, personajes fantásticos, a medio camino entre la divinidad y el folclore que forman parte tanto del Japón tradicional como del más tecnológico. Las representaciones de estas divinidades se encuentran en los libros, pero también en las calles o en los rincones de cualquier templo o jardín. Forman parte, además, de costumbres, de tradiciones y de fiestas muy arraigadas. Hoy te traigo cinco que son imprescindibles: 1) Yuki-onna o la Reina de las Nieves, 2) Kitsuné, el zorro embaucador, 3) Inari o los duendes burlones, 4) los peligrosos tengus de las montañas y 5) el oni, el ogro peligroso que te conduce hacia tu lado oscuro.

¿Nos damos una vuelta por una mínima parte de la cultura japonesa con estos cinco seres míticos?

1.- Yuki-onna, la Reina de las Nieves y las tempestades

Narraciones hay que nos describen a esta hermosa, enigmática y seductora divinidad entrando en las puertas traseras de las casas, en las encrucijadas o confundiendo a viandantes en lugares apartados. Sin embargo, Yuki-onna, es uno de los seres míticos vinculados a las montañas (que en Japón tienen un fuerte carácter sagrado).

yuki onna

Es un espíritu poco definido, transformable, versátil, que se aparece en las cumbres nevadas cuando hay ventiscas o cuando la naturaleza se pone difícil. No hay yamabushi (practicantes de shugendô, ejercicios de mejoramiento espiritual en las cimas montañosas) que no haya bajado a los valles diciendo que no se ha encontrado con alguna. Yuki-onna seduce con su canto y adormece a su víctima hasta dejarla convertida en un trozo de hielo.

Personaje de la cultura japonesa, su origen se remonta a la antigua China, donde existe una reina terrible que pone a prueba el corazón de todo aquel que se atreve a adentrarse en una montaña. Aunque hay quienes la describen como una anciana contrahecha, coja, tuerta y fea, la mayoría de los yamabushi que se han encontrado con ella hablan de una belleza tan arrebatadora que es imposible no sucumbir a sus cantos y encantos.  De líneas estilizadas, piel como nácar, belleza casi imposible, largo pelo sedoso y tan misteriosa que el montañero que con ella se topa no puede resistirse y, al pronto, quiere formar una unión con tan bella reina. El precio a pagar por tal arrogancia y temeridad es la confusión (al ir tras ella), el cansancio, el agotamiento, la caída, el enfriamiento del corazón, la conversión en hielo y, por tanto, la muerte por congelación.

Los que han vencido a este ser mitológico de la cultura japonesa la describen con un largo kimono de color blanco suave, sedoso y transparente y de apariencia humana. Parece que flota por la nieve y no deja huellas. Solo se descubre que no pertenece al mundo de los mortales cuando se la mira a los ojos. Si se logra enfrentarse cara a cara porque Yuki-onna aparece, desaparece, se confunde con la nieve, con las nubes, con las ventiscas. El humano la sigue, la persigue. Cree que la atrapado, que la puede besar y al pronto solo tiene escarcha en sus manos. Se vuelve loco por tanta belleza hasta que se olvida del camino, cae por un precipicio o abatido en el frío. Es así como Yuki-onna se va alimentando de los corazones convertidos en hielo.

Hay quienes tienen más suerte y Yuki-onna muestra un cierto apego por ellos y esta Reina de las Nieves (la más enigmática de todos los seres míticos de Japón) lo ayuda a encontrar el camino perdido.  La fría vengadora se conmueve ante los corazones cálidos, fuertes y valientes permitiendo que salgan de la montaña. Sin embargo, solo a partir de la era Meiji (que comienza en 1868) Yuki-onna demostró esta faceta. Con anterioridad era una figura despiadada.

De entre todos los seres mitológicos es uno de los que más popularidad tiene y lo encontramos en relatos de todo tipo, incluso de occidentales como el de Lafcadio Hearn, recogido en su volumen de 1904 Kwaidan. Narraciones y estudios de hechos curiosos del Japón. También tiene notable éxito entre los creadores de manga y en el cine. Cito, por ejemplo, Los sueños de Akira Kurosawa (1990) o Kwaidan (1965) de Misaki Kobayasi. En los videojuegos  aparece en La Leyenda de Zelda para Nintendo, por poner solo un caso.

2.- Kitsuné, el zorro mensajero de los dioses

KitsuneAunque se confunde a veces con Inari, el dios de las cosechas en Japón, Kitsuné tiene su identidad propia. Su origen se encuentra en los seres mitológicos del panteón budista, ya que tiene parecidos con Dakinite, la cual es una bodhisattva (iluminada) femenina que lleva como mascota un zorro.  Sin embargo, el zorro ha aparecido en la cultura japonesa como símbolo de la transgresión, de lo prohibido y, también de los seres que se atreven a cruzar las fronteras; esto es, a ir de un mundo a otro. 

Kitsuné aparece en los días de niebla o cuando hay lluvia, en los atardeceres de otoño y primavera. Hay que tener cuidado con las zonas pantanosas o los márgenes de los ríos porque el astuto Kitsuné es peligroso y te puede llevar a terrenos nos deseados. Es uno de los seres mitológicos que se aparecen a aquellos que se atreven a poner en cuestión el orden establecido. Los que inician su propio camino de búsqueda, al margen de la sociedad, necesitan la protección de Kitsuné.

De todos los seres míticos de la cultura japonesa es uno de los que más aparecen en estatuas y dibujos, ya que ponen en alerta a los fieles sobre la peligrosidad de embarcarse en caminos pocos hollados.

 

3.- El invisible Inari, el dios de las cosechas de Japón

inariEs el protector del arroz, de los caminos, de los mercaderes, de los que tienen que recorrer distancias. Es también el responsable de la fertilidad, el que pone de acuerdo al resto de los seres míticos para que haya prosperidad. Es un ente invisible, de muy difícil representación que no se sabe si pertenece al panteón budista, sintoísta o del Tao. Por si acaso, se le reza y se le pide protección porque, a pesar de que es benefactor, también hace de las suyas.  Es una entidad animista muy unida a los genios locales y familiares. Su nombre significa “semilla, arroz, sagrado” .  Pertenece a los seres mitológicos calificados como kami. Es como una especie de dios vacío que se adopta desde niño al que se acude para solicitar todo tipo de dones.

Es originario de Kyoto, de las montañas de los tres picos (Toyokawa). Es inclasificable y escurridizo. Por eso, no se debe enfadar. A veces, se vale de los zorros, de Kitsuné, para hacer llegar sus mensajes a los hombres. En la cultura japonesa se recurre a Inari para pedir prosperidad económica.

4.- Los tengu, los duendes de la cultura japonesa

En Japón, existe desde antiguo una costumbre que consiste en escalar una montaña no solo por el mero placer deportivo, sino también, como ejercicio de iniciación. El rito, necesario para ejercer como sacerdote local, es conocido con el nombre de shugendô y entraña peligros diversos. 

seres mitologicosA los inherentes del lugar (frío, falta de aire, nieve, tormentas, aludes, escasez de provisiones y cansancio) se une la presencia de Yuki-onna y de los tengu, una especie de duendecillos que complican aún más, si cabe, el ascenso. Los tengu, además, no residen exclusivamente en las montañas, ya que, como los duendes occidentales, habitan en todos los rincones posibles. 

Tienen facilidad para el enfado y la cólera. En cualquier momento puede entender que el mortal está invadiendo su territorio y se valdrá de mil argucias para confundirlo, aterrarlo y hacer que tenga una accidente. Por eso hay que ser precavidos cuando se suben montañas o se adentra en espacios conocidos, aunque los tengus también hacen trastadas en el ámbito doméstico.

Tienen el don de la invisibilidad, la fortaleza para mover piedras, la liviandad para poder volar, desaparecen y aparecen en un instante. Confunden con sus risas. Se transforman en animales salvajes o en seductoras figuras femeninas.

Son seres mitológicos pero no son kami. Así que no se les reza. Son demonios con los que se negocian favores o, en último extremo que no hagan mucho daño al común de los mortales. Aparecen en las montañas, por supuesto, pero también en otros emplazamientos llegando a ser personajes imprescindibles de la cultura japonesa. Son demonios burlones propensos a la burla y confundir a los mortales. Estos seres mitológicos son también frecuentes en el teatro Nô de Japón y se representan con las máscaras de un intenso color rojo (que señalan la ira) y con una enorme nariz (como Pinocho, aluden a la mentira o  la confusión).

5.- El oni, representación de todo lo malo que hay en el ser humano

OniEl oni japonés es el correlato oriental de los ogros de Occidente, aunque su personalidad es de una complejidad más aterradora. Cuando aparece en escritos y esculturas lleva un pelo largo muy revuelto, enormes dientes abiertos que le otorgan un aspecto brutal, garras terminadas en uñas afiladas, la piel de un tono rojo, morado o azul brillante y, para rematar, siempre luce unos cuernos retorcidos. Semidesnudo, no se separa de su garrote de hierro dispuesto a multiplicar su fuerza con ese instrumento. 

Su hábitat natural son las profundidades del averno de donde sale para atemorizar a todo mortal que se ponga en su camino. Por eso, se les atribuye casi todos los males que sobre el planeta Tierra hay, desde desastres naturales hasta disturbios sociales. En el Ise Monogatari o Romance de Ise (siglo X) y el Heike monogatari (Romance de Heike) se les representa como caníbal y con la posibilidad de transformarse en prácticamente cualquier cosa.

Se le identifica con lo que está fuera del sistema, lo que amenaza para pervertir, con el enemigo, con el manipulador. Se reviste, a veces, de impronta sexual. Es, en definitiva, el símbolo de los monstruos interiores. Es el demonio de aquellos que se dejan seducir por el lado instintivo, fácil, carnal, peligroso, problemático y destructor.

Es seductor pero no como Yuki-onna. Es más brutal y, se va empapando de todo lo malo de la sociedad. Así, de todos los seres míticos de la cultura japonesa, es el Oni el que cada vez más se va situando en el polo más negativo del hombre. Cada vez se le representa más brutal, sádico y aniquilador, mientras que, en siglos pasados, aún siendo negativo, mantenía un cierto aire de misterio. Al día de hoy es transparente en toda su maldad.

La figura del oni mediante esculturas es muy común en los exteriores japoneses. Actúa casi como advertencia, de manera aleccionadora de los peligros de resbalarse por el lado oscuro del alma.

Si viajas por Japón veras estos seres mitológicos representados de mil maneras distintas.

Por Candela Vizcaíno

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