Reseña de País de nieve de Yasunari Kawabata

País de Nieve de Yasunari Kawabata

País de Nieve de Yasunari Kawabata

Candela Vizcaíno

 

Resumen de País de Nieve de Yasunari Kawabata 

Una trama aparentemente banal (los encuentros esporádicos de Shimamura, un hombre ocioso en búsqueda constante de la belleza formal con Komako, una geisha atrapada en su propia decadencia, a la vez que en las nieves que cubren gran parte del año la estación termal donde ejerce su oficio) le sirve al Nobel japonés para dejar sueltos, una vez más, los fantasmas que persiguen a los protagonistas de todas sus obras.

Los sensuales y melancólicos personajes de País de Nieve –obra marcada por un erotismo tan fino, elegante y sutil que puede llegar a ser incomprensible para el occidental actual, empapado de sexo chabacano y exhibicionista- se encuentran siempre marcados por una soledad tan irremediable que no puede ser paliada ni con una ficticia comunicación entre los cuerpos ni con el bálsamo que ofrece una naturaleza majestuosa en su esencia y en sus cambios estacionales. 

Acercamiento a Yasunari Kawabata 

“… en el fondo de su corazón, oía a Komako como un rumor silencioso, como la nieve cuando cae, muda sobre la alfombra de nieve ya caída, como un eco que se agota, a fuerza de chocar contra muros vacíos”.  

Kawabata, creador en 1925 del movimiento Nueva Sensibilidad y renovador de la literatura clásica de su país, nos envuelve, utilizando un lenguaje aparentemente sencillo y una técnica literaria depurada al máximo, en sucesivas imágenes en las que los sentimientos se erigen en verdaderos protagonistas para mostrarnos a unos personajes en búsqueda constante de belleza y comunión con el otro, a unos personajes que solo pueden encontrar refugio en la inmersión e identificación con el espacio natural o en el siempre insatisfecho y frustrado contacto carnal con el cuerpo del otro. 

Unas notas acerca de País de Nieve de Yasunari Kawabata 

Es siempre la soledad que acaba impregnando todas las facetas de la vida. Con delicadeza lo expresa el novelista japonés en otra de sus maravillosas novelas, Lo bello y lo triste:

“Era como si viera su propia soledad, que giraba y giraba dentro de su corazón”.

Era como si no hubiese salida, solo la espiral de la incomunicación; como si no hubiese salvación o consuelo posible para el hombre encerrado en los límites de un cuerpo que se marchita un poco más cada día, a la par que se va llenando el pozo profundo de los recuerdos. 

Al mismo tiempo, es en la elegancia con la que sobrellevan esta derrota vital donde reside la intemporal magnitud de todos los personajes de Kawabata.

País de Nieve es una fuerte sacudida al espíritu; una ventana abierta al bosque de los sentidos; una puerta abierta de par en par al intelecto que no puede conformarse con una visión mediocre del mundo; es un balcón volado al fascinante y atrayente pero, a la vez, peligroso y, a veces, destructor del erotismo. Es una obra solo apta para paladares refinados. 

Por Candela Vizcaíno

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