Sobre el espíritu infausto en el surrealismo

Sobre el espíritu infausto en el surrealismo

Sobre el espíritu infausto en el surrealismo por

Joel Martínez Pino

sobre la obra plástica de

Paco Infiesta

***..Nuestro Misterio es la vida de todas las cosas o el agua.El agua disuelve el cuerpo en espíritu e invoca al espíritu viviente de entre los muertos..Roberto Valensis (s. XVI), Gloria Mundi alias Paradysi Tabula

***En mayo de 1917, Guillaume Apollinaire (1880-1918) se refería (en el programa de mano para su musicalParade) a las:

manifestaciones del Espíritu Nuevo que se está haciendo sentir hoy

Poco después, en junio de ese mismo año, escribió en el prefacio a Les Mamelles de Tirésias (Las tetas de Tiresias), un drama teatral surrealista:

..Cuando el hombre quiso imitar la acción de andar, creó la rueda, que no se parece a una pierna. Del mismo modo ha creado, inconscientemente, el surrealismo [surréalisme]..
el pez dorado copia

 

Al citar estos pensamientos quiero llamar la atención sobre dos notas capitales en este movimiento artístico, y que pueden abordarse equívocamente como “efecto” y “causa”. Primero, el motivo del Espíritu Nuevo, que considero relacionado con lo que Jung denominó renovación de la consciencia. Y junto a ello, la creación artística como “algo” que apunta al inconsciente.
¿Qué mejor preámbulo ―pregunto― para acercarnos a la obra de Paco Infiesta? Oriundo de la insigne Sevilla, posee una peculiar formación académica. De un lado, ostenta el título de Licenciado en Medicina. De otro, cursó varios años en la Facultad de Bellas Artes y otras instituciones. Cuenta en su quehacer artístico con cinco exposiciones individuales y catorce colectivas. Realizadas todas en su urbe natal. Desde su creación plástica parece proponernos de conjunto toda una “terapia artística”. Como si su lema fuese aquél célebre aforismo hipocrático cuyo inicio reza:

Ὁ βίος βραχὺς, ἡ δὲ τέχνη μακρὴ.. (lat.: Vita brevis, ars longa..) [La vida es breve, el arte es duradero]


***

Nos encontramos así ante un fiel exponente del expresionismo. Pero en esta ocasión el discurso pictórico se muestra articulado por una aguda nota surrealista (Paul Klee).

Marcada a su vez por imágenes de índolesimbolista (Gustav Klimt) en grado sumo, que en ocasiones invocan lo abstracto (Wassily Kandinski). Por ello su estilo puede ubicarse dentro del fluctuante expresionismo surrealista.
El imaginario, que conforma una auténtica visio, es arquetípico y recrea una serie de símbolos fundamentales (v. gr.: pez, máscara, calavera). Los cuales son auténticas représentations collectivas (representaciones colectivas) ―según la acertada denominación de Lévy-Bruhl― generadas desde el inconsciente colectivo. En este sentido, y por esta singular procedencia, percibo cierta nota de indulgencia hacia lo monstruoso teriomorfo en la obra plástica de Infiesta. Retomando parcialmente la imaginería de lo grotesco y bizarro que inundó las Ciencias Naturales y Médicas medievales. 

Ello hace asequible el discurso plástico mediante la exégesis facilitada por el psicoanálisis de Jung. Tomando como referentes una iconografía especialmente recurrente en el opus alquímico.

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Una exquisita muestra de ello es Alegoría, obra compleja y paradigmática, cuya lectura ofrezco; amplificándola mediante otros trabajos del sevillano:

alegoría15

 

En el aire y por encima (= sublimatio [sublimación]) de una rúbea calavera, la alquímica caput mortuum(cabeza de muerto) que nos remite al bíblico Calvariæ Locus (lugar de la Calavera), el monte donde Jesús padeció la crucifixión (cf. Jn. 19, 17). Vemos un fornido jinete sine nomine (sin nombre) ―pues no tiene o  no muestra su rostro (personalidad)― cabalgando un brioso corcel. Son dos aspectos de una misma realidad que, como dice Roberto Valensis en su Gloria Mundi: invoca al espíritu viviente de entre los muertos. Una realidad que nos recuerda muy de cerca el tema de lo macabro. Plasmado ya por Juan de Valdés Leal (1622-1690) ―ilustre conciudadano de Infiesta― en dos obras maestras de la alegoría jeroglífica: Finis gloriae mundi (El fin de las glorias mundanas) e In ictu oculi (En un abrir y cerrar de ojos).
Por su coloración (negra y marrón) y morfología híbrida ―al portar en su frente el cuerno del unicornio. Este fantasmal caballo simboliza una coincidentia oppositorum (unión de contrarios), entre lo ctónico inconsciente (caballo negro, Luna, plata) y lo celestial consciente (unicornio, Sol, oro). Quien lo cabalga, el individuo que ha integrado su personalidad ―una simiesca y versátil máscara con la que se dificulta lidiar (cf. las variopintas y temperamentales Máscaras y el Caleidoscopio)―, es visto como un héroe, titán hijo del Cielo y de la Tierra, con todo lo infausto que la tradición griega atribuyó a esta progenie.

máscaras2 copia

 

Nuestro jinete es comparable a un nuevo Alceo (Ἀλκαῖος) que, gracias a su “fortaleza” (άλκή) ―de alma y espíritu―, ha trascendido la vita brevis (calavera) mediante un ars longa (sublimación): se ha hecho consciente algo que antes no lo era (cf. El pez dorado). Tenemos así un Espíritu Nuevo mejor conocido como Heracles (Ἡρακλῆς). Cuya gloria (κλέος), nótese bien, se debe a Hera (Ἥρα)  ―personificación del aéreo e informe inconsciente. La hermana-esposa de Zeus que tiene entre sus epítetos los de Αλέξανδρος (“la que salva al guerrero”) y Ἀκραῖα (“de las alturas”). Mostrando así su papel decisivo para alcanzar la hora-estación(ὡρα), el momento idóneo ―la aurea hora (hora de oro) alquímica― en que el infausto mortal deviene héroe(ἡρως) gracias a una hierogamia, la coniunctio Solis et Lunæ (unión del Sol y la Luna).
¡Pero cuidado, lo macabro asecha! Pese a todo este abolengo, nuestro anonymi ―cualquiera de nosotros― también puede (o pudo) ser el Bandolero. El fracaso es inherente a la humana naturaleza, tanto como el éxito. Ello dependerá del vínculo establecido: las relaciones del hombre consigo mismo y su prójimo. Relaciones que implican una alta dosis de sentimientos, de feminidad. Y he aquí un peligro: el anima puede elevarnos como una diosa pero también derribarnos como el súcubo o la femme fatale. En este caso es la espeluznante e insomne Melusina que vigila codiciosamente “algo” (¿fruto, corazón, consciencia?) pendiente en la altura, según muestra el dibujo Tinta de Infiesta.
Ahora reflexionando sobre todo lo que precede. No es arbitrario decir que ese “algo”, visto secundariamente por la generalidad de la consciencia. Lejos de ser “efecto”, ostenta realmente el rol de “causa”. Constituyendo en sí mismo (como invertida imagen en espejo) el móvil ―i. e.: la arquetípica “rueda” que, inconscientemente,el hombre quiso imitar― impulsor para la generación del Espíritu Nuevo. Una paradoja, cándida y espeluznante como el alma misma, donde precisamente radica lo equívocamente infausto del surrealismo.

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