La obra plástica de Alejandro Aldehuela

La obra plástica de Alejandro Aldehuela

DEL ALMA HUMANA:

un contraste entre fragilidad y fortaleza por

Joel Martínez Pino

sobre la obra plástica de

Alejandro Aldehuela

***

De la fragilidad humana, del alma, de sus yerros y lamentos ―su talón de Aquiles―, que traslucen una esperanzadora llamada a la trascendencia. Es el contenido esencial que alberga la obra de Alejandro Aldehuela.

Como “Licenciado en Derecho” (Universidad Pablo de Olavide [2011]) a este joven espíritu sevillano, pintor y dibujante autodidacta, más por vocación humanística que formación académica. Le impulsa la necesidad de expresar su disquisición jurídica mediante una versátil armonía ―que ejecuta a través de la plástica, su violon d'Ingres (violín de Ingres)― cuyo melódico diapasón comprende el discurso apologético sobre el hombre y sus conflictos. Ese singular “animal” ―¡pues posee un alma!―, capaz de experimentar la sociedad, de vivirla con mayor o menor plenitud, desde una postura crítica y autocrítica, aunque no pocas veces parcializada por los estereotipos sociales que tienden a la masificación cuantitativa, resultado de la impresión concreta, repleta de imprecisiones. Precisamente por ello ―y por lo de “una imagen vale más que mil palabras”―, no se conforma este artista con el discurso hablado y de predecible vida efímera. Sino que, optando por un diálogo interior (infantado por la fascinación de lo subjetivo personal sobre lo objetivo social) y apertrechado con los saberes adquiridos de la conciliación mediadora (como “Master Especialista en mediación familiar” [2012]); recurre a la expresión plástica ―no menos espontánea que la palabra, pero de una dinámica visual y cromática insuperable― como idóneo vehículo. Lo cual hace que su “buena nueva” surja libre, desembarazada de inflexibilidades legalistas y rígidos cánones, emancipada de la impresión objetiva; dispuesta para acoger en su seno la pléyade que  puebla el cosmos semiótico anidado en el alma. De todo ello encontramos testimonio en sus exposiciones, personales y colectivas; que, pese a ser incipientes y casi todas en suelo patrio, van mostrando la fuerza, la expresión y la pasión que se agita en lo interior de este original epígono de Goya.
***

menina 

Más que expresión, lo cual suena un tanto circunscrito a lo puramente personal y (en parte) efímero. Aldehuela es una ráfaga de expresionismo ―que sigue de cerca la hipotextualidad de Edvard Munch y Francis Bacon―, como manifestación ecléctica de los contenidos inconscientes (personales y colectivos). Este es el eje que sostiene y vertebra su obra: puro y espontáneo expresionismo, análogo (en el ámbito literario) a la obra de François Rabelais y Cyrano de Bergerac, según considero.

Aunque escasamente, en ocasiones tropezamos con una débil tendencia a lo mensurado ―¡imagen espectral del impresionismo!―; que coquetea entre hieráticos ademanes y la carcajada contenida ―en ocasiones desmesuradamente pantagruélica―, pero siempre pletórica de sátira y sapiencial ironía (v. gr.: Lengua, El jurista, Menina).

terror 1Otras veces nos empapa una libidinosa efusión del instinto vital y emotivo (v. gr.: Horizonte final, Autorretrato con fantasmas), junto a lo macabro y erótico ―encarnado por una titubeante femme fatale (v. gr.: Menina, Perfil por detrás, Terror)―, que termina rayando en lo bestial (v. gr.: Terror, Perfil por detrás). Así, esta singular creación parece emergida de un frío sueño, una pesadilla nocturna que pugna por nacer, como la aurora, hacia la luz diurna, hacia la consciencia. Esto hace que, hasta cierto punto, podamos contemplar su trabajo como una reversión (y regresión) hacia la fauna teratológica contenida en los bestiarios que inundaron la Edad Media desde las postrimerías de la Antigüedad.


***

No obstante, el expresionismo de Aldehuela, aunque se auxilia de esta imaginería surrealista (haciéndole un pintor simbolista), tiende a una progresiva humanización. Rasgo a destacar y que, abordado desde una lectura psicoanalítica sobre la obra, puede referirse a la gradual toma de consciencia sobre nuestros “demonios”. Esos que no sólo tienen por morada el vasto Infierno, sino también las lúgubres cavernas del alma humana. Así, esta expresión de lo inconsciente proyectado plásticamente, no sólo ostenta un propósito estético, sino también didáctico y hasta catártico. De tal manera, la creación pictórica se torna medio, siendo mediador el Artista, cuyo fin es tornar consciente, sacar a flote esa fragilidad anímica. En la cual, sin embargo, puede percibirse ―por la coincidentia oppositorum(unión de contrarios), esa ley que impregna toda la naturaleza― su opuesto: una subliminal fortaleza. No se trata precisamente de una fuerza física, sino más bien psíquica, emotiva. De cuyo dinamismo ya refería Cicerón en sus Tusculanarum disputationum: nemo sapiens nisi fortis [nadie sabio sino el fuerte]. Esta nota fortis (fuerte) se constata tanto por la “forma” como por el “contenido”. De la primera habla el rico cromatismo y lo grotesco de los rasgos (v. gr.: Busto africano, Terror, Lengua). Sobre lo segundo, el recurrente motivo delrostro, símbolo de la persona. Todo ello en aras de hacer explícito, de mostrar ese misterio (el del rostro) que a mi entender, expresa el contraste dinámico, la “fuerza” emotiva del individuo, llamado a “resonar” (lat.: personare), ante los manes de la fragilidad y la angustia, que asechan desde el entorno mundano.

candela

Habla con Candela

Quiero hablar con ella
 

Más en Galería de Arte Online

  • No se han encontrado comentarios
Añadir comentarios
 x 

Carro vacío

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrar a los usuarios publicidad relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si se continúa navegando, consideramos que se acepta su uso. Es posible cambiar la configuración u obtener más información aquí

Acepto