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Marketing

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Detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer. Verdad como un templo. Detrás de una mujer normalmente nunca hay nadie (sí una familia de origen con un código de valores potente). No sabemos si es grande por eso o es el precio a pagar por separarse de la media. Historias hay entre mujeres emprendedoras que no pueden calificarse siquiera como de éxito ya que me atrevo a decir que alcanzan, incluso, la calificación de heroicidad. ¿Quién no conoce casos que han logrado salir adelante con un pequeño, medio o gran negocio después de sufrir lo indecible con apoyos mínimos o nulos?

Si ya es difícil para un emprendedor (hombre) sacar adelante una idea en un país como España donde hay que ponerse a buscar financiación para tasas, impuestos y licencias antes de empezar, una mujer está mayormente condicionada. Hay pocas emprendedoras y empresarias pero la razón es que el camino es demasiado tortuoso. Los retos son múltiples y los escollos, a veces, insalvables. Comencemos:

1.- Machismo. No me voy a poner a hacer un alegato feminista. No es mi estilo ni nada tengo contra los hombres ni contra nadie así en abstracto. Trabajo muy a gusto con hombres y tengo buenos amigos varones desde hace décadas. Eso no quita para que no tenga en cuenta los datos (y muchas confidencias de todo tipo) sobre el avance del machismo en la España del siglo XXI. Y no me refiero a las abrumadoras cifras de violencia de género sino al alarmante avance de los prejuicios, estereotipos e ideas machistas. No son pocos los que veladamente (porque está mal visto en ciertos círculos) o sin ningún pudor esperan de la mujer (en cualquier ámbito) un papel de sumisión que es incompatible con el espíritu casi indomable de algunas emprendedoras. 

2.- Por eso, y entramos en el segundo punto, no nos cansamos de repetir que aún queda mucho por hacer en materia educativa. Ponemos como ejemplo, por citar solo un caso, los cuentos de princesas clásicos donde las protagonistas, a pesar de serlo, tienen una actitud pasiva. Con este sustrato cultural no estamos formando (ni de lejos) a nuestros hijas para los retos que requiere una empresa. En este ámbito, como el del machismo (en todos los aspectos) y el afán de las emprendedoras no son compatibles. Y esto solo es un hilo, un dato, un ejemplo. Detrás tenemos toda una cultura televisiva, mítica o social que no invita a formar mujeres valientes y decidas a formar empresas.

En España aún hoy, con la mujer en la calle y formadas en casi todas las profesiones, aún se espera de nosotras si acaso un papel auxiliar, de segundas o terceras a bordo. Hemos llegado a ganar el sustento (lo cual no es poco) pero rara vez como jefas, guías o fundadoras de compañías.

La educación es siempre compleja y tiene múltiples aristas. Aunque se nos quiera hacer creer que fuimos instruidos para la libertad, en verdad pocos individuos (hombres y mujeres) alcanzan esa dicha. Vivimos en sociedad y hay unos patrones subyacentes que no nos podemos sacudir del todo. Y uno de ellos es que mujeres en soledad no pueden ser emprendedoras con sus propias ideas. Si va acompañada (de un varón) se admite con más facilidad. De la otra manera, nos convertimos en huesos difíciles de roer, en personas complicadas a la hora de encasillar. Y es así porque existe la idea de que el riesgo es cosa de hombres y la mujer es mejor que busque trabajo por cuenta ajena. Hasta aquí hemos llegado, verano de 2016.

3.- También hay que tener en mente el mecanismo de los procesos psicológicos inconscientes. No nos damos cuenta, pero el ser humano actúa más movido por los dictados del inconsciente que de la conciencia. Y con eso no quiero decir que estemos reprimidos sexual o vitalmente al modo Freud. ¡Ni mucho menos! Simplemente que nos movemos por “razones” que desconocemos a nivel consciente. Son pocos, por ejemplo, los que saben del significado de los sueños, una de las guías básicas para moverse por el lado oscuro del espíritu. Con esto me estoy refiriendo a nuestro estar con nosotros mismos (de manera egocéntrica) sino también en relación con las cosas del mundo y de las personas.

4.- Con estas cuantas ideas que te dejo expuestas no hace falta que te diga que el entorno social es totalmente desfavorable. La idea generalizada es que las emprendedoras deberían estar en casa con un trabajo con horarios normales, vacaciones normales y vida normal contribuyendo a un hogar feliz. Si un hombre hace lo mismo está peleando por toda su familia. A veces, hasta por el clan. En el caso de una mujer lo mismo es tildada de ilusa, soñadora, loca y, si me apuras, hasta egoísta.

5.- La conciliación familiar, por tanto, a nivel de los hijos o de la pareja se vuelve difícil. Porque las emprendedoras (como los emprendedores también) en sus inicios, al menos, tienen que volcar gran cantidad de energía en los proyectos. Eso se traduce en horas, trabajo hasta la madrugada, sin fines de semana, sin vacaciones y con un caos en la agenda. El corretear de un lado para otro con los niños y sus actividades extraescolares es incompatible, casi, con el espíritu de las emprendedoras. A un hombre, a nivel social, se le perdona, como normal general. Para una mujer es más difícil. Tiene que hacer un trabajo de comunicación adicional que lleva a muchas plantearse si merece la pena. ¿Nunca has pensado por qué gran parte de la mujer de éxito tanto en lo profesional como en lo empresarial son solteras? Los hombres encuentran apoyo en casa. Las mujeres un problema más. Y lo digo a sabiendas que alguno habrá que me va a contestar  y hasta “malamente”.

6.- Otro escollo más es la vida social al margen de los negocios. No hemos sido educadas para eso: para viajar solas, para reuniones en cafés o restaurantes o ponerse a negociar ante una mesa sin la preocupación de quién bañará los niños esta noche. Y ahora no voy a poner aquí a las calificaciones que se arriesgan ciertas emprendedoras (sobre todo si se mueven en niveles culturales bajos aunque ellas sean eminencias) si se atreven a medio llevar esa vida social como si fueran (subrayo y anoto) hombres.

7.- Lo anterior dificulta, por ejemplo, aún más el acceso a los créditos o a una financiación adecuada. Una mujer sentada ante un bancario explicando su proyecto emite unas connotaciones distintas a la de su homólogo varón. En la misma situación él será calificado como atrevido, potente e ingenioso mientras que ella será la ilusa con muchos pájaros en la cabeza a la que se puede engañar fácilmente. ¡Y así lo intentará y, en ocasiones, hasta lo conseguirá! Gran parte de lo que somos viene de lo que proyectamos o los que lo otros interpretan que proyectamos.

8.-  Todo esto genera grandes dificultades para despegar por falta de apoyos. Grandes ideas o buenas propuestas se quedan en el tintero, aparcadas u olvidadas por ausencia no ya del más mínimo empujón sino de múltiples impedimentos que se ponen en el camino, los cuales en el caso de la mujer son de más envergadura. El emprendimiento en España es duro para todos (por trabas burocráticas, falta de sustrato cultural o mínima financiación ajena a los bancos), pero cuando se trata de una mujer esta dificultad se multiplica exponencialmente. No tenemos una base a la que se pueda acudir para recibir formación específica, consejo que no sea interesado y, aunque nos duela, tampoco hay una cantidad importante de modelos en los que mirarnos. Las emprendedoras del pasado que hoy están a punto de jubilarse comenzaron, la inmensa mayoría, con negocios muy pequeños. La más de las veces se trata de una actividad que no puede reproducirse hoy en día por el cambio radical en la economía con la era de Internet.

Y ya que estamos con las posibilidades online, aunque hoy estoy hablando de los retos, creo que es aquí donde buena parte de las mujeres que queremos convertirnos en eso (emprendedoras o empresarias) tenemos un hueco más que bueno. Y eso para otro día. La inmaterialidad de la red permite realizar tareas a distancia, a destajo y de una manera discreta que nos puede posibilitar abrirnos muchos caminos hasta hace nada casi vedados.

9.-  Y si comenzar es difícil, aún más complicado es seguir en la lucha. El esfuerzo inicial es de tal envergadura y los retos tan complicados de manejar en su día a día que son muchas las que se plantean que no merece la pena. Estamos hablando de horas, de días, de meses, de vida. Cuando el proyecto es ilusionante o es lo que siempre se había soñado (tal cual es mi caso) es más fácil no sucumbir al desaliento. Por eso la motivación en el caso de las mujeres emprendedoras tiene que ser el doble o el triple que el de los hombres: para no abandonar cuando ya se ha comenzado o el proyecto está en sus inicios. Una vez que todo marcha (si se llega a ese punto) es más fácil despegar el pie del pedal y disfrutar del paisaje.

Porque, aquí no he mencionado en ningún momento la palabra fracaso. Eso no existe. Si se empieza el camino es para vadear las dificultades hasta alcanzar la meta aunque solo sea con la punta de los dedos. Una vez allí hay que permanecer. La mujer, sobre todo en España, vive la no consecución de un negocio como un fracaso vital y no como una oportunidad para seguir adelante. Bueno… las fuerzas son las que son y la financiación también.  

10.-  El miedo al fracaso y a la soledad más absoluta también es un escollo espiritual al que deben someterse todas las féminas que se empeñan en esto de emprendimiento. Pocas hay que han tenido una nueva oportunidad. Esos temas (a decir de su entorno con tanta fuerza que llegamos a hacerlo nuestro) hay que olvidarlos y seguir por los caminos convencionales.

Muy salvaje tiene que tener el corazón una mujer en España para que se atreva a hacer ciertas cosas aún pudiéndolas hacer por ley y derecho. Eso sí, la que lo consigue logra hacer casi una obra de arte tanto con su proyecto como con su vida. Esos ejemplos (que un día traeré) son los que no deben servir de guía a todas las demás para meternos o no abandonar el apasionante camino de crear una empresa. 

Por Candela Vizcaíno

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Detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer. Verdad como un templo. Detrás de una mujer normalmente nunca hay nadie (sí una familia de origen con un código de valores potente). No sabemos si es grande por eso o es el precio a pagar por separarse de la media. Historias hay entre mujeres emprendedoras que no pueden calificarse siquiera como de éxito ya que me atrevo a decir que alcanzan, incluso, la calificación de heroicidad. ¿Quién no conoce casos que han logrado salir adelante con un pequeño, medio o gran negocio después de sufrir lo indecible con apoyos mínimos o nulos?

Si ya es difícil para un emprendedor (hombre) sacar adelante una idea en un país como España donde hay que ponerse a buscar financiación para tasas, impuestos y licencias antes de empezar, una mujer está mayormente condicionada. Hay pocas emprendedoras y empresarias pero la razón es que el camino es demasiado tortuoso. Los retos son múltiples y los escollos, a veces, insalvables. Comencemos:

1.- Machismo. No me voy a poner a hacer un alegato feminista. No es mi estilo ni nada tengo contra los hombres ni contra nadie así en abstracto. Trabajo muy a gusto con hombres y tengo buenos amigos varones desde hace décadas. Eso no quita para que no tenga en cuenta los datos (y muchas confidencias de todo tipo) sobre el avance del machismo en la España del siglo XXI. Y no me refiero a las abrumadoras cifras de violencia de género sino al alarmante avance de los prejuicios, estereotipos e ideas machistas. No son pocos los que veladamente (porque está mal visto en ciertos círculos) o sin ningún pudor esperan de la mujer (en cualquier ámbito) un papel de sumisión que es incompatible con el espíritu casi indomable de algunas emprendedoras. 

2.- Por eso, y entramos en el segundo punto, no nos cansamos de repetir que aún queda mucho por hacer en materia educativa. Ponemos como ejemplo, por citar solo un caso, los cuentos de princesas clásicos donde las protagonistas, a pesar de serlo, tienen una actitud pasiva. Con este sustrato cultural no estamos formando (ni de lejos) a nuestros hijas para los retos que requiere una empresa. En este ámbito, como el del machismo (en todos los aspectos) y el afán de las emprendedoras no son compatibles. Y esto solo es un hilo, un dato, un ejemplo. Detrás tenemos toda una cultura televisiva, mítica o social que no invita a formar mujeres valientes y decidas a formar empresas.

En España aún hoy, con la mujer en la calle y formadas en casi todas las profesiones, aún se espera de nosotras si acaso un papel auxiliar, de segundas o terceras a bordo. Hemos llegado a ganar el sustento (lo cual no es poco) pero rara vez como jefas, guías o fundadoras de compañías.

La educación es siempre compleja y tiene múltiples aristas. Aunque se nos quiera hacer creer que fuimos instruidos para la libertad, en verdad pocos individuos (hombres y mujeres) alcanzan esa dicha. Vivimos en sociedad y hay unos patrones subyacentes que no nos podemos sacudir del todo. Y uno de ellos es que mujeres en soledad no pueden ser emprendedoras con sus propias ideas. Si va acompañada (de un varón) se admite con más facilidad. De la otra manera, nos convertimos en huesos difíciles de roer, en personas complicadas a la hora de encasillar. Y es así porque existe la idea de que el riesgo es cosa de hombres y la mujer es mejor que busque trabajo por cuenta ajena. Hasta aquí hemos llegado, verano de 2016.

3.- También hay que tener en mente el mecanismo de los procesos psicológicos inconscientes. No nos damos cuenta, pero el ser humano actúa más movido por los dictados del inconsciente que de la conciencia. Y con eso no quiero decir que estemos reprimidos sexual o vitalmente al modo Freud. ¡Ni mucho menos! Simplemente que nos movemos por “razones” que desconocemos a nivel consciente. Son pocos, por ejemplo, los que saben del significado de los sueños, una de las guías básicas para moverse por el lado oscuro del espíritu. Con esto me estoy refiriendo a nuestro estar con nosotros mismos (de manera egocéntrica) sino también en relación con las cosas del mundo y de las personas.

4.- Con estas cuantas ideas que te dejo expuestas no hace falta que te diga que el entorno social es totalmente desfavorable. La idea generalizada es que las emprendedoras deberían estar en casa con un trabajo con horarios normales, vacaciones normales y vida normal contribuyendo a un hogar feliz. Si un hombre hace lo mismo está peleando por toda su familia. A veces, hasta por el clan. En el caso de una mujer lo mismo es tildada de ilusa, soñadora, loca y, si me apuras, hasta egoísta.

5.- La conciliación familiar, por tanto, a nivel de los hijos o de la pareja se vuelve difícil. Porque las emprendedoras (como los emprendedores también) en sus inicios, al menos, tienen que volcar gran cantidad de energía en los proyectos. Eso se traduce en horas, trabajo hasta la madrugada, sin fines de semana, sin vacaciones y con un caos en la agenda. El corretear de un lado para otro con los niños y sus actividades extraescolares es incompatible, casi, con el espíritu de las emprendedoras. A un hombre, a nivel social, se le perdona, como normal general. Para una mujer es más difícil. Tiene que hacer un trabajo de comunicación adicional que lleva a muchas plantearse si merece la pena. ¿Nunca has pensado por qué gran parte de la mujer de éxito tanto en lo profesional como en lo empresarial son solteras? Los hombres encuentran apoyo en casa. Las mujeres un problema más. Y lo digo a sabiendas que alguno habrá que me va a contestar  y hasta “malamente”.

6.- Otro escollo más es la vida social al margen de los negocios. No hemos sido educadas para eso: para viajar solas, para reuniones en cafés o restaurantes o ponerse a negociar ante una mesa sin la preocupación de quién bañará los niños esta noche. Y ahora no voy a poner aquí a las calificaciones que se arriesgan ciertas emprendedoras (sobre todo si se mueven en niveles culturales bajos aunque ellas sean eminencias) si se atreven a medio llevar esa vida social como si fueran (subrayo y anoto) hombres.

7.- Lo anterior dificulta, por ejemplo, aún más el acceso a los créditos o a una financiación adecuada. Una mujer sentada ante un bancario explicando su proyecto emite unas connotaciones distintas a la de su homólogo varón. En la misma situación él será calificado como atrevido, potente e ingenioso mientras que ella será la ilusa con muchos pájaros en la cabeza a la que se puede engañar fácilmente. ¡Y así lo intentará y, en ocasiones, hasta lo conseguirá! Gran parte de lo que somos viene de lo que proyectamos o los que lo otros interpretan que proyectamos.

8.-  Todo esto genera grandes dificultades para despegar por falta de apoyos. Grandes ideas o buenas propuestas se quedan en el tintero, aparcadas u olvidadas por ausencia no ya del más mínimo empujón sino de múltiples impedimentos que se ponen en el camino, los cuales en el caso de la mujer son de más envergadura. El emprendimiento en España es duro para todos (por trabas burocráticas, falta de sustrato cultural o mínima financiación ajena a los bancos), pero cuando se trata de una mujer esta dificultad se multiplica exponencialmente. No tenemos una base a la que se pueda acudir para recibir formación específica, consejo que no sea interesado y, aunque nos duela, tampoco hay una cantidad importante de modelos en los que mirarnos. Las emprendedoras del pasado que hoy están a punto de jubilarse comenzaron, la inmensa mayoría, con negocios muy pequeños. La más de las veces se trata de una actividad que no puede reproducirse hoy en día por el cambio radical en la economía con la era de Internet.

Y ya que estamos con las posibilidades online, aunque hoy estoy hablando de los retos, creo que es aquí donde buena parte de las mujeres que queremos convertirnos en eso (emprendedoras o empresarias) tenemos un hueco más que bueno. Y eso para otro día. La inmaterialidad de la red permite realizar tareas a distancia, a destajo y de una manera discreta que nos puede posibilitar abrirnos muchos caminos hasta hace nada casi vedados.

9.-  Y si comenzar es difícil, aún más complicado es seguir en la lucha. El esfuerzo inicial es de tal envergadura y los retos tan complicados de manejar en su día a día que son muchas las que se plantean que no merece la pena. Estamos hablando de horas, de días, de meses, de vida. Cuando el proyecto es ilusionante o es lo que siempre se había soñado (tal cual es mi caso) es más fácil no sucumbir al desaliento. Por eso la motivación en el caso de las mujeres emprendedoras tiene que ser el doble o el triple que el de los hombres: para no abandonar cuando ya se ha comenzado o el proyecto está en sus inicios. Una vez que todo marcha (si se llega a ese punto) es más fácil despegar el pie del pedal y disfrutar del paisaje.

Porque, aquí no he mencionado en ningún momento la palabra fracaso. Eso no existe. Si se empieza el camino es para vadear las dificultades hasta alcanzar la meta aunque solo sea con la punta de los dedos. Una vez allí hay que permanecer. La mujer, sobre todo en España, vive la no consecución de un negocio como un fracaso vital y no como una oportunidad para seguir adelante. Bueno… las fuerzas son las que son y la financiación también.  

10.-  El miedo al fracaso y a la soledad más absoluta también es un escollo espiritual al que deben someterse todas las féminas que se empeñan en esto de emprendimiento. Pocas hay que han tenido una nueva oportunidad. Esos temas (a decir de su entorno con tanta fuerza que llegamos a hacerlo nuestro) hay que olvidarlos y seguir por los caminos convencionales.

Muy salvaje tiene que tener el corazón una mujer en España para que se atreva a hacer ciertas cosas aún pudiéndolas hacer por ley y derecho. Eso sí, la que lo consigue logra hacer casi una obra de arte tanto con su proyecto como con su vida. Esos ejemplos (que un día traeré) son los que no deben servir de guía a todas las demás para meternos o no abandonar el apasionante camino de crear una empresa. 

Por Candela Vizcaíno

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Detrás de la generación X, los millennials o Generación Y están los primeros nativos digitales cuyos hábitos de consumo son radicalmente diferentes a los de sus predecesores.

¿Quiénes son los millennials o Generación Y?

Son los que alcanzaron la mayoría de edad (más o menos) con el cambio de milenio, aunque las fechas son tremendamente flexibles. Los millennials son los que, en la actualidad, año 2016, tienen entre 20 y 35 años. Esto es, son los consumidores más jóvenes. Hasta aquí los datos fríos, puros y duros.  Incomprendidos hasta el insulto, han sufrido y van a seguir sufriendo circunstancias que no solo están lastrando su proyección a futuro sino que están encadenando su presente. Por supuesto, cada uno de ellos es único e irrepetible fruto de la educación familiar, de las oportunidades culturales, del ámbito social en el que se ha criado o de algo tan abstracto como la suerte. No obstante, voy a hacer un intento de definición y, sin ánimo de hacer proselitismo, tenemos que recordar que:

  • En España, se han educado con los parámetros de la LOGSE que, por decirlo con palabras amables, no ha sabido dar respuestas a las necesidades laborales actuales. El resultado es que un porcentaje muy alto de estos millennials no están preparados para los retos que la economía de las primeras décadas del siglo XX exige. Sin ánimo de ser tremendista ni se sabe el número de ellos que no disponen de cualquier habilidad para poder ganarse la vida con cierta solvencia. Eso no quita para que haya cerebritos o una base de universitarios o profesionales muy bien formados a los que se les hace muy difícil agarrarse a oportunidad laboral alguna.
  • Han sufrido de lleno los envites de la crisis. Algunos han pasado esta década sin empleo. Aunque se les promete puestos como los de sus padres, ya están empezando a entender que eso es una auténtica utopía.  
  • Son los primeros nativos digitales. Internet no es el futuro. Es el presente rabioso e, incluso, el pasado.  Un porcentaje alto de millennials, por poner un solo ejemplo, no gusta de redes sociales tradicionales tales como Facebook por considerarlas algo de “sus mayores”. Buscan apps, redes, sitios y productos adaptados a sus gustos y necesidades.
  • Se han criado con la violencia, la de los dibujos animados, la de la calle y la del terrorismo internacional. El mundo ha dejado de ser un lugar seguro para ellos (y para todos).
  • No sienten el cambio de las costumbres (sociales, familiares, de género, sexuales…) como algo conseguido. No han vivido la transformación. Se han encontrado con un status quo distinto al de sus mayores. No hay que luchar por la libertad. Nacieron con ella. Y con un paquete de derechos bajo el brazo que ni imaginan de dónde han salido. Simplemente estaba allí y así tiene que ser.

¿Cómo viven? ¿En qué creen los millennials?

Con este panorama (inseguridad en todos los órdenes, falta de recursos económicos o inestabilidad), ¿Cómo se las apaña para subsistir esta generación de milleniales o también llamada Y?  ¿Qué siente? ¿Cuáles son sus retos?

  • El futuro es algo del pasado. El objetivo principal es llegar a mañana o acabar el día de hoy como mejor se pueda. No se puede planificar nada porque el empleo estable se esfumó para siempre. Tendrán que acostumbrarse a vivir en la inseguridad más absoluta. Los planes a largo plazo (hipotecas, negocios o familias) son tan inconcebibles que algunos hasta se niegan (por utópico) a hablar de ellos.
  • La vida es confusa. El orden de sus mayores (conseguir un trabajo, formar una familia, ahorrar, vacaciones seguras…) se ha vuelto caos absoluto. La existencia es un ir y venir constante. Todo es mutable, ya no hay nada fijo. El trabajo dura tres meses. Los alquileres una semana menos. Las parejas, quizás y con suerte, un mes más, hasta que se agoten los recursos. Los amigos se cambian (por los constantes trastoques) o son, sencillamente, virtuales.
  • Precariedad económica. Nueva palabra amable para definir pobreza absoluta. Sin empleo y sin oportunidades de subsistencia (porque no disponen de la más mínima herramienta para el emprendimiento fruto, en parte, del sistema educativo y de los mensajes sociales) ciertos bienes de consumo (vehículo o vivienda) se les antojan objetos de lujo cuando eran habituales para sus mayores.
  • La movilidad va a desembocar en el nomadismo radical.  Ahora mismo tienen el punto de referencia de la casa paterna (el que la tenga), pero, en el futuro, buena parte de ellos estarán obligados a mudarse constantemente. Estarán donde esté el trabajo (provisional), allí buscarán vivienda (de alquiler), pareja (mientras dure y sin “ser nada serio”), amistades o lo que necesiten.
  • Exigentes. Vienen con un paquete de derechos bajo el brazo ¿Os acordáis? Los millennials son los consumidores más exigentes de la historia. Saben lo quieren. Se mueven en las redes. Se informan y piden mucho a cambio de poco. También lo son en el ámbito personal. Sienten (con razón, la mayoría de las veces) que le han robado algo. Por tanto, “algo” (clase política, servicios sociales, estado…) o “alguien” (tribu, familia, pareja…) está en deuda con ellos.  Por otro lado, con las excepciones familiares o educacionales debidas, para un alto porcentaje de millennials, las palabras “esfuerzo” o “sacrificio” no están en su vocabulario.
  • Low cost para una generación sufrida. Y son así (sufrida) porque, también en un alto porcentaje, no les queda otra. La falta de oportunidades, la poca pericia a la hora de manejar herramientas (el trabajo duro y constante entre ellas) vitales para su subsistencia y futuro hacen que se apunten a todo lo que lleve la etiqueta low cost. Da igual que sea de usar y tirar. El mañana es algo del ayer, recordemos. Las rebajas, el bajo coste o los descuentos tiene que ser en todo: en los viajes (a los que aspiran o realizan cuando el bolsillo lo permite), en el ocio, en la moda, en la restauración, en la vivienda (de alquiler y/o compartida), en el transporte… Es ya casi una filosofía de vida. 
  • Si esto es así para una amplia mayoría,  los afortunados con un sustrato familiar estable, oportunidades culturales y un buen máster bien enmarcado tienen la vida de otra manera. Esto no quiere decir que tengan las mismas opciones que sus mayores pero sí que dispondrán de puertas abiertas que a otros con estudios medios o bajos les están vetadas para siempre. Estos serán los que puedan, en el futuro, adquirir bienes de consumo de calidad como vivienda, vehículos, educación para sus hijos o un estilo de vida llevadero. 

Las diferencias, por tanto, entre millennials con formación o espíritu emprendedor y el resto, conforme vayan avanzando los años, será cada vez más acusada. La semilla para conflictos futuros está, desgraciadamente, ya puesta.

  • Internet es consustancial. Es relevante y determinante. Se han criado con las compras online, con la información digital con las apps para todo. Una conexión a la red es tan necesaria como el comer. A veces hasta más. Porque aquí se consigue todo: la oportunidad (aunque sea fallida) para incorporarse al mercado laboral, el piso en alquiler, el vehículo que te lleva a donde necesitas, el amigo del momento, una pareja sexual o un objeto de segunda mano a precio más bajo incluso que un low cost. A la red se accede no ya por un ordenador o un portátil (para algunos algo inalcanzable) sino por el móvil.  Un Apple o un Android es la herramienta del presente. El futuro, recordemos, no existe.
  • Los amigos (o el novi@) están detrás de la pantalla. A la calle se sale con agenda. Los encuentros ya no son casuales. El contacto primero es en las redes sociales. Allí se dice todo, se publica todo, se expresa todo con un desparpajo y transparencia que para los de la Generación X (y no digamos los del Baby Boom) es considerado casi obsceno. No hay pudor a la hora de expresar gustos, viajes, creencias, necesidades, cambios de vivienda, amigos o parejas…
  • Sinceros y abiertos. Casi no tienen secretos. Piden abiertamente y exigen sin pudor (otra cosa es que reciban). La vida sexual ha dejado de ser algo íntimo para pasar a hablarse sin recato (con desconocidos).  Los millennials han dinamitado por los aires todos los tabúes.
  • Seguidores de Narciso. El gusto por los selfies hasta en las situaciones cotidianas y el auge de Instagram contribuye a un egocentrismo que amenaza con invadir todos los ámbitos vitales.
  • Colaborativos y sociales. No es contradictorio con lo anterior. Saben (a lo mejor por un instinto de supervivencia que no han perdido) que deben tener buenas relaciones sociales (sobre todo online). Son participativos y no tienen empacho en compartir (por necesidad o por convicción) todo tipo de bienes con ayuda de las herramientas del siglo XXI: las apps.

Hábitos de consumo de  los millennials, un intento por sintentizar

Con este panorama (que dista mucho de estar completo), el consumo de la generación de los millennials es completamente diferente al de sus mayores. Entre otras cosas porque bienes necesarios para ellos no forman parte de la cosmovisión de la Generación X o la del Baby Boom. Entonces, ¿qué les interesa?

  • Una app por favor y, a ser posible, fácil de descargar, que no consuma muchos megas y, por supuesto, gratuita. Con las nuevas apps se consigue todo: coche (Blablacar),  bienes de segunda mano a un precio de risa (Wallapop), amistades o pareja (Tinder y compañía), vuelos baratos, música, vídeos, series de televisón, entretenimiento…
  • Las nuevas app cambian, además, la dirección del consumo. Los millenials buscan. No se conforman con la oferta a la vista. La publicidad y los canales de marketing tienen que ser, por tanto, totalmente distintos.

  • Low cost en todo. Lo barato es lo bueno. La calidad no se mira porque no importa. La moda, la música, el ocio, los viajes, el transporte, un coche tiene que ser, ante todo, barato. El mercado del lujo está reservado a la Generación X o a la anterior del Baby Boom.
  • La publicidad tradicional (tanto en lo que se refiere a los canales como en la forma de comunicar) ya no interesa. El mejor marketing es el de las opiniones online y el fácil acceso a los productos que están disponibles en la red a través de un teléfono móvil.
  • La colaboración es una forma de subsistir. El descuento y los bajos precios se dan por sentado. Ha vuelto el espíritu social. Los pisos compartidos, la compra venta de todo tipo de cosas de segunda mano, el reciclaje y una nueva oportunidad a las cosas son constantes.
  • El alquiler da paso a la propiedad en lo que a vivienda se refiere. Las mudanzas constantes, la falta de un proyecto laboral (ya no podemos llamarlo ni puesto de trabajo) estable en el tiempo o los cambios en la pareja no propician ni las hipotecas ni las deudas. No es que no se puedan asumir es que ni siquiera está abierta esta posibilidad.
  • Las compras online son y serán cada vez más frecuentes. Las ventas en Internet se multiplican por años y son de todos los grupos de población. La generación de los millenials está acostumbrada a la red.  Es su casa y su foro.  El comercio online solo puede ir en aumento. Por tanto, el marketing, la publicidad, la comunicación empresarial tiene que tener otros cauces distintos a los tradicionales.
  • El ahorro no existe porque el mañana es hoy. Por la falta de recursos laborales, por la fragilidad vital, por los cambios constantes o por la diferencia en la cosmovisión,  el ahorro será algo inexistente o muy testimonial para la mayoría de ellos. La inversión está reservada a los privilegiados con buena formación y alguna oportunidad en el mercado laboral.

Ni que decir tiene que los millennials irán envejeciendo y que se irán adaptando a las circunstancias. Pero eso y una previsión de lo que será de ellos cuando alcancen los cincuenta para otro día.

Por Candela Vizcaíno

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Detrás de la generación X, los millennials o Generación Y están los primeros nativos digitales cuyos hábitos de consumo son radicalmente diferentes a los de sus predecesores.

¿Quiénes son los millennials o Generación Y?

Son los que alcanzaron la mayoría de edad (más o menos) con el cambio de milenio, aunque las fechas son tremendamente flexibles. Los millennials son los que, en la actualidad, año 2016, tienen entre 20 y 35 años. Esto es, son los consumidores más jóvenes. Hasta aquí los datos fríos, puros y duros.  Incomprendidos hasta el insulto, han sufrido y van a seguir sufriendo circunstancias que no solo están lastrando su proyección a futuro sino que están encadenando su presente. Por supuesto, cada uno de ellos es único e irrepetible fruto de la educación familiar, de las oportunidades culturales, del ámbito social en el que se ha criado o de algo tan abstracto como la suerte. No obstante, voy a hacer un intento de definición y, sin ánimo de hacer proselitismo, tenemos que recordar que:

  • En España, se han educado con los parámetros de la LOGSE que, por decirlo con palabras amables, no ha sabido dar respuestas a las necesidades laborales actuales. El resultado es que un porcentaje muy alto de estos millennials no están preparados para los retos que la economía de las primeras décadas del siglo XX exige. Sin ánimo de ser tremendista ni se sabe el número de ellos que no disponen de cualquier habilidad para poder ganarse la vida con cierta solvencia. Eso no quita para que haya cerebritos o una base de universitarios o profesionales muy bien formados a los que se les hace muy difícil agarrarse a oportunidad laboral alguna.
  • Han sufrido de lleno los envites de la crisis. Algunos han pasado esta década sin empleo. Aunque se les promete puestos como los de sus padres, ya están empezando a entender que eso es una auténtica utopía.  
  • Son los primeros nativos digitales. Internet no es el futuro. Es el presente rabioso e, incluso, el pasado.  Un porcentaje alto de millennials, por poner un solo ejemplo, no gusta de redes sociales tradicionales tales como Facebook por considerarlas algo de “sus mayores”. Buscan apps, redes, sitios y productos adaptados a sus gustos y necesidades.
  • Se han criado con la violencia, la de los dibujos animados, la de la calle y la del terrorismo internacional. El mundo ha dejado de ser un lugar seguro para ellos (y para todos).
  • No sienten el cambio de las costumbres (sociales, familiares, de género, sexuales…) como algo conseguido. No han vivido la transformación. Se han encontrado con un status quo distinto al de sus mayores. No hay que luchar por la libertad. Nacieron con ella. Y con un paquete de derechos bajo el brazo que ni imaginan de dónde han salido. Simplemente estaba allí y así tiene que ser.

¿Cómo viven? ¿En qué creen los millennials?

Con este panorama (inseguridad en todos los órdenes, falta de recursos económicos o inestabilidad), ¿Cómo se las apaña para subsistir esta generación de milleniales o también llamada Y?  ¿Qué siente? ¿Cuáles son sus retos?

  • El futuro es algo del pasado. El objetivo principal es llegar a mañana o acabar el día de hoy como mejor se pueda. No se puede planificar nada porque el empleo estable se esfumó para siempre. Tendrán que acostumbrarse a vivir en la inseguridad más absoluta. Los planes a largo plazo (hipotecas, negocios o familias) son tan inconcebibles que algunos hasta se niegan (por utópico) a hablar de ellos.
  • La vida es confusa. El orden de sus mayores (conseguir un trabajo, formar una familia, ahorrar, vacaciones seguras…) se ha vuelto caos absoluto. La existencia es un ir y venir constante. Todo es mutable, ya no hay nada fijo. El trabajo dura tres meses. Los alquileres una semana menos. Las parejas, quizás y con suerte, un mes más, hasta que se agoten los recursos. Los amigos se cambian (por los constantes trastoques) o son, sencillamente, virtuales.
  • Precariedad económica. Nueva palabra amable para definir pobreza absoluta. Sin empleo y sin oportunidades de subsistencia (porque no disponen de la más mínima herramienta para el emprendimiento fruto, en parte, del sistema educativo y de los mensajes sociales) ciertos bienes de consumo (vehículo o vivienda) se les antojan objetos de lujo cuando eran habituales para sus mayores.
  • La movilidad va a desembocar en el nomadismo radical.  Ahora mismo tienen el punto de referencia de la casa paterna (el que la tenga), pero, en el futuro, buena parte de ellos estarán obligados a mudarse constantemente. Estarán donde esté el trabajo (provisional), allí buscarán vivienda (de alquiler), pareja (mientras dure y sin “ser nada serio”), amistades o lo que necesiten.
  • Exigentes. Vienen con un paquete de derechos bajo el brazo ¿Os acordáis? Los millennials son los consumidores más exigentes de la historia. Saben lo quieren. Se mueven en las redes. Se informan y piden mucho a cambio de poco. También lo son en el ámbito personal. Sienten (con razón, la mayoría de las veces) que le han robado algo. Por tanto, “algo” (clase política, servicios sociales, estado…) o “alguien” (tribu, familia, pareja…) está en deuda con ellos.  Por otro lado, con las excepciones familiares o educacionales debidas, para un alto porcentaje de millennials, las palabras “esfuerzo” o “sacrificio” no están en su vocabulario.
  • Low cost para una generación sufrida. Y son así (sufrida) porque, también en un alto porcentaje, no les queda otra. La falta de oportunidades, la poca pericia a la hora de manejar herramientas (el trabajo duro y constante entre ellas) vitales para su subsistencia y futuro hacen que se apunten a todo lo que lleve la etiqueta low cost. Da igual que sea de usar y tirar. El mañana es algo del ayer, recordemos. Las rebajas, el bajo coste o los descuentos tiene que ser en todo: en los viajes (a los que aspiran o realizan cuando el bolsillo lo permite), en el ocio, en la moda, en la restauración, en la vivienda (de alquiler y/o compartida), en el transporte… Es ya casi una filosofía de vida. 
  • Si esto es así para una amplia mayoría,  los afortunados con un sustrato familiar estable, oportunidades culturales y un buen máster bien enmarcado tienen la vida de otra manera. Esto no quiere decir que tengan las mismas opciones que sus mayores pero sí que dispondrán de puertas abiertas que a otros con estudios medios o bajos les están vetadas para siempre. Estos serán los que puedan, en el futuro, adquirir bienes de consumo de calidad como vivienda, vehículos, educación para sus hijos o un estilo de vida llevadero. 

Las diferencias, por tanto, entre millennials con formación o espíritu emprendedor y el resto, conforme vayan avanzando los años, será cada vez más acusada. La semilla para conflictos futuros está, desgraciadamente, ya puesta.

  • Internet es consustancial. Es relevante y determinante. Se han criado con las compras online, con la información digital con las apps para todo. Una conexión a la red es tan necesaria como el comer. A veces hasta más. Porque aquí se consigue todo: la oportunidad (aunque sea fallida) para incorporarse al mercado laboral, el piso en alquiler, el vehículo que te lleva a donde necesitas, el amigo del momento, una pareja sexual o un objeto de segunda mano a precio más bajo incluso que un low cost. A la red se accede no ya por un ordenador o un portátil (para algunos algo inalcanzable) sino por el móvil.  Un Apple o un Android es la herramienta del presente. El futuro, recordemos, no existe.
  • Los amigos (o el novi@) están detrás de la pantalla. A la calle se sale con agenda. Los encuentros ya no son casuales. El contacto primero es en las redes sociales. Allí se dice todo, se publica todo, se expresa todo con un desparpajo y transparencia que para los de la Generación X (y no digamos los del Baby Boom) es considerado casi obsceno. No hay pudor a la hora de expresar gustos, viajes, creencias, necesidades, cambios de vivienda, amigos o parejas…
  • Sinceros y abiertos. Casi no tienen secretos. Piden abiertamente y exigen sin pudor (otra cosa es que reciban). La vida sexual ha dejado de ser algo íntimo para pasar a hablarse sin recato (con desconocidos).  Los millennials han dinamitado por los aires todos los tabúes.
  • Seguidores de Narciso. El gusto por los selfies hasta en las situaciones cotidianas y el auge de Instagram contribuye a un egocentrismo que amenaza con invadir todos los ámbitos vitales.
  • Colaborativos y sociales. No es contradictorio con lo anterior. Saben (a lo mejor por un instinto de supervivencia que no han perdido) que deben tener buenas relaciones sociales (sobre todo online). Son participativos y no tienen empacho en compartir (por necesidad o por convicción) todo tipo de bienes con ayuda de las herramientas del siglo XXI: las apps.

Hábitos de consumo de  los millennials, un intento por sintentizar

Con este panorama (que dista mucho de estar completo), el consumo de la generación de los millennials es completamente diferente al de sus mayores. Entre otras cosas porque bienes necesarios para ellos no forman parte de la cosmovisión de la Generación X o la del Baby Boom. Entonces, ¿qué les interesa?

  • Una app por favor y, a ser posible, fácil de descargar, que no consuma muchos megas y, por supuesto, gratuita. Con las nuevas apps se consigue todo: coche (Blablacar),  bienes de segunda mano a un precio de risa (Wallapop), amistades o pareja (Tinder y compañía), vuelos baratos, música, vídeos, series de televisón, entretenimiento…
  • Las nuevas app cambian, además, la dirección del consumo. Los millenials buscan. No se conforman con la oferta a la vista. La publicidad y los canales de marketing tienen que ser, por tanto, totalmente distintos.

  • Low cost en todo. Lo barato es lo bueno. La calidad no se mira porque no importa. La moda, la música, el ocio, los viajes, el transporte, un coche tiene que ser, ante todo, barato. El mercado del lujo está reservado a la Generación X o a la anterior del Baby Boom.
  • La publicidad tradicional (tanto en lo que se refiere a los canales como en la forma de comunicar) ya no interesa. El mejor marketing es el de las opiniones online y el fácil acceso a los productos que están disponibles en la red a través de un teléfono móvil.
  • La colaboración es una forma de subsistir. El descuento y los bajos precios se dan por sentado. Ha vuelto el espíritu social. Los pisos compartidos, la compra venta de todo tipo de cosas de segunda mano, el reciclaje y una nueva oportunidad a las cosas son constantes.
  • El alquiler da paso a la propiedad en lo que a vivienda se refiere. Las mudanzas constantes, la falta de un proyecto laboral (ya no podemos llamarlo ni puesto de trabajo) estable en el tiempo o los cambios en la pareja no propician ni las hipotecas ni las deudas. No es que no se puedan asumir es que ni siquiera está abierta esta posibilidad.
  • Las compras online son y serán cada vez más frecuentes. Las ventas en Internet se multiplican por años y son de todos los grupos de población. La generación de los millenials está acostumbrada a la red.  Es su casa y su foro.  El comercio online solo puede ir en aumento. Por tanto, el marketing, la publicidad, la comunicación empresarial tiene que tener otros cauces distintos a los tradicionales.
  • El ahorro no existe porque el mañana es hoy. Por la falta de recursos laborales, por la fragilidad vital, por los cambios constantes o por la diferencia en la cosmovisión,  el ahorro será algo inexistente o muy testimonial para la mayoría de ellos. La inversión está reservada a los privilegiados con buena formación y alguna oportunidad en el mercado laboral.

Ni que decir tiene que los millennials irán envejeciendo y que se irán adaptando a las circunstancias. Pero eso y una previsión de lo que será de ellos cuando alcancen los cincuenta para otro día.

Por Candela Vizcaíno

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