Qué ver en Tánger y alrededores

Qué ver en Tánger y alrededores

Qué ver en Tánger y alrededores

© Candela Vizcaíno

 

Hoy es una ciudad moderna que alcanza casi un millón de habitantes. De ayer, atesora una rica historia. Sus orígenes se remontan al mito clásico de Hércules quien descansó en una cueva cercana de sus doce trabajos, según algunas versiones. Otras, son más específicas y sitúan ese hecho tras matar al dragón insomne que custodiaba el Jardín de las Hespérides. Entre el siglo X y XII fue territorio de al-Andalus. También, fue el refugio de musulmanes y judíos que no quisieron convertirse al cristianismo tras las expulsiones de los Reyes Católicos. En el XVI, fue conquistada por los portugueses cuya huella aún está presente en la cercana Asilah o Arcila. En el XVII pasó a la corona británica en un trueque entre princesas.

Cuartel de piratas y contrabandistas, desde 1923 hasta 1956 se conformó la llamada Zona Internacional de Tánger, gobernada por un conglomerado internacional. Fue en esa época (y en los años de la Guerra Fría) cuando arribaron espías de todo tipo, aventureros de toda laya, bohemios de pelo y pluma, artistas de renombre internacional o políticos con ansías diplomáticas. Escritores (Jack Kerouc o Paul Bowles, quien eligió para morir estas tierras), pintores (Delacroix, Francis Bacon o Matisse entre otros) y músicos (los Rolling sin ir más lejos) llegaron hasta su puerto resguardado por los vientos, sus callejuelas pintadas de blanco con las puertas en azul y ese aire cosmopolita que hasta hace nada se respiraba. Hoy es distinta. Esgrime con orgullo ese bagaje pero, a la vez, es plenamente marroquí con sus zocos bulliciosos, sus gentes en las calles haciendo nada, su tranquilidad, su talento para el comercio y el apego a los preceptos musulmanes. Lo mejor, sin duda, para el visitante se concentra en la medina, la zona antigua amurallada a la que se accede por sus innumerables puertas llamadas Bab. 

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5 imprescindible que ver en Tánger 

1.- Callejear y perderse por la kasbah 

Tánger, a pesar de su gentío descontrolado, que puede poner nervioso a más de un occidental ordenado, es una ciudad segura. Por eso, no hay que tener miedo a perderse (además literal) por la kasbah, el corazón protegido de la zona amurallada de la medina. Situada, como todas ellas, en lo más alto, su función era proteger, defender y atacar en caso necesario. Y, a igual que todas las ciudades árabes, se levantó sin más planeamiento que un laberinto de calles estrechas, sinuosas y en espiral. Siempre se sale. Y en Tánger se hace sobre el puerto donde, en días despejados, se divisa España con claridad. 

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2.- Comprar en la medina 

A cielo abierto, junto a la salida oriental al mar se extiende la medina de Tánger. Su comercio es distinto al que puedes encontrar en los zocos de Marrakech o en el Gran Bazar de Estambul, por poner los más famosos. Aquí las tiendas conviven con las viviendas en los pisos superiores, hoteles en callejones imposibles, restaurantes tradicionales, cafés para pasar las horas muertas ante un té verde aromatizado con menta, mezquitas llamando al rezo y mucha gente. Es muchísima, vendiendo, proveyéndose o haciendo nada. En Tánger puedes hacerte con toda esa artesanía que comprar en Marruecos: bolsos y chaquetas de piel, perfumes naturales (la firma Madini es oriunda de aquí), cerámica, pastas deliciosas, ropa o las velas de la casa Rumi, fundada en el siglo XV. Cualquier viaje a Tánger no puede estar completo sin la experiencia de sus compras en la medina donde, como en todo Marruecos, se impone el regateo. La mayor concentración se sitúa entre el Gran Zoco (alimentación sobre todo) y el Petit Zoco que se extiende hasta la parte oriental del puerto. 

3.- Tomar el té en el Hotel Continental  

Es uno de los hoteles más antiguos de Tánger, junto con el Minzah. Hoy está protegido, ya que ha sido testigo de la historia reciente de este pedacito de mundo precisamente en unas décadas fundamentales para el devenir occidental: las guerras mundiales con el posterior tira y afloja entre los bloques capitalistas y comunistas. Si bien sus salones profusamente decorados en estilo árabe y sus habitaciones acusan una profunda decadencia (que se está intentando subsanar con una reforma de emergencia), las vistas desde su terraza sobre el puerto son impagables. Y hay que honrarlas con el té de menta servido en vasos de cristal. 

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4.- Visitar los museos de arte 

Al haber sido lugar de encuentro de artistas de todos los géneros y disciplinas, hoy no solo tiene buenas galerías de arte o librerías internacionales (como Des Colonnes) sino también museos de todo tipo. En la kasbah se encuentra el dedicado al mítico Ib'n Battouta, el viajero tangerino que a igual que Marco Polo, llegó a las tierras remotas de Asia. Muy cerca se encuentra el de historia y el espacio anexo de arte contemporáneo. En el ensanche también tienes el Museo Dar Naiba. Todo este legado cultural se acompaña con cafés que atesoran historias de visitantes ilustres, como el Baba, elegido por los Rollings; el Gran Café de París, en la zona del ensanche y tras pasar el bullicio de los zocos de alimentación; el Hafa, volado sobre los acantilados que dan al puerto y abierto al público desde 1921… 

5.- La legación americana 

Hoy museo, fue la primera legación diplomática que se situó en Tánger. Al calor de los negocios de su puerto, en una situación estratégica y previendo los acontecimientos avalados por la historia, Estados Unidos situó aquí una base de operaciones que estuvo en este mismo edificio hasta bien entrado los años sesenta. Se visita previo pago.  

Qué ver en los alrededores de Tánger 

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1.- Cabo y Faro Espartel 

Aquí se unen el Océano Atlántico con el Mar Mediterráneo y ha sido escenario de batallas, luchas de barcos piratas y desafortunados naufragios. Es un promontorio rocoso guardado por un faro al que se puede acceder tras sortear una endiablada escalera de caracol. En la base hay un centro de interpretación pequeño y los alrededores tienen restaurantes y cafeterías de nivel que miran al mar. 

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2.- La Cueva de Hércules  

La fuerza del mar ha ido abriendo esta cueva permanentemente azotada por las olas. Está perfectamente acondicionada para el curioso y es aquí donde la leyenda sitúa a Hércules descansando de sus obligados y esforzados trabajos. 

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3.- Arcila o Asilah

Es un imprescindible que visitar en los alrededores de Tánger. Se llega en coche en apenas una hora y el trayecto se puede negociar por un precio módico. Te he dejado el teléfono de un taxista, pero puedes encontrar otros dispuestos en la explanada del Hotel Continental. Asilah o Arcila quiere ser destino turístico (con su perceptivo campo de golf, hoteles y beach club) pero, no por ello, pierde su encanto antiguo. Su medina amurallada, encalada y hermoseada de azul mira al Atlántico. Y su corazón apuesta por el arte con un festival cultural en verano que atrae a músicos del jazz, a artistas plásticos y a investigadores durante unas semanas intensas. En cualquier época del año, lo mejor es dejarse llevarse por sus calles limpias repletas de puestos que venden lienzos con estampas del lugar.  

  • Chefchaouen, Chauen o Xauen
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4.- Chefchaouen, la Perla Azul de Marruecos  

Es una de las maravillas de Marruecos. Chefchaouen, fundada por los expulsados de al-Andalus, fue santa hasta las primeras décadas del siglo XX. A las faldas del Rif, se levantó como un laberinto de calles pintadas de azul mirando a las montañas y abastecida por aguas limpias que llegaban hasta sus fuentes. Como es un imprescindible de Marruecos, te he dejado más información en este link.  

5.- Tetuán, la Paloma Blanca  

Aquí se situó el protectorado español con una importante actividad durante los acontecimientos que antecedieron y sucedieron en la Guerra Civil Española. Su medina está protegida por la Unesco con la máxima calificación: la de Patrimonio de la Humanidad. Desde Tánger se puede llegar en poco más de una hora por carretera, bien en taxi o bien en autobús. Son bastante cómodos los de la empresa CTM cuyos billetes están disponibles online con tarjeta. 

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Datos prácticos en tu visita a Tánger 

Transporte

Su aeropuerto es muy pequeño y apenas tiene conexión con algunas ciudades españolas y París. Es fácil acceder desde algunos puertos de Italia (Génova) y de Andalucía (Algeciras o Tarifa) en ferry. Está conectada por tren (llega también el al-Boraq, el tren rápido de Marruecos) con Rabat, la capital. Una vez allí, si quieres salir de la zona histórica, puedes negociar un taxi para que te lleve a la playa o las ciudades vecinas. Nosotras tratamos con Said, que nos ofreció un importe más que razonable en un vehículo nuevo y cómodo. Te dejo su WhatsApp. Es información altruista. No me llevo comisión. 

Said 

212 677 186983

Alojamiento  

Puedes encontrar alojamiento en la zona moderna a través de Airbnb, aunque mi consejo es que te alojes en una vivienda tradicional, tipo riad. Son distintos a los que te encuentras en el sur. Suelen ser emprendimientos familiares con una relación calidad-precio imbatible. Las grandes cadenas hoteleras se están situando en la región. Pincha sobre la imagen para encontrar las ofertas adaptadas a tu grupo. Aquí sí me llevo comisión. 

Booking 

Móvil e Internet 

Es un servicio que te van a ofrecer en cualquier rincón. De todos modos, mi consejo es que lo lleves ya desde casa. Nunca se sabe qué puede pasar nada más poner los pies en tierra. La compañía que mejores prestaciones ofrece es Holafly. Tienes un descuento picando sobre la imagen. 

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Las cosas de comer y beber 

Hay buenos restaurantes en cualquier rincón. Todos ofrecen sus precios (cerrados) con antelación. En Tánger, además de todas esas deliciosas recetas tradicionales que comer en Marruecos, se imponen los pescados (pulpo, tiburón, doradas, calamares…) que se presentan a la barbacoa o formando los deliciosos tajines. Al ser un país musulmán, las bebidas alcohólicas son caras y reducidas a restaurantes con autorización. Son deliciosos los zumos de frutas o el de limón con jengibre que se exprime al momento. 

Tánger, en definitiva, se está convirtiendo en uno de los vértices importantes del turismo de Marruecos. Es el emplazamiento más andaluz, el más blanco, el más volcado al mar (con el permiso de Rabat y Casablanca), el que exhibe con orgullo su historia cosmopolita y sus aires bohemios tras haber sido y ser refugio de artistas de brisas y aires diversos.  

©Candela Vizcaíno PhD, fotos y texto 

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