mayas

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La cultura y civilización maya se remonta al siglo VI-V antes de Cristo y se ha señalado como lugar de origen la zona y ciudad de Veracruz, en México. Sin que se sepa la causa, los mayas abandonaron sus ciudades (enclaves tan enigmáticos y fascinantes como Bonampak, Palenque, Copán, Tikal...) alrededor del siglo X de nuestra era. Habitaron el sur de México y la Península de Yukatán, Guatemala y Honduras.  Hacia el año 1536 la etnia maya al completo estaba bajo la administración española.

Codices Mayas 1

El enigma de la escritura maya

La escritura maya sigue sin ser descifrada en su totalidad aunque desde muy pronto se intentó realizar una especie de diccionario que definiera los glifos, tanto los de  las estelas como los de los códices. 

Paradójicamente, el primero que se puso a la tarea fue el obispo Diego de Landa (el mismo que incentivó alguna que otra hoguera libresca, como anoto más adelante) en su Relación de las cosas de Yucatán, redactada alrededor de 1560, donde se nos transcribe un supuesto alfabeto maya en el capítulo XLI; capítulo titulado “Siglo de los Mayas. Escritura de ellos”.  De lo que el religioso español no se enteró, es que el pueblo maya no disponía de un alfabeto propiamente dicho y, a pesar de todos los esfuerzos utilizados en el interrogatorio de los indios para que le dieran la traducción de sus glifos a las letras latinas, el supuesto alfabeto que describe en su libro es una invención científica; invención que, por otro lado y paradójicamente, dio la clave, un par de siglos después, para entender la escritura maya como un sistema mixto de signos. 

El estudio de Diego de Landa fue el punto de arranque para el desciframiento de la escritura maya con el descubrimiento del manuscrito de Relación de las cosas de Yucatán en una biblioteca madrileña en 1862 por parte de Chales Brasseur de Bourgourg, un sacerdote francés que había traducido el Popol Vuh y había residido como misionero en Guatemala.

Codices Mayas 2

Un poco de historia sobre la destrucción de los libros mayas

Es una historia que comienza con una destrucción: con el resplandor de las hogueras alimentadas por miles de códices mayas procedentes de las ricas culturas mexoaméricanas durante los primeros años que siguieron a la conquista de estas tierras por parte de las tropas de Hernán Cortes.

Con el fin de las batallas y su cruel derramamiento de sangre comienzan nuevos crímenes: los perpetrados en los libros, en la memoria histórica de los pueblos de México. Con la paz llega, en definitiva, el aniquilamiento sistemático y metódico de una forma de vivir, de sentir y de creer arraigada en una cultura milenaria.

El decreto del Emperador Carlos V nombrando a Fray Juan de Zumárraga primer obispo de la Nueva España lleva la fecha de 20 de diciembre de 1527. Un año después, arribaría este monje franciscano, natural de Durango y con experiencia en los juicios por casos de brujería, a un continente totalmente desconocido para Europa con el fin de dar comienzo a la evangelización de una población de creencias animistas y politeístas. A los códices de toda Mesoamérica  se les aplicó los mismos métodos que se utilizaron en la España de la Reconquista con los libros judíos y árabes, con los textos hebreos y musulmanes: el fuego que todo lo borra.

Fray Juan de Zumárraga, destructor y creador de libros

Si bien, se considera a Zumárraga el introductor de la imprenta en México con la firma de una especie de convenio de exclusividad firmado con Juan Cromberger, cuyo establecimiento se situaba en Sevilla. Mediante dicho contrato éste último establecería una sucursal suya regentada por Juan Pablos, uno de sus discípulos. Paralelamente, las hogueras empezaron a arder muy pronto. 

Y fue así porque se tiene noticia que en 1530, en Tetzcoco, el clérigo español hizo quemar gran cantidad de escritos junto con los ídolos indígenas. Lo más curioso del caso es que las noticias de estos sucesos no han llegado por parte del bando “afectado” o “ultrajado” sino que fueron los propios colonizadores españoles los que, o bien,  movidos por la soberbia; o bien, por un amago de culpa dejaron por escrito lo que estaba sucediendo.

Diego de Landa y su Relación de las cosas de Yucatán

A la muerte de Zumárraga, acaecida en 1548, le sucedió el obispo Diego de Landa que terminó de rematar el estropicio de su antecesor. En julio de 1562, mandó a la hoguera al menos una treintena de libros para que ardieran junto con las representaciones artísticas de las divinidades del pueblo maya. Llegó a dejar por escrito las siguientes palabras: 

“Usaba también esta gente de ciertos caracteres o letras con las cuales escribían en sus libros sus cosas antiguas y sus ciencias, y con estas figuras y algunas señales de las mismas, entendían sus cosas y las daban a entender y enseñaban. Hallámosles gran número de libros de estas sus letras, y porque no tenían cosas que no hubiese superstición y falsedades del demonio, se los quemamos todos, lo cual sintieron a maravilla y le dio mucha pena.” 

A partir del siglo XVIII se iba a dar a conocer a los eruditos europeos la obra que Diego de Landa escribiría en el tiempo que duró su evangelización por tierras americanas: Relación de las cosas de Yucatán y sería precisamente este libro, inédito durante más de doscientos años, (en una de esas múltiples contradicciones a las que el destino somete a los libros) el que diera una de las claves para el desciframiento de parte de la enigmática escritura maya.

Sin embargo, el obispo de Nuevo México da con estas palabras carta de validez a sus actos, unos pocos religiosos de espíritu sensible que llegaron a América en estos primeros años fueron mucho más críticos con estas actuaciones, llegando, en algún caso, tal como lo hiciera el padre José de Acosta, a reprobar explícitamente dichas prácticas. Su testimonio de los hechos se recoge en la Historia natural y moral de las Indias, donde nos dice:

“En la provincia de Yucatán había unos libros de hojas a su modo encuadernados o plegados, en que tenían los indios sabios la distribución de sus tiempos, y conocimiento de plantas y animales, y otras cosas naturales, y sus antiguallas; cosa de grande curiosidad y diligencia. Pareciole a un doctrinero que todo aquello debían de ser hechizos y arte mágica, y porfió que se habían de quemar, y quemáronse aquellos libros, lo cual sintieron después no sólo los indios, sino españoles curiosos, que deseaban saber secretos de aquella tierra. Lo mismo ha acaecido en otras cosas, que pensando los nuestros que todo es superstición, han perdido muchas memorias de cosas antiguas y ocultas, que pudieran no poco aprovechar.” 

Y más adelante, en unas declaraciones que no tienen desperdicio por ser de una certera elegancia, sentencia:  

“Esto sucede de un celo necio, que sin saber, ni aun querer saber las cosas de los indios, a carga cerrada dicen, que todos son hechicerías” 

Fueron estos monjes ilustrados y más abiertos los mismos que organizaron una ingente labor (después de consumado el desastre) para recuperar en nuevos códices -ayudados por los propios indios- los restos que habían quedado de esas civilizaciones. Por eso, en los primeros años de la conquista se intentó rescatar –por el proceso de realizarlos de nuevo- los códices que habían perecido en la hoguera. Para ello, se recurrió a los mismos tlacuilos indígenas que ahora estaban ocupados en la realización de los frescos de las iglesias cristianas. Algún que otro misionero celoso llegó, incluso, a convocar el consejo de ancianos, de sabios del lugar,  para recuperar la historia perdida. Son los códices virreinales y eso para otro día.

  • Códice Maya Dresde
    Códice Maya Dresde
  • Códice Maya Grolier
    Códice Maya Grolier
  • Códice Maya de Madrid
    Códice Maya de Madrid
  • Códices mayas
    Códices mayas
  • Códice maya
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  • Códice Maya París
    Códice Maya París

Los 4 códices mayas que se conservan en la actualidad


Los mayas nos han transmitido su escritura a través de cuatro códices:

1.- Dresdenis, custodiado en la Biblioteca Real de Dresde.

2.- Peresiano de la Biblioteca Nacional de París.

3.-  Tro-Cartesiano del Museo de América de Madrid.

4.- Grolier, custodiado en la ciudad de México.

Los códices precolombinos (tanto mayas como de la época virreinal de los que hablo más adelante) que se han conservado llevan el nombre de antiguos propietarios. Se trata normalmente de nobles o personalidades de Europa, como el caso del Códice Borgia, de sus descubridores (Códice Tudela), de sus estudiosos (Códice Nutall), del lugar donde se conservan (Códice Madrid), o de sus patronos (Códice Baranda). Sin embargo, en la mayoría de los casos, el estudio se complica porque el mismo ejemplar es nombrado de maneras distintas. 

Por ejemplo, el Códice Madrid, también se conoce como Tro-Cortesiano (en honor de unos de sus poseedores) y el Códice París también es conocido como Peresiano (en recuerdo de un tal Peres que se supone fue dueño del ejemplar). En este trabajo siempre intentaremos identificar los manuscritos por la denominación más utilizada en los estudios para no agobiar al lector con la retahíla de datos. 

Actualmente, muy pocos de estos libros se custodian en instituciones mexicanas. En los primeros años de  la conquista, los ejemplares que no sucumbieron al integrismo  fueron enviados como presente y curiosidad a Europa –a reyes o patronos de expediciones-. Allí se perdió, en muchos casos, su rastro en bibliotecas privadas hasta que a mediados del siglo XVIII, con el renacer de la bibliofilia antigua, fueron rescatados –en algunos casos de manera estrafalaria cuando no casual- y dados a conocer entre el público erudito de la época. A partir del siglo XIX y, sobre todo en el XX, los investigadores se afanaron en realizar copias facsímiles de los ejemplares supervivientes.

A mediados de la pasada centuria algunos de estos libros realizaron de nuevo la travesía del Atlántico –al dispersarse las bibliotecas de la cual formaban parte- para pasar a engrosar los fondos de renombradas colecciones de Nueva York o California. Algunas de estas bibliotecas de Norteamérica habían podido adquirir ejemplares con anterioridad en el propio territorio de México. En casi ningún caso ningún libro se reintegró a su lugar de origen.

Codice Maya Dresde

1.- Códice Dresde, un libro de astronomía maya


El Códice Dresde fue el primero del que se tuvo noticia en Europa y está considerado el más interesante y el más bello de todos a pesar de estar seriamente dañado. Fue probablemente ejecutado entre los años 1000 y 1200 y trata básicamente de astronomía (con fines adivinatorios para el establecimiento de las fiestas rituales en el calendario).

El material astrológico está organizado en dos tablas: una de ellas señala los eclipses del planeta Venus y la otra contiene profecías para un periodo de veinte años. Parece que contiene datos sobre la conjunción de varias constelaciones y alineación de varios planetas con la Luna. Un dato curioso: se ha interpretado la narración de una especie de inundación o diluvio al estilo del descrito en el Génesis Bíblico. 

Está escrito sobre papel con forma de biombo conformando treinta y nueve hojas de 9 cm de lado por 20,4 de alto pintadas por ambas caras, excepto cuatro del reverso que se encuentran en blanco. Extendido mide tres metros y medio y se sabe que en su realización intervinieron ocho personas distintas oriundas de la zona o del emplazamiento de Chichén Itzán. 

No se conoce cómo y cuándo el libro abandonó México, pero, en 1739, el director de la Biblioteca Real de Dresde lo adquirió de manos de un particular en Viena para los fondos de la misma.

Allí quedó depositado, donde sigue hoy en día, aunque muy deteriorado debido a los bombardeos sufridos por esta ciudad durante la Segunda Guerra Mundial procedentes de la aviación aliada. Al libro (al intentar sofocar uno de los incendios sufridos por la biblioteca) le entró agua por los márgenes de todas sus páginas pero, aún así, conserva los colores de los dibujos.

codice maya paris

2.- Códice París, el manuscrito valioso que se encontró en la basura

Desconocemos lo que ocurrió con el Códice París desde que fue realizado alrededor del siglo XIII en algún lugar de Yucatán hasta que fue hallado de una manera un tanto rocambolesca por el estudioso francés León de Rosny en 1859 quien lo rescató del basurero de la Biblioteca Imperial de París donde se encontraba envuelto en un papel donde había escrito a mano las palabras “Peres” (español) y “Tzeltal” (náhuatl).


El manuscrito llevaba un código de identificación de la dicha biblioteca y por esa cifra se supo que pertenecía a la misma desde 1832. El porqué se encontraba en el basurero no ha sido aclarado hasta la fecha y tampoco sabemos si el mal estado en el que se encuentra es debido a esta circunstancia o a otros desgraciados incidentes ocurridos con anterioridad. 


Está escrito sobre papel y doblado en forma de biombo (desplegado mide 1,45 m) conformando once hojas de 24 x 13 cm cada una pintadas por ambos lados. En dos de ellas se han perdido los jeroglíficos y en el resto sólo permanece la parte central. 


El Códice Peresiano, así denominado por León de Rosny, también trata de temas astrológicos y los ritos correspondientes a cada uno de los meses de 20 días en los que se dividía el calendario maya entre los años 1224 y 1441.

Codice Maya Madrid
3.- El Códice Madrid o Tro-Cortesiano, un libro maya de adivinación

El Códice Madrid se encuentra depositado en el Museo de América de Madrid (donde también se custodia y se expone otro códice de la época virreinal, el Tudela, para regocijo de los visitantes). 

El manuscrito maya, también conocido como Tro-Cortesiano, estuvo dividido en dos partes hasta 1888, cuando el mismo León de Rosny que rescató el Códice París de un basurero, dictaminó que tanto el códice conocido como Troano (en honor a su primer dueño europeo conocido, el profesor de paleografía don Juan Tro y Ortelano) y el Cortesianius eran partes del mismo ejemplar.

El Troano comprende las páginas 22-56, 78-112 y el Cartesianus las numeradas como 1-21 y 55-57. El documento actualmente mide 6,80 m de largo desplegado y cuando sus ciento doce páginas permanecen dobladas hacen una pieza de 12 cm de ancho por 24 de alto.

A pesar de que en algún momento fue dividido (no sabemos por quiénes, cómo, dónde ni porqué) es el códice mejor conservado de los manuscritos mayas. Es un texto de adivinación realizado en la Península de Yucatán entre los siglos XIII y XV. A través de los símbolos que contiene se intentaba predecir la suerte y está dividido en once secciones. 

La primera de ellas, está dedicada a los ritos de los dioses protectores; la segunda, trata de las influencias malignas sobre las cosechas y las plegarias que, a manera de antídoto, deben dispensarse para regular las lluvias y eliminar las plagas; la tercera, la compone un calendario de 52 años rituales (para los pueblos de Mesoamérica, se realizaba un ciclo cuando habían pasado 52 años de 365 días). Las ocho partes restantes están menos estudiadas pero se sabe que aluden a las cacerías y sus trampas. 

Los códices mayas, al contrario que los mixtecas y los aztecas, no hacen referencia a la historia y casi todo se reduce a escritos de astronomía y adivinación.

Codice Maya Grolier

4.- Códice Grolier, el único que se guarda en México

Sobre el Códice Grolier ha habido serias dudas sobre su autenticidad. Los fragmentos que se conservan de él fueron mostrados por primera vez en el Club Grolier de Nueva York en 1971 a instancias del estudioso norteamericano Michael Coe. 

Al parecer, estos fragmentos habían llegado a manos del profesor cedido por su propietario, un coleccionista mexicano de antigüedades mayas, el Dr. José Saenz. La polémica sobre su autenticidad se suscitó nada más ser expuesto al público. Una de las líneas en las que se sustentaban los que consideraban que el documento era falso era que el manuscrito había sido conseguido de manera poco ortodoxa y a través de “arqueología no autorizada”. 

El doctor Saenz ha contado que durante un viaje por la Sierra de Chiapas unos indios le mostraron fragmentos de lo que parecía un manuscrito maya y que, tras porfiar con ellos y, seguramente, ponerles en las manos una sustanciosa suma, accedieron a llevarle a una cueva cercana donde se encontraba el resto del códice junto con otros elementos de esta cultura. Después de haber sido estudiado con más detenimiento, hay algunos eruditos que sostienen la autenticidad del mismo. 

En la actualidad, el libro no se encuentra expuesto al público y se guarda en una caja fuerte en la ciudad de México tras ser donado a su país por el doctor Saenz. Es el menos estudiado de los cuatro.

Atentos a las novedades porque otro día hablamos de los libros realizados por los escribas mayas tras la conquista. Son códices del período virreinal.

Bibliografía.-

Abreu Gómez, EmilioPopol Vuh. Madrid, Fondo de Cultura Económica de España, 2014.

Coe, Michael DEl desciframiento de la escritura maya. México, Fondo de Cultura Económica, 2010.

Garza Camino, Mercedes de laEl legado escrito de los mayas. México, Fondo de Cultura Económica, 2012.

Landa Calderón, Fray Diego de: Relación de las cosas de Yucatán. Madrid, Dastin, S.L., 2002.

Seler, EduardLas imágenes de los animales en los manuscritos mexicanos y mayas. México, Casa Juan Pablos, 2008.

 Por Candela Vizcaíno

Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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La cultura y civilización maya se remonta al siglo VI-V antes de Cristo y se ha señalado como lugar de origen la zona y ciudad de Veracruz, en México. Sin que se sepa la causa, los mayas abandonaron sus ciudades (enclaves tan enigmáticos y fascinantes como Bonampak, Palenque, Copán, Tikal...) alrededor del siglo X de nuestra era. Habitaron el sur de México y la Península de Yukatán, Guatemala y Honduras.  Hacia el año 1536 la etnia maya al completo estaba bajo la administración española.

Codices Mayas 1

El enigma de la escritura maya

La escritura maya sigue sin ser descifrada en su totalidad aunque desde muy pronto se intentó realizar una especie de diccionario que definiera los glifos, tanto los de  las estelas como los de los códices. 

Paradójicamente, el primero que se puso a la tarea fue el obispo Diego de Landa (el mismo que incentivó alguna que otra hoguera libresca, como anoto más adelante) en su Relación de las cosas de Yucatán, redactada alrededor de 1560, donde se nos transcribe un supuesto alfabeto maya en el capítulo XLI; capítulo titulado “Siglo de los Mayas. Escritura de ellos”.  De lo que el religioso español no se enteró, es que el pueblo maya no disponía de un alfabeto propiamente dicho y, a pesar de todos los esfuerzos utilizados en el interrogatorio de los indios para que le dieran la traducción de sus glifos a las letras latinas, el supuesto alfabeto que describe en su libro es una invención científica; invención que, por otro lado y paradójicamente, dio la clave, un par de siglos después, para entender la escritura maya como un sistema mixto de signos. 

El estudio de Diego de Landa fue el punto de arranque para el desciframiento de la escritura maya con el descubrimiento del manuscrito de Relación de las cosas de Yucatán en una biblioteca madrileña en 1862 por parte de Chales Brasseur de Bourgourg, un sacerdote francés que había traducido el Popol Vuh y había residido como misionero en Guatemala.

Codices Mayas 2

Un poco de historia sobre la destrucción de los libros mayas

Es una historia que comienza con una destrucción: con el resplandor de las hogueras alimentadas por miles de códices mayas procedentes de las ricas culturas mexoaméricanas durante los primeros años que siguieron a la conquista de estas tierras por parte de las tropas de Hernán Cortes.

Con el fin de las batallas y su cruel derramamiento de sangre comienzan nuevos crímenes: los perpetrados en los libros, en la memoria histórica de los pueblos de México. Con la paz llega, en definitiva, el aniquilamiento sistemático y metódico de una forma de vivir, de sentir y de creer arraigada en una cultura milenaria.

El decreto del Emperador Carlos V nombrando a Fray Juan de Zumárraga primer obispo de la Nueva España lleva la fecha de 20 de diciembre de 1527. Un año después, arribaría este monje franciscano, natural de Durango y con experiencia en los juicios por casos de brujería, a un continente totalmente desconocido para Europa con el fin de dar comienzo a la evangelización de una población de creencias animistas y politeístas. A los códices de toda Mesoamérica  se les aplicó los mismos métodos que se utilizaron en la España de la Reconquista con los libros judíos y árabes, con los textos hebreos y musulmanes: el fuego que todo lo borra.

Fray Juan de Zumárraga, destructor y creador de libros

Si bien, se considera a Zumárraga el introductor de la imprenta en México con la firma de una especie de convenio de exclusividad firmado con Juan Cromberger, cuyo establecimiento se situaba en Sevilla. Mediante dicho contrato éste último establecería una sucursal suya regentada por Juan Pablos, uno de sus discípulos. Paralelamente, las hogueras empezaron a arder muy pronto. 

Y fue así porque se tiene noticia que en 1530, en Tetzcoco, el clérigo español hizo quemar gran cantidad de escritos junto con los ídolos indígenas. Lo más curioso del caso es que las noticias de estos sucesos no han llegado por parte del bando “afectado” o “ultrajado” sino que fueron los propios colonizadores españoles los que, o bien,  movidos por la soberbia; o bien, por un amago de culpa dejaron por escrito lo que estaba sucediendo.

Diego de Landa y su Relación de las cosas de Yucatán

A la muerte de Zumárraga, acaecida en 1548, le sucedió el obispo Diego de Landa que terminó de rematar el estropicio de su antecesor. En julio de 1562, mandó a la hoguera al menos una treintena de libros para que ardieran junto con las representaciones artísticas de las divinidades del pueblo maya. Llegó a dejar por escrito las siguientes palabras: 

“Usaba también esta gente de ciertos caracteres o letras con las cuales escribían en sus libros sus cosas antiguas y sus ciencias, y con estas figuras y algunas señales de las mismas, entendían sus cosas y las daban a entender y enseñaban. Hallámosles gran número de libros de estas sus letras, y porque no tenían cosas que no hubiese superstición y falsedades del demonio, se los quemamos todos, lo cual sintieron a maravilla y le dio mucha pena.” 

A partir del siglo XVIII se iba a dar a conocer a los eruditos europeos la obra que Diego de Landa escribiría en el tiempo que duró su evangelización por tierras americanas: Relación de las cosas de Yucatán y sería precisamente este libro, inédito durante más de doscientos años, (en una de esas múltiples contradicciones a las que el destino somete a los libros) el que diera una de las claves para el desciframiento de parte de la enigmática escritura maya.

Sin embargo, el obispo de Nuevo México da con estas palabras carta de validez a sus actos, unos pocos religiosos de espíritu sensible que llegaron a América en estos primeros años fueron mucho más críticos con estas actuaciones, llegando, en algún caso, tal como lo hiciera el padre José de Acosta, a reprobar explícitamente dichas prácticas. Su testimonio de los hechos se recoge en la Historia natural y moral de las Indias, donde nos dice:

“En la provincia de Yucatán había unos libros de hojas a su modo encuadernados o plegados, en que tenían los indios sabios la distribución de sus tiempos, y conocimiento de plantas y animales, y otras cosas naturales, y sus antiguallas; cosa de grande curiosidad y diligencia. Pareciole a un doctrinero que todo aquello debían de ser hechizos y arte mágica, y porfió que se habían de quemar, y quemáronse aquellos libros, lo cual sintieron después no sólo los indios, sino españoles curiosos, que deseaban saber secretos de aquella tierra. Lo mismo ha acaecido en otras cosas, que pensando los nuestros que todo es superstición, han perdido muchas memorias de cosas antiguas y ocultas, que pudieran no poco aprovechar.” 

Y más adelante, en unas declaraciones que no tienen desperdicio por ser de una certera elegancia, sentencia:  

“Esto sucede de un celo necio, que sin saber, ni aun querer saber las cosas de los indios, a carga cerrada dicen, que todos son hechicerías” 

Fueron estos monjes ilustrados y más abiertos los mismos que organizaron una ingente labor (después de consumado el desastre) para recuperar en nuevos códices -ayudados por los propios indios- los restos que habían quedado de esas civilizaciones. Por eso, en los primeros años de la conquista se intentó rescatar –por el proceso de realizarlos de nuevo- los códices que habían perecido en la hoguera. Para ello, se recurrió a los mismos tlacuilos indígenas que ahora estaban ocupados en la realización de los frescos de las iglesias cristianas. Algún que otro misionero celoso llegó, incluso, a convocar el consejo de ancianos, de sabios del lugar,  para recuperar la historia perdida. Son los códices virreinales y eso para otro día.

  • Códice Maya Dresde
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Los 4 códices mayas que se conservan en la actualidad


Los mayas nos han transmitido su escritura a través de cuatro códices:

1.- Dresdenis, custodiado en la Biblioteca Real de Dresde.

2.- Peresiano de la Biblioteca Nacional de París.

3.-  Tro-Cartesiano del Museo de América de Madrid.

4.- Grolier, custodiado en la ciudad de México.

Los códices precolombinos (tanto mayas como de la época virreinal de los que hablo más adelante) que se han conservado llevan el nombre de antiguos propietarios. Se trata normalmente de nobles o personalidades de Europa, como el caso del Códice Borgia, de sus descubridores (Códice Tudela), de sus estudiosos (Códice Nutall), del lugar donde se conservan (Códice Madrid), o de sus patronos (Códice Baranda). Sin embargo, en la mayoría de los casos, el estudio se complica porque el mismo ejemplar es nombrado de maneras distintas. 

Por ejemplo, el Códice Madrid, también se conoce como Tro-Cortesiano (en honor de unos de sus poseedores) y el Códice París también es conocido como Peresiano (en recuerdo de un tal Peres que se supone fue dueño del ejemplar). En este trabajo siempre intentaremos identificar los manuscritos por la denominación más utilizada en los estudios para no agobiar al lector con la retahíla de datos. 

Actualmente, muy pocos de estos libros se custodian en instituciones mexicanas. En los primeros años de  la conquista, los ejemplares que no sucumbieron al integrismo  fueron enviados como presente y curiosidad a Europa –a reyes o patronos de expediciones-. Allí se perdió, en muchos casos, su rastro en bibliotecas privadas hasta que a mediados del siglo XVIII, con el renacer de la bibliofilia antigua, fueron rescatados –en algunos casos de manera estrafalaria cuando no casual- y dados a conocer entre el público erudito de la época. A partir del siglo XIX y, sobre todo en el XX, los investigadores se afanaron en realizar copias facsímiles de los ejemplares supervivientes.

A mediados de la pasada centuria algunos de estos libros realizaron de nuevo la travesía del Atlántico –al dispersarse las bibliotecas de la cual formaban parte- para pasar a engrosar los fondos de renombradas colecciones de Nueva York o California. Algunas de estas bibliotecas de Norteamérica habían podido adquirir ejemplares con anterioridad en el propio territorio de México. En casi ningún caso ningún libro se reintegró a su lugar de origen.

Codice Maya Dresde

1.- Códice Dresde, un libro de astronomía maya


El Códice Dresde fue el primero del que se tuvo noticia en Europa y está considerado el más interesante y el más bello de todos a pesar de estar seriamente dañado. Fue probablemente ejecutado entre los años 1000 y 1200 y trata básicamente de astronomía (con fines adivinatorios para el establecimiento de las fiestas rituales en el calendario).

El material astrológico está organizado en dos tablas: una de ellas señala los eclipses del planeta Venus y la otra contiene profecías para un periodo de veinte años. Parece que contiene datos sobre la conjunción de varias constelaciones y alineación de varios planetas con la Luna. Un dato curioso: se ha interpretado la narración de una especie de inundación o diluvio al estilo del descrito en el Génesis Bíblico. 

Está escrito sobre papel con forma de biombo conformando treinta y nueve hojas de 9 cm de lado por 20,4 de alto pintadas por ambas caras, excepto cuatro del reverso que se encuentran en blanco. Extendido mide tres metros y medio y se sabe que en su realización intervinieron ocho personas distintas oriundas de la zona o del emplazamiento de Chichén Itzán. 

No se conoce cómo y cuándo el libro abandonó México, pero, en 1739, el director de la Biblioteca Real de Dresde lo adquirió de manos de un particular en Viena para los fondos de la misma.

Allí quedó depositado, donde sigue hoy en día, aunque muy deteriorado debido a los bombardeos sufridos por esta ciudad durante la Segunda Guerra Mundial procedentes de la aviación aliada. Al libro (al intentar sofocar uno de los incendios sufridos por la biblioteca) le entró agua por los márgenes de todas sus páginas pero, aún así, conserva los colores de los dibujos.

codice maya paris

2.- Códice París, el manuscrito valioso que se encontró en la basura

Desconocemos lo que ocurrió con el Códice París desde que fue realizado alrededor del siglo XIII en algún lugar de Yucatán hasta que fue hallado de una manera un tanto rocambolesca por el estudioso francés León de Rosny en 1859 quien lo rescató del basurero de la Biblioteca Imperial de París donde se encontraba envuelto en un papel donde había escrito a mano las palabras “Peres” (español) y “Tzeltal” (náhuatl).


El manuscrito llevaba un código de identificación de la dicha biblioteca y por esa cifra se supo que pertenecía a la misma desde 1832. El porqué se encontraba en el basurero no ha sido aclarado hasta la fecha y tampoco sabemos si el mal estado en el que se encuentra es debido a esta circunstancia o a otros desgraciados incidentes ocurridos con anterioridad. 


Está escrito sobre papel y doblado en forma de biombo (desplegado mide 1,45 m) conformando once hojas de 24 x 13 cm cada una pintadas por ambos lados. En dos de ellas se han perdido los jeroglíficos y en el resto sólo permanece la parte central. 


El Códice Peresiano, así denominado por León de Rosny, también trata de temas astrológicos y los ritos correspondientes a cada uno de los meses de 20 días en los que se dividía el calendario maya entre los años 1224 y 1441.

Codice Maya Madrid
3.- El Códice Madrid o Tro-Cortesiano, un libro maya de adivinación

El Códice Madrid se encuentra depositado en el Museo de América de Madrid (donde también se custodia y se expone otro códice de la época virreinal, el Tudela, para regocijo de los visitantes). 

El manuscrito maya, también conocido como Tro-Cortesiano, estuvo dividido en dos partes hasta 1888, cuando el mismo León de Rosny que rescató el Códice París de un basurero, dictaminó que tanto el códice conocido como Troano (en honor a su primer dueño europeo conocido, el profesor de paleografía don Juan Tro y Ortelano) y el Cortesianius eran partes del mismo ejemplar.

El Troano comprende las páginas 22-56, 78-112 y el Cartesianus las numeradas como 1-21 y 55-57. El documento actualmente mide 6,80 m de largo desplegado y cuando sus ciento doce páginas permanecen dobladas hacen una pieza de 12 cm de ancho por 24 de alto.

A pesar de que en algún momento fue dividido (no sabemos por quiénes, cómo, dónde ni porqué) es el códice mejor conservado de los manuscritos mayas. Es un texto de adivinación realizado en la Península de Yucatán entre los siglos XIII y XV. A través de los símbolos que contiene se intentaba predecir la suerte y está dividido en once secciones. 

La primera de ellas, está dedicada a los ritos de los dioses protectores; la segunda, trata de las influencias malignas sobre las cosechas y las plegarias que, a manera de antídoto, deben dispensarse para regular las lluvias y eliminar las plagas; la tercera, la compone un calendario de 52 años rituales (para los pueblos de Mesoamérica, se realizaba un ciclo cuando habían pasado 52 años de 365 días). Las ocho partes restantes están menos estudiadas pero se sabe que aluden a las cacerías y sus trampas. 

Los códices mayas, al contrario que los mixtecas y los aztecas, no hacen referencia a la historia y casi todo se reduce a escritos de astronomía y adivinación.

Codice Maya Grolier

4.- Códice Grolier, el único que se guarda en México

Sobre el Códice Grolier ha habido serias dudas sobre su autenticidad. Los fragmentos que se conservan de él fueron mostrados por primera vez en el Club Grolier de Nueva York en 1971 a instancias del estudioso norteamericano Michael Coe. 

Al parecer, estos fragmentos habían llegado a manos del profesor cedido por su propietario, un coleccionista mexicano de antigüedades mayas, el Dr. José Saenz. La polémica sobre su autenticidad se suscitó nada más ser expuesto al público. Una de las líneas en las que se sustentaban los que consideraban que el documento era falso era que el manuscrito había sido conseguido de manera poco ortodoxa y a través de “arqueología no autorizada”. 

El doctor Saenz ha contado que durante un viaje por la Sierra de Chiapas unos indios le mostraron fragmentos de lo que parecía un manuscrito maya y que, tras porfiar con ellos y, seguramente, ponerles en las manos una sustanciosa suma, accedieron a llevarle a una cueva cercana donde se encontraba el resto del códice junto con otros elementos de esta cultura. Después de haber sido estudiado con más detenimiento, hay algunos eruditos que sostienen la autenticidad del mismo. 

En la actualidad, el libro no se encuentra expuesto al público y se guarda en una caja fuerte en la ciudad de México tras ser donado a su país por el doctor Saenz. Es el menos estudiado de los cuatro.

Atentos a las novedades porque otro día hablamos de los libros realizados por los escribas mayas tras la conquista. Son códices del período virreinal.

Bibliografía.-

Abreu Gómez, EmilioPopol Vuh. Madrid, Fondo de Cultura Económica de España, 2014.

Coe, Michael DEl desciframiento de la escritura maya. México, Fondo de Cultura Económica, 2010.

Garza Camino, Mercedes de laEl legado escrito de los mayas. México, Fondo de Cultura Económica, 2012.

Landa Calderón, Fray Diego de: Relación de las cosas de Yucatán. Madrid, Dastin, S.L., 2002.

Seler, EduardLas imágenes de los animales en los manuscritos mexicanos y mayas. México, Casa Juan Pablos, 2008.

 Por Candela Vizcaíno

Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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Introducción a los códices de la cultura maya que han logrado sobrevivir a los avatares y al tiempo: características, formato e introducción a la escritura de la cultura maya.

De las diferentes culturas asentadas en México antes de la conquista hispánica solo nos han llegado testimonios escritos de los mayas, de los mixtecas y retazos de los aztecas. Aunque estos pueblos tenían costumbres que diferían entre sí e, incluso, lenguas distintas, hay rasgos comunes en todos los manuscritos de las culturas de esta zona.

Por otra parte, la confusión entre los eruditos a la hora de catalogar estos códices es todavía bastante importante porque, aunque se han estudiado algunos de manera concreta y profunda, aún se desconoce, por ejemplo, el número exacto de ejemplares mexicanos antiguos que han sobrevivido. 

Se supone que de los 500 catalogados apenas 20 de ellos son pre-hispánicos y se sospecha que en algunas zonas rurales de los estados de Guerrero y Oaxaca existen códices ocultos por la población local (sobre todo, de la época virreinal) que los consideran garantes del usufructo de la tierra en la que viven. Es por esto por lo que, en ningún momento, se les pasa por la cabeza desprenderse de ellos y, por si acaso, lo mejor es tener estas actas de propiedad ocultas a las miradas de extraños no vaya a ser que algún avezado coleccionista se decidiera a robarles y, con la desaparición del papel, desaparezca, además, el derecho a disfrutar de las tierras de las que son y se sienten dueños.

Codice Maya Dresde

¿Qué es un códice maya? Seguimos la definición del Huehuetlahtolli o "Discurso de sabios"

Los estudiosos para no ponerse de acuerdo ni siquiera lo hacen en cuanto a una definición que englobe a todo el grupo. Por la filosofía profunda que subyace detrás y por la poesía y belleza inherentes al texto seleccionado, nosotros vamos a dejar  aquí tan sólo una de las múltiples que se han dado: la de un Huehuetlahtolli o discurso de ancianos (y con el rescate de estas frases olvidadas queremos rendir nuestro modesto homenaje de respeto a una cultura humillada que creía en el poder de la palabra). El congreso de sabios define sus libros con las palabras que siguen:

“El dechado, el ejemplo, lo admirable, lo que es raíz, lo que tiene significación, tinta negra, tinta roja, el libro, lo pintado, lo escrito, lo que pintaron, lo que escribieron: nunca se olvida, nunca perece, su gloria, su fama, su nombre, su historia”.

Codices Mayas 2 Características generales y formato de los códices o libros mayas

  1. Una de las características que más llama la atención para la idea que un occidental tiene de un libro es que estos códices lo componen largas tiras de hasta 16 metros de longitud.
  2. Están confeccionados con papel de amate (obtenido de la pulpa de una especie de higuera silvestre) o con pieles curtidas de ciervo o jaguar.
  3. Las páginas están dobladas en forma de biombo o acordeón.
  4. Se cubre todo el códice con unas tapas de cuero grueso. Cuando estos libros permanecen cerrados el aspecto no difiere mucho de los libros europeos pero, para leerlos, necesitamos desplegarlos.
  5. Las páginas están escritas tanto por el verso como por el reverso.
  6. Los códices virreinales (los realizados siguiendo la cultura maya, pero tras la conquista) están realizados con un papel europeo siguiendo las fórmulas aportadas por los misioneros.
  7. El proceso de fabricación del papel de amate era prácticamente el mismo en toda la zona. Básicamente consistía en la extracción de la pulpa de los árboles jóvenes que, debidamente triturada y prensada, era posteriormente secada al sol. Se remataban con un acabado de almidón y una última capa de carbonato cálcico con el fin de darle a las páginas más tersura y firmeza. Esta preparación también se empleaba en los libros realizados sobre piel de animal.
  8. Otra de las características que salta a la vista es la escritura,  compuesta, en la gran mayoría de los casos, por un sistema de jeroglíficos parecido al egipcio. Dicho esto, más bien hay que decir que el único pueblo precolombino que utilizó un sistema de escritura propiamente dicho fue el maya. El resto de los códices están formados por una serie de imágenes o logogramas que aún, hoy en día –como la escritura de los mayas-, no se ha descifrado por completo.
  9. Estos libros están ejecutados mediante un sistema semántico formado por un conjunto, por una superposición, de dibujos  y no por un sistema de signos abstractos, tal como lo constituye el alfabeto latino que manejamos. En definitiva, estos códices son, en su práctica totalidad, libros pictóricos.
  10. Los dibujos tienen las mismas características estilísticas que los grabados en la piedra o las pinturas de los frescos descubiertas en los trabajos arqueológicos realizados en las antiguas ciudades mesoamericanas y en los que se observa, incluso a simple vista, una repetición constante de la figura humana.
  11. Los colores utilizados son, sobre todo, el negro, el rojo y el azul “maya” sin contrastes ni sombras, aplicados en tonalidades planas.
  12. En los códices del México antiguo hay un orden de lectura; casi siempre en horizontal, o bien, de izquierda a derecha, o bien de derecha a izquierda o, como el caso de los mixtecas, en forma de meandro que, en todos los casos, va indicado por una serie de líneas verticales en rojo que son como una especie de guías de lectura.

Los primeros códices mayas de los que se tienen constancia en Europa

En la primera carta de Hernán Cortés al Emperador Carlos V (redactada en 1519, nada más consumado el aplastamiento de la capital azteca y  en la que se enumeran los presentes enviados al rey procedentes de las nuevas tierras conquistadas para la corona) se nombran “dos libros de los que tienen los indios” por lo que estos fueron conocidos muy pronto en Europa. Pedro Mártir de Anglería, que seguramente pudo admirar estas muestras de arte indígena, nos cuenta:

“Los caracteres que usan son muy diferentes de los nuestros y consisten en dados, ganchos, lazos, líneas y otros objetos dispuestos en línea como entre nosotros y casi semejantes a la escritura egipcia. Entre las líneas dibujan figuras de hombres y animales sobre todo de reyes y magnates, por lo que es de creer que en estos libros se contienen las fiestas de los antepasados de cada rey...” 

Y Gonzalo Fernández de Oviedo en la  misma época no duda de que estas obras escondan un mensaje  a tenor de lo que expresan sus palabras

“... de tal manera que aunque no eran lecturas ni escritura significaban e se entendían por ellas todo lo que querían claramente...” 

¿Cómo y quiénes elaboraban los libros de la antigua cultura maya?

En la América precolombina los encargados de elaborar los manuscritos eran sometidos a una educación rigurosa y esmerada; instrucción que incluía no sólo el aprendizaje de conocimientos de la lengua, la poesía, la historia, los mitos y las leyes del pueblo, sino que, además, los estudiantes debían poseer una especial habilidad innata para el dibujo unido a un entrenamiento continuado en las técnicas pictóricas. 

En el mundo azteca estos “componedores de libros” eran conocidos como tlacuilos y en el maya con los términos ah ts’ib y ah woh. Los estudiantes eran seleccionados entre las muchachas y muchachos más inteligentes y dotados de todas las clases sociales y después de un duro período de aprendizaje  debían dedicarse a tiempo completo a elaborar los manuscritos. 

Según la especialización de cada uno, eran adscritos a una institución civil o a un templo donde residían y pasaban el resto de sus días. Los códices no aparecen firmados, puesto que estos escribas americanos no consideraban que su trabajo les perteneciera. Era una labor para la comunidad y, por tanto, era su titular el pueblo que lo hacía posible del cual ellos eran sus meros servidores; servidores que, por otro lado, por el hecho de dedicarse a este menester, pasaban a formar parte de la clase alta. 

Los manuscritos se guardaban en habitaciones reservadas en los templos o en los edificios civiles denominadas amoxcalli –amotli, significa “libro” y calli “casa”-. Aquí también la posesión de los libros por parte de la clase dirigente era, como en casi todas las civilizaciones, una manera de detentar el poder,  aunque en Mesoamérica había un número considerable de personas (incluso entre el pueblo llano)  que, si bien no sabían escribir-pintar, podían descifrar los logogramas de los manuscritos y, sobre todo, de las múltiples estelas y frisos grabados en piedra.

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Una breve introducción a la escritura maya de los códices precolombinos

Algún que otro estudioso ha esbozado la teoría de la lectura polisémica referida a los libros de la América precolombina. Se sabe que, por lo menos en el mundo maya, los códices se leían en ocasiones especiales en una ceremonia ritual ante el público. Probablemente, los libros eran purificados antes de que uno o varios sacerdotes procedieran al canto de lo escrito interpretando en ese momento los jeroglíficos. 

Y en este punto, en el de la recitación en forma de himno o con connotaciones musicales, están de acuerdo muchos de los investigadores. Si cada sacerdote le daba su propia lectura, si los ideogramas tienen varios significados, se complica la tarea para los estudiosos de esta escritura que, aún hoy en día y a pesar de muchos esfuerzos, apenas se ha descifrado en su tercera parte.

Aunque se tiene constancia de un sistema de escritura desde el siglo IV de nuestra era, la mayoría de los códices que han llegado hasta nosotros (y que no ardieron en las hogueras) pertenecen al período postclásico (éste abarca desde el año 900 hasta 1521, momento mismo de la conquista por parte de los españoles). 

La producción de códices no se interrumpió con la colonización; es más, los mismos misioneros causantes de la quema de los libros antiguos alentaron la elaboración de textos nuevos modificando, paulatinamente, su formato y estilo hasta asimilarse a los libros producidos en Europa. 

Manuscritos de este tipo se siguieron realizando hasta el siglo XVIII con la imprenta asentada y funcionando a pleno rendimiento en diversos puntos del territorio.El interés de los códices virreinales estriba en su posibilidad de desciframiento de la escritura maya. En los últimos años investigadores locales, europeos y norteamericanos recorren pueblos enteros en busca de alguno de estos manuscritos que puedan servir a manera de “Piedra Rosetta” y poder, así, descifrar la totalidad de los logogramas de la escritura mesoamericana. 


Se sabe que muchos de ellos llevaban glosas en castellano a los dibujos americanos y a esa posibilidad se agarran los estudiosos,  ayudados por la mayor apertura y mejora de las comunicaciones de estos pueblos que hasta hace poco han estado totalmente encerrados en sí y prácticamente inaccesibles para los equipos de investigadores.

Características de la escritura maya realizada con jeroglíficos

Hoy en día lo que se sabe es que esta escritura se compone de un sistema mixto basado en un sistema logosilábico (apoyado en la cantidad de palabras monosilábicas de la lengua maya) con complementos fonéticos y semánticos más unos sesenta signos silábicos. 

Por lo visto son posibles dos maneras distintas de escribir una misma palabra: por medio de un logograma (que puede estar acompañado de algún complemento fonético o semántico) o utilizando notación semántica. Todo es complicadísimo y máxime si tenemos en cuenta que actualmente se han logrado contabilizar novecientos cincuenta glifos distintos. 

Según el historiador Louis-Jean Calvet, si este sistema, tal como sostenía Diego de Landa, fuese alfabético no podría contar con más de treinta signos, cantidad que se elevaría a cien o doscientos signos si fuera silábico y que superaría los varios miles de glifos si fuera semejante a la escritura china y japonesa, por lo que deduce que tiene que tratarse de un sistema mixto que utilizaría a la vez logogramas junto a signos silábicos con diferentes funciones semánticas o gramaticales.

El calendario maya y su valor para descifrar los códices

En la obra de Diego de Landa también se describe uno de los calendarios que  utilizaban los mayas (y todos los pueblos de la América Central) con bastante precisión y, además, en este caso, correctamente. La numeración de estos calendarios tenía como base el número veinte y la notación se conseguía mediante la utilización de barras (con un valor de cinco) y de puntos (con valor de uno).

El que descubriría que en realidad existían dos calendarios sería Ernst Förstemann (1822-1906) trabajando sobre el códice conservado en Dresde a finales del siglo XIX. Efectivamente, se utilizaba un calendario sagrado de doscientos sesenta días dividido en trece ciclos de veinte días, descrito por Landa, y un calendario civil o solar de trescientos sesenta y cinco días compuesto por dieciocho periodos de veinte días más cinco días complementarios. 

Para los mayas el comienzo del mundo se situaba en el año 3113 a. C. y en las inscripciones que nos han llegado se detiene en el 909 de nuestra era justo cuando comienza el éxodo de las ciudades y los centros religiosos. El conocimiento del calendario nos facilita la lectura de las fechas pero otra cosa bien distinta es “leer” lo que ocurrió en ese período.

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Chilam Balam y la literatura maya

Con la llegada de los españoles y el uso del alfabeto surgió lo que hoy se conoce como literatura maya. Los textos, transcritos de originales antiguos que no se conservan, están escritos en lengua quiché utilizando el alfabeto latino. 

Uno de los libros más conocidos es el Chilam Balam o Libros del Adivino de las Cosas Ocultas que ha llegado hasta nosotros en fragmentos dispersos realizados durante el siglo XVI y XVII en distintos lugares de la Península de Yucatán (Maní, Tizimín, Chumayel, Kaua, Ixil y Tusik, entre otros). 

El contenido es religioso, histórico, literario o de astronomía y, probablemente, fue transcrito por sacerdotes que retenían en la memoria las palabras perdidas en los libros entregados al fuego. 

Popul Vuh, el gran libro de los libros de la cultura maya

Pero, sin lugar a dudas, la estrella es el Popul Vuh del que se puede encontrar versiones más o menos modernizadas traducidas al castellano. 

En él se narra el origen sagrado del mundo y de los mayas y está dividido en tres partes claramente diferenciadas: en la primera, se cuenta, a la manera del Génesis, el nacimiento del mundo y del hombre (creado a partir del maíz después de varios intentos fracasados con otros materiales); la segunda, está ocupada por las aventuras de dos jóvenes semidioses Hunahpú e Ixbalanqué  y escritas con una clara intención didáctica y moralizante; por último, la tercera, es una historia de los pueblos de Guatemala hasta poco antes de la conquista de los españoles.

Otras historias mayas conservadas son el Rabinal Achí y los Anales de Cakchiqueles. Tenemos que hacer mención aquí que de estas obras no se conservan los originales y lo que ha llegado hasta nosotros son copias de copias en lengua quiché y transcritas al alfabeto latino en la forma y estilo de los libros de Europa. Hasta aquí lo referente a la literatura antigua conservada.

De los códices mayas que han sobrevivido al tiempo y a las hogueras, indicar que únicamente se conservan tres y fragmentos de un cuarto sobre el que hasta hace poco hare caído una polémica internacional sobre su autenticidad. Eso otro día.



Bibliografía.-

Abreu Gómez, EmilioPopul Vuh. Madrid, Fondo de Cultura Económica de España, 2014.

Coe, Michael DEl desciframiento de la escritura maya. México, Fondo de Cultura Económica, 2010.

Garza Camino, Mercedes de laEl legado escrito de los mayas. México, Fondo de Cultura Económica, 2012.

Landa Calderón, Fray Diego deRelación de las cosas de Yucatán. Madrid, Dastin, S.L., 2002.

Seler, EduardLas imágenes de los animales en los manuscritos mexicanos y mayas. México, Casa Juan Pablos, 2008.

Por Candela Vizcaíno

Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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Introducción a los códices de la cultura maya que han logrado sobrevivir a los avatares y al tiempo: características, formato e introducción a la escritura de la cultura maya.

De las diferentes culturas asentadas en México antes de la conquista hispánica solo nos han llegado testimonios escritos de los mayas, de los mixtecas y retazos de los aztecas. Aunque estos pueblos tenían costumbres que diferían entre sí e, incluso, lenguas distintas, hay rasgos comunes en todos los manuscritos de las culturas de esta zona.

Por otra parte, la confusión entre los eruditos a la hora de catalogar estos códices es todavía bastante importante porque, aunque se han estudiado algunos de manera concreta y profunda, aún se desconoce, por ejemplo, el número exacto de ejemplares mexicanos antiguos que han sobrevivido. 

Se supone que de los 500 catalogados apenas 20 de ellos son pre-hispánicos y se sospecha que en algunas zonas rurales de los estados de Guerrero y Oaxaca existen códices ocultos por la población local (sobre todo, de la época virreinal) que los consideran garantes del usufructo de la tierra en la que viven. Es por esto por lo que, en ningún momento, se les pasa por la cabeza desprenderse de ellos y, por si acaso, lo mejor es tener estas actas de propiedad ocultas a las miradas de extraños no vaya a ser que algún avezado coleccionista se decidiera a robarles y, con la desaparición del papel, desaparezca, además, el derecho a disfrutar de las tierras de las que son y se sienten dueños.

Codice Maya Dresde

¿Qué es un códice maya? Seguimos la definición del Huehuetlahtolli o "Discurso de sabios"

Los estudiosos para no ponerse de acuerdo ni siquiera lo hacen en cuanto a una definición que englobe a todo el grupo. Por la filosofía profunda que subyace detrás y por la poesía y belleza inherentes al texto seleccionado, nosotros vamos a dejar  aquí tan sólo una de las múltiples que se han dado: la de un Huehuetlahtolli o discurso de ancianos (y con el rescate de estas frases olvidadas queremos rendir nuestro modesto homenaje de respeto a una cultura humillada que creía en el poder de la palabra). El congreso de sabios define sus libros con las palabras que siguen:

“El dechado, el ejemplo, lo admirable, lo que es raíz, lo que tiene significación, tinta negra, tinta roja, el libro, lo pintado, lo escrito, lo que pintaron, lo que escribieron: nunca se olvida, nunca perece, su gloria, su fama, su nombre, su historia”.

Codices Mayas 2 Características generales y formato de los códices o libros mayas

  1. Una de las características que más llama la atención para la idea que un occidental tiene de un libro es que estos códices lo componen largas tiras de hasta 16 metros de longitud.
  2. Están confeccionados con papel de amate (obtenido de la pulpa de una especie de higuera silvestre) o con pieles curtidas de ciervo o jaguar.
  3. Las páginas están dobladas en forma de biombo o acordeón.
  4. Se cubre todo el códice con unas tapas de cuero grueso. Cuando estos libros permanecen cerrados el aspecto no difiere mucho de los libros europeos pero, para leerlos, necesitamos desplegarlos.
  5. Las páginas están escritas tanto por el verso como por el reverso.
  6. Los códices virreinales (los realizados siguiendo la cultura maya, pero tras la conquista) están realizados con un papel europeo siguiendo las fórmulas aportadas por los misioneros.
  7. El proceso de fabricación del papel de amate era prácticamente el mismo en toda la zona. Básicamente consistía en la extracción de la pulpa de los árboles jóvenes que, debidamente triturada y prensada, era posteriormente secada al sol. Se remataban con un acabado de almidón y una última capa de carbonato cálcico con el fin de darle a las páginas más tersura y firmeza. Esta preparación también se empleaba en los libros realizados sobre piel de animal.
  8. Otra de las características que salta a la vista es la escritura,  compuesta, en la gran mayoría de los casos, por un sistema de jeroglíficos parecido al egipcio. Dicho esto, más bien hay que decir que el único pueblo precolombino que utilizó un sistema de escritura propiamente dicho fue el maya. El resto de los códices están formados por una serie de imágenes o logogramas que aún, hoy en día –como la escritura de los mayas-, no se ha descifrado por completo.
  9. Estos libros están ejecutados mediante un sistema semántico formado por un conjunto, por una superposición, de dibujos  y no por un sistema de signos abstractos, tal como lo constituye el alfabeto latino que manejamos. En definitiva, estos códices son, en su práctica totalidad, libros pictóricos.
  10. Los dibujos tienen las mismas características estilísticas que los grabados en la piedra o las pinturas de los frescos descubiertas en los trabajos arqueológicos realizados en las antiguas ciudades mesoamericanas y en los que se observa, incluso a simple vista, una repetición constante de la figura humana.
  11. Los colores utilizados son, sobre todo, el negro, el rojo y el azul “maya” sin contrastes ni sombras, aplicados en tonalidades planas.
  12. En los códices del México antiguo hay un orden de lectura; casi siempre en horizontal, o bien, de izquierda a derecha, o bien de derecha a izquierda o, como el caso de los mixtecas, en forma de meandro que, en todos los casos, va indicado por una serie de líneas verticales en rojo que son como una especie de guías de lectura.

Los primeros códices mayas de los que se tienen constancia en Europa

En la primera carta de Hernán Cortés al Emperador Carlos V (redactada en 1519, nada más consumado el aplastamiento de la capital azteca y  en la que se enumeran los presentes enviados al rey procedentes de las nuevas tierras conquistadas para la corona) se nombran “dos libros de los que tienen los indios” por lo que estos fueron conocidos muy pronto en Europa. Pedro Mártir de Anglería, que seguramente pudo admirar estas muestras de arte indígena, nos cuenta:

“Los caracteres que usan son muy diferentes de los nuestros y consisten en dados, ganchos, lazos, líneas y otros objetos dispuestos en línea como entre nosotros y casi semejantes a la escritura egipcia. Entre las líneas dibujan figuras de hombres y animales sobre todo de reyes y magnates, por lo que es de creer que en estos libros se contienen las fiestas de los antepasados de cada rey...” 

Y Gonzalo Fernández de Oviedo en la  misma época no duda de que estas obras escondan un mensaje  a tenor de lo que expresan sus palabras

“... de tal manera que aunque no eran lecturas ni escritura significaban e se entendían por ellas todo lo que querían claramente...” 

¿Cómo y quiénes elaboraban los libros de la antigua cultura maya?

En la América precolombina los encargados de elaborar los manuscritos eran sometidos a una educación rigurosa y esmerada; instrucción que incluía no sólo el aprendizaje de conocimientos de la lengua, la poesía, la historia, los mitos y las leyes del pueblo, sino que, además, los estudiantes debían poseer una especial habilidad innata para el dibujo unido a un entrenamiento continuado en las técnicas pictóricas. 

En el mundo azteca estos “componedores de libros” eran conocidos como tlacuilos y en el maya con los términos ah ts’ib y ah woh. Los estudiantes eran seleccionados entre las muchachas y muchachos más inteligentes y dotados de todas las clases sociales y después de un duro período de aprendizaje  debían dedicarse a tiempo completo a elaborar los manuscritos. 

Según la especialización de cada uno, eran adscritos a una institución civil o a un templo donde residían y pasaban el resto de sus días. Los códices no aparecen firmados, puesto que estos escribas americanos no consideraban que su trabajo les perteneciera. Era una labor para la comunidad y, por tanto, era su titular el pueblo que lo hacía posible del cual ellos eran sus meros servidores; servidores que, por otro lado, por el hecho de dedicarse a este menester, pasaban a formar parte de la clase alta. 

Los manuscritos se guardaban en habitaciones reservadas en los templos o en los edificios civiles denominadas amoxcalli –amotli, significa “libro” y calli “casa”-. Aquí también la posesión de los libros por parte de la clase dirigente era, como en casi todas las civilizaciones, una manera de detentar el poder,  aunque en Mesoamérica había un número considerable de personas (incluso entre el pueblo llano)  que, si bien no sabían escribir-pintar, podían descifrar los logogramas de los manuscritos y, sobre todo, de las múltiples estelas y frisos grabados en piedra.

codice maya paris

Una breve introducción a la escritura maya de los códices precolombinos

Algún que otro estudioso ha esbozado la teoría de la lectura polisémica referida a los libros de la América precolombina. Se sabe que, por lo menos en el mundo maya, los códices se leían en ocasiones especiales en una ceremonia ritual ante el público. Probablemente, los libros eran purificados antes de que uno o varios sacerdotes procedieran al canto de lo escrito interpretando en ese momento los jeroglíficos. 

Y en este punto, en el de la recitación en forma de himno o con connotaciones musicales, están de acuerdo muchos de los investigadores. Si cada sacerdote le daba su propia lectura, si los ideogramas tienen varios significados, se complica la tarea para los estudiosos de esta escritura que, aún hoy en día y a pesar de muchos esfuerzos, apenas se ha descifrado en su tercera parte.

Aunque se tiene constancia de un sistema de escritura desde el siglo IV de nuestra era, la mayoría de los códices que han llegado hasta nosotros (y que no ardieron en las hogueras) pertenecen al período postclásico (éste abarca desde el año 900 hasta 1521, momento mismo de la conquista por parte de los españoles). 

La producción de códices no se interrumpió con la colonización; es más, los mismos misioneros causantes de la quema de los libros antiguos alentaron la elaboración de textos nuevos modificando, paulatinamente, su formato y estilo hasta asimilarse a los libros producidos en Europa. 

Manuscritos de este tipo se siguieron realizando hasta el siglo XVIII con la imprenta asentada y funcionando a pleno rendimiento en diversos puntos del territorio.El interés de los códices virreinales estriba en su posibilidad de desciframiento de la escritura maya. En los últimos años investigadores locales, europeos y norteamericanos recorren pueblos enteros en busca de alguno de estos manuscritos que puedan servir a manera de “Piedra Rosetta” y poder, así, descifrar la totalidad de los logogramas de la escritura mesoamericana. 


Se sabe que muchos de ellos llevaban glosas en castellano a los dibujos americanos y a esa posibilidad se agarran los estudiosos,  ayudados por la mayor apertura y mejora de las comunicaciones de estos pueblos que hasta hace poco han estado totalmente encerrados en sí y prácticamente inaccesibles para los equipos de investigadores.

Características de la escritura maya realizada con jeroglíficos

Hoy en día lo que se sabe es que esta escritura se compone de un sistema mixto basado en un sistema logosilábico (apoyado en la cantidad de palabras monosilábicas de la lengua maya) con complementos fonéticos y semánticos más unos sesenta signos silábicos. 

Por lo visto son posibles dos maneras distintas de escribir una misma palabra: por medio de un logograma (que puede estar acompañado de algún complemento fonético o semántico) o utilizando notación semántica. Todo es complicadísimo y máxime si tenemos en cuenta que actualmente se han logrado contabilizar novecientos cincuenta glifos distintos. 

Según el historiador Louis-Jean Calvet, si este sistema, tal como sostenía Diego de Landa, fuese alfabético no podría contar con más de treinta signos, cantidad que se elevaría a cien o doscientos signos si fuera silábico y que superaría los varios miles de glifos si fuera semejante a la escritura china y japonesa, por lo que deduce que tiene que tratarse de un sistema mixto que utilizaría a la vez logogramas junto a signos silábicos con diferentes funciones semánticas o gramaticales.

El calendario maya y su valor para descifrar los códices

En la obra de Diego de Landa también se describe uno de los calendarios que  utilizaban los mayas (y todos los pueblos de la América Central) con bastante precisión y, además, en este caso, correctamente. La numeración de estos calendarios tenía como base el número veinte y la notación se conseguía mediante la utilización de barras (con un valor de cinco) y de puntos (con valor de uno).

El que descubriría que en realidad existían dos calendarios sería Ernst Förstemann (1822-1906) trabajando sobre el códice conservado en Dresde a finales del siglo XIX. Efectivamente, se utilizaba un calendario sagrado de doscientos sesenta días dividido en trece ciclos de veinte días, descrito por Landa, y un calendario civil o solar de trescientos sesenta y cinco días compuesto por dieciocho periodos de veinte días más cinco días complementarios. 

Para los mayas el comienzo del mundo se situaba en el año 3113 a. C. y en las inscripciones que nos han llegado se detiene en el 909 de nuestra era justo cuando comienza el éxodo de las ciudades y los centros religiosos. El conocimiento del calendario nos facilita la lectura de las fechas pero otra cosa bien distinta es “leer” lo que ocurrió en ese período.

Codice Maya Grolier

Chilam Balam y la literatura maya

Con la llegada de los españoles y el uso del alfabeto surgió lo que hoy se conoce como literatura maya. Los textos, transcritos de originales antiguos que no se conservan, están escritos en lengua quiché utilizando el alfabeto latino. 

Uno de los libros más conocidos es el Chilam Balam o Libros del Adivino de las Cosas Ocultas que ha llegado hasta nosotros en fragmentos dispersos realizados durante el siglo XVI y XVII en distintos lugares de la Península de Yucatán (Maní, Tizimín, Chumayel, Kaua, Ixil y Tusik, entre otros). 

El contenido es religioso, histórico, literario o de astronomía y, probablemente, fue transcrito por sacerdotes que retenían en la memoria las palabras perdidas en los libros entregados al fuego. 

Popul Vuh, el gran libro de los libros de la cultura maya

Pero, sin lugar a dudas, la estrella es el Popul Vuh del que se puede encontrar versiones más o menos modernizadas traducidas al castellano. 

En él se narra el origen sagrado del mundo y de los mayas y está dividido en tres partes claramente diferenciadas: en la primera, se cuenta, a la manera del Génesis, el nacimiento del mundo y del hombre (creado a partir del maíz después de varios intentos fracasados con otros materiales); la segunda, está ocupada por las aventuras de dos jóvenes semidioses Hunahpú e Ixbalanqué  y escritas con una clara intención didáctica y moralizante; por último, la tercera, es una historia de los pueblos de Guatemala hasta poco antes de la conquista de los españoles.

Otras historias mayas conservadas son el Rabinal Achí y los Anales de Cakchiqueles. Tenemos que hacer mención aquí que de estas obras no se conservan los originales y lo que ha llegado hasta nosotros son copias de copias en lengua quiché y transcritas al alfabeto latino en la forma y estilo de los libros de Europa. Hasta aquí lo referente a la literatura antigua conservada.

De los códices mayas que han sobrevivido al tiempo y a las hogueras, indicar que únicamente se conservan tres y fragmentos de un cuarto sobre el que hasta hace poco hare caído una polémica internacional sobre su autenticidad. Eso otro día.



Bibliografía.-

Abreu Gómez, EmilioPopul Vuh. Madrid, Fondo de Cultura Económica de España, 2014.

Coe, Michael DEl desciframiento de la escritura maya. México, Fondo de Cultura Económica, 2010.

Garza Camino, Mercedes de laEl legado escrito de los mayas. México, Fondo de Cultura Económica, 2012.

Landa Calderón, Fray Diego deRelación de las cosas de Yucatán. Madrid, Dastin, S.L., 2002.

Seler, EduardLas imágenes de los animales en los manuscritos mexicanos y mayas. México, Casa Juan Pablos, 2008.

Por Candela Vizcaíno

Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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