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En Japón hay dos fiestas dedicadas a los niños: el Hinamatsuri o Festival de la muñecas en honor de las pequeñas de la cada casa y el Kodomo no Hi, festividad nacional en honor de los varones. Si coincides con algunas de ellas, es una experiencia inolvidable.

Hinamatsuri

Hinamatsuri, el día de las niñas cada 3 de marzo

De carácter netamente femenino, los festejos del Hinamatsuri están revestidos de sabor doméstico. De hecho, prácticamente todo el ritual se lleva a cabo en el interior de las casas y ese día, al contrario que el del niño, no es fiesta nacional. Como hemos apuntado a propósito de los ritos a favor del dios Inari, la religiosidad y las creencias niponas son de una complejidad y una idiosincrasia extremas, lo cual no quita para que prácticamente todos los actos de la vida cotidiana –máxime cuando estamos hablando de festejos de carácter sagrado- estén altamente protocolizados.  El Hinamatsuri también se llama Momo no Sekku o Festival de los Melocotoneros. Ese mismo se rinde tributo a este árbol que, como el cerezo, es tan especial en la vida de los japoneses. Ellos son el símbolo de las aspiraciones femeninas

Un poco de historia sobre el Hinamatsuri

Aunque hay datos relativos a la celebración del Hinamatsuri ya en el período Edo (1600-1868), en la refinada corte de los Tokugawa, la historia de la fiesta se remonta al período Hein (794-1192). De hecho, se menciona en el Genji Monogatari, el Romance de Genji de Murasaki Shikibu (978?-1014?), el cual fue escrito entre los años 1002 a 1012 aproximadamente. El Hinamatsuri es el festival de la muñeca, la cual simboliza al melocotonero, y éste, a su vez, a las jóvenes vírgenes casaderas. Es por lo que parte fundamental de las conmemoraciones del tres de marzo giran en torno al impresionante altar con muñecas que se levanta en cada casa.

Las muñecas del Hinamatsuri

Que el origen del Hinamatsuri y de sus refinadas y exquisitas muñecas es aristocrático nadie lo discute. Nada más tenemos que comparar los precios y la consideración que tienen estos objetos en la sociedad nipona. Hoy en día, un juego de los dos muñecos principales (el emperador y la emperatriz) que coronan el altar típico alcanza fácilmente el salario mensual medio y esto explica que sea el regalo obligado por parte de los abuelos maternos cuando nace una segunda niña en la familia.

 La primogénita tendrá el honor -y la suerte- de heredar los pertenecientes a la madre. Aunque actualmente el altar del Hinamatsuri se empieza con las dos piezas que lo coronan, no se considera a éste como tal si no dispone de, al menos, quince muñecas siguiendo un estricto y riguroso orden jerárquico en su disposición. Las muñecas, aunque en un principio eran juguetes de la elite aristocrática, han perdido este carácter y desde hace más de un siglo son consideradas obras de arte y objetos de colección más que cacharros para que jueguen los niños. Se montan aproximadamente a mediados de febrero y se desmontan rápidamente el mismo tres de marzo, ya que el tan supersticioso pueblo nipón cree que si no se hace así, las niñas tardarán mucho en casarse, con lo que se merma sus posibilidades de elegir un buen pretendiente.

Tenemos, pues, que las figuras son inmediatamente y celosamente guardadas, embalándolas meticulosamente, esa misma noche hasta el año siguiente. Cuando las niñas son demasiado pequeñas esta tarea es realizada por los adultos de la casa. Tener el privilegio de montar el altar junto con las amigas es señal inequívoca de que la muchacha ya está en disposición de asumir delicadas responsabilidades.

Las primeras muñecas, aquellas que se remontan al siglo XII, estaban realizadas con materiales más sobrios y elementales, normalmente de pasta de papel y vestidas con retales de telas. Fue en el período Edo, tan dado a la sofisticación exacerbada, cuando las figuras comenzaron a realizarse con el aspecto que se muestran hoy en día. Son piezas realizadas sobre una base de madera noble. Las manos y la cara están ejecutadas en fina porcelana pintada y los trajes están confeccionados con exquisitas telas bordadas en seda. Las muñecas rematan su atuendo con abanicos y adornos muy elaborados y de terminación impecable.

Cómo se monta el altar del Hinamatsuri

Es como una escalera con varios pisos. Sobre esta pieza se coloca un tejido de color. Y seguidamente las muñecas en un orden jerárquico.

  • En el primer nivel siempre deben ir la pareja de los emperadores flanqueados por faroles y unos jarrones donde se colocan una rama de melocotonero. Aunque lo normal es que la pareja real se sitúe delante de un biombo dorado, en conjuntos elaborados y más sofisticados suelen estar junto a una casita de madera con la reproducción del palacio imperial.
  • El segundo escalón lo ocupan tres damas de la corte.
  • El tercero es el reservado para cinco miembros de una orquesta (cantante, tres tambores y una flauta).
  • En el cuarto se puede elegir entre colocar a dos guardias o bien tortas de arroz decoradas en blanco, rosa y verde (los colores del melocotonero).
  • El quinto es el reservado a los asistentes provistos de paraguas, estandartes y aparejos varios.
  •  El sexto se ocupa con muebles de diversos usos y, en el séptimo, en el inferior, se colocan un modelo de carruaje propio de la corte Edo junto con miniaturas de arreglos florales.

La totalidad de la escena recuerda un suntuoso banquete de bodas con los novios (en el piso superior), las damas de compañía, la orquesta, el servicio adicional, los regalos, el banquete y el medio de transporte especial.

Hoy en día es muy difícil encontrarse con un altar de siete pisos, incluso con uno de cinco niveles. Lo más corriente es que en las casas se disponga uno reducido de tres pisos formado por la pareja de emperadores, las tres damas y los cinco músicos.

Las familias más humildes o las formadas recientemente –con otros gustos y otras necesidades económicas- tan solo colocan la pareja de emperadores. El lugar escogido es siempre la habitación reservada para sala de estar donde se reciben las visitas.

La comida típica del Hinamatsuri

Lo que sí es común para todos es invitar a las amigas de la niña a degustar el menú especial del Hinamatsuri consistente en dulces y pastas de arroz con formas especiales y una bebida azucarada realizada también con arroz. Las muchachas creciditas pueden acompañar la merienda con algunos sorbos de sake y es corriente completar el menú con algún sushi especial.

Se lucían los trajes reservados para las ocasiones especiales y éstos, al igual que las muñecas, eran confeccionados con mimo, buen gusto e impecables remates. No en vano, las niñas tenían que solicitar a las divinidades un buen y pronto matrimonio y para ello debían hacer gala de su belleza, encanto, dulzura y buen hacer y esto es más perceptible con un buen traje.

Cuando las jóvenes se reúnen junto con sus amigas más cercanas en su propia casa o en las viviendas de las otras niñas, entonan una canción especial muy popular encaminada a ensalzar sus virtudes de doncella y hacérselas ver a los espíritus del melocotonero.

Rito, cánticos, atrezzo escogido y un exquisito banquete son los pilares del Hinamatsuri, la fiesta anual de las niñas. Las muchachas y sus familias preparan el ritual meticulosamente para agradar a los dioses y, en definitiva, para que sus plegarias sean escuchadas.

Kodomo no hi 2

Kodomo no Hi, el día de los niños cada 5 de mayo

Por su parte, los niños varones también tienen su propio día, el Kodomo no Hi, que es fiesta oficial desde el año 1948. Al contrario que el Hinamatsuri, con un profundo sentido religioso, el Kodomo no Hi, tiene un carácter cercano a la política.

El origen del Kodomo no Hi

De hecho, las dos explicaciones sobre su origen recaen en efemérides de tipo militar. Una se remonta a las gestas del siglo XIII e intenta hacer coincidir la fiesta con una victoria sobre el imperio mogol; la otra ve en ella el recuerdo de la unificación de Japón en el siglo XIV por el Shogun Ashikaga Takauji. Cualquiera de las interpretaciones puede ser válida y se adapta al carácter casi guerrero que tiene la fiesta.

Si en el Hinamatsuri se quiere representar un elaborado ritual nupcial, en el Kodomo no Hi  los elegantes muñecos de la corte son sustituidos por samuráis con todo su aparatosa indumentaria de cascos, armaduras y armas.

De todos modos, no todo es recuerdo de ese pasado sangriento y guerrero que floreció a la par que la suntuosa corte de los Tokugawa y en cada casa donde reside algún niño también se colocan una serie de preciosas cometas multicolores con la forma de carpas (koinobori). Este pez es, para el pueblo nipón, la representación de la fuerza, la vitalidad y la perseverancia, ya que en su esfuerzo por remontar los ríos y las cascadas encuentra su razón de ser. De la misma manera, los niños deberán superar todas las corrientes adversas de la vida para llegar a su meta final. Como en el Hinamatsuri, también se preparan comidas especiales realizadas a base de arroz endulzado.

El cinco de mayo las casas donde residen niños varones se llenan de cometas con las formas de esta carpa, una por cada niño de la casa (las pequeñas no tienen representación), otra un poco mayor en representación de la madre y una más grande aún en color negro en representación del padre. Es todo un espectáculo mirar al cielo con estas cometas ondeando y celebrando el día del niño.

Por Candela Vizcaíno

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En Japón hay dos fiestas dedicadas a los niños: el Hinamatsuri o Festival de la muñecas en honor de las pequeñas de la cada casa y el Kodomo no Hi, festividad nacional en honor de los varones. Si coincides con algunas de ellas, es una experiencia inolvidable.

Hinamatsuri

Hinamatsuri, el día de las niñas cada 3 de marzo

De carácter netamente femenino, los festejos del Hinamatsuri están revestidos de sabor doméstico. De hecho, prácticamente todo el ritual se lleva a cabo en el interior de las casas y ese día, al contrario que el del niño, no es fiesta nacional. Como hemos apuntado a propósito de los ritos a favor del dios Inari, la religiosidad y las creencias niponas son de una complejidad y una idiosincrasia extremas, lo cual no quita para que prácticamente todos los actos de la vida cotidiana –máxime cuando estamos hablando de festejos de carácter sagrado- estén altamente protocolizados.  El Hinamatsuri también se llama Momo no Sekku o Festival de los Melocotoneros. Ese mismo se rinde tributo a este árbol que, como el cerezo, es tan especial en la vida de los japoneses. Ellos son el símbolo de las aspiraciones femeninas

Un poco de historia sobre el Hinamatsuri

Aunque hay datos relativos a la celebración del Hinamatsuri ya en el período Edo (1600-1868), en la refinada corte de los Tokugawa, la historia de la fiesta se remonta al período Hein (794-1192). De hecho, se menciona en el Genji Monogatari, el Romance de Genji de Murasaki Shikibu (978?-1014?), el cual fue escrito entre los años 1002 a 1012 aproximadamente. El Hinamatsuri es el festival de la muñeca, la cual simboliza al melocotonero, y éste, a su vez, a las jóvenes vírgenes casaderas. Es por lo que parte fundamental de las conmemoraciones del tres de marzo giran en torno al impresionante altar con muñecas que se levanta en cada casa.

Las muñecas del Hinamatsuri

Que el origen del Hinamatsuri y de sus refinadas y exquisitas muñecas es aristocrático nadie lo discute. Nada más tenemos que comparar los precios y la consideración que tienen estos objetos en la sociedad nipona. Hoy en día, un juego de los dos muñecos principales (el emperador y la emperatriz) que coronan el altar típico alcanza fácilmente el salario mensual medio y esto explica que sea el regalo obligado por parte de los abuelos maternos cuando nace una segunda niña en la familia.

 La primogénita tendrá el honor -y la suerte- de heredar los pertenecientes a la madre. Aunque actualmente el altar del Hinamatsuri se empieza con las dos piezas que lo coronan, no se considera a éste como tal si no dispone de, al menos, quince muñecas siguiendo un estricto y riguroso orden jerárquico en su disposición. Las muñecas, aunque en un principio eran juguetes de la elite aristocrática, han perdido este carácter y desde hace más de un siglo son consideradas obras de arte y objetos de colección más que cacharros para que jueguen los niños. Se montan aproximadamente a mediados de febrero y se desmontan rápidamente el mismo tres de marzo, ya que el tan supersticioso pueblo nipón cree que si no se hace así, las niñas tardarán mucho en casarse, con lo que se merma sus posibilidades de elegir un buen pretendiente.

Tenemos, pues, que las figuras son inmediatamente y celosamente guardadas, embalándolas meticulosamente, esa misma noche hasta el año siguiente. Cuando las niñas son demasiado pequeñas esta tarea es realizada por los adultos de la casa. Tener el privilegio de montar el altar junto con las amigas es señal inequívoca de que la muchacha ya está en disposición de asumir delicadas responsabilidades.

Las primeras muñecas, aquellas que se remontan al siglo XII, estaban realizadas con materiales más sobrios y elementales, normalmente de pasta de papel y vestidas con retales de telas. Fue en el período Edo, tan dado a la sofisticación exacerbada, cuando las figuras comenzaron a realizarse con el aspecto que se muestran hoy en día. Son piezas realizadas sobre una base de madera noble. Las manos y la cara están ejecutadas en fina porcelana pintada y los trajes están confeccionados con exquisitas telas bordadas en seda. Las muñecas rematan su atuendo con abanicos y adornos muy elaborados y de terminación impecable.

Cómo se monta el altar del Hinamatsuri

Es como una escalera con varios pisos. Sobre esta pieza se coloca un tejido de color. Y seguidamente las muñecas en un orden jerárquico.

  • En el primer nivel siempre deben ir la pareja de los emperadores flanqueados por faroles y unos jarrones donde se colocan una rama de melocotonero. Aunque lo normal es que la pareja real se sitúe delante de un biombo dorado, en conjuntos elaborados y más sofisticados suelen estar junto a una casita de madera con la reproducción del palacio imperial.
  • El segundo escalón lo ocupan tres damas de la corte.
  • El tercero es el reservado para cinco miembros de una orquesta (cantante, tres tambores y una flauta).
  • En el cuarto se puede elegir entre colocar a dos guardias o bien tortas de arroz decoradas en blanco, rosa y verde (los colores del melocotonero).
  • El quinto es el reservado a los asistentes provistos de paraguas, estandartes y aparejos varios.
  •  El sexto se ocupa con muebles de diversos usos y, en el séptimo, en el inferior, se colocan un modelo de carruaje propio de la corte Edo junto con miniaturas de arreglos florales.

La totalidad de la escena recuerda un suntuoso banquete de bodas con los novios (en el piso superior), las damas de compañía, la orquesta, el servicio adicional, los regalos, el banquete y el medio de transporte especial.

Hoy en día es muy difícil encontrarse con un altar de siete pisos, incluso con uno de cinco niveles. Lo más corriente es que en las casas se disponga uno reducido de tres pisos formado por la pareja de emperadores, las tres damas y los cinco músicos.

Las familias más humildes o las formadas recientemente –con otros gustos y otras necesidades económicas- tan solo colocan la pareja de emperadores. El lugar escogido es siempre la habitación reservada para sala de estar donde se reciben las visitas.

La comida típica del Hinamatsuri

Lo que sí es común para todos es invitar a las amigas de la niña a degustar el menú especial del Hinamatsuri consistente en dulces y pastas de arroz con formas especiales y una bebida azucarada realizada también con arroz. Las muchachas creciditas pueden acompañar la merienda con algunos sorbos de sake y es corriente completar el menú con algún sushi especial.

Se lucían los trajes reservados para las ocasiones especiales y éstos, al igual que las muñecas, eran confeccionados con mimo, buen gusto e impecables remates. No en vano, las niñas tenían que solicitar a las divinidades un buen y pronto matrimonio y para ello debían hacer gala de su belleza, encanto, dulzura y buen hacer y esto es más perceptible con un buen traje.

Cuando las jóvenes se reúnen junto con sus amigas más cercanas en su propia casa o en las viviendas de las otras niñas, entonan una canción especial muy popular encaminada a ensalzar sus virtudes de doncella y hacérselas ver a los espíritus del melocotonero.

Rito, cánticos, atrezzo escogido y un exquisito banquete son los pilares del Hinamatsuri, la fiesta anual de las niñas. Las muchachas y sus familias preparan el ritual meticulosamente para agradar a los dioses y, en definitiva, para que sus plegarias sean escuchadas.

Kodomo no hi 2

Kodomo no Hi, el día de los niños cada 5 de mayo

Por su parte, los niños varones también tienen su propio día, el Kodomo no Hi, que es fiesta oficial desde el año 1948. Al contrario que el Hinamatsuri, con un profundo sentido religioso, el Kodomo no Hi, tiene un carácter cercano a la política.

El origen del Kodomo no Hi

De hecho, las dos explicaciones sobre su origen recaen en efemérides de tipo militar. Una se remonta a las gestas del siglo XIII e intenta hacer coincidir la fiesta con una victoria sobre el imperio mogol; la otra ve en ella el recuerdo de la unificación de Japón en el siglo XIV por el Shogun Ashikaga Takauji. Cualquiera de las interpretaciones puede ser válida y se adapta al carácter casi guerrero que tiene la fiesta.

Si en el Hinamatsuri se quiere representar un elaborado ritual nupcial, en el Kodomo no Hi  los elegantes muñecos de la corte son sustituidos por samuráis con todo su aparatosa indumentaria de cascos, armaduras y armas.

De todos modos, no todo es recuerdo de ese pasado sangriento y guerrero que floreció a la par que la suntuosa corte de los Tokugawa y en cada casa donde reside algún niño también se colocan una serie de preciosas cometas multicolores con la forma de carpas (koinobori). Este pez es, para el pueblo nipón, la representación de la fuerza, la vitalidad y la perseverancia, ya que en su esfuerzo por remontar los ríos y las cascadas encuentra su razón de ser. De la misma manera, los niños deberán superar todas las corrientes adversas de la vida para llegar a su meta final. Como en el Hinamatsuri, también se preparan comidas especiales realizadas a base de arroz endulzado.

El cinco de mayo las casas donde residen niños varones se llenan de cometas con las formas de esta carpa, una por cada niño de la casa (las pequeñas no tienen representación), otra un poco mayor en representación de la madre y una más grande aún en color negro en representación del padre. Es todo un espectáculo mirar al cielo con estas cometas ondeando y celebrando el día del niño.

Por Candela Vizcaíno

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En apariencia, el pueblo japonés es inflexible y reacio a cualquier influencia del exterior. Pero eso solo es en apariencia. De hecho, en el País del Sol Naciente conviven sin ningún problemas varias religiones. Desde el shinto o sinto (local) hasta el cristianismo pasando por el budismo y el taoísmo (que no pueden considerarse religiones en sí).

Para la cultura japonesa la naturaleza  por sí misma (y simplificando mucho) es una entidad divina. Los ríos, las montañas, las piedras o los árboles tienen carácter sagrado. Es como la manifestación de lo otro en la tierra. Por eso ponen tanto cuidado en los ritos y tradiciones que se celebran (en la gran mayoría de los casos) en un espacio natural.

De los bosques, de los ríos, de las montañas, de la bruma o de la lluvia surgen seres míticos, personajes fantásticos, a medio camino entre la divinidad y el folclore que forman parte tanto del Japón tradicional como del más tecnológico. Las representaciones de estas divinidades se encuentran en los libros, pero también en las calles o en los rincones de cualquier templo o jardín. Forman parte, además, de costumbres, de tradiciones y de fiestas muy arraigadas. Hoy te traigo cinco que son imprescindibles: 1) Yuki-onna o la Reina de las Nieves, 2) Kitsuné, el zorro embaucador, 3) Inari o los duendes burlones, 4) los peligrosos tengus de las montañas y 5) el oni, el ogro peligroso que te conduce hacia tu lado oscuro.

¿Nos damos una vuelta por una mínima parte de la cultura japonesa con estos cinco seres míticos?

1.- Yuki-onna, la Reina de las Nieves y las tempestades

Narraciones hay que nos describen a esta hermosa, enigmática y seductora divinidad entrando en las puertas traseras de las casas, en las encrucijadas o confundiendo a viandantes en lugares apartados. Sin embargo, Yuki-onna, es uno de los seres míticos vinculados a las montañas (que en Japón tienen un fuerte carácter sagrado).

yuki onna

Es un espíritu poco definido, transformable, versátil, que se aparece en las cumbres nevadas cuando hay ventiscas o cuando la naturaleza se pone difícil. No hay yamabushi (practicantes de shugendô, ejercicios de mejoramiento espiritual en las cimas montañosas) que no haya bajado a los valles diciendo que no se ha encontrado con alguna. Yuki-onna seduce con su canto y adormece a su víctima hasta dejarla convertida en un trozo de hielo.

Personaje de la cultura japonesa, su origen se remonta a la antigua China, donde existe una reina terrible que pone a prueba el corazón de todo aquel que se atreve a adentrarse en una montaña. Aunque hay quienes la describen como una anciana contrahecha, coja, tuerta y fea, la mayoría de los yamabushi que se han encontrado con ella hablan de una belleza tan arrebatadora que es imposible no sucumbir a sus cantos y encantos.  De líneas estilizadas, piel como nácar, belleza casi imposible, largo pelo sedoso y tan misteriosa que el montañero que con ella se topa no puede resistirse y, al pronto, quiere formar una unión con tan bella reina. El precio a pagar por tal arrogancia y temeridad es la confusión (al ir tras ella), el cansancio, el agotamiento, la caída, el enfriamiento del corazón, la conversión en hielo y, por tanto, la muerte por congelación.

Los que han vencido a este ser mitológico de la cultura japonesa la describen con un largo kimono de color blanco suave, sedoso y transparente y de apariencia humana. Parece que flota por la nieve y no deja huellas. Solo se descubre que no pertenece al mundo de los mortales cuando se la mira a los ojos. Si se logra enfrentarse cara a cara porque Yuki-onna aparece, desaparece, se confunde con la nieve, con las nubes, con las ventiscas. El humano la sigue, la persigue. Cree que la atrapado, que la puede besar y al pronto solo tiene escarcha en sus manos. Se vuelve loco por tanta belleza hasta que se olvida del camino, cae por un precipicio o abatido en el frío. Es así como Yuki-onna se va alimentando de los corazones convertidos en hielo.

Hay quienes tienen más suerte y Yuki-onna muestra un cierto apego por ellos y esta Reina de las Nieves (la más enigmática de todos los seres míticos de Japón) lo ayuda a encontrar el camino perdido.  La fría vengadora se conmueve ante los corazones cálidos, fuertes y valientes permitiendo que salgan de la montaña. Sin embargo, solo a partir de la era Meiji (que comienza en 1868) Yuki-onna demostró esta faceta. Con anterioridad era una figura despiadada.

De entre todos los seres mitológicos es uno de los que más popularidad tiene y lo encontramos en relatos de todo tipo, incluso de occidentales como el de Lafcadio Hearn, recogido en su volumen de 1904 Kwaidan. Narraciones y estudios de hechos curiosos del Japón. También tiene notable éxito entre los creadores de manga y en el cine. Cito, por ejemplo, Los sueños de Akira Kurosawa (1990) o Kwaidan (1965) de Misaki Kobayasi. En los videojuegos  aparece en La Leyenda de Zelda para Nintendo, por poner solo un caso.

2.- Kitsuné, el zorro mensajero de los dioses

KitsuneAunque se confunde a veces con Inari, el dios de las cosechas en Japón, Kitsuné tiene su identidad propia. Su origen se encuentra en los seres mitológicos del panteón budista, ya que tiene parecidos con Dakinite, la cual es una bodhisattva (iluminada) femenina que lleva como mascota un zorro.  Sin embargo, el zorro ha aparecido en la cultura japonesa como símbolo de la transgresión, de lo prohibido y, también de los seres que se atreven a cruzar las fronteras; esto es, a ir de un mundo a otro. 

Kitsuné aparece en los días de niebla o cuando hay lluvia, en los atardeceres de otoño y primavera. Hay que tener cuidado con las zonas pantanosas o los márgenes de los ríos porque el astuto Kitsuné es peligroso y te puede llevar a terrenos nos deseados. Es uno de los seres mitológicos que se aparecen a aquellos que se atreven a poner en cuestión el orden establecido. Los que inician su propio camino de búsqueda, al margen de la sociedad, necesitan la protección de Kitsuné.

De todos los seres míticos de la cultura japonesa es uno de los que más aparecen en estatuas y dibujos, ya que ponen en alerta a los fieles sobre la peligrosidad de embarcarse en caminos pocos hollados.

 

3.- El invisible Inari, el dios de las cosechas de Japón

inariEs el protector del arroz, de los caminos, de los mercaderes, de los que tienen que recorrer distancias. Es también el responsable de la fertilidad, el que pone de acuerdo al resto de los seres míticos para que haya prosperidad. Es un ente invisible, de muy difícil representación que no se sabe si pertenece al panteón budista, sintoísta o del Tao. Por si acaso, se le reza y se le pide protección porque, a pesar de que es benefactor, también hace de las suyas.  Es una entidad animista muy unida a los genios locales y familiares. Su nombre significa “semilla, arroz, sagrado” .  Pertenece a los seres mitológicos calificados como kami. Es como una especie de dios vacío que se adopta desde niño al que se acude para solicitar todo tipo de dones.

Es originario de Kyoto, de las montañas de los tres picos (Toyokawa). Es inclasificable y escurridizo. Por eso, no se debe enfadar. A veces, se vale de los zorros, de Kitsuné, para hacer llegar sus mensajes a los hombres. En la cultura japonesa se recurre a Inari para pedir prosperidad económica.

4.- Los tengu, los duendes de la cultura japonesa

En Japón, existe desde antiguo una costumbre que consiste en escalar una montaña no solo por el mero placer deportivo, sino también, como ejercicio de iniciación. El rito, necesario para ejercer como sacerdote local, es conocido con el nombre de shugendô y entraña peligros diversos. 

seres mitologicosA los inherentes del lugar (frío, falta de aire, nieve, tormentas, aludes, escasez de provisiones y cansancio) se une la presencia de Yuki-onna y de los tengu, una especie de duendecillos que complican aún más, si cabe, el ascenso. Los tengu, además, no residen exclusivamente en las montañas, ya que, como los duendes occidentales, habitan en todos los rincones posibles. 

Tienen facilidad para el enfado y la cólera. En cualquier momento puede entender que el mortal está invadiendo su territorio y se valdrá de mil argucias para confundirlo, aterrarlo y hacer que tenga una accidente. Por eso hay que ser precavidos cuando se suben montañas o se adentra en espacios conocidos, aunque los tengus también hacen trastadas en el ámbito doméstico.

Tienen el don de la invisibilidad, la fortaleza para mover piedras, la liviandad para poder volar, desaparecen y aparecen en un instante. Confunden con sus risas. Se transforman en animales salvajes o en seductoras figuras femeninas.

Son seres mitológicos pero no son kami. Así que no se les reza. Son demonios con los que se negocian favores o, en último extremo que no hagan mucho daño al común de los mortales. Aparecen en las montañas, por supuesto, pero también en otros emplazamientos llegando a ser personajes imprescindibles de la cultura japonesa. Son demonios burlones propensos a la burla y confundir a los mortales. Estos seres mitológicos son también frecuentes en el teatro Nô de Japón y se representan con las máscaras de un intenso color rojo (que señalan la ira) y con una enorme nariz (como Pinocho, aluden a la mentira o  la confusión).

5.- El oni, representación de todo lo malo que hay en el ser humano

OniEl oni japonés es el correlato oriental de los ogros de Occidente, aunque su personalidad es de una complejidad más aterradora. Cuando aparece en escritos y esculturas lleva un pelo largo muy revuelto, enormes dientes abiertos que le otorgan un aspecto brutal, garras terminadas en uñas afiladas, la piel de un tono rojo, morado o azul brillante y, para rematar, siempre luce unos cuernos retorcidos. Semidesnudo, no se separa de su garrote de hierro dispuesto a multiplicar su fuerza con ese instrumento. 

Su hábitat natural son las profundidades del averno de donde sale para atemorizar a todo mortal que se ponga en su camino. Por eso, se les atribuye casi todos los males que sobre el planeta Tierra hay, desde desastres naturales hasta disturbios sociales. En el Ise Monogatari o Romance de Ise (siglo X) y el Heike monogatari (Romance de Heike) se les representa como caníbal y con la posibilidad de transformarse en prácticamente cualquier cosa.

Se le identifica con lo que está fuera del sistema, lo que amenaza para pervertir, con el enemigo, con el manipulador. Se reviste, a veces, de impronta sexual. Es, en definitiva, el símbolo de los monstruos interiores. Es el demonio de aquellos que se dejan seducir por el lado instintivo, fácil, carnal, peligroso, problemático y destructor.

Es seductor pero no como Yuki-onna. Es más brutal y, se va empapando de todo lo malo de la sociedad. Así, de todos los seres míticos de la cultura japonesa, es el Oni el que cada vez más se va situando en el polo más negativo del hombre. Cada vez se le representa más brutal, sádico y aniquilador, mientras que, en siglos pasados, aún siendo negativo, mantenía un cierto aire de misterio. Al día de hoy es transparente en toda su maldad.

La figura del oni mediante esculturas es muy común en los exteriores japoneses. Actúa casi como advertencia, de manera aleccionadora de los peligros de resbalarse por el lado oscuro del alma.

Si viajas por Japón veras estos seres mitológicos representados de mil maneras distintas.

Por Candela Vizcaíno

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En apariencia, el pueblo japonés es inflexible y reacio a cualquier influencia del exterior. Pero eso solo es en apariencia. De hecho, en el País del Sol Naciente conviven sin ningún problemas varias religiones. Desde el shinto o sinto (local) hasta el cristianismo pasando por el budismo y el taoísmo (que no pueden considerarse religiones en sí).

Para la cultura japonesa la naturaleza  por sí misma (y simplificando mucho) es una entidad divina. Los ríos, las montañas, las piedras o los árboles tienen carácter sagrado. Es como la manifestación de lo otro en la tierra. Por eso ponen tanto cuidado en los ritos y tradiciones que se celebran (en la gran mayoría de los casos) en un espacio natural.

De los bosques, de los ríos, de las montañas, de la bruma o de la lluvia surgen seres míticos, personajes fantásticos, a medio camino entre la divinidad y el folclore que forman parte tanto del Japón tradicional como del más tecnológico. Las representaciones de estas divinidades se encuentran en los libros, pero también en las calles o en los rincones de cualquier templo o jardín. Forman parte, además, de costumbres, de tradiciones y de fiestas muy arraigadas. Hoy te traigo cinco que son imprescindibles: 1) Yuki-onna o la Reina de las Nieves, 2) Kitsuné, el zorro embaucador, 3) Inari o los duendes burlones, 4) los peligrosos tengus de las montañas y 5) el oni, el ogro peligroso que te conduce hacia tu lado oscuro.

¿Nos damos una vuelta por una mínima parte de la cultura japonesa con estos cinco seres míticos?

1.- Yuki-onna, la Reina de las Nieves y las tempestades

Narraciones hay que nos describen a esta hermosa, enigmática y seductora divinidad entrando en las puertas traseras de las casas, en las encrucijadas o confundiendo a viandantes en lugares apartados. Sin embargo, Yuki-onna, es uno de los seres míticos vinculados a las montañas (que en Japón tienen un fuerte carácter sagrado).

yuki onna

Es un espíritu poco definido, transformable, versátil, que se aparece en las cumbres nevadas cuando hay ventiscas o cuando la naturaleza se pone difícil. No hay yamabushi (practicantes de shugendô, ejercicios de mejoramiento espiritual en las cimas montañosas) que no haya bajado a los valles diciendo que no se ha encontrado con alguna. Yuki-onna seduce con su canto y adormece a su víctima hasta dejarla convertida en un trozo de hielo.

Personaje de la cultura japonesa, su origen se remonta a la antigua China, donde existe una reina terrible que pone a prueba el corazón de todo aquel que se atreve a adentrarse en una montaña. Aunque hay quienes la describen como una anciana contrahecha, coja, tuerta y fea, la mayoría de los yamabushi que se han encontrado con ella hablan de una belleza tan arrebatadora que es imposible no sucumbir a sus cantos y encantos.  De líneas estilizadas, piel como nácar, belleza casi imposible, largo pelo sedoso y tan misteriosa que el montañero que con ella se topa no puede resistirse y, al pronto, quiere formar una unión con tan bella reina. El precio a pagar por tal arrogancia y temeridad es la confusión (al ir tras ella), el cansancio, el agotamiento, la caída, el enfriamiento del corazón, la conversión en hielo y, por tanto, la muerte por congelación.

Los que han vencido a este ser mitológico de la cultura japonesa la describen con un largo kimono de color blanco suave, sedoso y transparente y de apariencia humana. Parece que flota por la nieve y no deja huellas. Solo se descubre que no pertenece al mundo de los mortales cuando se la mira a los ojos. Si se logra enfrentarse cara a cara porque Yuki-onna aparece, desaparece, se confunde con la nieve, con las nubes, con las ventiscas. El humano la sigue, la persigue. Cree que la atrapado, que la puede besar y al pronto solo tiene escarcha en sus manos. Se vuelve loco por tanta belleza hasta que se olvida del camino, cae por un precipicio o abatido en el frío. Es así como Yuki-onna se va alimentando de los corazones convertidos en hielo.

Hay quienes tienen más suerte y Yuki-onna muestra un cierto apego por ellos y esta Reina de las Nieves (la más enigmática de todos los seres míticos de Japón) lo ayuda a encontrar el camino perdido.  La fría vengadora se conmueve ante los corazones cálidos, fuertes y valientes permitiendo que salgan de la montaña. Sin embargo, solo a partir de la era Meiji (que comienza en 1868) Yuki-onna demostró esta faceta. Con anterioridad era una figura despiadada.

De entre todos los seres mitológicos es uno de los que más popularidad tiene y lo encontramos en relatos de todo tipo, incluso de occidentales como el de Lafcadio Hearn, recogido en su volumen de 1904 Kwaidan. Narraciones y estudios de hechos curiosos del Japón. También tiene notable éxito entre los creadores de manga y en el cine. Cito, por ejemplo, Los sueños de Akira Kurosawa (1990) o Kwaidan (1965) de Misaki Kobayasi. En los videojuegos  aparece en La Leyenda de Zelda para Nintendo, por poner solo un caso.

2.- Kitsuné, el zorro mensajero de los dioses

KitsuneAunque se confunde a veces con Inari, el dios de las cosechas en Japón, Kitsuné tiene su identidad propia. Su origen se encuentra en los seres mitológicos del panteón budista, ya que tiene parecidos con Dakinite, la cual es una bodhisattva (iluminada) femenina que lleva como mascota un zorro.  Sin embargo, el zorro ha aparecido en la cultura japonesa como símbolo de la transgresión, de lo prohibido y, también de los seres que se atreven a cruzar las fronteras; esto es, a ir de un mundo a otro. 

Kitsuné aparece en los días de niebla o cuando hay lluvia, en los atardeceres de otoño y primavera. Hay que tener cuidado con las zonas pantanosas o los márgenes de los ríos porque el astuto Kitsuné es peligroso y te puede llevar a terrenos nos deseados. Es uno de los seres mitológicos que se aparecen a aquellos que se atreven a poner en cuestión el orden establecido. Los que inician su propio camino de búsqueda, al margen de la sociedad, necesitan la protección de Kitsuné.

De todos los seres míticos de la cultura japonesa es uno de los que más aparecen en estatuas y dibujos, ya que ponen en alerta a los fieles sobre la peligrosidad de embarcarse en caminos pocos hollados.

 

3.- El invisible Inari, el dios de las cosechas de Japón

inariEs el protector del arroz, de los caminos, de los mercaderes, de los que tienen que recorrer distancias. Es también el responsable de la fertilidad, el que pone de acuerdo al resto de los seres míticos para que haya prosperidad. Es un ente invisible, de muy difícil representación que no se sabe si pertenece al panteón budista, sintoísta o del Tao. Por si acaso, se le reza y se le pide protección porque, a pesar de que es benefactor, también hace de las suyas.  Es una entidad animista muy unida a los genios locales y familiares. Su nombre significa “semilla, arroz, sagrado” .  Pertenece a los seres mitológicos calificados como kami. Es como una especie de dios vacío que se adopta desde niño al que se acude para solicitar todo tipo de dones.

Es originario de Kyoto, de las montañas de los tres picos (Toyokawa). Es inclasificable y escurridizo. Por eso, no se debe enfadar. A veces, se vale de los zorros, de Kitsuné, para hacer llegar sus mensajes a los hombres. En la cultura japonesa se recurre a Inari para pedir prosperidad económica.

4.- Los tengu, los duendes de la cultura japonesa

En Japón, existe desde antiguo una costumbre que consiste en escalar una montaña no solo por el mero placer deportivo, sino también, como ejercicio de iniciación. El rito, necesario para ejercer como sacerdote local, es conocido con el nombre de shugendô y entraña peligros diversos. 

seres mitologicosA los inherentes del lugar (frío, falta de aire, nieve, tormentas, aludes, escasez de provisiones y cansancio) se une la presencia de Yuki-onna y de los tengu, una especie de duendecillos que complican aún más, si cabe, el ascenso. Los tengu, además, no residen exclusivamente en las montañas, ya que, como los duendes occidentales, habitan en todos los rincones posibles. 

Tienen facilidad para el enfado y la cólera. En cualquier momento puede entender que el mortal está invadiendo su territorio y se valdrá de mil argucias para confundirlo, aterrarlo y hacer que tenga una accidente. Por eso hay que ser precavidos cuando se suben montañas o se adentra en espacios conocidos, aunque los tengus también hacen trastadas en el ámbito doméstico.

Tienen el don de la invisibilidad, la fortaleza para mover piedras, la liviandad para poder volar, desaparecen y aparecen en un instante. Confunden con sus risas. Se transforman en animales salvajes o en seductoras figuras femeninas.

Son seres mitológicos pero no son kami. Así que no se les reza. Son demonios con los que se negocian favores o, en último extremo que no hagan mucho daño al común de los mortales. Aparecen en las montañas, por supuesto, pero también en otros emplazamientos llegando a ser personajes imprescindibles de la cultura japonesa. Son demonios burlones propensos a la burla y confundir a los mortales. Estos seres mitológicos son también frecuentes en el teatro Nô de Japón y se representan con las máscaras de un intenso color rojo (que señalan la ira) y con una enorme nariz (como Pinocho, aluden a la mentira o  la confusión).

5.- El oni, representación de todo lo malo que hay en el ser humano

OniEl oni japonés es el correlato oriental de los ogros de Occidente, aunque su personalidad es de una complejidad más aterradora. Cuando aparece en escritos y esculturas lleva un pelo largo muy revuelto, enormes dientes abiertos que le otorgan un aspecto brutal, garras terminadas en uñas afiladas, la piel de un tono rojo, morado o azul brillante y, para rematar, siempre luce unos cuernos retorcidos. Semidesnudo, no se separa de su garrote de hierro dispuesto a multiplicar su fuerza con ese instrumento. 

Su hábitat natural son las profundidades del averno de donde sale para atemorizar a todo mortal que se ponga en su camino. Por eso, se les atribuye casi todos los males que sobre el planeta Tierra hay, desde desastres naturales hasta disturbios sociales. En el Ise Monogatari o Romance de Ise (siglo X) y el Heike monogatari (Romance de Heike) se les representa como caníbal y con la posibilidad de transformarse en prácticamente cualquier cosa.

Se le identifica con lo que está fuera del sistema, lo que amenaza para pervertir, con el enemigo, con el manipulador. Se reviste, a veces, de impronta sexual. Es, en definitiva, el símbolo de los monstruos interiores. Es el demonio de aquellos que se dejan seducir por el lado instintivo, fácil, carnal, peligroso, problemático y destructor.

Es seductor pero no como Yuki-onna. Es más brutal y, se va empapando de todo lo malo de la sociedad. Así, de todos los seres míticos de la cultura japonesa, es el Oni el que cada vez más se va situando en el polo más negativo del hombre. Cada vez se le representa más brutal, sádico y aniquilador, mientras que, en siglos pasados, aún siendo negativo, mantenía un cierto aire de misterio. Al día de hoy es transparente en toda su maldad.

La figura del oni mediante esculturas es muy común en los exteriores japoneses. Actúa casi como advertencia, de manera aleccionadora de los peligros de resbalarse por el lado oscuro del alma.

Si viajas por Japón veras estos seres mitológicos representados de mil maneras distintas.

Por Candela Vizcaíno

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