10 retos de las mujeres emprendedoras o empresarias en el siglo XXI

Emprendedoras

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© Candela Vizcaíno

 

Detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer. Verdad como un templo. Detrás de una mujer normalmente nunca hay nadie (sí una familia de origen con un código de valores potente). No sabemos si es grande por eso o es el precio a pagar por separarse de la media. Historias hay entre mujeres emprendedoras que no pueden calificarse siquiera como de éxito ya que me atrevo a decir que alcanzan, incluso, la calificación de heroicidad. ¿Quién no conoce casos que han logrado salir adelante con un pequeño, medio o gran negocio después de sufrir lo indecible con apoyos mínimos o nulos?

Si ya es difícil para un emprendedor (hombre) sacar adelante una idea en un país como España donde hay que ponerse a buscar financiación para tasas, impuestos y licencias antes de empezar, una mujer está mayormente condicionada. Hay pocas emprendedoras y empresarias pero la razón es que el camino es demasiado tortuoso. Los retos son múltiples y los escollos, a veces, insalvables. Comencemos:

1.- Machismo. No me voy a poner a hacer un alegato feminista. No es mi estilo ni nada tengo contra los hombres ni contra nadie así en abstracto. Trabajo muy a gusto con hombres y tengo buenos amigos varones desde hace décadas. Eso no quita para que no tenga en cuenta los datos (y muchas confidencias de todo tipo) sobre el avance del machismo en la España del siglo XXI. Y no me refiero a las abrumadoras cifras de violencia de género sino al alarmante avance de los prejuicios, estereotipos e ideas machistas. No son pocos los que veladamente (porque está mal visto en ciertos círculos) o sin ningún pudor esperan de la mujer (en cualquier ámbito) un papel de sumisión que es incompatible con el espíritu casi indomable de algunas emprendedoras. 

2.- Por eso, y entramos en el segundo punto, no nos cansamos de repetir que aún queda mucho por hacer en materia educativa. Ponemos como ejemplo, por citar solo un caso, los cuentos de princesas clásicos donde las protagonistas, a pesar de serlo, tienen una actitud pasiva. Con este sustrato cultural no estamos formando (ni de lejos) a nuestros hijas para los retos que requiere una empresa. En este ámbito, como el del machismo (en todos los aspectos) y el afán de las emprendedoras no son compatibles. Y esto solo es un hilo, un dato, un ejemplo. Detrás tenemos toda una cultura televisiva, mítica o social que no invita a formar mujeres valientes y decidas a formar empresas.

En España aún hoy, con la mujer en la calle y formadas en casi todas las profesiones, aún se espera de nosotras si acaso un papel auxiliar, de segundas o terceras a bordo. Hemos llegado a ganar el sustento (lo cual no es poco) pero rara vez como jefas, guías o fundadoras de compañías.

La educación es siempre compleja y tiene múltiples aristas. Aunque se nos quiera hacer creer que fuimos instruidos para la libertad, en verdad pocos individuos (hombres y mujeres) alcanzan esa dicha. Vivimos en sociedad y hay unos patrones subyacentes que no nos podemos sacudir del todo. Y uno de ellos es que mujeres en soledad no pueden ser emprendedoras con sus propias ideas. Si va acompañada (de un varón) se admite con más facilidad. De la otra manera, nos convertimos en huesos difíciles de roer, en personas complicadas a la hora de encasillar. Y es así porque existe la idea de que el riesgo es cosa de hombres y la mujer es mejor que busque trabajo por cuenta ajena. Hasta aquí hemos llegado, verano de 2016.

3.- También hay que tener en mente el mecanismo de los procesos psicológicos inconscientes. No nos damos cuenta, pero el ser humano actúa más movido por los dictados del inconsciente que de la conciencia. Y con eso no quiero decir que estemos reprimidos sexual o vitalmente al modo Freud. ¡Ni mucho menos! Simplemente que nos movemos por “razones” que desconocemos a nivel consciente. Son pocos, por ejemplo, los que saben del significado de los sueños, una de las guías básicas para moverse por el lado oscuro del espíritu. Con esto me estoy refiriendo a nuestro estar con nosotros mismos (de manera egocéntrica) sino también en relación con las cosas del mundo y de las personas.

4.- Con estas cuantas ideas que te dejo expuestas no hace falta que te diga que el entorno social es totalmente desfavorable. La idea generalizada es que las emprendedoras deberían estar en casa con un trabajo con horarios normales, vacaciones normales y vida normal contribuyendo a un hogar feliz. Si un hombre hace lo mismo está peleando por toda su familia. A veces, hasta por el clan. En el caso de una mujer lo mismo es tildada de ilusa, soñadora, loca y, si me apuras, hasta egoísta.

5.- La conciliación familiar, por tanto, a nivel de los hijos o de la pareja se vuelve difícil. Porque las emprendedoras (como los emprendedores también) en sus inicios, al menos, tienen que volcar gran cantidad de energía en los proyectos. Eso se traduce en horas, trabajo hasta la madrugada, sin fines de semana, sin vacaciones y con un caos en la agenda. El corretear de un lado para otro con los niños y sus actividades extraescolares es incompatible, casi, con el espíritu de las emprendedoras. A un hombre, a nivel social, se le perdona, como normal general. Para una mujer es más difícil. Tiene que hacer un trabajo de comunicación adicional que lleva a muchas plantearse si merece la pena. ¿Nunca has pensado por qué gran parte de la mujer de éxito tanto en lo profesional como en lo empresarial son solteras? Los hombres encuentran apoyo en casa. Las mujeres un problema más. Y lo digo a sabiendas que alguno habrá que me va a contestar  y hasta “malamente”.

6.- Otro escollo más es la vida social al margen de los negocios. No hemos sido educadas para eso: para viajar solas, para reuniones en cafés o restaurantes o ponerse a negociar ante una mesa sin la preocupación de quién bañará los niños esta noche. Y ahora no voy a poner aquí a las calificaciones que se arriesgan ciertas emprendedoras (sobre todo si se mueven en niveles culturales bajos aunque ellas sean eminencias) si se atreven a medio llevar esa vida social como si fueran (subrayo y anoto) hombres.

7.- Lo anterior dificulta, por ejemplo, aún más el acceso a los créditos o a una financiación adecuada. Una mujer sentada ante un bancario explicando su proyecto emite unas connotaciones distintas a la de su homólogo varón. En la misma situación él será calificado como atrevido, potente e ingenioso mientras que ella será la ilusa con muchos pájaros en la cabeza a la que se puede engañar fácilmente. ¡Y así lo intentará y, en ocasiones, hasta lo conseguirá! Gran parte de lo que somos viene de lo que proyectamos o los que lo otros interpretan que proyectamos.

8.-  Todo esto genera grandes dificultades para despegar por falta de apoyos. Grandes ideas o buenas propuestas se quedan en el tintero, aparcadas u olvidadas por ausencia no ya del más mínimo empujón sino de múltiples impedimentos que se ponen en el camino, los cuales en el caso de la mujer son de más envergadura. El emprendimiento en España es duro para todos (por trabas burocráticas, falta de sustrato cultural o mínima financiación ajena a los bancos), pero cuando se trata de una mujer esta dificultad se multiplica exponencialmente. No tenemos una base a la que se pueda acudir para recibir formación específica, consejo que no sea interesado y, aunque nos duela, tampoco hay una cantidad importante de modelos en los que mirarnos. Las emprendedoras del pasado que hoy están a punto de jubilarse comenzaron, la inmensa mayoría, con negocios muy pequeños. La más de las veces se trata de una actividad que no puede reproducirse hoy en día por el cambio radical en la economía con la era de Internet.

Y ya que estamos con las posibilidades online, aunque hoy estoy hablando de los retos, creo que es aquí donde buena parte de las mujeres que queremos convertirnos en eso (emprendedoras o empresarias) tenemos un hueco más que bueno. Y eso para otro día. La inmaterialidad de la red permite realizar tareas a distancia, a destajo y de una manera discreta que nos puede posibilitar abrirnos muchos caminos hasta hace nada casi vedados.

9.-  Y si comenzar es difícil, aún más complicado es seguir en la lucha. El esfuerzo inicial es de tal envergadura y los retos tan complicados de manejar en su día a día que son muchas las que se plantean que no merece la pena. Estamos hablando de horas, de días, de meses, de vida. Cuando el proyecto es ilusionante o es lo que siempre se había soñado (tal cual es mi caso) es más fácil no sucumbir al desaliento. Por eso la motivación en el caso de las mujeres emprendedoras tiene que ser el doble o el triple que el de los hombres: para no abandonar cuando ya se ha comenzado o el proyecto está en sus inicios. Una vez que todo marcha (si se llega a ese punto) es más fácil despegar el pie del pedal y disfrutar del paisaje.

Porque, aquí no he mencionado en ningún momento la palabra fracaso. Eso no existe. Si se empieza el camino es para vadear las dificultades hasta alcanzar la meta aunque solo sea con la punta de los dedos. Una vez allí hay que permanecer. La mujer, sobre todo en España, vive la no consecución de un negocio como un fracaso vital y no como una oportunidad para seguir adelante. Bueno… las fuerzas son las que son y la financiación también.  

10.-  El miedo al fracaso y a la soledad más absoluta también es un escollo espiritual al que deben someterse todas las féminas que se empeñan en esto de emprendimiento. Pocas hay que han tenido una nueva oportunidad. Esos temas (a decir de su entorno con tanta fuerza que llegamos a hacerlo nuestro) hay que olvidarlos y seguir por los caminos convencionales.

Muy salvaje tiene que tener el corazón una mujer en España para que se atreva a hacer ciertas cosas aún pudiéndolas hacer por ley y derecho. Eso sí, la que lo consigue logra hacer casi una obra de arte tanto con su proyecto como con su vida. Esos ejemplos (que un día traeré) son los que no deben servir de guía a todas las demás para meternos o no abandonar el apasionante camino de crear una empresa. 

Por Candela Vizcaíno

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