Ultraísmo literario | características, autores y revistas

El ultraísmo

El ultraísmo

Candela Vizcaíno

 

El ultraísmo literario nace en España en la década de los veinte del siglo XX y muy pronto se expandió por Argentina y Chile. Fue un movimiento fugaz que intentó dar respuestas a las bulliciosas vanguardias europeas: surrealismo, dadaísmo, futurismo… Y se alza en respuesta contra el que, por entonces, era un decadente modernismo

Características del ultraísmo literario 

1.- Fue un movimiento eminentemente poético que apenas tuvo repercusión en las artes plásticas. 

2.- Se levantó como un modelo de renovación de las letras en concordancia con otras áreas artísticas, sociales e, incluso, políticas. No ocultan que son una amalgama de otros movimientos. Su lema era:  

“En nuestro credo cabrán todas las tendencias, sin distinción.”  

3.- Como el futurismo literario, se centran en temas relacionados con la vida moderna, con las grandes ciudades, con las máquinas, con la velocidad…

4.- En una búsqueda de esa modernidad a toda costa, innovan con la gramática eliminando signos de puntuación o rompiendo algunas reglas. 

5.- Las frases se destructuran y no siguen el orden sintáctico. 

6.- Por supuesto, se elimina la rima y no se sigue ningún tropo tradicional. Se apuesta por el verso libre. 

7.- Hay un gusto por la metáfora ingeniosa y por la imagen, a veces, chocante y siempre atrevida. 

8.- Se aprovechaba la disposición tipográfica adelantando los modelos de la poesía visual

9.- Como otros movimientos de vanguardias, las publicaciones se redujeron a los manifiestos y a las revistas. El manifiesto Ultra fue lanzado el 1918 por Rafael Cansino-Assens. Las revistas, como veremos a continuación, daban cabida a otras voces distintas al movimiento ya que el mismo tenía tan poco recorrido estilístico que había que hacerse con otros escritores y poetas. 

10.- En definitiva, estos artistas (avalados por el filósofo José Ortega y Gasset quien defendía la modernidad a toda costa) pretendían sacudirse de todas las capas literarias de la tradición. Las consideraban conservadoras, cuando no rancias, y completamente agotadas. Se adhirieron, por tanto, a una revolución artística que muy pronto demostró que no podía dejar de lado de forma radical una rica tradición literaria y estilística.  

Revistas del ultraísmo

La producción, como he anotado, se redujo a los manifiestos, a los escritos de intenciones y a revistas, que publicaban también poemas de otras líneas estilísticas. También fueron famosos sus encuentros o veladas literarias que, como en el caso del dadaísmo literario, tenían como objetivo principal el escándalo, aunque en España (tampoco en Latinoamérica) no se llegó al nivel de ruido de los europeos. Muy resumidamente tenemos:  

1.- Los Quijotes en Madrid entre 1915 y 1918. Fue la primera y la que abrió camino a las siguientes. 

2.- Grecia (1918-1920) en Sevilla. 

3.- Cervantes de Madrid a partir de la segunda época (1919). 

4.- Vltra en Madrid a partir de 1921, la de mayor calidad. Aquí publicaron Guillermo de la Torre o Jorge Luis Borges. 

5.- Tableros solo en el año 1921.

6.- Reflector en 1920.

7.- Horizonte, de 1922, se dio cuenta que había que admitir otros colaboradores e incluso recogió poemas de alguno de los autores de la Generación del 98 (la inmediatamente anterior), como el subjetivo y personal Antonio Machado. Aquí también publicaron Rafael Alberti, Federico García Lorca o Dámaso Alonso, con versos que seguían las primeras características de la Generación del 27. Como he anotado en otro estudio, estos escritores (los del 27) muy pronto abandonaron las torres de marfil de la poesía pura por otro estilismo más comprometido con una realidad que se iría volviendo más cruel conforme se adentraba en la década de los treinta. 

8.- Plural durante 1925. 

9.- Alfar en el año 1921. 

10.- La Gaceta Literaria, en 1927 cuando ya otros modelos se imponían en literatura. 

11.- También pueden considerarse que pertenecen al ultraísmo literario la argentina Prisma (1921-1922) y la primera época de Proa (1922-1923). 

El movimiento, por tanto, duró unos cuantos años. Fue caótico y la pretendida renovación se fusionó muy pronto con otras voces que, de alguna manera u otra, recuperaron los modelos más tradicionales. El vanguardismo por sí mismo no creó grandes obras, aunque sí formaron parte del grupo grandes escritores del siglo XX. 

Autores del ultraísmo literario  

No tuvo ninguna figura señera ni liderazgo que creciera dentro del movimiento. Eso sí dentro de la estética se encuentran grandes nombres, no ya de la literatura en español, sino de la universal. 

Pertenecen:  

1.- Jorge Luis Borges, 1899-1986) fue quien llevó los postulados del movimiento a Argentina. 

2.- Eugenio Montes (1900-1982), vinculado, como algunos autores del futurismo, a movimientos políticos de extrema derecha o claramente fascistas. 

3.- Guillermo de la Torre (1900-1971) es uno de los mayores representantes del ultraísmo que, posteriormente se adherirá a la Generación del 27. Sus trabajos se encuentran en prácticamente todas las revistas de vanguardia de la época. Tuvo relación con Ramón Gómez de la Serna a través del Café Pombo y contactos con el poeta chileno del creacionismo Vicente Huidobro (1893-1948). Destaca también sus trabajos como erudito y crítico literario. 

4.- Juan Larrea (1895-1980), nacido en España y muerto en el exilio argentino, es considerado (en palabras de Max Aub) como el “más puro exponente de los ismos en España.” 

5.- Ramón Gómez de la Serna (1888-1963) realizó un trabajo totalmente original, a pesar de agrupar a artistas e intelectuales de todo tipo alrededor del madrileño café Pombo. Se revela contra el simbolismo. Su personalidad exuberante en extremo hace que sea difícil el encaje en movimiento alguno, aunque comenzara en el ultraísmo. 

6.- Juan Ramón Jiménez (1881-1958) también comenzó en el movimiento. Efectivamente, un tanto de lo mismo sucede con el Nobel andaluz, aunque su poesía tenga otro cariz. La defensa y el trabajo en la poesía pura lo llevó a ser el primer gran maestro (junto con el poeta del Barroco Luis de Góngora) para los poetas de la Generación del 27. Y, aunque defendió el ultraísmo en un principio, sus mejores trabajos responden a las características de un mística entendida de manera extremadamente personal. 

10.- Rafael Cansinos-Assens (1882-1964) fue uno de los más activos del movimiento. Publicó el ya mencionado manifiesto y promovió revistas. A la par, también realizó importantes labores de crítica literaria. 

11.- Adriano del Valle (1895-1957) se movió por todas las estéticas de la época, ya que también se acercó a la Generación del 27 y al creacionismo de Huidobro. 

12.- Pedro Garfias (1901-1967). 

13.- Lucía Sánchez Saornil (1895-1970) compaginó sus labores de poeta con las de militante feminista de la extrema izquierda. Tras la Guerra Civil Española, se vio obligada a exiliarse aunque falleció en Valencia. Fue la la editora de la revista Mujeres Libres que estuvo en prensa (agotándose sus números) durante el conflicto armado. Llegó a firmar con un nombre masculino para evitar las censuras y prejuicios por razón de sexo. 

14.- Gerardo Diego (1896-1987) es uno de los grandes maestros de la poesía en español del siglo XX. Comenzó en el ultraísmo literario. Se adhirió también al creacionismo, aunque sus mejores obras pertenecen a otras estéticas. 

La idea de poesía desligada de los sentimientos tradicionales y con tintes revolucionarios cristalizó en la llamada poesía pura, cuyo mayor representante en español fue Juan Ramón Jiménez. Aunque el poeta andaluz se adhirió al ultraísmo literario en un primer momento, muy pronto abandonó estos postulados para cultivar una voz propia. El testigo fue recogido por los poetas de la Generación del 27 cuyas primeras obras sí estaban condicionadas por los movimientos de vanguardia, especialmente el ultraísmo y el surrealismo literario. Sin embargo, con los conflictos que desencadenaron en la Guerra Civil Española, los derroteros artísticos de estos escritores tomaron rumbos radicalmente diferentes abandonando para siempre todos los experimentos de vanguardia.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora por la Universidad de Sevilla

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