Renacimiento y humanismo

Renacimiento y humanismo

Renacimiento y humanismo

Candela Vizcaíno

 

En el siglo XV, procedente de Italia, surge un nuevo movimiento espiritual que ocupa todos los órdenes vitales. Durante las décadas centrales de este siglo se van dando pasos para salir de la cultura medieval y abonar los cimientos del Renacimiento y humanismo. Progresivamente, se van abandonado los preceptos sociales, económicos y de pensamiento que habían caracterizado los siglos anteriores para instalarse en un nuevo orden radicalmente diferente. Este impulso se extiende por toda Europa dando un vuelco a la cosmovisión imperante. Lo vemos detalladamente a continuación. 

Transformaciones desde la Edad Media hasta el Renacimiento  

1.- Poco a poco y paso a paso, se abandona la vida del campo en torno a los señores feudales y sus castillos. Paralelamente, las ciudades van creciendo tanto en número de habitantes como en riqueza disponible. Una pujante burguesía se dedica a negocios mundanos (desligados de la visión cristiana agrícola-ganadera) generando nuevos oficios de artesanos o de incipientes artes liberales. La tierra deja de ser la principal fuente de riqueza y se abren nuevas vías comerciales.

2.- Estas transformaciones económicas son protagonizadas por una burguesía que demanda una formación espiritual distinta centrada en el aquí y el ahora, en un goce de vivir desconocido en la Edad Media. Este espíritu positivo (que se retoma, eso sí de otra forma, a finales del siglo XIX con el desarrollo capitalista) no ve ya pecado en la riqueza y en el disfrute de los bienes terrenales. Así, esta nueva burguesía va colonizando el pensamiento y Dios (sin abandonar el espíritu cristiano) deja de ser el centro de la actividad. Ahora se exalta todo lo humano y esta secularización trae también un gusto por lo mundano. Y en este cajón entran múltiples facetas vitales: desde el arte hasta la contemplación o el disfrute de la belleza de la naturaleza.  

3.- Todos los cambios (incluido el cisma religioso protestante que veremos a continuación) no hubieran sido posible sin la aparición y la propagación de la imprenta de Guttenberg (1400-1468). Efectivamente, a finales del siglo XV prácticamente todas las ciudades de importancia de Europa disponen de una con lo que supone de comunicación de nuevas ideas entre un público cada vez más instruido. A la par, proliferan los estudios que, al estilo de los realizados por Francesco Petrarca (1304-1374), recogen los textos de la literatura griega o latina que estaban escondidos en los monasterios y sus manuscritos libros medievales. Se hacen, además, estudios filológicos, y se traducen a las lenguas vernáculas obras de la cultura clásica pagana. Por último, se imprimen en ediciones manejables (como las exquisitas de Aldo Manuzio) que se distribuyen en las emergentes universidades que iban surgiendo por todo el territorio europeo. Todo ello va abonando un estado de opinión impensable un siglo antes cuando el conocimiento estaba recluido en los scriptoria de los monasterios. 

4.- Estos cambios económicos, sociales y culturales inciden, además, en la política en el Renacimiento. Los señores feudales van perdiendo un poder que acaba y se concentra en manos de reyes. Estos poderosos monarcas sustentan las nuevas naciones europeas que se reconocen por medio de las emergentes lenguas vernáculas. Además, la concentración de riquezas propician emprendimientos de ambición sin los que no se pueden entender los descubrimientos de nuevas tierras a ojos europeos (América en 1492 por poner el caso de mayor importancia) y los primeros avances científicos. En este sentido, hay que anotar que, por primera vez en la historia, se estudia el cuerpo humano. 

El humanismo y la espiritualidad renacentista 

1.- El centro del universo es la raza humana 

La vida deja de ser un mero paso y un valle de lágrimas. Hay felicidad en acercarse y dedicarse a actividades mundanas que crean riqueza y bienestar. Sin abandonar el cristianismo, la Iglesia va perdiendo progresivamente poder y es cada vez menor su implicación en la vida civil. Se acepta que la raza humana tiene dos naturalezas: una material y otra espiritual. No es necesario sofocar los goces del cuerpo para alcanzar la paz del alma. Dios inunda cada rincón de la naturaleza y la contemplación de estas maravillas es una manera de acercarse a lo sagrado. Paralelamente, van perdiendo fuerza los ritos y las amenazas con las penas del infierno por dedicarse al progreso material o económico. 

2.- Se produce un retorno de la cultura clásica

Con la publicación de una ingente cantidad de libros en un número antes desconocido para la humanidad, se vuelve la mirada hacia la cultura clásica olvidándose las alegorías medievales. Es más, el arte se transforma radicalmente llenándose de mitos paganos, de desnudos, de poemas que cantan al amor platónico y se sigue el gusto por el orden y la elegancia.  

3.- El humanismo entiende la vida como goce 

El Renacimiento supone el abandono de la oscuridad en la que había estado inmersa la Edad Media. Los nuevos descubrimientos geográficos y el avance del conocimiento cimientan los estudios de humanidades alrededor de las lenguas vernáculas y de las incipientes universidades. Un sentimiento de confianza inunda todas las actividades vitales y, por primera vez en muchos siglos, el orden racional se impone en la sociedad. El espíritu crítico alcanza, incluso, la hasta entonces todopoderosa Iglesia. El erasmismo, primero, y luego el cisma de Lutero hacen saltar por los aires el dogmatismo religioso. Estos amagos de libertad se unen a un incipiente hedonismo. 

4.- La belleza es la manifestación divina 

La búsqueda de lo bueno, por tanto, ya no se considera pecado. Lo bello es considerado como la manifestación de Dios en la tierra y esta llega de múltiples maneras. Se afianza un gusto por disfrutar de la naturaleza, de los jardines, del arte, de la música, de la literatura, de la moda…. Las nuevas riquezas, además, se invierten, en parte, en el mecenazgo artístico que propicia que los buenos se hagan mejores y/o universales. Buena prueba de ello son Leonardo da Vinci o Miguel Ángel. 

Renacimiento y humanismo frente a las reformas religiosas 

Resumiendo mucho, no podemos entender el espíritu humanista del Renacimiento sin las críticas a la ortodoxia de la Iglesia tradicional. Los estudios clásicos y las investigaciones filológicas propician la reforma de la anquilosada iglesia de Roma. Se le achaca por parte de los reformadores que su manera de afrontar la lectura de las Sagradas Escrituras se aparta del espíritu fresco e inicial del Cristianismo propiciando la ignorancia y las supersticiones. Se critica el recurso manido y medieval de las penas del infierno y se propone una reinterpretación del Nuevo Testamento desde la perspectiva del humanismo.  

Sin el avance de la imprenta los escritos de Martín Lutero (1483-1546)  y su reforma protestante no hubieran tenido cabida. El afán de progreso llega a los cimientos mismos del Cristianismo proponiendo una lectura individual y personal del mensaje de Cristo. Ni que decir tiene que estas ideas hicieron mella en la Iglesia que vio como se tambaleaba su poder sobra una población progresivamente alfabetizada a la que le llegaban noticias de nuevas tierras y gentes desconocidas.  

El luteranismo, como es sabido, opone a la autoridad espiritual de Roma una religiosidad individualista basada en el “libre examen”. Ello es consecuencia del espíritu de independencia y del sentido crítico antes mencionado; de tal modo, el protestantismo ha podido ser considerado como una espiritualidad de raíz burguesa.  

Max Weber 

Si bien el Renacimiento supuso centrarse en el humanismo, la curia eclesial apoyada por los sectores recalcitrantes de la aristocracia, convocó el Concilio de Trento (1545-1563) dando lugar a la llamada Contrarreforma que, en España, fue de tal importancia que es fundamental a la hora de entender el devenir de los acontecimientos históricos posteriores. 

Se relega el latín como lengua de cultura universal en favor de unas lenguas vernáculas que van copando lentamente todas las esferas de poder y la literatura. Se traduce la Biblia a las lenguas romances y, por tanto, la palabra sagrada llega directamente a un público más amplio al que se le permite una interpretación ajena a los dogmas estrictos de la Iglesia. Ese individualismo abona el hedonismo, el individualismo y la mentalidad burguesa centrada en el progreso. El humanismo, además, busca la virtud más allá del seguimiento de los preceptos bíblicos y considera los negocios humanos como algo loable y positivo. Entran, por tanto, en juego los afanes de libertad y de justicia. 

El neoplatonismo como fuente del humanismo renacentista

Paralelamente, en las artes se busca una idealización y una elegancia alrededor de las cosas humanas que bebe de la cultura pagana.  El orden, la claridad y la razón guían todas las actividades y se mira hacia la filosofía de Platón. Bajo el prisma del neoplatonismo se deja de lado el mundo como representación que encontramos en los múltiples ejemplos de alegorías medievales para adentrarse en otra concepción. Ahora, Dios es belleza y se accede a la esencia divina a través de la contemplación de las joyas del alma y de la naturaleza. Todo ello derivará, por poner un ejemplo, en las manifestaciones de la mística que tan buenos frutos cosechó el Renacimiento en España

Y, por último, la situación en la corona de Castilla (ya unida con Aragón y anexados los reinos de Granada) fue distinta a la europea. El hecho de que fuera protagonista del descubrimiento de nuevas tierras (Canarias, América…) y el erigirse en el eje de la Contrarreforma frenaron el avance material que proponía el humanismo. Todo esto se afianzó con la expulsión de los judíos, primero, y de los últimos moriscos, después ya en el reinado de Felipe II. Los trabajos que estos realizaban (artesanía o artes liberarles) eran considerados como mal vistos por una hidalguía más afanada en la pureza de sangre que en el progreso. Con estos prejuicios de casta, de raza y de religión se ponen las semillas para la decadencia que comienza en el Barroco español y que no acabará hasta prácticamente mediados del siglo XX. Mientras tanto, el Renacimiento y la huella del humanismo en el resto de Europa iría germinando y fomentando (en líneas generales que todo esto hay que matizarlo) sociedades más afines al gusto por la razón y el espíritu crítico.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora por la Universidad de Sevilla

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