Poemas de Constantino Cavafis

Poemas de Constantino Cavafis

Poemas de Constantino Cavafis

Candela Vizcaíno

 

 

Desde las nueve, uno de los poemas de Cavafis que trata el Carpe diem 

 

Las doce y media. Rápido ha pasado el tiempo 

desde las nueve en que encendí la lámpara

y me senté aquí. Sentado sin leer, 

y sin hablar. Con quién hablar 

tan solo como estoy en esta casa. 

 

La imagen de mi cuerpo joven,

desde las nueve en que encendí la lámpara, 

ha venido a mi encuentro y me ha recordado 

cerradas estancias perfumadas

y el placer ya pasado   -¡qué placer más audaz!- 

Y me trajo también ante mis ojos,

calles que ahora se han vuelto irreconocibles, 

locales llenos de movimiento que su fin han visto, 

y teatros y cafés que existieron un día. 

 

La imagen de mi cuerpo joven 

ha venido a traerme también las cosas tristes: 

lutos de familia, separaciones, 

sentimientos de los míos, sentimientos 

de los muertos tan poco valorados. 

 

Las doce y media. Cómo ha pasado el tiempo. 

Las doce y media. Cómo han pasado los años. 

 

 

El plazo de Nerón

 

No se inquietó Nerón cuando escuchó 

la predicción del Oráculo de Delfos.

“Que tema los setenta y tres años.”

Tenía tiempo para gozar aún. 

Treinta años tiene. Muy suficiente

es el plazo que el dios le da 

para velar por futuros peligros. 

 

Ahora a Roma regresará un poco cansado, 

pero deliciosamente cansado de este viaje, 

que ha sido pleno de días de placer -

en los teatros, en los jardines, en los gimnasios…

Y las tardes de las ciudades de Acaya…

Ah, el placer de los cuerpos desnudos, sobre todo… 

 

Así piensa Nerón. Y en Hispania Galba

en secreto reúne su ejército y lo adiestra, 

un anciano de setenta y tres años. 

 

Un viejo 

 

En la parte interior de un café bullicioso, 

inclinado sobre la mesa, está sentado un viejo; 

con un periódico delante, sin compañía. 

 

Y en el desdén de la vejez toda miserias

piensa en lo poco que gozó los años

en que tuvo vigor, verbo, y belleza. 

 

Sabe que ha envejecido mucho; lo siente, lo está viendo. 

Y sin embargo el tiempo en que fue joven le parece

como si fuera ayer. Qué breve lapso, qué breve lapso. 

 

Y piensa en cómo la Cordura le ha engañado; 

y cómo se fiaba siempre de ella -¡qué locura!-,

de la mentirosa que decía: “Mañana. Tienes mucho tiempo”. 

 

Recuerda impulsos que reprimía; y cuánta 

dicha sacrificaba. De su descerebrada sensatez

cada ocasión perdida ahora se burla. 

 

… Mas de tanto pensar y recordar

se ha mareado el viejo. Y se adormece

reclinado en la mesa del café. 

  

Esperando a los bárbaros, uno de los poemas de Cavafis que tratan “el otro” 

 

-¿A qué esperamos congregados en la plaza? 

 

            Es que hoy llegan los bárbaros. 

 

-¿Por qué hay tan poca actividad en el Senado?

¿Por qué los senadores -sentados- no legislan?

 

            Porque hoy llegan los bárbaros. 

            ¿Qué leyes dictarían ya los senadores? 

            Cuando lleguen las dictarán los bárbaros. 

 

-¿Por qué el emperador se ha levantado tan temprano 

Y en la puerta principal de la ciudad está sentado tan solemne, en su trono, y coronado? 

 

             Porque hoy llegan los bárbaros. 

             Y nuestro emperador está esperando para

              recibir a su jefe. Incluso ha preparado 

              un pergamino para él. Y en él le ha conferido 

              nombramientos y títulos sin cuento. 

 

-¿Por qué nuestros dos cónsules y los pretores han salido hoy

con sus togas recamadas de púrpura? 

¿Por qué esos brazaletes de tantas amatistas

Y anillos de esmeraldas destellantes? 

¿Por qué empuñan bastones tan preciosos labrados

maravillosamente en oro y plata? 

 

              Porque hoy llegan los bárbaros, 

              y esas cosas deslumbran a los bárbaros. 

 

-¿Por qué los dignos oradores no vienen como siempre a lanzar

sus discursos, a soltar peroratas? 

 

               Porque hoy llegan los bárbaros, 

                y elocuencia y arengas les aburren. 

 

-¿Por qué surge de pronto esa inquietud

y confusión? (¡Qué gravedad la de esos rostros!)

¿Por qué rápidamente calles y plazas se vacían

y todos vuelven a casa pensativos? 

 

                 Porque ya ha anochecido y no llegan los bárbaros. 

                 y desde las fronteras han venido algunos 

                 diciéndonos que no existen más bárbaros. 

 

Y ahora ya sin bárbaros ¿qué será de nosotros? 

Esos hombres era una cierta solución. 

 

Murallas

 

Sin miramiento, sin pudor, sin lástima

altas y sólidas me han levantado en torno. 

 

Y ahora, heme aquí, quieto y desesperándome.

No pienso en otra cosa: este destino me devora el alma. 

 

porque yo muchas cosas tenía que hacer fuera. 

¡Ay, cuando levantaban las murallas, cómo no me di cuenta! 

 

Pero nunca oír ruido ni voces de albañiles. 

Imperceptiblemente me encerraron fuera del mundo. 

 

Idus de Marzo

 

Ten miedo a las grandezas, alma mía. 

Y  si tus ambiciones no las puedes

vencer, persíguelas con precauciones, 

vacilante. Y cuanto más avances, 

sé más escrutadora y vigilante. 

 

Y cuando, al fin, alcances tu apogeo, César, 

y adquieras la figura del hombre egregio, 

vigila sobre todo entonces, al salir a la calle, 

dominador insigne en tu cortejo, 

si por azar de entre la multitud se te acerca

un Artemidoro, que trae una carta, 

y dice apresuradamente: “Lee ahora mismo esto, 

son asuntos muy graves que te atañen”,

no dejes de pararte, no dejes de aplazar

ocupaciones y entrevistas, ni de apartar

a esos que al saludarte se prosternan

(los ves más tarde); que incluso espere

el mismísimo Senado. Y, al punto, entérate

del importante escrito de Artemidoro. 

 

El Dios abandona a Antonio, uno de los poemas de Cavafis más hermosos 

 

Cuando de pronto, a medianoche, se oiga 

un cortejo invisible que circula 

con músicas excelsas, con clamores -

de tu destino que se entrega, de tus obras

que fracasaron, de los proyectos de tu vida

que tan mal te salieron, no te lamentes en vano. 

Como dispuesto desde ha tiempo, como un valiente, 

dile adiós a ella, a la Alejandría que se va. 

Y sobre todo no te engañes, no digas

que fue un sueño, que fue un error de tus oídos;

nunca aceptes tan vanas esperanzas. 

como dispuesto desde ha tiempo, como un valiente, 

Como te va a ti que de ciudad tal has sido digno, 

acércate con entereza a la ventana, 

y oye con emoción, pero no 

con súplicas y quejas de cobarde, 

como un último goce los acordes, 

los excelsos instrumentos del misterioso cortejo, 

y dile adiós a ella, a la Alejandría que tú pierdes. 

  

Ítaca de Cavafis, un poema que ha alcanzado el canon universal 

 

Cuando salgas de viaje para Ítaca, 

desea que el camino sea largo, 

colmado de aventuras, colmado de experiencia. 

A los lestrigones y a los cíclopes, 

al irascible Posidón no temas,

pues nunca encuentros tales tendrás en tu camino, 

si tu pensamiento se mantiene alto, si una exquisita

emoción te toca cuerpo y alma. 

A los lestrigones y a los cíclopes, 

al fiero Posidón no encontrarás, 

a no ser que los lleves ya en tu alma, 

a no ser que tu alma los ponga en pie ante ti. 

 

Desea que el camino sea largo. 

Que sean muchas las mañanas estivales

en que -¡y con qué alegre placer!- 

entres en puertos que ves por vez primera. 

Deténte en los mercados fenicios

para adquirir sus bellas mercancías, 

madreperlas y nácares, ébanos y ámbares, 

y voluptuosos perfumes de todas las clases,

todos los voluptuosos perfumes que te sean posibles. 

Y vete a muchas ciudades de Egipto

y aprende, aprende de los sabios. 

 

Mantén siempre a Ítaca en tu mente. 

Llegar allí es tu destino. 

Pero no tengas la menor prisa en tu viaje. 

Es mejor que dure muchos años

y que viejo al fin arribes a la isla, 

rico por todas las ganancias de tu viaje, 

sin esperar que Ítaca te va a ofrecer riquezas. 

 

Ítaca te ha dado un viaje hermoso. 

Sin ella no te habrías puesto en marcha. 

Pero no tiene ya más que ofrecerte. 

 

Aunque la encuentres pobre, Ítaca de ti no se ha burlado. 

Convertido en tan sabio, y con tanta experiencia, 

ya habrás comprendido el significado de las Ítacas. 

 

 Dos poemas que nos hablan del espíritu y la belleza a través de las cosas

EL SOL DE LA TARDE

 

Este cuarto ¡qué bien me lo conozco!

Ahora lo alquilan, junto con el de al lado, 

para oficinas comerciales. Toda la casa

transformada en oficinas de intermediarios, 

y de comerciantes, en Compañías, 

 

¡Ay, este cuarto, qué familiar me es! 

 

Aquí, junto a la puerta estaba el sofá; 

delante de él la alfombra turca; 

cerca el estante con dos jarrones amarillos. 

A la derecha, no, enfrente un armario de luna. 

En el centro la mesa en que escribía; 

y tres sillas de paja, grandes. 

Y junto a la ventana aquella cama

en la que nos amamos tantas veces. 

 

En algún sitio estarán aún los pobres. 

 

Y junto a la ventana aquella cama; 

el sol de la tarde le daba sólo en la mitad.  

 

… Una tarde, a las cuatro, nos habíamos separado

por una semana solamente… ¡Ay!, 

la semana aquella ha sido para siempre. 

 

EL ESPEJO DE LA ENTRADA

 

La rica mansión tenía en la entrada

un espejo muy grande, muy antiguo; 

por lo menos hacía ochenta años comprado. 

 

Un muchacho bellísimo, empleado de un sastre

(los domingos, atleta aficionado), 

estaba allí del pie con un paquete. Lo entregó 

a alguien de la casa, que se lo llevó dentro 

para traerle el recibo. El empleado del sastre

se quedó solo, y aguardaba. 

Se acercó al espejo y se estuvo mirando

y se arreglaba la corbata. A los cinco minutos 

le trajeron el recibo. Lo cogió y se fue. 

 

Pero el espejo antiguo que había visto y visto, 

en su existencia de tantísimos años, 

miles de cosas y de rostros; 

pero el espejo antiguo ahora se alegraba, 

y se enorgullecía de haber acogido sobre sí

por unos instantes la armoniosa belleza. 

 

A Amones, el poema de Constantino Cavafis que nos habla en la belleza física y artística clásicas

 

A AMONES,

QUE MURIÓ A LOS 29 AÑOS, EN EL 610 

 

Te piden, Rafael, que unos versos compongas

como epitafio del poeta Amones. 

Algo con mucha sensibilidad y fino. Tú podrás

-eres el indicado- escribir, como procede, 

sobre el poeta Amones, uno de los nuestros. 

 

Seguro que hablarás de sus poemas -

pero habla también de su belleza, 

de su delicada belleza que amamos. 

 

Hermoso y musical siempre es tu griego. 

Pero ahora queremos toda tu maestría. 

Nuestro dolor y amor pasan a una lengua extranjera. 

En la lengua extranjera vierte tu sensibilidad egipcia. 

 

Y que tus versos, Rafael, se escriban de tal forma

que, ya sabes, nuestra vida en su interior contengan, 

Y que su ritmo y cada frase muestren 

que de un alejandrino escribe alguien de Alejandría. 

 

Selección por Candela Vizcaíno 

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