El poeta Nezahualcóyotl de la literatura náhuatl

Nezahualcóyotl

Nezahualcóyotl

©Candela Vizcaíno

 

Es el gran poeta rey de la civilización náhuatl y es quien rompe todos los moldes que conforman las características de la literatura precolombina: anonimato, temas míticos y volcados hacia la colectividad, oralidad y mestizaje. Ninguno de estos aspectos aplican para Nezahualcóyotl (1402-1472) cuyos poemas sobre el tiempo vital, la fugacidad de la vida y la imposibilidad de perennidad rompen todos los moldes de las fórmulas artísticas recogidas en los libros y códices aztecas en lengua náhuatl. Y para muestra un botón:  

Vivimos en tierra prestada. 

Aquí, nosotros, los hombres. 

Allí donde están los sin cuerpo. 

Allí está nuestra casa. 

Solo un breve espacio de tiempo. 

Es el que separa el aquí y el allá.  

¿Quién fue el rey poeta Nezahualcóyotl?  

Nació siendo príncipe en 1402, en Texcoco. Fue educado en palacio siguiendo los preceptos de la cultura tolteca. Exiliado, volvió gracias al apoyo de los mexicas ocupando el trono en 1431, con 29 años. En los 40 años siguientes realizó una labor de engrandecimiento de su reino construyendo templos, palacios y obras de ingeniería para la canalización del agua. Paralelamente, elaboró leyes y llevó la cultura náhuatl a cotas de inusitado esplendor. Tras su muerte, en 1472, su fama pervivió y parte de su legado político y artístico se recogió por los cronistas hispanos. 

La literatura náhuatl de Nezahualcóyotl  

De su vasta obra solo han sobrevivido 36 poemas recogidos en el códice Cantares mexicanos. Sus temas principales se basan en la fugacidad de la vida, en la pequeñez del ser humano reducido a criatura en manos de lo que él denomina Dador de Vida, un dios que, en puridad, no pertenece al panteón azteca aunque, en sus obras, se muestre como el máximo regente de los destinos del universo. Contrariamente a las características de la literatura precolombina, asistimos a una lírica intimista, personal y dolida. En sus versos se transparentan un profundo miedo a lo desconocido, a la muerte, a la arbitrariedad de un dios poco o nada misericordioso con los seres humanos. Ante esta fragilidad, el único refugio es el arte, la creación que se esconde bajo la metáfora de la flor y el canto.  

En este sentido, su poesía es profundamente religiosa y permite ingresar al abigarrado mundo de la teología azteca tan distinta de la occidental. La idea misma de la divinidad es aplastante y llena de pavor el corazón de los hombres, pues su voluntad es implacable: no un ser providente sino una entidad arbitraria, de quien nadie puede sentirse protegido. El mundo del cielo y de la tierra están separados por un abismo de terror e incertidumbre que cabe llamar existencial. 

Jose Miguel Oviedo 

Esta cosmovisión desemboca en una poesía doliente y dolida que se apena por los pocos días en la tierra que se le permite a la raza humana. Nezahualcóyotl, en este sentido y al apartarse de los modos imperantes de su emplazamiento cultural, se erige en un poeta único, en el mayor representante de la literatura náhuatl y, por tanto, en una figura clave para entender el arte literario de este espacio y de esta época anterior a la llegada hispana. 

©Candela Vizcaíno 

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