Molière | biografía y obras más importantes

Biografía y obras de Molière

Biografía y obras de Molière

Candela Vizcaíno

 

Nacido como Jean-Baptiste Poquelin en 1622 en París, Molière no solo es uno de los grandes representantes del teatro clásico francés sino de la literatura universal de todos los tiempos. Aunque su familia (formada por prósperos artesanos que proveían a la casa del rey) le dio una esmerada educación y encaminó a nuestro protagonista hacia los negocios, este muy pronto escogió otros derroteros vitales. Y en ellos no entraban los libros de cuentas sino las mieles del arte. 

Biografía de Molière muy resumida 

Sus primeros contactos con el teatro fueron a edad temprana, ya que en el colegio de los jesuitas en el que estudió pudo leer a Plauto y a Terencio. Se decide por la profesión a los veinte años a pesar de la oposición de su familia que no podía entender cómo se renunciaba a una cómoda vida burguesa para dedicarse a una profesión al margen de la sociedad. Y en este último extremo hay que indicar que la iglesia francesa mantenía en la excomunión a todos a aquellos que, de una manera u otra, se dedicaban al teatro. Funda su primera compañía en 1643 (con tan solo 21 años) a la par que adopta el nombre de Molière. 

Anoto que el éxito no fue inmediato ya que sus primeras representaciones como actor no tuvieron el favor del público. A pesar de ello, nuestro protagonista no se achanta y sale fuera de la capital representando en pueblos y provincias. Esta etapa dura quince años. Este bagaje influirá positivamente en sus obras ya que entra en contacto con tipos y públicos de diferente carácter e índole que, de alguna manera u otra, serán futura inspiración para sus textos. Es en esta época, también, cuando se relaciona con las compañías nómadas al estilo de la commedia dell’arte. Aunque de ellas tomará el gusto por el enredo y las gracias fáciles, muy pronto supera estos modelos al crear personajes de fuerte carácter psicológico con personalidades muy definidas.  

En 1658 está de vuelta en París y en 1659 estrena con muy buena acogida Las preciosas ridículas. A este éxito le siguen muchos más, tantos que los ataques (debido a la envidia y a su humor cínico que no deja títere con cabeza) fueron constantes con intentos de boicot incluidos. Sin embargo, la buena suerte se posicionó del lado de Molière ya que el rey Luis XIV fue un gran aficionado al teatro que gustaba de las obras de nuestro escritor. No dudó en brindarle pública protección y generoso mecenazgo. Sin embargo, el artista no se conformó con realizar obras para el público aristocrático formado en literatura. Su afán era llegar al mayor número posible de espectadores sin importar clase social alguna.  

Después de estos primeros éxitos con las comedias ligeras, a partir de La escuela de las mujeres (1662), compone sus mejores obras, aquellas por las que ha pasado al canon: Tartufo, El misántropo, El avaro, Don Juan, El burgués gentilhombre…  

Muere en 1673 prácticamente sobre el escenario ya que se empeñó en hacer el papel protagonista de su Enfermo imaginario. Molière lo estaba de verdad, tanto que tuvo que ser atendido de un síncope al no poder soportar la presión de la representación. Murió a las pocas horas.  

Obras de Molière más importantes

1.- Farsas al estilo de la commedia dell’arte pertenecientes a la primera época y a los últimos años. Algunos títulos son: 

  • El enfermo imaginario
  • El médico a palos
  • El burgués gentilhombre
  • Las preciosas ridícula

2.- Alta comedia con una transformación muy personal desde los rudimentos básicos del género. Así evoluciona desde las tramas de enredo básicas con un texto marcado por el chiste fácil hacia personajes complejos. Estos son siempre descritos en toda su extensión humana con su despliegue de contradicciones, vicios y virtudes. De hecho, las sutilezas psicológicas que desarrolla en sus protagonistas le han abierto las puertas de la literatura universal. A esta clasificación pertenecen las obras de la década de los sesenta y los pocos años de la de los setenta en activo hasta su muerte. Algunos títulos son:  

  • La escuela de mujeres de 1662 en el que se aboga por la libertad a la hora de contraer matrimonio. 
  • Don Juan de 1665 adaptación de El Burlador de Sevilla de Tirso de Molina.
  • El misántropo de 1666.
  • El avaro de 1668 cuyo protagonista es Harpagón, prototipo universal del tacaño
  • Tartufo de 1664 que ha entrado en el canon universal. 
  • El enfermo imaginario de 1673, la obra que estaba representando cuando le llegó la muerte.  

Características de las obras de Molière  

1.- A pesar del apoyo y mecenazgo real, el escritor se propuso llegar a un público amplio sin caer en las simplicidades de la comedia de enredo. Para ello, utilizó la naturalidad y la verosimilitud que le daban unos personajes cuyos vicios y/o virtudes eran reconocibles por todos. 

2.- A pesar de que aceptó las reglas del teatro clásico francés, supo moverse con libertad. Eso sí, todas sus obras (al menos las de la última etapa) responden a las tres unidades: de acción, de tiempo y de trama. Además, están escritas en los cinco actos prescritos. Aún así, sus obras combinan la prosa con el verso. Tiene preferencia por los pareados alejandrinos de tan difícil traducción en español. 

3.- Sus personajes se caracterizan por una fuerte caracterización psicológica fácilmente reconocibles en prototipos universales. 

4.- Buscaba la naturalidad ante todo sin afectación de ningún tipo para poder llegar así a un público más amplio. 

5.- Las obras de Molière se caracterizan por la ironía y la sátira contra las miserias humanas sin llegar a la crítica social o política. Su máxima era que el teatro debía tener la misión de “corregir a los hombres divirtiéndolos”. Esto es, se propone un fin educativo o moral. 

6.- Por sus títulos pasan todo tipo de personajes de condición diversa. Se detiene en profesiones distintas, en todas las capas sociales, en costumbres sin sentido y, especialmente, en los vicios más viles. Gusta de atacar a los usureros, a los impostores, a aquellos que solo se guían por las apariencias, a los que roban o engañan a los pobres, a los pedantes que esconden su desconocimiento, a la vanidad de los nuevos ricos, a la hipocresía de una religión que no se vive desde el convencimiento anímico y a la maldad de quienes ostentan el poder. 

Más características

7.- Para poder desplegar toda esta panoplia de tipos psicológicos se sirve de ambientes diversos  descritos con acierto, naturalidad y verosimilitud. 

8.- En definitiva, Molière es el gran maestro de los personajes cómicos y lo son no porque su función sea hacer reír sino porque sus vicios llegan a conmover hasta la hilaridad. Para ello se sirve del ridículo pretendiendo, a la par, desenmascarar a narcisistas, malvados, hipócritas o snobs. 

9.- Estos personajes miserables, además, en las obras de Molière se ponen en correlación con otros de altas virtudes morales. Así, el contraste se hace mayor. 

10.- En las comedias de Molière ya se atisba los parámetros de la cultura del Neoclasicismo que tan buenos frutos dará en Francia. Hay una búsqueda de la verdad a través de la razón, del intelecto y del equilibrio. Por encima de todo el artista busca la mesura y se erige en abanderado de la libertad, a veces, a niveles extremos de los que se permitían por la sociedad de la época. 

11.- En este sentido, algunos de sus personajes se erigen en defensores de la verdad íntima e individual más allá de imposturas sociales o de convencionalismos culturales. Este punto se hace extensible a la religión, criticando la beatería que impide tantas veces el libre encuentro con la esencia divina. 

12.- El lenguaje que utiliza es sencillo, vivo, sin afectación y adaptado a la condición de los protagonistas. 

Y, por último, no podemos dejar de recordar las veces que haga falta que las obras de Molière se caracterizan por la comicidad desplegada desde todas las perspectivas posibles. El objetivo es la risa aunque sea torcida porque nos topemos con un reconocible vicio humano. Para ello utiliza todos los recursos a su alcance, desde la bufonada hasta la crítica irónica pasando por el cinismo. Todos los estilos les son válidos a la hora de levantar personajes de fuerte carácter psicológico que despliegan ante el espectador tanto sus más altas virtudes como los vicios más atroces. Y lo hace sin apartarse de esas contradicciones anímicas que son inherentes a la raza humana. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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