Mito de Ícaro

El mito de Ícaro

El mito de Ícaro

Candela Vizcaíno

 

No sabemos el porqué Dédalo e Ícaro estaban presos en la isla de Creta por orden del rey Minos. No nos ha llegado esa información. Sin embargo, sí conocemos el papel determinante del padre (Dédalo) en los acontecimientos fundamentales de la isla. Fue él el que construyó una vaca de madera revestida de piel auténtica donde se introdujo la reina Pasifae (a la sazón esposa de Minos) para ser poseída por el toro sagrado regalo del dios de los mares. Vamos, que Dédalo, de una manera u otra, colaboró en la aberrante infidelidad conyugal. Además, de resultas de estos amores contra natura, nació el minotauro, mitad hombre mitad toro, que fue encerrado en un laberinto también construido por Dédalo. También fue este ingenioso creador el que facilitó el hilo de Ariadna con el que Teseo pudo dar muerte al monstruo.  

Los motivos para que Minos estuviera enfadado no acaban aquí,  ya que, tras la muerte del minotauro, quedó sin efecto la obligatoriedad del botín de guerra de los siete muchachos y las siete doncellas que, en sacrificio, se ofrecían al monstruo, el cual, recordemos, únicamente se alimentaba de carne humana. Así que Minos, rey de Creta, tendría más que motivos suficientes para estar enfadado con Dédalo, ya que este había intervenido (con su arte y talento, eso sí) en todos los sucesos en torno al mito del minotauro. El relato de la literatura griega nos dice que Dédalo e Ícaro estaban encerrados en el laberinto construido por el primero. 

Seguimos con el mito de Ícaro  

Tenemos, pues, que tanto Dédalo como su hijo Ícaro estaban presos, por orden del rey Minos, en el famoso laberinto de Creta y esta vez sin hilo de Ariadna para salir de él. Sin embargo, el ingenioso creador, con el fin de escapar de prisión, se las ingenió una vez más con un nuevo invento. Así fue recogiendo plumas de aves y ceras de abejas y con ellas construyó un par de alas tanto para sí como para su hijo. Estas se ataron a los brazos y con ellas pretendían eludir el cautiverio impuesto.  

Dédalo era un hombre inteligente así que instruyó primero a su hijo con las indicaciones necesarias para llevar la aventura a buen puerto. No debían acercarse al sol porque, con su calor, se derretiría la cera de abeja. Y tampoco debían acercarse al agua ya que, al mojarse las plumas, sería imposible, debido al peso, poder seguir volando. Lo harían, tal como se ve en la imagen, moviendo los brazos cual aves que surcan los cielos.  

Así, ya pertrechados con el nuevo invento de Dédalo, pudieron escapar de la prisión de Minos. El objetivo era llegar hasta Sicilia para comenzar una nueva vida. Salieron volando y todo iba según lo previsto. Sin embargo, a la altura de la actual isla de Icaria (llamada así en honor del desdichado joven), al norte de Creta, Ícaro, henchido de vanidad por la hazaña que estaban realizando, hizo caso omiso a las instrucciones de su padre y se fue acercando progresivamente al sol. De nada sirvieron los gritos del anciano conminándole a llevar un vuelo moderado. El muchacho, siguió, siguió y siguió  hasta que el calor derritió la cera de sus alas y estas se disolvieron. Y, como Ícaro no era un pájaro, se precipitó en el mar donde murió ahogado. 

Dédalo, aunque consternado por la muerte de su hijo, se dirigió solo a Sicilia donde acabó sus días. Algunos autores sostienen que siguió inventando ya que llegó con un rudimentario barco de vela. En tierras italianas, en el templo de Apolo, ofreció sus alas a la divinidad.  

Significado simbólico del mito de Ícaro 

La narración ha servido para mostrar los pecados de la vanidad y la imprudencia, especialmente entre la juventud. A pesar de su valentía, esta, por la desmesura, se vuelve temeridad y es la causante de la muerte del muchacho. El mito de Ícaro ha sido estudiado con profundidad desde la publicación del concepto de inconsciente según Freud y, especialmente, desde la aceptación del inconsciente colectivo de C.G. Jung. Su acción es considerada un símbolo de la temeridad de la juventud que, en su arrogancia, cree saberlo todo y no escucha el consejo de los sabios precipitándose, como el joven del mito, en su propia desdicha. 

También es visto como la ceguera que impide ver lo importante y empuja a acciones sin pensar y razonar. Además, el mito de Ícaro, fue recogido y utilizado profusamente durante la Edad Media, cuando los scriptoria de los monasterios recogían los retazos de la cultura clásica. Fue uno de los pocos que se estudió a la luz del cristianismo (a pesar de ser un mito pagano). Se entendía como el símbolo del falso amor cuando el único y verdadero proviene de Dios. Además, el mito de Ícaro era utilizado para explicar los peligros a los que se enfrenta un alma que pretende elevarse sin estar preparada. 

Ícaro es el símbolo de la inteligencia que peca de insensata… de la imaginación perversa; es una personificación mítica de la deformación del psiquismo, caracterizada por la exaltación sentimental y vanidosa respecto al espíritu. Ícaro representa al nervioso y su suerte. La insensata tentativa de Ícaro resulta proverbial por la nerviosidad a su más alto grado, por una forma de enfermedad de la mente: la locura de grandeza, la megalomanía. 

Paul Del: El simbolismo en la mitología griega

En definitiva, el mito de Ícaro nos introduce en los peligros de la vanidad que, por insensatez y por no tener en cuenta lo verdadero, precipita al individuo hacia su perdición. Es, en esencia, la simbolización de la megalomanía destructora. Además y por último, la imagen del joven griego ahogándose en el mar, por su imprudencia, ha sido favorita de los artistas occidentales desde el Renacimiento.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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