Literatura maya

Literatura maya

Literatura maya

©Candela Vizcaíno

 

La cultura maya se va perfilando alrededor del siglo V a.C. y alcanza su esplendor hacia el siglo X. En las primeras décadas del siglo XVI ya se encuentra en un claro proceso de mestizaje con los ocupantes cristianos. En el transcurso de todos esos siglos las distintas tribus que pueden calificarse como mayas nos han legado importantes muestras de arte maya, concentrado desde las tierras altas de la actual Guatemala y Belize hasta el Yucatán mexicano donde se localizan las espectaculares ciudades del post-clásico, como la impresionante Chichén-Itzá. Si bien todos estos vestigios artísticos, más bien que mal, han llegado hasta nosotros por la esencia misma de la arquitectura, otra cosa distinta aplica para la literatura maya cuya riqueza solo puede intuirse a través del estudio de los cuatro únicos códices mayas que se han conservado. Y, además, ninguno de ellos pertenece a la época precolombina.  

Una introducción a los códices mayas  

Estos libros siguen unas peculiares características formales, técnicas y de contenido. Fueron diseñados como un acordeón y en ellos se mezclan aspectos propios de la pintura maya con los de la escritura alfabética. Además, como son palimpsestos, copias o colecciones de obras anteriores, sus textos reflejan, por supuesto, la cosmovisión de este pueblo. Sin embargo, ya están salpicados con los mensajes de redención cristiana. Se han conservado tan solo cuatro ejemplares que son: 

1.- El Códice Dresde, que es un manual de astronomía. 

2.- Códice de París encontrado por casualidad en la basura. 

3.- El Trocartesiano o de Madrid (en la foto) depositado en el Museo de América. Este es el más interesante y el mejor conservado. Es un texto adivinatorio con un completo calendario. 

4.- El Códice Maya Mexicano del que se tenía serías dudas sobre su autenticidad (por lo rocambolesco de su hallazgo) y, al día de hoy, está datado en el siglo XII. Por tanto, se considera que es el libro más antiguo de toda América. Fue presentado en 1971 en el espectacular Club Grolier de Nueva York, una institución dedicada a la alta bibliofilia.  

Al contrario que la literatura náhuatl donde predomina la poesía, la maya sobresale en la prosa, en textos complejos que son una mezcla de calendarios astronómicos, adivinación, historia y relatos míticos que intentan explicar el origen y la razón de ser de este pueblo americano. 

Libros mayas en prosa  

Popol Vuh  

Está escrito en la lengua quiché y procede de la actual Guatemala. Es un conglomerado de textos  diversos de temática histórica, religiosa, filosófica, moral y astronómica. No tiene un orden establecido y más bien parece un intento por recopilar todo el saber de esta cultura en un momento en el que ya se era consciente de su desaparición o asimilación mestiza con lo occidental. Se han analizado 97 partes o capítulos, cada uno de ellos con un tema o relato distinto. 

Desde el punto de vista literario, lo más interesante es la explicación del origen del pueblo quiché creado por los dioses, después de sucesivas destrucciones, por medio de mazorcas de maíz. En el Popol Vuh también nos encontramos esa dualidad de lo divino que es característico de la literatura y la cosmovisión precolombinas: la división entre luz y sombra, noche y día, sol y luna, macho y hembra…  

En realidad, puede considerarse que el Popol Vuh ofrece, a la vez, un testimonio de las creencias y leyendas sobre el origen quiché y del temprano proceso de mestizaje que esa cultura sufrió con la evangelización española. Al traducirlo y comentarlo, el padre Ximénez no desaprovechó ninguna oportunidad para acercar la teología quiché a la revelación cristiana. Lo que tiene claramente origen indígena es la concepción del mundo divino: los dioses creadores son generalmente parejas que corresponden a dualismos observados en el mundo natural (sol y luna, luz y tinieblas, hombre y mujer). 

José Miguel Oviedo

Chilam Balam 

O más bien Los libros del Chilam Balam que, traducido, puede ser algo así como el «sumo sacerdote jaguar». Procede del pueblo cakchiquel del Yucatán. Está escrito en lengua maya utilizando el alfabeto latino. La primera referencia a esta obra procede de Historia de Yucatán de Hernando de Lizana publicada en 1663 en Valladolid.  

Existen varias versiones y cada una de ellas aborda un aspecto histórico, un relato mítico o una explicación astrológica desde distintos puntos de vista. A esta diversidad se le une su carácter esotérico que dificulta la lectura y comprensión de un texto plagado de símbolos, mitos y alegorías. Y, además, todo ello adobado con un incipiente proceso de mestizaje entre el complejo mundo maya y el cristiano. Los textos tratan asuntos religiosos, médicos, históricos y astrológicos sin orden aparente. 

Título de los Señores de Totonicapán  

Su original (que data de 1554) se ha perdido y se conoce el texto a través de una traducción castellana realizada en el siglo XIX. Narra las peregrinaciones del pueblo quiché con sus luchas fratricidas incluidas. 

El teatro en la literatura maya  

La obra más importante es el Rabinal-Achí cuyo texto ha llegado prácticamente íntegro y se sigue representando por los pueblos del Yucatán. Nos cuenta, en forma de diálogo, las últimas horas del Señor de Quiché apresado por su enemigo el Señor de Rabinal. El prisionero dialoga con su captor en un intento por salvar la vida y recobrar la libertad. Sin embargo, los alegatos en su defensa únicamente consiguen enfurecer aún más a su carcelero. Condenado finalmente a muerte, pide tener los honores de su rango noble. Se le concede esta petición y el Señor de Quiché, acompañado por doncellas, baila una danza ritual. Más que un ajusticiamiento se consigue una ceremonia de comunión con las fuerzas de la naturaleza. 

Otras obras de teatro maya se concentran en la actual Nicaragua, como Macho-ratón, aunque esta ya presenta características mestizas.  

La poesía maya  

La principal fuente poética se concentra en el libro de los Cantares de Dzitbalché encontrado en Yucatán a mediados del siglo XX. En ellos son visibles las huellas del mestizaje cultural en marcha y son predominantemente de temática sagrada, aunque encontramos también poemas amorosos.  

La literatura maya, por tanto, recoge todos esos relatos míticos, sagrados e históricos sin concesión alguna a la originalidad individual. Son textos que, de algún modo u otro, pertenecen  al folclore oral, a la tradición, a las danzas rituales y a los conocimientos (de las estrellas o de la botica) que atesoró el pueblo maya. Su oscuridad semántica se afianza con un claro mestizaje con la cultura cristiana presente en los pocos libros que han llegado hasta nosotros. 

©Candela Vizcaíno 

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