Ejemplos de sonetos

Ejemplos de sonetos

Ejemplos de sonetos

Candela Vizcaíno

 

Un soneto es una composición poética de catorce versos de arte mayor distribuidos en dos cuartetos y dos tercetos. La rima es siempre en consonante y, en español (que en otras lenguas es distinto), se utiliza, sobre todo, el endecasílabo o verso de once sílabas que tan buenos poemas ha dado a la historia de la literatura. Los dos cuartetos se entrelazan entre sí con la siguiente rima: ABBA-ABBA mientras que los tercetos pueden ser más libres pero siempre deben llevar la rima en consonante entrelazada: CDE-CDE (como el primero de los ejemplos de sonetos que dejamos) o CDC-DCD (en el caso del siguiente, el de Lope de Vega).  

Los primeros sonetos en español datan del siglo XV, cuando la literatura abandona, definitivamente, los modelos medievales y se apunta a la “nueva manera” que llega desde Italia (con Petrarca a la cabeza). Se dejan atrás los temas tradicionales (de familiaridad con lo santo tal como ha sido descrita la literatura medieval) y la poesía renacentista se renueva en extremo al mirar hacia la cultura grecorromana y su gusto por los mitos clásicos, el amor cortés y los temas mundanos alrededor de las cuitas y felicidades de la raza humana. Ejemplos de sonetos en este sentido son los pertenecientes a Juan Boscán o a Garcilaso de la Vega. Desde entonces se han cultivado sin interrupción sin importar corrientes, modas, gustos o modelos estéticos. Tanto es así que, incluso, llegan hasta el siglo XXI a pesar de la preferencia por el verso libre e, incluso, destructurado.  

SONETO XIII de Garcilaso de la Vega 

Garcilaso de la Vega (1491-1503) es el poeta más representativo de la lírica renacentista. Sus versos son de una serena sencillez y gustan de los temas clásicos del momento: el amor cortés, los mitos clásicos o la poesía pastoril. El soneto reproducido a continuación es uno de los más famosos del autor y recoge el mito de Dafne y Apolo, tal como lo narra Ovidio (siglo I) en sus Metamorfosis. 

El poema se recrea en el instante en el que la ninfa Dafne se transforma en laurel. La narración tradicional nos dice que Eros (para vengarse de Apolo) lanza dos flechas. Una es de oro e impacta en el dios de la música generando una pasión arrebatadora por la ninfa Dafne. Esta, que deseaba para sí la castidad, es herida con la flecha de hierro envenenada de odio y desprecio. Apolo corre tras ellas en un intento por poseerla mientras Dafne clama a los dioses para librarse de tal abominable acto. Su petición es escuchada y, acto seguido, es transformada en árbol de laurel. Cuando Apolo se da cuenta de lo que ha hecho, llora tan amargas lágrimas que, al empapar el tronco del árbol, lo hace eterno, perenne e inmortal. Promete que sus hojas serán las que luzcan los sabios y los campeones en las artes y el deporte. Y es justo este dramático momento el que recoge el bello poema de Garcilaso, uno de los ejemplos de sonetos en español más hermosos de la historia de la literatura. 

 

     A Dafne ya los brazos le crecían 

y en luengos ramos vueltos se mostraban, 

en verdes hojas vi que se tornaban

los cabellos que el oro oscurecían; 

     de áspera corteza se cubrían 

los tiernos miembros que aún bullendo estaban; 

los blandos pies en tierra se hincaban 

y en torcidas raíces se volvían.

     Aquel que fue la causa de tal daño, 

a fuerza de llorar, crecer hacía 

este árbol, que con lágrimas regaba. 

     ¡Oh miserable estado, oh mal tamaño, 

que con llorarla crezca cada día

la causa y la razón por que lloraba!  

 

El más famoso soneto de Lope de Vega 

Aunque Lope de Vega (1562-1635) es especialmente conocido por su teatro, fue también un gran poeta demostrando una sobresaliente facilidad para la versificación y la ironía. Este es el tema del siguiente de los ejemplos de sonetos que traemos hoy. Con tono burlón, va desgranando lo fácil que le resulta componer este tipo de poemas.  

 

Un soneto me manda hacer Violante

que en mi vida me he visto en tanto aprieto; 

catorce versos dicen que es soneto;

burla burlando van los tres delante. 

Yo pensé que no hallara consonante, 

y estoy a la mitad de otro cuarteto; 

mas si me veo en el primer terceto, 

no hay cosa en los cuartetos que espante. 

Por el primer terceto voy entrando, 

y parece que entré con pie derecho

pues fin con este verso le voy dando. 

Ya estoy en el segundo, y aun sospecho

que voy los trece versos acabando; 

contad si son catorce, y está hecho. 

 

Un soneto de Luis de Góngora, uno de los máximos representantes de la literatura barroca 

La crítica, cuando estudia las coincidencias y diferencias entre el conceptismo y culteranismo, suele poner este ejemplo para demostrar que las distancias entre ambas corrientes no son tantas. Luis de Góngora (1561-1627) es el más importante representante del culteranismo, tanto que este estilo también se denomina gongorismo. En el otro extremo estaría el conceptismo de Francisco de Quevedo (1580-1645) con su gusto por la concentración estética alejado de toda floritura estilística y/o caprichosa. Sin embargo, este soneto (perteneciente al florido culteranismo) acaba con un verso despojado de todo adorno y bello al máximo al precipitarnos por esa concatenación o degradación tan dramática. Tanto es así que se dice que es el mejor verso de Quevedo escrito, eso sí, por su enemigo a muerte, Luis de Góngora. El tema es querido al arte barroco: carpe diem o disfruta el momento antes de que la decadencia y la muerte te atrape irremediablemente.  

 

Mientras por competir con tu cabello, 

oro bruñido al sol relumbra en vano, 

mientras con menosprecio en medio el llano 

mira tu blanca frente el lirio bello; 

 

mientras a cada labio, por cogollo, 

siguen más ojos que el clavel temprano, 

y mientras triunfa con desdén lozano

del luciente cristal tu gentil cuello; 

 

goza cuello, cabello, labio y frente.

antes que lo que fue en tu edad dorada

oro, lirio, clavel, cristal reluciente, 

 

no sólo en plata o víola troncada

se vuelva, mas tú y ello, juntamente, 

en tierra,  en humo, en polvo,  en sombra, en nada.  

 

El único soneto conocido de las Rimas de Bécquer  

El siguiente de los ejemplos de sonetos sigue la temática de las Rimas de Bécquer (1836-1870) al introducirnos en esos amores lejanos tan queridos por el Romanticismo literario. El poeta increpa a uno de los vientos (a Céfiro) y le pide noticias de su amada a pesar de que teme el encuentro de éste con la dama y los consiguientes celos, simplemente por poder tocarla.

 

Céfiro dulce que vagando alado

Entre las frescas, purpurinas flores,

Con blando beso robas sus olores, 

Para extenderlos por el verde prado; 

 

las quejas de mi afán y mi cuidado 

lleva a la que, al mirar, mata de amores, 

y dile que un alivio a mis dolores

dé y un consuelo al ánimo angustiado. 

 

Pero no vayas, no; que si la vieras

y tomando sus labios por claveles

el aroma gustar de ellos quisieras, 

 

cual con las otras flores hacer sueles

aunque a mi mal el término pusieras

tendría de tu acción celos crüeles. 

 

 

Sonetos del amor oscuro de Federico García Lorca 

Bajo mi humilde opinión, el soneto a continuación no solo es uno de los poemas de Federico García Lorca (1898-1936) más hermosos (aunque no sea tan conocido para el gran público) sino de toda la literatura en español. En él se despliega el genio del gran poeta andaluz en unos versos repletos de elegante y explícito erotismo que a pocos aficionados a la literatura pueden dejar indiferente. 

 

EL POETA PIDE A SU AMOR QUE LE ESCRIBA

 

Amor de mis entrañas, viva muerte, 

en vano espero tu palabra escrita

y pienso, con la flor que se marchita, 

que si vivo sin mí quiero perderte. 

 

     El aire es inmortal. La piedra inerte

ni conoce la sombra ni la evita. 

Corazón interior no necesita

la miel helada que la luna vierte. 

 

Pero yo te sufrí. Rasgué mis venas,

tigre y paloma, sobre tu cintura

en duelo de mordiscos y azucenas.

 

     Llena, pues, de palabras mi locura

o déjame vivir en mi serena

noche del alma para siempre oscura. 

 

Ejemplos de sonetos en el siglo XX 

Y termino la selección con esta composición de uno de los mayores representantes de la poesía social en España: el vasco Blas de Otero (1916-1979) perteneciente a una de sus obras maestras: Ángel fieramente humano de 1950. La composición nos muestra los gustos de la literatura moderna y contemporánea con sus frases incompletas o encabalgadas entre dos versos, a la par que nos introduce en la angustia característica del existencialismo, la misma que busca a Dios sin encontrarlo jamás. 

 

ESTOS SONETOS

 

Estos sonetos son los que yo entrego, 

plumas de luz al aire en desvarío; 

cárceles de mi sueño; ardiente río

donde la angustia de ser hombre anego. 

 

Lenguas de Dios, preguntas son de fuego 

que nadie supo responde. Vacío

silencio. Yerto mar. Soneto mío, 

que así acompañas mi palpar de ciego. 

 

Manos de Dios hundidas en mi muerte. 

Carne son donde el alma se hace llanto. 

Verte un momento, oh Dios; después no verte. 

 

Llamaría y cantil de soledad. Quebranto

del ansía, ciega luz. Quiero tenerte, 

y no sé dónde estás. Por eso canto. 

 

Podría poner más ejemplos de sonetos en español ya que la composición ha sido favorita de creadores de toda índole, desde Miguel Cervantes, que los inserta en su obra maestra, El Quijote, o los de Francisco de Quevedo hasta la música popular de Joaquín Sabina, en pleno siglo XXI.  Y eso sin contar que los mejores escritores de Hispanoamérica del siglo XX (tal es el caso de Jorge Luis Borges o Julio Cortázar) también se embarcaron en esta particular composición poética.  

Selección y análisis por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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