Resumen de Casa de muñecas de Ibsen y breve análisis

Resumen de Casa de muñecas

Resumen de Casa de muñecas

Candela Vizcaíno

 

La obra Casa de muñecas del autor noruego Henrik Ibsen (1828-1906) fue estrenada en 1879 y supuso un antes y un después en la historia del teatro. Tal es su importancia que, sin ella, no se entiende por completo el devenir literario del siglo XX. Con la obra, se da por cerrado el Romanticismo literario y comienzan los movimientos estilísticos de vanguardias, los mismos que se centran en las problemáticas inherentes a la raza humana con sus muchas sombras y algunas luces. 

La revolución literaria en Casa de muñecas

La obra es un claro ejemplo de lo que las artes (de cualquier tipo) contribuyen al conocimiento del alma humana en un momento histórico dado. Hasta entonces, las piezas teatrales e, incluso, las novelas, se construían en torno a un héroe y su correspondiente antagonista. Estos aparecían con una personalidad fija, inmutables y sin cambios emocionales durante todo el proceso narrativo. Sin embargo, las investigaciones sobre el inconsciente según Freud nada más comenzar el siglo XX echarán por tierra esta escala de valores. A esto se une que el descubrimiento (como tantas veces ocurre) estaba simplemente en el aire. Es ahora (en el cambio del siglo XIX al XX) cuando se intenta entender una verdad (oscura, oculta y poderosa), amordazada o dormida las más de la veces, desconocida casi siempre que guía los actos de los individuos. Con el psicoanálisis (y posteriormente con los postulados sobre el inconsciente colectivo de C.G. Jung) el ser humano se desmorona y pierde su inmutabilidad. 

Ese proceso de conocimiento del interior anímico y/o espiritual escondido supone, en último extremo, una caída de sucesivas máscaras. La moral burguesa imperante ya no puede dar respuestas a esas verdades interiores (monstruosas a veces) que salen a la luz cuando se caen las caretas. En esencia, es un camino de negación de la ilusión e, incluso, del imperante espíritu positivista burgués. Casa de muñecas de Ibsen bebe del naturalismo en teatro y da un paso más allá para el conocimiento del individuo. Ya no estamos ante tipos fácilmente clasificables por su forma de ser, sino ante personas enfrentadas a fuertes contradicciones espirituales. El arte, en definitiva, pone, a cada uno de sus protagonistas ante el espejo de su verdad. Y, en último extremo, ante los vericuetos de la soledad. Y esta es necesaria si, a través del autoconocimiento, se elige el heroico camino de la libertad. 

Esto que estoy poniendo hoy aquí que cualquier persona del siglo XXI (ni siquiera tiene que ser lector o amante del teatro) tiene asumido, supuso un choque emocional y espiritual en los últimos años del siglo XIX, cuando se estrenó Casa de muñecas.  

Resumen de Casa de munecas de Ibsen 

Resumen de Casa de muñecas

Nora es la protagonista de la obra. Sabemos que ha sido protegida por su padre y que está casada con Helmer desde hace ocho años. Tienen tres hijos. El emplazamiento que Ibsen nos pone por delante es el de una familia burguesa que vive feliz inserta en la sociedad sin más tesituras emocionales.  La obra comienza con un hecho feliz, ya que a Helmer, cabeza de familia, le han propuesto un ascenso que supondrá vivir con más holgura y comodidad. Sin embargo, hay un asunto en el pasado de Nora que, esa noche de fiesta, amenaza con hacer saltar por los aires toda la estabilidad familiar. Nora, para salvar la salud de su marido (esto es, por amor) había falsificado un pagaré con la firma de su padre. Con valentía y para que el asunto no vaya a más, le confiesa este acto a su esposo. A pesar de que espera recibir comprensión, la reacción de este es de tal agresividad que se niega a que siga educando a los niños por considerarla una mujer indigna.  

Sin embargo, las pruebas emocionales para todos no acaban aquí. Ya que el pagaré viene devuelto sin más consecuencias legales para Nora y su familia. Es en este momento (y no antes) cuando Helmer la perdona e intenta una reconciliación. Esto es, quiere que todo vuelva a la situación anterior cuando constata que se pueden seguir manteniendo las apariencias. Sin embargo, en Nora ya se ha producido una auténtica revolución espiritual. Se ha visto a ella misma y al hombre que ama en el espejo de la verdad. No quiere seguir participando de esa mascarada, de esa fiesta de disfraces, símbolo de su vida. Elige el camino de la libertad aunque eso suponga el de la más extrema soledad.  

El cenit de la obra se centra en ese “Tenemos mucho que hablar” que Nora, tras ocho años de matrimonio, espeta a su marido. Es en este momento cuando se da cuenta de que no se (re)conocen y que no puede seguir compartiendo intimidad con alguien que es incapaz de ver en ella un acto de amor, aunque suponga que, para ello, se haya resbalado por el camino de la ilegalidad. Nora abandona su casa una noche de lluvia sin nada para empezar una vida futura. Se convierte, así, en un potente símbolo del nuevo individuo forjado tras un profundo desmoronamiento interior. 

Brevísimo análisis 

1.- En la obra toma importancia una sola frase: “Tenemos mucho que hablar” pronunciada por Nora una vez ha comprendido toda su verdad y la del mundo en el que vive. 

2.- A partir de esa caída de las máscaras, de los disfraces sociales e, incluso, familiares, Nora se empodera y elige el camino de la libertad. 

3.- Este es también el de la soledad, tema prioritario en el devenir histórico posterior. 

4.- La soledad implica individualidad y la obra lo plasma a través del derrumbe del mundo interior de la protagonista. La desilusión (al asistir a la verdad) la lleva a la comprensión de su propio ser y de aquellos que conforman su universo vital.

5.- Por primera vez se plasma en una obra literaria la dicotomía entre el ser y la apariencia. Y esta temática sería fundamental para los autores que llegarían después tal cual Kafka, Joyce o Proust. Fueron ellos los que abrieron las puertas y los laberintos de los mundos posibles del ser humano. En definitiva, la literatura del siglo XX contribuyó al conocimiento de los temores, anhelos, mentiras, cobardías y valentías del ser humano como nunca antes en la historia. Y lo hizo a base de poner a sus protagonistas frente a los espejos de la verdad. Una gran mayoría de los protagonistas de la literatura del siglo XX se encuentran en la tesitura de tener que enfrentarse a sus monstruos particulares tras una bajada al infierno. Es allí donde se encuentra la verdad, como le sucede a Nora de Casa de muñecas.  

En definitiva y, a pesar de lo limitado de esta exposición, Casa de muñecas de Ibsen es el punto de inicio de buena parte de la literatura del siglo XX, la misma que se centra en esa transformación del ser humano desde las máscaras y/o los disfraces de la impostura para poder sobrevivir por medio del autoconocimiento. Este siempre viene dado por una particular bajada a los infiernos donde los protagonistas se miran en los espejos de su realidad. Allí no cabe distorsión posible. Quienes, como Nora de Casa de muñecas, eligen el camino de la libertad, como contrapartida, también tienen que asumir la soledad.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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