Características del ultraísmo

Características del ultraísmo

Características del ultraísmo

Candela Vizcaíno

 

En la definición del movimiento encontramos la primera de las características del ultraísmo. Nació en la década de los veinte del siglo XX en España y muy pronto se expandió por Argentina y Chile. Centrado especialmente en la poesía, quiere ser la vanguardia de las letras en español al estilo de otros ismos europeos. También reniegan con contundencia de la tradición artística, a veces, de manera chocante. Se inició en 1918 con la publicación del manifiesto Ultra de la mano de Rafael Cansino-Assens. Duró tan poco que antes de la llegada de los poetas de la Generación del 27 ya estaba agotado. 

10 principales características del ultraísmo 

1.- Nace como oposición al novecentismo que consideran ya caduco rechazando (como todos los ismos del siglo XX) de forma radical cualquier tradición artística.

2.- Es un movimiento en español cuyo eje central comienza en torno a Madrid-Sevilla. Posteriormente, encuentra acomodo en los países más al sur de Latinoamérica: Argentina y Chile, especialmente. 

3.- Fue caótico, reducido en el tiempo y rebelde. Al estilo del dadaísmo, se produjeron en abundancia las tertulias y eventos cuyo único objetivo era el escándalo por el escándalo mismo sin otra finalidad comunicativa. Dicho esto, desde el aspecto social, fue más moderado y comedido que sus homólogos europeos. 

4.- Se resume en el ultraísmo literario. Es más, se centró en la poesía. No llegó a alcanzar otros géneros ni en las letras ni en las artes plásticas. 

5.- Como el caso del futurismo literario, sus autores manifiestan preferencias por los temas modernos a los que le rinden culto. Por eso, se rechaza cualquier subjetividad anímica heredada de la tradición (especialmente del Romanticismo). Los protagonistas ahora son las abarrotadas ciudades, las calles bulliciosas que se iluminan al anochecer, la velocidad, la fragmentación e, incluso, el caos. 

6.- Esto se transparenta también en la forma (en el significante). Los versos rechazan los tropos y modelos tradicionales. Se apuesta por el verso libre que se dispone en el papel de forma esquemática adelantando los modelos de la poesía visual

7.- No se sigue la gramática ni tampoco la puntuación que se llega a eliminar por completo. Llegan también a la invención de palabras nuevas, como es el caso del creacionismo de Vicente Huidobro (1893-1948). 

8.- Puede considerarse un movimiento ligado a los ideales de la torre de marfil de la poesía pura. Por eso, en un principio, se adhieren al mismo poetas influenciados por el magisterio de Juan Ramón Jiménez (1881-1958). Buscaban “el flujo lírico en toda su pureza.” Buena parte de ellos, andando el tiempo, reconvertirían sus trabajos bajo el prisma de otros modelos estilísticos, a veces, radicalmente distintos. 

9.- Aunque, también en un principio, militaron en el movimiento grandes escritores (el mismo Juan Ramón o Jorge Luis Borges), bajo sus preceptos no se llegaron a realizar obras de importancia. 

10.- Una de las características del ultraísmo son la proliferación de las revistas literarias donde se daba cabida a estos poemas vanguardistas junto con escritos críticos.  

La importancia de las revistas literarias a la hora de evaluar las características del ultraísmo  

En ningún momento podemos olvidar la fugacidad temporal y la poca consistencia de los escritos del movimiento, a pesar de que, en sus inicios, tal como he apuntado, se adhieren escritores que, andando el tiempo, formarían parte del canon universal. Nos encontramos pocas obras puras pertenecientes a la estética. Más bien tenemos que bucear en poemas sueltos dispersos en el sinnúmero de revistas que se publicaron en el corto espacio de unos cinco años. Tal como aparecían, desaparecían debido a la falta de colaboraciones y seguimiento.  

La primera de ellas fue Los Quijotes de Madrid entre 1915 y 1918. Le siguió Grecia en Sevilla desde 1918 y 1920. A partir de 1919 podemos encontrar algunos poemas con las características del ultraísmo en Cervantes. Sin embargo, la que se creó (de la mano de Rafael Cansino-Assens) para dar cabida al grupo fue Vltra a partir de 1921. Del mismo año es Tableros. El testigo pasaría a Argentina con  Prisma (1921-1922) y la primera época de Proa (1922-1923). 

Dos años después, y de vuelta a España, nos encontramos con Horizonte (1923). Las obras ultraístas eran tan escasas que, incluso, se rompió uno de los preceptos del movimiento a dar cabido a escritores mayores (algunos autores de la Generación del 98) y también a jóvenes poetas con otras inquietudes. Este es el caso de Federico Garcia Lorca, Dámaso Alonso o Rafael Alberti que, en nada, se agruparían bajo el legado de la Generación del 27. Alfar estuvo disponible durante 1921. 

Y para cuando se publicaron trabajos en Plural (1925) o La Gaceta Literaria (en 1927), el ultraísmo se había disuelto buscando otros modelos. Este aclaración de publicaciones nos da cuenta de lo que supuso el movimiento: un intento por llevar las vanguardias europeas a la literatura en español olvidando la tradición. Aunque algunos poetas recogieron el desafío, muy pronto (los mejores) tomaron otros derroteros 

Entender el ultraísmo a través de sus autores  

Porque si el movimiento ocupa un punto especial en la historia de la literatura no es debido a las obras que se hicieron bajo las características del ultraísmo. Más bien son los nombres que, en su juventud, formaron parte del grupo lo que da lustre a la estética. Aquí formaron parte el gran Jorge Luis Borges (1899-1986) o el ya mencionado Premio Nobel de Literatura Juan Ramón Jiménez (1881-1958). El andaluz fue el más firme defensor de la poesía pura que tanto influencia ejerció en la primera época de la Generación del 27. En todas las revistas mencionadas se encuentran trabajos de Guillermo de la Torre (1900-1971). Fundamental es Ramón Gómez de la Serna (1888-1963), un vanguardista original que agrupó a intelectuales y artistas alrededor de las tertulias del Café Pombo de Madrid.  

Otros nombres son Juan Larrea (1895-1980) o Eugenio Montes (1900-1982) que no levantaron una obra con el brillo de los anteriores. Por su parte, Rafael Cansinos-Assens (1882-1964) contribuyó, con su manifiesto y publicaciones, al legado del grupo. Además, en la estética militaron escritores de todo tipo e ideología. No podemos terminar sin mencionar a Lucía Sánchez Saornil (1895-1970), defensora de los derechos de la mujer y editora de la revista Mujeres Libres. Completamos la lista con Adriano del Valle (1895-1957) y Pedro Garfias (1901-1967). 

Aunque Gerardo Diego (1896-1970) creó sus mejoras obras ajenas a las características del ultraísmo, militó, en un principio, en el movimiento. Además, algunos críticos contemporáneos han realizado estudios que acercan a Vicente Huidobro a esta estética. 

En la segunda mitad de la década de los veinte las características del ultraísmo se habían disuelto como un azucarillo en otras fórmulas (en el surrealismo literario especialmente). Las vanguardias quedarían aparcadas con sus veladas y manifiestos chocantes en constante búsqueda del escándalo entre la sociedad burguesa bien pensante. El avance de las guerras, las persecuciones y las calamidades hicieron olvidar a la gran mayoría de creadores (los mejores) estos juegos estilísticos y se lanzaron, en último extremo, en los brazos de unos modos literarios que llegaron, incluso, a alcanzar el compromiso político y/o social. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora por la Universidad de Sevilla

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