Biografía de Sor Juana Inés de la Cruz

Biografía de Sor Juana Inés de la Cruz

Biografía de Sor Juana Inés de la Cruz

Candela Vizcaíno

 

Es una de las grandes poetas del Barroco español o más bien en español ya que nació, creó y murió en México, por entonces, perteneciente a la corona española. Vino al mundo como Juana Ramírez de Asuje el 12 de noviembre de 1651 en una hacienda de San Miguel de Neplantla, muy cerca de la capital virreinal.  La biografía de Sor Juana Inés de la Cruz no puede entenderse sin los condicionantes de la época centrada en una inamovible estratificación social. Era su padre español y, por tanto, perteneciente a la élite procedente de la metrópolis. Su madre, sin embargo, era una criolla (hija de español y de una nativa americana) y situada en un escalafón social inferior. A pesar de que la pareja formó una familia con seis hijos, la madre, en su testamento, se califica como “soltera”. Por tanto, nuestra escritora tenía la condición de bastarda o natural, extremo este que condicionaría, en buena parte, su existencia.  

Los primeros años en la biografía de Sor Juana Inés de la Cruz 

En La Respuesta a Sor Filotea, la poeta nos adentra en ese universo doblemente asfixiante y condicionado por sucesivas capas de normas estrictas: la política, la social, la familiar y la personal. A pesar de ser mujer, hija natural, en una colonia dirigida por una élite prácticamente extranjera y asfixiada por los preceptos de la Iglesia, llegó a tener fama y aprecio entre sus contemporáneos cultos. En este texto se confiesa y nos dice que, en cuanto tuvo conocimiento de la existencia de la Universidad de México (fundada en 1553), rogó a su madre para que la mandara a estudiar. Eso sí, tenía que ser vestida de hombre ya que su condición de mujer le impedía acceder a esa formación. La madre, consciente de las limitaciones, no llegó a atreverse a hacer tal cosa. Sin embargo, sí dio formación básica no solo a la pequeña Juana sino también al resto de sus hijas valiéndose de una maestra particular. La falta de instrucción reglada la compensó Sor Juana Inés de la Cruz con una curiosidad y una inteligencia innatas. Leía todo lo que caía en sus manos y devoró los libros de la biblioteca de su abuelo materno. Muy pronto, la procacidad intelectual de la futura escritora llegó a oídos de su familia cercana y unos parientes adinerados sufragaron parte de sus estudios de latín, imprescindibles para acceder a la ciencia básica.

Georgina Sabat de Rivers, una de las estudiosas de la obra y la biografía de Sor Juana Inés de la Cruz, a la hora de hablar del carácter de la joven cita a Calleja (su primer biográfico) y nos pinta a una muchacha guiada por una desbordante ambición intelectual. Tanto era así que se auto-exigía objetivos de estudio y, si no los alcanzaba, se cortaba el pelo como castigo. La autora se excusa así:  

Que no me parecía razón estuviera vestida de cabellos cabeza que estaba desnuda de noticias.  

En este sentido, entendemos el fuerte carácter de Sor Juana Inés de la Cruz con esta sola frase de Sabat de Rivers:

En este vemos cómo Juana resolvió, desde temprano y de una manera muy personal, la supremacía de la menta sobre la belleza física.  

Sor Juana Inés de la Cruz en la corte virreinal mexicana 

Aunque el camino era arduo y difícil, los dones naturales de la joven escritora llegaron muy pronto a oídos de la élite culta. Fue invitada a participar en concursos florares y durante el virreinato de los marqueses de Mancera (1664-1673) la acogieron en palacio como literata. Su función era escribir poemas, versos y composiciones para celebraciones, funerales o despedidas y allí, según sus palabras, 

Estudiaba continuamente diversas cosas, sin tener para alguna particular inclinación, sino para todas en general. 

La importancia de la vida monacal en la biografía de Sor Juana Inés de la Cruz

A pesar de este mecenazgo institucional, la sociedad de la época dejaba poco margen a la vida pública de la mujer y máxime a una que era mestiza y nacida fuera de los sacramentos. Cerrado el camino del matrimonio (probablemente por voluntad propia), la única opción era el ingreso en alguno de los veinte conventos que, por entonces, estaban en activo en México. Entra, así, en las Carmelitas de San José en agosto de 1667. Y las razones para elegir dicho camino las explica ella misma:  

Entreme religiosa, porque aunque conocía que tenía el estado cosas (de las accesorias hablo, no de las formales), muchas repugnantes a mi genio, con todo, para total negación que tenía al matrimonio, era lo menos desproporcionado y lo más decente que podía elegir en materia de la seguridad que deseaba de mi salvación; a cuyo primer respeto (como al fin el más importante) cedieron y sujetaron la cerviz todas las impertinencias de mi genio, que eran de querer vivir sola; de no querer tener ocupación obligatoria que embarazase la libertad de mi estudio, ni rumor de comunidad que impidiese el sosegado silencio de mis libros.

Del convento de las Carmelitas salió a los tres meses. No conocemos las razones de tan pronta renuncia, aunque los últimos investigadores apuntan a las presiones y murmuraciones debido a su origen familiar.  Esta institución religiosa (como los colegios de élite actuales) acogía a las muchachas adineradas del virreinato y, con toda probabilidad, el genio de Sor Juana Inés de la Cruz impidió una convivencia pacífica con sus superiores y/o el resto de las hermanas.  

No volvió a la vida profana ya que tenía claro que deseaba una existencia intelectual (con sus condicionantes). Así, al poco, tomó de nuevo el hábito, esta vez en el Convento de los Jerónimos donde profesaría  hasta su fallecimiento. Sin más vueltas, era la única forma de poder dedicarse a los libros y a la escritura, aunque nunca tuviera libertad plena para ello. A pesar de la vida de clausura, pudo mantener relación con la élite de la corte virreinal y componía versos para infinidad de fiestas y eventos de todo tipo. Llegó, incluso, a atender escritos con peticiones de indulto y, también, a realizar estudios explicativos de elementos artísticos de la época. 

Sor Juana Inés de la Cruz y el feminismo 

Paralelamente a su fama de gran poeta, escritora y erudita llegan los ataques y las críticas. Alcanzan tal grado que, incluso, le prohiben por un tiempo realizar sus labores intelectuales. Las presiones para que abandone la carrera artística proceden de todos los ámbitos. En este sentido, nos han llegado los escritos y cartas de su confesor en el que  insta a Sor Juana Inés de la Cruz a que se amolde a la vida de una monja corriente, sumisa y sin carácter. Todo ello va haciendo crecer en el alma de la escritora un incipiente espíritu feminista (aunque el término sea contemporáneo), reivindicando la instrucción de la mujer como bien social y personal, rebelde contra su sociedad y crítica con todas las formas de prostitución. Conforme escalan los ataques, buena parte de sus poemas y escritos van dejando transparentar una defensa de la mujer obligada, en la época, a no poder desarrollar todo su potencial intelectual. 

Hombres necios que acusáis 

a la mujer sin razón,

sin ver que sois la ocasión 

de lo mismo que culpáis; 

    si con ansia sin igual 

solicitáis su desdén, 

¿por qué queréis que obren bien

si las incitáis al mal?

 

Alrededor de 1682, Sor Juana Inés de la Cruz fue objeto de una auténtica persecución por parte de la jerarquía eclesiástica que, utilizando toda la maquinaria de poder, intentó contener los escritos de la monja. Tal como apunta una de las mejores conocedoras de la obra de la escritora, Georgina Sabat de Rivers, desde todas las instancias se le empujaba a salvar su alma antes que centrarse en su labor de escritora. Mientras el acoso se vuelve más y más asfixiante, Juana aboga por la necesaria instrucción de las niñas y muchachas. Además, se posiciona contra la prostitución que reduce a la persona a mera cosa. Los escritos de Sor Juana Inés de la Cruz van buceando sin prejuicios en temas espinosos de su realidad contemporánea, defendiendo sus posturas con argumentos convincentes. No hay misticismo literario en ellos  (en la órbita de Santa Teresa de Jesús o San Juan de la Cruz), aunque se transparente una fe verdadera y un amplio conocimiento de las escrituras.   

¡Oh, cuántos daños se excusaran en nuestra república si las ancianas fueran doctas como Leto, y que supieran enseñar como manda San Pablo y mi padre San Jerónimo! 

[…] 

Porque ¿qué inconveniente tiene que una mujer anciana, docta en letras y de santa conversación y costumbres, tuviese a su cargo la educación de las doncellas?  

Respuesta a Sor Filotea de Sor Juana Inés de la Cruz 

Los últimos años de Sor Juana Inés de la Cruz 

En la escritora prima su afán de conocimiento del mundo profano más que de los recovecos del interior religioso. Fue su talento innato y su voluntad inquebrantable los que la llevaron por el camino de la sabiduría y la fama, incluso después de su muerte. Todo ello chocaba con los poderes cívicos y la jerarquía de la iglesia que no podían tolerar el espíritu contestatario de una monja, de un mujer. Progresivamente, las presiones van haciendo mella en el ánimo de la poeta y, aunque nunca abandona la pluma, va paulatinamente relegando la escritura a segundo plano. Deja los afanes terrenales y apuesta por la salvación de su alma. Permite que sea vendida su biblioteca y los instrumentos científicos que tiene en su celda, reconcentrándose cada vez más en la oración y en los preceptos de la orden de los Jerónimos de la que formaba parte.  

En 1695 una peste invade los muros del convento infectando a la casi totalidad de las hermanas. Sor Juana se presta al cuidado de las que van cayendo en las garras de la enfermedad hasta que ella misma se contagia. Muere el 17 de abril de 1695 dejando una obra ingente y amplia no solo en el campo de la lírica sino también en el de la prosa, convirtiéndose por derecho propio en la mejor escritora del barroco mexicano y entrando a formar parte de aquellos que conformaron los siglos de oro de las letras en lengua española. 

La biografía de Sor Juana Inés de la Cruz no puede entenderse, en definitiva, sin ese choque entre el talento y los deseos de superación contra los prejuicios anquilosados de una sociedad estratificada al extremo.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla  

 

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