La cultura moche

La cultura moche

La cultura moche

Candela Vizcaíno

 

La cultura moche o mochica está destapándose, en las últimas décadas, como una de las más fascinantes civilizaciones del Perú precolombino, rivalizando, incluso, con el afamado pueblo inca. Se extendió al norte de Lima, alrededor de la actual Trujillo y llegó, que se sepa con los datos arqueológicos actuales, hasta Lambayeque, tierra del Señor del Sipán. Floreció desde el siglo II hasta el siglo VIII cuando fue desplazada por el pueblo chimú (constructores de Chan Chan, también cerca de Trujillo y hoy Patrimonio de la Humanidad). En su colapso parece que intervino una letal combinación de fenómenos climáticos extremos (fuertes inundaciones seguidas por años de sequía) propiciados por lo que hoy se conoce como El Niño, revoluciones, hambrunas y guerras. 

Introducción a la cultura mochica 

En el valle del río Moche, en el norte de Perú y a varios kilómetros de Trujillo se localizan dos construcciones de vital importancia para conocer los entresijos de la cultura moche o mochica: Huaca del Sol y Huaca de la Luna. Esta  última es un centro ritual conformado por una pirámide truncada que alberga un curioso centro ceremonial por capas bastante bien conservado. El primero, por otra parte, debió hacer la función de centro civil burocrático y palacio para las élites locales.  

A unos 60 km al norte de este lugar se encuentra la Huaca Cortada y el denominado Complejo Arqueológico el Brujo. Aquí se halló a inicios del siglo XX una momia perfectamente conservada de una dama de la alta sociedad, enterrada con los atributos compartidos tanto de sacerdotisa como de líder político. Fue bautizada como la Señora de Cao y en su honor se levantó un museo, en un inquietante estilo brutalista que contrasta con la naturaleza alrededor, donde se exponen sus restos, los de sus acompañantes y su rico ajuar.  

La tercera «pata» que nos permite conocer la cultura moche es el bautizado como Señor de Sipán, hallado en 1987 por el arqueólogo Walter Alva tras una peligrosa excavación digna de una película de Indiana Jones. Como su compañera femenina, su rico ajuar, sus restos y una recreación de su tumba se custodia en el flamante Museo Nacional de las Tumbas Reales, inaugurado en 2002 en Lambayeque inspirándose para su construcción en las pirámides truncadas de la cultura moche. 

Cultura moche vasija antropomorfa 

Un poco de historia resumida de la cultura moche  

Asentada en la ladera de los Andes, al norte de Perú y justo en la costa del Pacífico, este pueblo se las ingenió para sobrevivir en una tierra hostil azotada por los vientos, seca y sin apenas abrigo de la naturaleza. Se han conservado canales y acueductos que conducían el agua del deshielo andino hacia sus poblados.  Lograron cultivar maíz, yuca, patatas, maní, chirimoyas o papayas, base de su alimentación. Las proteínas para el sustento diario se completaban con la pesca de anchoas utilizando unas particulares embarcaciones de paja conocidas como caballitos de totora, que aún se usan al día de hoy. 

Tal fue su pericia y eficacia en estas obras de ingeniería que los excedentes agrarios y pesqueros permitieron a los mochicas comerciar con los pueblos de alrededor. Y el superávit de esta actividad fue el que financió la construcción de sublimes edificios que se embellecieron con pinturas murales y con objetos de fina artesanía realizados en barro. 

La cultura moche llegó a estar perfectamente estratificada en el plano social. En la cúspide se encontraba un rey dedicado al arte de la guerra y con atributos semi divinos. Con toda probabilidad, para ejercer el poder, estos líderes políticos se apoyaban en una casta sacerdotal que se encargaba de la comunicación con la divinidad y mantener aplacados a los dioses para que estos tuvieran a bien permitir abundantes cosechas, prosperidad y fertilidad. En este sentido, la Señora de Cao, por ejemplificar con una de las momias más famosas, presenta tatuajes en sus antebrazos, muñecas y tobillos en forma de animales totémicos: arañas, serpientes… Este tipo de trabajos no se realizaban como hoy en día, por mera estética o sin ningún sentido. Y, con alta probabilidad, tenían un significado ritual vinculado a dotes adivinatorias. 

La gran riqueza (económica, artística o de recursos humanos) que muestran tanto la tumba de la Señora de Cao como la del Señor de Sipán nos conduce hasta una casta noble administradora de los bienes de la comunidad y, seguramente, de carácter extractivo en su propio beneficio. Mientras los nobles y la clase sacerdotal, bajo la protección de una figura real, disfrutaban de riquezas y servicios, el pueblo llano de agricultores, pescadores y pequeños artesanos vivían con lo justo. Esta desigualdad se justificaba por el deseo de unos dioses (aún por bautizar) a los que se les alimentaban con sacrificios humanos, los mismos que se han encontrado en la Huaca de la Luna o en las tumbas excavadas.

De entre las manifestaciones artísticas que sobresalen de la cultura moche hay que destacar los ricos trabajos de orfebrería en oro, plata y piedras preciosas o semipreciosas realizados con una delicadeza que sorprende por su pericia y perfección técnica. Y en esta misma línea se cataloga la bella alfarería en barro cocido y, con frecuencia, decorada. De sublime gusto son, también, los cuencos, vasos, búcaros y jarras que muestran figuras antropomorfas reproducidas con un fino realismo. También destacan aquellas que retratan al hombre en metamorfosis con el animal, especialmente el jaguar (haciendo hincapié en sus dientes) en un claro símbolo de poderío y de posesión de la fuerza bruta de la naturaleza que es la que da abundancia, prosperidad y fertilidad. 

Todo este fascinante mundo colapsó alrededor del siglo VIII debido a una combinación de fenómenos meteorológicos adversos. Se han encontrado capas de tierra que nos dicen de un periodo extremo de fuertes lluvias (¡de más de 30 años!) que liquidaron cultivos, destrozaron canalizaciones, inundaron ciudades y se llevaron todo aquello que estaba al paso. A este diluvio le siguió una fuerte sequía que terminó por dañar irremediablemente los suelos. Se volvió, por tanto, una tarea imposible arrancarle a la tierra cualquier fruto que mitigara el hambre creciente. El conocido como fenómeno de El Niño, causante de este desastre, además, calienta las capas superiores del agua oceánica liquidando los recursos pesqueros que eran también base de la alimentación de los moches. 

Ante esta situación de carestía extrema, el pueblo, al parecer, se levanta en revueltas contra una nobleza que vive en un mundo ajeno a la realidad. Aunque esta elite es la poseedora de las armas, poco puede hacer contra gentes hambrientas que se revuelven justamente. Esta desastrosa situación es aprovechada por una tribu enemiga, la de los chimúes, que se hace con el poder alrededor del siglo VIII asentándose en Chan Chan (hoy Patrimonio de la Humanidad), muy cerca de donde florecieron los habitantes que levantaron las Huacas del Sol y la Luna. Lo chimúes, al parecer, desaparecieron alrededor del 1452 dominados, a su vez, por las incas. Paradójicamente, las causas de su colapso fueron las mismas que las de la civilización moche. A las inundaciones que se llevaban por delante todo lo que había sobre un terreno árido se unieron el hambre, las revueltas y las guerras en inferioridad de condiciones. Esta desesperación del pueblo chimú seguramente fue lo que llevó al sacrificio ritual de más de 145 niños y niñas y 200 llamas jóvenes entre el 1400 y 1450 a pocos kilómetros de Chan Chan a orillas del Pacífico. 

Me detengo en este detalle histórico de una civilización posterior simplemente porque así se entienden las causas de la caída de ambas culturas, que fueron semejantes por no decir idénticas. Los cambios climáticos fueron de tal gravedad que la fragilidad que provocaron fue aprovechada por los enemigos, ante la sordera de los dioses que no atienden a la sangre derramada de los inocentes. 

 Cultura moche Templo de la Luna

Huacas del Sol y la Luna 

Estas construcciones están situadas muy cerca de Trujillo, una frente a la otra conformando un espacio homogéneo donde se han encontrado restos y cimientos de viviendas. Son dos pirámides truncadas construidas en adobe. La del Sol es la más grande y parece que su uso fue civil. La interesante es la de la Luna ya que fue levantada con fines ceremoniales. Por eso, está cargada de simbolismo, incluso en su misma disposición arquitectónica. La Huaca de la Luna consiste en una serie de templos superpuestos. Sobre la base de una construcción antigua se levantaba otra alrededor y más grande y se sellaba la entrada a la más antigua. Así, se simbolizaba un nuevo tiempo o un nuevo orden. Este método ha permitido que se conserven la gran mayoría de sus pinturas al fresco, de gran calidad, en colores ocre, rojo, negro y blanco. En ellas se representan símbolos y rostros humanos en metamorfosis con animales totémicos de la zona, sobre todo el jaguar, el águila y la serpiente. 

En este emplazamiento, además, se han encontrado restos de guerreros que fueron sacrificados siguiendo un ritual específico no visible para el gran público. La sangre del sacrificado se vertía sobre una copa y el soberano decidía si bebía o la derramaba en el suelo en una acto de purificación ritual. 

 Cultura moche Tumba del Senor de Sipan

El Señor de Sipán  

En 1987, el arqueólogo peruano Walter Alva recibe una inquietante llamada de la policía local del distrito de Sipán urgiéndole a defender unos restos que una auténtica jauría humana estaba disponiéndose a expoliar. Con un guion propio de las películas de Indiana Jones, el investigador, ayudado por la autoridad, pudo contener este primer embate popular hasta descubrir una tumba intacta con la momia de un rey guerrero, sus acompañantes y un rico ajuar funerario. Aplacados los ánimos, la excavación sacó a la luz dos pirámides erosionadas construidas entre el siglo II y III que guardaban más de 1 000 objetos en cerámica perfectamente alienados y de gran belleza en su ejecución. La investigación, en etapas sucesivas, fue revelando su importancia, ya que, salieron a la luz, cuerpos de adultos momificados con los pies amputados, restos de niños, de tres mujeres jóvenes, de llamas, dos hombres, un perro… A todas luces estaban ante un personaje importante que se llevó al otro mundo no solo aquellos objetos que pudieran serles útil para su disfrute sino también los seres (esposas, sirvientes…) que se vieron obligados a acompañarle. 

Cultura moche Senor de Sipan 

El momento más emocionante de esta importantísima excavación llegó cuando destaparon la tumba del Señor de Sipán, un rey de la civilización moche que había sido enterrado con joyas, armas y ajuar: corona de oro, vestimenta bordada con turquesas, piezas de oro dispuestas sobre la boca y los ojos, máscaras, pectorales de conchas, brazaletes, un collar de 71 esferas de oro y para rematar una corona del mismo noble material. El protagonista debió vivir alrededor del siglo III y murió a los 40 años sin signos evidentes de violencia. Los trabajos, auspiciados por National Geographic, continuaron hasta finales del siglo XX excavándose 13 tumbas más. Las más interesantes son las denominadas del Viejo Señor y la del Sacerdote, ambas anteriores en el tiempo y situadas en un estrato inferior al del Señor de Sipán. El descubrimiento al completo se custodia en el Museo de las Tumbas Reales de Lambayeque, abierto en 2002 y exhibido hoy con orgullo por una población que quiere olvidarse de este intento de expolio que contamos un poco más arriba. 

Cultura moche Senora de Cao 

La Señora de Cao  

Justo cuando se inaugura este espacio expositivo, en 2005, aparece en la Zona Arqueológica el Brujo, a unos 60 kms de las Huacas del Sol y La Luna, al norte de Trujillo, otro espectacular hallazgo que, además, trastoca la visión patriarcal que se tenía de la cultura moche: la tumba de la Señora de Cao. Era la misteriosa dama una líder política o espiritual que también fue enterrada con un rico ajuar y cuya momia se encuentra en tan buenas condiciones que son visibles, incluso, los tatuajes rituales que adornan su piel. 

Lo primero que salió a la luz fue el acompañamiento de esta peculiar señora. Y, posteriormente, la emoción del equipo llego al grado de apoteosis cuando desenterraron un fardo de unos 100 kilos de peso y 180 cm de largo que envolvía, en 26 capas de tejido, la momia prácticamente intacta de la Dama de Cao, una reina, gobernanta o sacerdotisa que vivió alrededor del siglo V y que murió, probablemente, por las complicaciones de un parto, con tan solo 25 años. Conservaba la cabellera que había sido peinada en dos gruesas trenzas.  Con ella se encontró un lujoso joyero de oro compuesto por nariguera, orejeras, collar, corona y dos pesados cetros colocados a ambos lados de cada mano. El ajuar se completaba con una coraza realizada en cobre por placas unidas entre sí. Régulo Franco, el arqueólogo jefe de este espectacular hallazgo que completa el puzzle de la cultura moche, no tiene ninguna duda en señalar que la Señora de Cao fue una líder en su tiempo, probablemente de índole espiritual por los tatuajes de animales totémicos que luce. El museo en su honor, también realizado en un bellísimo estilo brutalista, se abrió en 2009. 

Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla 

 

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