La Residencia de Señoritas dirigida por María de Maeztu

La Residencia de Señoritas de Madrid dirigida por María Maeztu

La Residencia de Señoritas de Madrid dirigida por María Maeztu

Candela Vizcaíno

 

Entre 1915 y 1936 existió en Madrid (en el Barrio de Salamanca) una institución educativa novedosa, rompedora para los parámetros de la época y empeñada en iniciar un mínimo empoderamiento femenino: la Residencia de Señoritas dirigida por María de Maeztu (1881-1948). El proyecto estaba abierto a todas aquellas que habían cumplido los 17 años. Aquí podían completar estudios de carácter universitario centrados, sobre todo, en la biblioteconomía, la farmacia y la pedagogía. Disponían de instalaciones deportivas, dormitorios, comedor, aulas, salas de conferencia, laboratorio… La lista de sus avances no acaba en esta corta descripción ya que hasta aquí se acercaron las Premios Nobel Gabriela Mistral (1889-1957) o Marie Curie (1867-1934) para impartir charlas y encuentros. Se convirtió así, en los pocos años que estuvo activa, en un lugar de puertas y ventanas abiertas para todas aquellas mujeres que, siguiendo las ideas pedagógicas de María de Maeztu, se atrevieran a romper los mandatos de la época. Y todo ello tenía la finalidad de adentrarse en el saber, vía directa de aporte a la sociedad y, por tanto, la única forma que hay de ocupar, por derecho propio, espacios públicos y de liderazgo. 

Breve historia de la breve existencia de la Residencia de Señoritas

En paralelo y a semejanza de la Residencia de Estudiantes, se crea en el 1915, en el madrileño barrio de Salamanca, la Residencia de Señoritas. La institución, a la par que da cobijo a las jóvenes llegadas desde cualquier punto del país, actúa como centro educativo, de conferencias, científico, cultural e, incluso, deportivo. Dicho así y bajo los parámetros del siglo XXI, se diluye su importancia, la misma que entendemos cuando comparamos. Muy pronto el centro (con todo lo que implica) se convierte en un mundo aparte donde las residentes llegan a ser auténticas pioneras del feminismo por el único método posible: la educación propia y el posterior aporte a la sociedad. La España de las primeras décadas del Siglo XX, si por algo se caracterizaba, era por la decadencia más absoluta, la cerrazón, el ensimismamiento y una incultura galopante tal como ponían de manifiesto los autores de la Generación del 98 e, incluso, los representantes del realismo literario. El analfabetismo campaba a sus anchas alimentando pobreza e intolerancia. La cortedad de miras sociales se cebaba con las mujeres que estaban vetadas a cualquier espacio público o proyecto propio más allá del matrimonio y la familia.  

En este panorama, la Residencia de Señoritas supuso un ariete en el incipiente feminismo español (que a su vez se surtía del europeo). María de Maeztu, su impulsora y directora, defendía a ultranza la educación como única vía para el progreso en todos los órdenes de la vida: social, cultural, económico, personal… La pedagoga  (consciente de su misión e imbuida de ese espíritu crítico, positivo y penetrante con el que la describen quienes la conocieron) imprimió sus ideas en las estudiantes que pasaron por la institución. Y la educación tenía que devolverse a la sociedad amplificando virtudes de entrega, a la par, que de conquista culturales o sociales.  

Muy pronto, las instalaciones se quedaron pequeñas para la gran demanda, ya que llegaron estudiantes desde todos los puntos de España. Se fueron alquilando los edificios de alrededor y organizando archivos o biblioteca (paralelamente a unos incipientes estudios de biblioteconomía), laboratorio (para los ensayos de farmacia), pistas de tenis, salas de conferencias y aulas donde las estudiantes tomaban apuntes. En este sentido se seguía el método de María Montessori (1867-1934) que también recaló por las instituciones. Con los apuntes se pretendía que el alumno elaborara su propio contenido más allá de la memorización de los libros de texto. Sería un primer paso para el pensamiento crítico que era el objetivo de las enseñanzas de la Residencia de Señoritas. A pesar de lo que supuso, no podemos olvidar que esta punta de lanza para el necesario progreso femenino (a pesar de estar abierto a cualquier muchacha mayor de 17 años) acogió (especialmente) a las hijas de las élites educadas en un ambiente cultural radicalmente distinto al de la mayoría de la población. Además, también hay que tener en cuenta que, entre sus filas se infiltraron las denominadas “maridas”, esposas de donantes que no comulgaban con las ideas altamente progresistas de la institución. 

Todo se torció, como tantos emprendimientos de cualquier cariz en España, con el inicio de la guerra. En 1936 las puertas de la Residencia de Señoritas se cerraron para siempre. El archivo fue empaquetado y arrinconado para ser destruido y el tímido avance que supuso la institución, a posta, silenciado. Tuvieron que pasar décadas para que estudiosas e investigadoras rescataran el archivo arrinconado y con él las cartas que su directora enviaba a las familias, a científicas, literatas o pensadoras europeas con las que compartía inquietudes y novedades. Y solo con ese estudio nos dimos cuenta de la importancia de un proyecto que quería abrir para todas las mujeres las puertas de la formación superior, por primera vez en España. Desafortunadamente, habría que esperar a finales de los setenta e, incluso, a los ochenta, para que esa realidad se materializara.  

La importancia de María de Maeztu en el desarrollo de la Residencia de Señoritas

El proyecto y la realidad del mismo (a pesar de su corta duración) no puede entenderse sin la arrolladora personalidad de María de Maeztu. Fue hija de una familia acomodada vasca cuyo padre hizo negocios en Cuba y su madre, de ascendencia inglesa, se empeñó en ofrecer una rica instrucción a todos sus vástagos. De hecho, uno de los hermanos fue el pintor Gustavo de Maeztu, adscrito a la corriente realista de principios de siglo. Con estos mimbres pudo estudiar disciplinas diversas, crecer como políglota y viajar a distintos países europeos (Bélgica, Inglaterra o Francia). Todo ello contribuyó a una apertura mental de difícil parangón en la época. María, según los escritos de aquellos que la conocieron, estaba convencida de la importancia de su misión pedagógica. Y defendía sus ideas con vehemencia, carácter, rapidez, brillantez y hasta un punto de nerviosismo. Su capacidad de trabajo la llevó a cartearse con eminencias literarias o científicas de la época (Marie Curie o Gabriela Mistral por poner dos ejemplos).  

Alrededor de su persona además se congregaban todas aquellas mujeres que tanto en el campo de la política como en de las artes o la ciencia tenían algo que aportar al feminismo. Por eso, no conforme con los enormes avances de la Residencia de Señoritas, funda en 1926 el  Lyceum Club Femenino el cual preside hasta su disolución que también llega con el estallido de la guerra. Esta asociación, que tenía como vicepresidenta a Victoria Kent y como secretaria a Zenobia Camprubí, comenzó con la agrupación de más de 100 mujeres de la élite económica y social española. A semejanza de los existentes en Europa, pretendía ser un espacio de debate, discusión, educación e, incluso, apoyo emocional para todas aquellas mujeres interesadas en el progreso y este solo puede venir a través de la formación, la cultura y el estudio de las artes y las ciencias. 

La existencia de María de Maeztu, como la de la Residencia de Señoritas o el Lyceum Club Femenino, se truncó con la guerra. Las instituciones se cerraron para siempre y se silenció su importancia. La pedagoga emigró a Argentina, recalando antes en Estados Unidos donde fue invitada a impartir conferencias. Allí incansablemente escribió libros y artículos defendiendo sus ideas pedagógicas. Y allí falleció en 1948. A pesar de que su legado se dispersó tras su muerte, ha podido ser recuperado en los albores del siglo XXI.  

¿Qué supuso la Residencia de Señoritas para los parámetros de la época? 

Con todos estos datos, es fácil entender el giro radical que se les ofrecía a todas las jóvenes que tenían la suerte de acceder a la institución. A pesar de que la gran mayoría de ellas pertenecían a la élite social y procedían de familias de mentalidad abierta, la Residencia de Señoritas era un pasaje a otro mundo, el de la libertad que da la educación. Aquí estudiaban, se formaban, tomaban contacto con las nuevas ideas europeas, se codeaban con sus compañeros masculinos de la Residencia de Estudiantes en igualdad de condiciones, hacían deporte y relegaban incómodos vestidos que impedían los movimientos. Todo ello para escándalo de la bienpensante sociedad tradicional que la formaba, todo hay que decirlo, la inmensa mayoría de la población.   

Ese reducto de posibilidad y de libertad se convirtió muy pronto en un frente abierto para el incipiente feminismo. María de Maeztu era consciente (y así lo defendía, a veces, con vehemencia extrema) que no se podía avanzar como país si las mujeres no se incorporaban a la vida pública ofreciendo lo mejor de sí mediante una esmerada educación. Y, a la par, debían ser modelo de inspiración para todas aquellas que venían detrás. El régimen que llegó después (y su defensa ciega de un tradicionalismo paleto y cruel) no podía consentir que lo que supuso la Residencia de Señoritas (y la figura de María de Maeztu) germinara en la sociedad. Por eso, quiso (sin conseguirlo) eliminar el archivo y silenciar de los libros esta semilla en el corazón del incipiente feminismo en España. La Historia (con mayúsculas) no contaba con las actuales investigaciones que están sacando a la luz la vida de estas mujeres (privilegiadas, eso sí) que quisieron ofrecer nuevos rumbos y aportes a una nación sumida en miserias de todo tipo. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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